jueves, 25 de agosto de 2022

MI PRIMERA NOVELA (FRAGMENTO DOS AÑO 1997) POR MARCOS GARCÍA CABALLERO


"En la cantina me di cuenta porqué habíamos visto las calles tan desiertas: Tal vez los pistoleros del pueblo habían salido a vacacionar y habían delegado las responsabilidades a los borrachos, que la verdad cumplían al pie de la letra con el mandato abarrotando el lugar con sus pláticas, gritos, demostraciones, y demás parafernalia pueblerina.

Pedimos cervezas y nos sentamos en una mesa junto a una rockola, al principio se sintió nerviosa de ser la única mujer en medio de puros borrachos sudorosos y yo le recordé que en gran parte eso era andar de aventura y que la vida sin riesgo no vale la pena ser vivida y que a eso habíamos venido y que por cierto, ella traía los cigarros. Detrás del cantinero y la pequeña barra había en el centro de la pared ocupando el lugar de mamá Guadalupe un poster gigante de colección de Julio César Chávez apañando a dos nenas en bikini y bebiendo coronas, hicimos algunos comentarios irónicos sobre el tema y le mostré mi verde envidia, tomamos de las cervezas cruzándonoslas por los brazos y un borracho de pantalón negro y cara ceniza nos abordó para pedirle a Guerda que si quería bailar un ‘pieza’, insistió educadamente a pesar de la negativa y después se fue mostrándonos las palmas de las manos: “está bien, está bien, ya no interrumpo a los enamorados, adiós.” Le dije que no se hubiera negado a bailar con Antonio Rodríguez para que yo les tomara la fotito del recuerdo, ella bajó la mirada, tomó un limón de la mesa y fingió exprimírmelo sobre la cara. Así era Guerda, siempre tonteando y distraída parpadeando dos veces, aunque también luego yo no le veía ni el polvo y se me escabullía. Hice un rápido viaje al servicio de baño atravesando un patio lleno de gallinas y en la pared leí unas palabras: “Aquí nos cogimos a Alfredo el chilango, agosto 93.” Ja, después de los patios de gallinas siempre se encuentra uno con testimonios como estos; bueno, ¿yo que quieren que haga? Mejor vayan al departamento de paquetería: “Canal 5 al servicio de la comunidad, se solicita su ayuda para localizar a las siguientes personas...” Yo quise poner mi graffyti también: “Nunca podrás caminar a través de los espejos ni nadar por las ventanas.” Una frase de Morrison, pero el pedazo de ladrillo se deshizo y solo llegué a “Nunca podrás.” Me le quedé viendo mientras me abrochaba el cierre y me reí, la frase inacabada finalmente acabó por gustarme, porque me sonaba macabra. “Nunca podrás.” Porque también suena retadora, las cervezas me habían pegado y me sentí borracho, así que me reí de nuevo: ¡Ja, ja, ja! Regresé a nuestra mesa pensando que el ‘Nunca podrás’ no se puede aplicar en mi persona y Guerda buscaba una canción en la rockola, programó una de José Alfredo Jiménez y cuando se sentó no dudó valientemente para cantármela, se sabía toda la letra y a mí empezó a darme vergüenza, volteaba a verla a ella y volteaba a ver a la rockola; era un ruido ensordecedor y chillante, la demás gente también lo cantaba, pedimos otra ronda y la carita de Guerda comenzó a ponerse colorada, sus párpados sucumbían, el pelo se le desordenaba, yo tenía que pararme del asiento para besarla, de repente le dije: “oye mujer, ya dejémonos de pendejadas.” (una frase muy directa para el tono en que hasta ese momento nos habíamos tratado, y la impacté con eso, según dijo después de unos días: “David, me asombraste, nunca creí que...”). Etcétera, luego alguien programaba otra canción ranchera, luego otra ronda, luego dos cervezas; era una vida agradable la nuestra y yo empezaba a acostumbrarme a la idea de que nos quedáramos ahí hasta el fin del mundo o hasta que terminara el sexenio, que como ahora todos sabemos, no eran ideas precisamente encontradas. Guerda echó un soplido por sus labios resecos y divinos y estiró las manos sobre la mesa como si quisiera guardársela debajo de la playera, tuve que darle un golpe con el pie. “oye, aliviánate, que va a decir la gente, que nunca te saco a pasear o qué.” Y ya se estaba emborrachando delante de mis ojos atónitos, no había ido a dar su clase de danza por estar conmigo, estaba sola, sola en Dolores Hidalgo con una mochila casi rota y con un poeta que lo único que quería era escabechársela, abría la boca para decir algo pero no decía nada, bajaba la cabeza, (¿Qué voy a hacer con una mujer borracha a estas horas?), su voz sonó como a doscientos kilómetros: “Oye... tú me quieres...?” Y Julio César Chávez me sonreía... “Oye, ja, ¿qué quieres decir con eso? Claro que te quiero pero...” “Tú me quieres...oye, tu no eres como el Pantera, yo no sé cómo le hacen para ser amigos.” (ha, ajá, ahora yo soy quien sabe qué, ¡me estaba comparando! ¡Me había estado comparando todo este rato!). Me había comparado con ese pedazo de mosca y por tanto me sentí encabronado, celoso, di una rápida ojeada a los últimos acontecimientos para examinarlos con ojo clínico, no sabía si ellos se habían visto durante toda la semana o solo el día que llegaron a mi casa, pero obviamente con el no había tenido una experiencia como esta, y esto era lo que más quería ella, vivencias, vivencias, acumular una tras otra vivencia para volverse inalcanzable, ja, (y ¿porqué me río?), por tanto me sentí seguro del todo otra vez y le dije una crueldad: “acábate la chela no? y vámonos.” Y no solo terminó con la suya sino se empinó la mitad de la mía y cuando salimos a la calle casi se va de cuernos sobre una señora que vendía collares exóticos: “eres un gacho, ayúdame.” Dijo mientras yo iba a mitad de la calle y ella se fue por la banqueta.

 

“Debería ser Emilia la que estuviera aquí maestro.” Pensé después de meditarlo mucho, y en ese momento dos sujetos de pinta brava le chiflaron y me puse en guardia inmediatamente sin friquearme, el laberinto de calles y la lejanía mexicana se ceñía sobre nosotros desde todas direcciones, las sombras de las casas crecían, una mujer soltó unas monedas que al caer hicieron un eco tan escandaloso como si hubiera tirado al suelo toda la lana de ‘pégale al gordo’, era la combinación perfecta: ella borracha y yo sin moneda. De repente tuve la visión espantosa de que todo esto podría terminar en una horrible pesadilla, (violación, asesinato, despellejamiento), ideas que me pasaron zumbando la cabeza como luces de carretera en la noche, uy, que me achuté, y me asusté en serio, regresamos a la misma banca frente a los libros usados y la población de la calle aumentaba, los focos de la plaza se prendieron, una maraña de nervios se enredó en mi cabeza: “¿Cuánto dinero traes eh?” “una madre...” (¡Hip!) “¿Qué hacemos?” “Pus tú guapa, no puedes ni caminar, qué hacemos?” Me sentí como un imbécil al preguntar eso he inmediatamente la levanté diciéndole: “Pus vamos a meternos a ese hotel a ver qué vemos.” Era el hotel Posada Coco-macán, que estaba al lado derecho de la catedral y se veía de aspecto muy caro, del tipo de hoteles con arreglos a la mexicana para atraer a los gabachos, ¡y el mexican quite curious! Yo no tenía la mínima esperanza de rentar un cuarto pero por lo menos esperaría a que la borrachera se le bajara, algo bueno pasaría como siempre pasa. Ya enfrente de la puerta dudamos como inditos tehuanos, entonces la abrasé, la rodeé con mi brazo derecho sobre su Levis vieja, (¿Porqué carajos no?): Estábamos lejos de casa y yo pensando que la única causa por la que vale la pena no suicidarse es el desmadre, hacer lo que te da la gana, así que me llené de valor y ella se sonó la nariz haciendo un escándalo, entramos al hotel por su gran puerta de madera con la gloria del ejército Trigarante; cruzamos un pasillo lleno de dudas y de ecos misteriosos como el bosque de árboles con caras de Dorotea, un mostrador al lado derecho, un restaurante al otro, un jardín central lleno de árboles enfrente de nosotros. Dije “buenas tardes” a la señorita con una sonrisa de millonario y ya estábamos adentro de esa atmósfera lejana, “uooooauuu.” empezamos a captarlo todo, miré de reojo pero la mujer ya estaba ocupada en otros asuntos tecleando una computadora; lo que se me hizo raro pero seguimos adentrándonos, al lado del jardín por donde entraban ya las pocas hebras de luz nos topamos con unas escaleras; “órale no, vamos a ver qué honda.” Y la excitación aumentaba y nos sentíamos de peluche y de tripas corazón y de hecho primero nos dividimos y yo me fui por abajo, un mesero pasó por ahí y me saludó, lo que me dio a entender que nadie nos vería como raros especímenes y también lo saludé, “ándale córrele” no le dije, pero estuve a punto, porque yo que he sido mesero sé lo que más les repatea. Anduve por ahí hablando solo y regresé a las escaleras donde ella estaba tratando inútilmente de arreglar su mochila, se veía guapa toda desgreñada como una vagabunda, me dijo que le dolía la cabeza y le pasé la mano por el pelo: “Güey, i can’t belive you, estás bien guapa... ...pus no sé que hacer, espérate tantito, es por las cervezas, ahorita se te pasa.” “...mmme estás dessspeinaaando...” “te voy a despeinar, pero metafísicamente.” Pensando para mis adentros: “qué descarada.” “Ay sí, -me dijo-,juar, juar, juar.” “Ya verás, ya verás...” Subimos las escaleras y no había nadie, n-a-d-i-e, “cáaaamara” “a ver películas.” Avanzamos a pasos lentos como francotiradores y cruzamos como sombras por todo el pasillo, nos detuvimos en la esquina donde la puerta del cuarto 28 estaba entreabierta y “a ver aguanta, échame aguas.” Le dije mientras echaba una ojeada en la habitación y como no había nadie nos metimos de inmediato como si estuviéramos a punto de arrancar en una camioneta robada.

En la habitación reinaba obscuridad total y olor a sábanas limpias, aguzamos nuestros sentidos y los pocos ruidos que hacíamos los empezamos a oír como si salieran de las bocinas de un estadio en un concierto de Metallica, como si desbaratáramos hojas secas a cada paso que dábamos, y eso que pisábamos con mucho cuidado para que la vieja del mostrador no nos oyera, porque estábamos exactamente arriba de ella y su computadora, aunque de hecho estábamos mucho más arriba de todo el hotel, estábamos en nuestro propio hotel. Un hotel descarado y poético podríamos decir. Algo que ya traíamos, algo que ya estaba en sus ojos y yo se lo leía en voz alta porque no podía hacer otra cosa, porque a los recuerdos hay que meterles palabras, porque cuando me acogía en sus brazos sin que se lo pidiera y sentirlos tan amables y tan cálidos en mi cuello era como regresar de nuevo a la senda del mundo, era vencer, instantáneamente, al olvido, a la muerte, a las paredes grises que escurren explicaciones vanas.

 

La poca visibilidad nos hizo tropezar con los muebles y una jarra de agua se tambaleó sobre una mesa, estuvo a punto de caer pero no cayó de puro churro, respiramos y nos reímos como duendecillos traviesos y dejamos nuestras mochilas en una de las camas. ‘Prende-la-luz’, le dije entre murmullos asomándome por la ventana y pensando mil cosas; en la calle la noche ya era más que evidente y clara, la gente transitaba alegremente por su pueblo natal y se notaba un claro ambiente de fiesta pueblerino. Mi respiración quedó impregnada en el vidrio; afuera también teníamos un balconcito de poca madre.

 

Del otro lado de las cortinas la habitación se llenaba de bosque, se llenaba de la textura de nuestras emociones. Guerda no prendió la luz como yo descuidadamente le dije, su borrachera empezaba a disiparse y ya pensaba con más claridad, me dijo que así era mejor para ahorita, aunque yo le reclamé que me hiciera caso y le hice que me diera su explicación solo para ver si estaba segura de lo que decía, haciéndome el enojado y riéndome al mismo tiempo cuando escuchaba sus tiernos y francos razonamientos. Me acerqué a la puerta para ver si escuchaba pasos o si alguien nos había seguido pero nada, el avión de la paranoia se me fue cuando vi que todo estaba tranquilo.

 

“Vamos ganando muñeca... -murmuré-, hay que celebrar.” Quisimos acercarnos pero como todavía no nos acostumbrábamos a la falta de luz me dio un manotazo que me cayó de lleno en la cara, “ay, órale hija, tienes la mano pesada como los albañiles.” Luego nos abrazamos y nos besamos y le dije: “Lo que tú no sabías... (le di un beso)...es que yo tenía esto planeado desde el principio...(otro beso)...viajecito a Dolores Hidalgo con todos los gastos pagados, acá, ja, ja, ja...yea, vamos ganando baby...,When Love Comes To Town.”

 

Se acostó sobre la cama sin hacer ruido y yo me asomé otra vez por la ventana para vigilar, una excitación vibrante me sacudía, sentí mi ropa puesta, sentí las africanas puestas y pensé en mis amigos, pensé en sus luchas y sus soledades, sus pendejadas también, en la calle un carrito avanzaba como un pato y por un alta voz anunciaba que en famoso tugurio habría una fiesta sensacional a las diez de la noche; “¡Mis amigoooos de Doloreees!” Guerda me preguntó: “¿Qué hay afuera?” “Un planeta re feo.” Era por fin nuestra primera nochecita juntos.

 

Me acosté junto a ella, me acarició los brazos con sus manos de niña y nos quedamos un rato como zombies mirando el techo obscuro de barras de madera del que colgaba un candelabro, sin hablar para nada pero con las mechas bien encendidas. De repente nos sacudió de nuevo el: “¡mis amigooos de Doloreees!” Lo más desesperante era que no podíamos hablar en voz alta; cada que escuchábamos pasos y voces en el pasillo nos callábamos pero no pasaba nada; eran turistas, camareras trabajando, yo todavía no creía que habíamos burlado el sistema de seguridad y los radares anti gorrones pero así era. Se me ocurrió una cosa y suavemente la empujé para pasar encima de ella y tomar el teléfono de la cómoda, hice girar el disco como si llamara a la recepción para quejarme del roomservice, porque la verdad era pésimo, ja, ja, todavía no nos traían de cenar.

 

“Bueno, como los del roomservice na’ más se hacen mosca parece que tendremos que sobrevivir a base de pura agua, como Gandhi.” Me paré a la mesa y serví los dos vasos, los dejé sobre la cómoda y prendí una vela. Se zampó toda el agua de un solo trago por su crudita y me pidió más, quité una funda de la almohada y me la coloqué en el antebrazo, fui por la jarra y le serví de nuevo. “¿Desea algo más señorita?” “mmm...pues no sé, ¿qué más tienen?” “mm, oh...tenemos un servicio especial...es solo para señoritas como usted.” (todo esto dicho en voz muy baja y tierna). Dejó el vaso y estiró los brazos hacia mí diciendo solamente: “ven.” Y yo ya era el hombre más feliz del mundo o por lo menos me sentía dentro de esa secta de imbéciles, a-ha, pero a mi manera... ‘in my way...’ como diría Harry el sucio. Me quité las dos playeras y me subí a la cama, comencé a besarla y le descubrí el ombligo, se lo besé alrededor pensando: “oh diablos, la carne, la carne siempre asombra (me expliqué a mí mismo el significado de la carne, esa estupidez filosófica de la dicotomía entre alma y cuerpo, espíritu y materia, blanco y negro, Pepsi y Coca-cola y demás anatemas),no me la voy a acabar.” Subí otra vez hasta su rostro, a través de la cortina la luz de la plaza entraba suavemente iluminándole la cara, sus ojos grandes de mujer catalana me observaban con una expresión burlona y ambigua, Guerda se estaba transformando en un felino y yo pensé: “aquí me quedo maestro, de aquí soy.” Hicimos el amor una vez bajo el candelabro, y luego otra vez, y otra, y ya nada más porque así era suficiente.

 

Algo más tarde, a tooodos nuestros amigooos de Doloreees sonó por última vez, y en las bocinas de la pared comenzó a sonar una musiquita ambiental a lo Raif Connif que a Guerda no le pareció porque estaba fumando recargada en mi hombro y dijo volteando hacia la puerta como si hablara con otra persona: “Oye, que poca, nos tratan re mal no es justo, pongan a Dead Can Dance.”

 

miércoles, 24 de agosto de 2022

UNA VERDAD CONTUNDENTE QUE CRUZA SIGLOS Y HA LLEGADO HASTA NOSOTROS


 

 

“El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la
 
risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos. Y con el 

mismo órgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el oído y 

sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y 

lo que es insípido, algunas de estas cosas las percibimos por costumbre, y otras por su 

utilidad… Y a través del mismo órgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los 

terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de día, así como los sueños y los delirios 

indeseables, las preocupaciones que no tienen razón de ser, la ignorancia de las circunstancias 

presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro”

Hipocrates de Cos (Ἱπποκράτης ὁ Κῷος), c. 460 a. C. - Tesalia c. 370 a. C., fue un médico de la Antigua Grecia que ejerció durante el llamado siglo de Pericles. Es considerado una de las figuras más destacadas de la historia de la medicina y muchos autores se refieren a él como el «padre de la medicina» en reconocimiento a sus importantes y duraderas contribuciones a esta ciencia como fundador de la escuela que lleva su nombre. Esta escuela intelectual revolucionó la medicina de la Antigua Grecia, estableciéndola como una disciplina separada de otros campos con los cuales se la había asociado tradicionalmente

  

lunes, 22 de agosto de 2022

MI CARLOS FUENTES MÁS CERCANO: INQUIETA COMPAÑÍA

 

Inquieta Compañía es un libro de cuentos del Carlos Fuentes que a mí y a mi generación nos es más cercano. El libro salió publicado en 2003 y consiste en cuentos de misterio y cuentos de terror. Ahora que está de moda otra vez H.P. Lovecraft, pues yo hablo de mi libro favorito de terror y de miedo: Inquieta Compañía de Carlos Fuentes, Y qué decir pues de éste libro: Pues así: es uno de los libros que con la lógica de buscar terror en las páginas, pues obviamente se convierte en un libro muy visual, hay un pasaje ahí, de la historia de una mujer, un Sanborns por la basílica de Guadalupe y todo eso, y mientras, el que nos procura terror es el novio de ella, es enormemente visual como lo veo desayunando junto a un cadáver conservado en la casa de ella. Pues el instinto no le falla a Fuentes, conmueve y provoca terror, pero es de notarse que Inquieta Compañía es de relatos largos y sin ninguna concesión al lector, en el año 2003 Fuentes estaba en uno de sus mejores momentos como escritor, seguramente escribiendo en Londres y entregándose al teatro de la grandiosa ciudad de Londres y eso se deja ver en el primer relato, todo el libro para mí es una joya, lo vampírico también está súper bien trabajado, el resultado es que Inquieta Compañía no defraudará a nadie, apenas en éstos días termino Los Años con Laura Díaz, voy en las partes finales, después de cruzar todo el siglo XX Fuentes terminará con los secretos de su personaje Laura Díaz pero vuelvo a Inquieta Compañía, es magno, es generoso, es brillante, el último cuento Vlad, es una verdadera muestra de la garra de Fuentes y no deja así después de hablar de su personaje: La Rara Avis de su especie, que hermoso resulta inquietarse por Carlos Fuentes, adoro el libro, recomendación de peso para mis lectores…. Ahí estamos y Léanlo.

 

 

MI PRIMERA NOVELA (FRAGMENTO UNO AÑO 1997) POR MARCOS GARCÍA CABALLERO


¡Villahermosa! Eso significa aún más calor todavía, significa polvo, tránsito de vehículos, choferes enfermos de mal humor, bebés que berrean a sus madres, tiendas de abarrotes y mercerías, un reguero de porquería por todos lados, más tiendas de pollos; cientos de camiones entrando a Villahermosa y gente preparada en las calles para abordarlos a los mismos, “así que esto es Villahermosa” me digo a mí mismo en voz baja por mi falta de compañía. Me bajo del camión en la central de camiones que está saturadísima de gente, gente por todos lados muriéndose de calor, no soy el único que lo padece, aunque sí el único que lo consigna ahora con esa misma furia. Me bajo del camión y voy primeramente a buscar un hotel barato para pasar la noche, con mi enorme mochila a mis espaldas, me siento como un Cristo cargando con su cruz- “nosotros somos más famosos que Jesucristo” es una frase que ya dijo alguien, alguien que ahora está muerto y que recientemente se ha subastado en 103 mil 500 dólares  un pedazo de papel  en el cual ese alguien escribió en 1967  la canción “For the benefit of Mister Kite”  El recuerdo de  Lennon se subasta ahora de esta manera, ¿pero qué es en realidad lo que se paga con esa cantidad? ¿El recuerdo? ¿El gran mito? ¿o simplemente el espectáculo de todo ello?

Cerca de la central camionera hay dos calles paralelas donde venden pollos y hay hoteles baratos, yo busco en particular un hotel de a diez pesos la noche que me recomendó en su momento el chavo que vendía uvas en la gasolinería de Palenque, pero tal parece que ya no existe o que me choreó simplemente, porque todos cuestan entre 30 y 35 pesos la noche, lo que para mí significaría quedarme sin dinero el día de mañana, pero de todas maneras entro a todos a preguntar cuanto es el precio; en la mayoría de los lugares están las putas adormiladas sobre los viejos sillones y echando la hueva: no, no hay un hotel que cueste diez pesos la noche: todas la putas me dicen lo mismo, creen que les estoy tomando el pelo, “y cuánto cuesta?” (el acostón) les pregunto a un par que veo muy instaladas sobre un sofá color verde mirando el canal de las estrellas, ¿con todo y cuarto? me regresa la pregunta la puta, “no, mejor olvídalo” le digo y me salgo de nuevo a la calle, ya son cerca de las cinco de la tarde y las miradas de los niños pequeños que son arrastrados por sus madres me hace preguntarme ¿y ahora qué? porque con la sed que tengo sería capaz de beberme diecisiete caguamas, haaaa! la maldita sed.  Voy a una plaza cercana que queda a la derecha del Grijalva y me aplico de nuevo el remedio de la Gestapo con el agua de una fuente, ahí me quedo un rato, mirando el paso de la gente, y  es cuando conozco a Aidé.  ¡Cámara! Aidé es una puta que me ofrece algo sensacional: dos mamadas al pito en un cuarto con regadera y servicio de cervezas incluido, “yo te invito las cervezas, tu nada más paga el cuarto corazón” bueno, digo entre risitas, no está tan mal, sobre todo porque tengo unas ganas endemoniadas de bañarme de nuevo, así que Aidé y yo nos vamos caminando abrazados por la calle mientras yo le voy mirando las tetas y ella va saludando a medio mundo que se encuentra y que le tiran de chiflidos y piropos y menciones de que ya se encontró a su novio ideal, ya la hizo, etcétera.

“¿Bueno y de donde eres corazón? Le pregunto, usando su misma palabrita de ‘corazón’

“Soy de Torreón corazón, pero ando viajando por todos lados guapito, acabo de estar en Los Ángeles, allí me eché un tirito con una puta y le di sus cocotazos porque yo soy una vieja very crazy, a mí no me paran.”

Aidé no es precisamente fea, pero está medio loca, tiene tumbado uno de los dientes de enfrente y me parece que está bajo los efectos de alguna droga, está tatuada también, precisamente en el hombro, lo que me hace morder el miedo y pensar: “¡No hay que confiar en una mujer que está tatuada del hombro!”

“Yo soy una vieja very crazy.” -dice, alzando el puño, que se le ve curtido, como si de veras se peleara a puñetazos.

Vamos abrazados por la calle y yo prácticamente la voy siguiendo, pero pensando con cierto nerviosismo en que a lo mejor es una puta que se dedica a transar a los que se dejen y como traigo mi mochila con la Minolta y mi ropa y todas mis cosas, trato de ser prudente y de ponerme a pensar en cómo va a estar de verdad el asunto, pero Aidé me distrae porque tiene la urgencia de causarme una impresión; “Zacatecas, Morelia, Nuevo León, El Paso, Los Ángeles, México D.F., Toluca, Cuernavaca, yo he estado en todos lados corazón.”

Después nos enfrascamos en una polémica de cómo está la situación actual del país y ella dice: “Pinche Zedillo, por su culpa está todo de la chingada, le hacen falta huevos al cabrón, yo por eso no creo en nada, nada de lo que dice el pinche gobierno, yo ya crecí, no tengo pelos en la lengua para decir las cosas, yo soy una vieja very crazy.”

“Bueno, sí, sí, pero tranquila mujer.”

“No me digas mujer corazón.”

“¿Mujer? ¿Por qué no quieres que te diga mujer si estás preciosa?”

“Porque yo soy una vieja very crazy, ya le he entrado a todo: pastas, coca, mariguana, de todo.”

“Bueno, bueno, -le digo- pero no me has probado a mí.”

“Hay si cierto corazón, tú se ve que eres bien lindo.”

Y otra vez:

“Yo soy very crazy.”

Después de bajar por la misma calle llegamos por fin al hotel, pero Aidé quiere hacerle transa al mozo que cobra los cuartos y me dice que la espere allá afuera: “pérate, pérate, es que ya traigo un boleto y chance y sí pasamos con el mismo.”  La espero pues allá afuera como ella dice y me quedo pensando: “pinche Aidé también es cabrona, le gusta entrar de gorra a los hoteles.” Pero finalmente la transa no funciona porque el empleado del hotel no abandona su puesto, así que tengo que pagar en efectivo la cantidad del cuarto despidiéndome de la mitad del dinero que me queda. Subimos por unas anchas escaleras por las que se oyen ruidos y gritos misteriosos y entramos a un cuarto que se ve de quinta categoría pero que tiene una amplia regadera y una banca de mosaico, Aidé hace pedir las cervezas y nos las trae al cuarto un tipo cuadrado que me parece que es su conocido, y al que seguramente le estará cerrando el ojo a mis espaldas y después cuando yo esté desnudo y bien feliz como idiota, el entrará junto con otro tipo y los dos me robarán mis cosas,  entonces me quedaré como un pobre pendejo que ha caído en la trampa, un cualquiera más, otro más, humillado y sufriendo la impotencia de no poder  hacer nada para impedirlo pero ¡ho! ¡al diablo! eso solo me lo estoy imaginando...

Aidé me da mi cerveza y brindamos, “por este encuentro magnífico, salido de la nada” Mientras me voy quitando la ropa Aidé hace lo mismo sin parar de hablar y de auto aplaudirse su ser de very crazy; empieza a contarme trozos de su vida y yo la escucho sin mucho interés pero le hago preguntas como si de veras estuviera interesadísimo, pero sin hipocresía, claro, más bien con las ganas de hablar sencillamente, de cotorrear el punto.

 Luego, después sí que me conmuevo cuando escucho una de sus historias: resulta que a un hijo suyo, que acababa de salir de la cárcel, lo han matado unos mafiosos por un asunto de drogas, y ahí sí se le sale toda su tristeza y se pone a llorar, “mi hijo, mataron a mi hijo, al Pablito me lo mataron.”  Yo ya estoy desnudo y no sé que debo pensar, porque me deja de a seis encontrar tanta tristeza en la mujer, el escuchar su verdadero sufrimiento humano, su pena interna, es algo para lo que no estoy preparado pero después ella misma saca fuerzas y dice: “pero a mí no, chinguen a su madre, a mi me la pelan, yo me rajo la madre, tú eres muy lindo y solo por eso te lo cuento, pero yo no, yo soy very crazy, a mi me la pelan, me acabo de madrear una ruca así, por pendeja.”  “bueno, bueno, mujer, pero no te parece que eres muy peleonera, no hay que ser así, hay que ser tranquilos, nada más no dejar que se metan con uno y ya stuvo no?”  “¡pero al Pablito me lo mataron, chingue su madre, un hijo menos.”  “ha, tienes más hijos?”  “sí, otros dos, pero están chavitos todavía, al Pablito, a mi Pablito me lo mataron.”  Tomo mi cerveza y me acabo la mitad de un solo trago, comienzo entonces a decir un largo y profundo rollo para tranquilizarla y parece que sí funciona porque repentinamente cambia su estado de ánimo y se pone contenta, me agarra del pito, que todavía no lo tengo erecto y me dice: “todavía le hace falta.” Al escuchar eso me echo a reír y le digo: “pues ayúdale un poquitín a Willy no?”  Abro la llave de la regadera por la que empieza a salir una deliciosa agua fresca y me siento en la banca de mosaico, Aidé se pone de rodillas en el suelo y pone su cabeza en medio de mis piernas, comienza a trabajar y yo a disfrutar de la existencia, de la dicha, de la calidez humana. Ja, ja, ja, salud por la luna brother.

Un par de minutos después me vengo encima de la boca de Aidé, que se retuerce buscándolos con la lengua. Se para de nuevo; “ahí está papito, ahora vamos a pedir más cerveza no?” Entonces nos echamos la segunda ronda y la tercera, bajo esa agua deliciosa que sale de la regadera y que me hace sentir como en un baño de Zeus en el Olimpo, Aidé sigue diciendo que ella es una very crazy y de repente en medio de la plática se saca de su bolsa una pasta y dice que se la va a echar, yo le advierto que no lo haga, que no tiene sentido drogarse, pero ella insiste y nos ponemos a discutir; “Aidé no seas pinche, no te tienes porqué seguir echando pastas.”  Le digo, pero es inútil, porque la vieja tiene los oídos tapados para cualquier explicación razonable y se traga la maldita pastilla; “pinche Aidé,” le digo, “tú misma te arrojas a los problemas.”  “bueno y después de todo a ti que chingaos? ¿tú quién eres para decirme ‘no te eches una pasta?’ ya papito, mejor tranquilo.”  “ay, sí no? muy acá, a ver.” Y la reto a que nos demos de golpes, así que nos ponemos a boxear desnudos bajo la regadera, mitad en serio mitad en broma, pero yo nada más la finto y marco los golpes,  ella si me da de madrazos, “ay, ay, ya espérate ya.” le digo, porque de verdad da unos golpes recios que hacen que me duela el hombro y así seguimos gozándola de la vida, hasta que pedimos la cuarta ronda y nos ponemos cada vez más borrachos, yo procuro ya no tomar demasiado porque si no voy a perder el estilo y el control de la situación, lo que realmente me preocupa  es donde me voy a dormir en Villahermosa, porque en verdad no pienso quedarme en este mugroso hotel que me produce terribles sospechas, Aidé está ya tan borracha y drogada que no me gusta lo que se viene en puerta así que comienzo a vestirme y le digo que ya me voy, como un canalla que una vez obtenido su goce  sexual se esfuma a la chingada, sí, ¿pero es que qué más podría hacer? me pregunto a mí mismo, pero Aidé reniega porque no le parece mi decisión y me dice: “no Carlos -como le dije que era mi nombre- que te crees si bien chingón, ¡tú vas a pagar las cervezas como quedamos y aparte me vas a pagar a mí, o que te creías que de gratis te iba a mamar el pito? ¡paga tú cabrón!” Problemas, problemas, siempre se vienen los problemas encima...

“No Aidé, quedamos que yo pagaba el cuarto y tú pagabas lo demás, si por eso venimos, porque de otra forma no hubiera sucedido nada, ni nos habríamos conocido.”  “¡Cabrón, tú dijiste que ibas a pagar las cervezas, ahora pagas o no te sales vivo de aquí!”  (Ya sabía yo que esto iba a traer problemas pero soy un necio, parece que nunca escarmiento). “No Aidé -le digo serenamente, des apendejándome la borrachera- tú dijiste que ibas a pagar las cervezas, yo nada más voy a pagar la última ronda, acuérdate que te lo dije cuando nos trajeron las cervezas que yo nada más iba a pagar la última.”  “¡No, no cabrón, paga tú miserable ojete!” Ya vestida, Aidé agarra mi mochila y dice: “o pagas tú todo o no te doy tus cosas.”  (Ya parece increíblemente otra mujer en vez de la dulce Aidé que siempre decía “yo soy very crazy”) Pero no puede haber ningún cambio en el plan simplemente porque yo ya no traigo dinero, más que una miseria, que no alcanzaría para pagar las ocho cervezas. Hago llamar al chavo que nos las había estado trayendo y le digo: “¿cuánto va a ser amigo?” (Aidé sigue gritando y está como loca aferrada a mi mochila), el chavo dice: “cada cerveza cuesta seis varos, serían cuarenta y ocho.”  “ahí está pues.” Le pago doce pesos al chavo y le digo que ella le va a pagar los otros treinta y seis, pero Aidé sigue aferrada y tengo que pelearme con ella para que me dé mi mochila, ya después se la arranco, después de haber recibido dos tres de sus trancazos que da con esas manazas suyas. Se desploma en el suelo hundida en la miseria de la droga y dice. “maldito Carlos ojete, eres un ojete, dijiste que tú ibas a pagar todo.” El chavo nada más se queda expectante viendo la situación y le digo: “mírala ya como está, yo te estoy diciendo la verdad, ella iba a pagar el resto.”  Saco los treinta y seis pesos de la bolsa de Aidé y se los doy al chavo, entonces me bajo casi corriendo las escaleras mientras oigo los desgarradores gritos de Aidé y ya en la calle me echo a correr, esperando que no me estén siguiendo treinta padrotes con sus macanas, me esfumo por una de las calles laterales y pienso de nuevo toda la situación, casi siento lástima por la pobre de Aidé y me acuerdo de sus ‘yo soy very crazy.’  Confirmo de nuevo mi teoría: No hay que confiar en una mujer que está tatuada en el hombro.

 

“¡Villahermosa, que hermoso recibimiento me das!”  Grito al aire mientras voy por la calle taloneando monedas para conseguir pagar un cuarto, el cielo ya está obscureciendo, (se ve que viene una noche espléndida), y después de tanto mendigar consigo la suficiente lana para quedarme en un cuarto de treinta pesos..., “vaya, vaya”, me digo ya en la cama del cuarto, debajo de un ventilador que se mueve lentamente mientras pelo una naranja con mi navaja Victorinox Switzerland que me compré en el Sanborns de División del Norte. Ja, -me digo- estupendo recibimiento... vientos por ti... Villahermosa la hermosa, la muy primorosa, la muy candorosa -empiezo a jugar con las palabras- y después saco mi grabadora de la mochila y sintonizo el 96.5 de FM de radio de Villahermosa, la estación se llama “Music Light” y el locutor que está al aire se esfuerza mucho en hablar como un escuincle  fresa de la colonia del Valle, luego sigue hablando y menciona según su lista, cuáles son los discos más vendidos en la historia del Rock and Roll: el “Thriller” de Michael Jackson está en el primer lugar (aunque esa porquería no es Rock and Roll evidentemente), seguido inmediatamente después por “Exitos 75-85” luego, aproximándose en tercer lugar está el “Rumors” de Fleetwood Mac y después en la cuarta posición  el “Born in the USA” de Bruce Springsteen.

 

Decido apagar el radio y poner un cassette de Dire Straits, me doy una vuelta por el cuarto y luego me asomo al balcón que tiene vista hacia el río Grijalva, las luces de los postes alumbran pequeñas rebanadas del agua que se mueve en la misma dirección que el viento y en la avenida que está en la paralela pasan varios camiones ya vacíos haciendo un escándalo que se confunde con la música de los Dire Straits, “Once upon a time in the west”  es la canción que estoy escuchando, mientras mastico los gajos de la naranja, es un momento perfecto para pensar cómo está ahora la situación de mi vida y lamentar la soledad tan magnífica que me está envolviendo junto con la música, pienso en como solías ser conmigo, Guerda, y en cómo nos amábamos con tanta frescura, tanta cadencia, tantos fulgores de alegría que ahora están perdidos, o ranciándose en nuestra memoria de unos tiempos ya tan remotos y olvidados, y que me causa tanto pesar recordarlos aquí  y ahora.

Me siento tan solo y triste que podría llorar, podría quedarme como agua para chocolate, pero en vez de eso dejo que siga la siguiente canción de Dire Straits, “Romeo y Julieta” se llama la canción, grabada en vivo del disco Alchemy, y dejo que la guitarra de Mark Knopfler llore por mí en estos momentos.  Así me quedo dormido, con las botas puestas. Al día siguiente me levanto con los pies hinchados; “puta madre, se me olvidó quitarme la ropa”, es lo único que alcanzo a mencionar, y después me voy a dar una ducha en la regadera compartida del hotel, un par de putillas me ven salir del cuarto y se sonríen, yo me sonrío también y entro a la regadera, de la que sale un agua bastante fría que me hace soltar exclamaciones: “¡BRRR; PUTA MADRE CON EL AGUA; HAY CABRÓN, ESTÁ HELADA; HAY GÜEY, NO MAMES, ESTÁ RE PINCHE FRÍA.” 

Después me visto con la misma ropa sucia, (porque no he lavado mi ropa desde que dejé a los McDonald), y salgo y me dirijo nuevamente hacia la calle, hacia esas calles abstractas de Villahermosa (llenas de putas y perros callejeros) esperando poder talonear de nuevo unas monedas. Doy una larga vuelta y cruzo al otro lado del Grijalva buscando gente bondadosa y cálida a la cual poder arrancarle unos pesos con mi buena educación, (señoras ya grandes, de preferencia) después de dar vueltas y vueltas se me va todo el día pero ya tengo dinero suficiente para comer por lo menos un taco y para tomar un camión que me lleve hacia lo más cerca que se pueda de la ciudad de México, que es La Venta, Tabasco. Así que hacia allá parto después de pasar a recoger mis cosas de mi cuarto de hotel y me subo en el camión, durante el trayecto voy pensando en Aidé...

“...yo soy very crazy...”

Y no le gustaba que le dijeran mujer…

 

sábado, 6 de agosto de 2022

REPORTERO DE MI MUNDO INTERIOR, POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

“Seguramente Ernesto Zedillo se leyó un día antes de su último informe de gobierno el Canto a mí mismo de Whitman”. Fue lo que pensé  al día siguiente cuando la portada de Proceso decía: “Yo, Yo, Yo”. Y cuando leí el informe escrito, pensé: “El pobre pendejo no lo entendió”. Salí de mi casa y como siempre, fui escribiendo poemas sueltos en la mente, que no fueron nunca escritos y así es mejor, porque para eso tenemos a Walt Whitman. Lo único que me asemeja  con Whitman, si no es el talento ni mucho menos, es que yo también me atreví a vender mi primer libro de casa en casa como lo hizo él; pero yo lo hice después de más de un siglo de distancia: en los primeros meses del año 2002. La sorpresa es inmediata, uno va por ahí a la altura del Metro Hidalgo trabajando de encuestador para el INEGI y creyendo que todo el mundo ha leído a Paul Nizan, a Vicente Huidobro o al propio Whitman y es incuantificable el cotejo con la realidad: con ánimo de sacarles la plática a los encuestados, uno capta de inmediato que la gente apenas sabe que existe la poesía,  igual como le pasa a la metafísica, la gente cree que es algo cursi, y por supuesto, la mayoría de la gente tiene una televisión tamaño gorila y una lujosa y nunca leída edición de El Quijote, ¿y al lado? La saga (¿será trilogía como la Trilogía sucia de La Habana del cubano Pedro Juan Gutiérrez?) de El grito desesperado, que para la mayoría de la gente, no es un libro cursi sino un buen libro (es decir un libro de buenas maneras, que, por cierto, nunca fue escrito por José Carlos González) que ayuda a los jóvenes a superarse, “a salir del infierno de las drogas y la promiscuidad donde está nuestra pobre juventud”. En cambio, Whitman en el libro citado dice: “todo cuanto asumo tú lo asumirás, porque cada molécula que me pertenece, también a ti te pertenece”. La diferencia, diríamos pues, es nada más que Whitman fundó la cultura (y la democracia) norteamericana mientras que El grito… se tiene en casa pero se lee en el metro. Y Walt Whitman en la actualidad se lee también en el metro… y en Harvard, y en la Universidad de Chicago y en la de Cincinatti, etc. Todo lo cual nos lleva al  magnífico panorama para el poeta joven que lee en el metro: primero, si es que escribes bien,  deberías olvidarte del auto cachondeo  de los blofs-spots y hacer puntos en el periodismo, para que nadie o sólo después de 20 intentos te vayan a  publicar; segundo, la gente no te va a leer más que por conmiseración, la gente que necesita leer lo que tú escribes, quizá por ignorancia o falta de recursos nunca te leerá, aunque claro que tendrás felices encuentros con escasos lectores, éstos son los que comprenden, pero la mayoría de los amigos te van a palmear la espalda; tercero, si de verdad eres poeta no te vas a rendir con esto y más te vale encomendarte a San Premio Nobel para cuando crezcas, y mejor ve pensando en renunciar a él, porque la Academia tiene tan mal tino últimamente (con excepción de Saramago y Harold Pinter o Herta Müller para mi gusto) que por honradez, debes pensar en no aceptarlo, tómatelo con calma, falta mucho. Mejor encomiéndate al Premio Príncipe de Asturias o al Cervantes, que suelen ser más justos.

            Pero no perdamos el tiempo con las paráfrasis de Zedillo (“el doctor zeta” como le decían en las cantinas de Coyoacán), sobre todo después del sexenio en que Jorge Luis Borges fue Borgues y hubo el proyecto “hacia un país de lectores” y que al volver la mirada no puede generar sino aspavientos ante lo que el gobierno Foxista quería  hacer con la cultura, porque realmente  la cultura, es el verdadero patrimonio de México y ésta idea no es que sea mía, sino que el panorama general del país lo revela a cada momento y creo que no hace falta dar  ejemplos. “Hacia un País de Lectores estamos esperando todos los sexenios”. Se debería llamar de ahora en adelante…Para que el próximo sexenio ya ni se cansen eligiendo slogan.

Es mucho más importante para nosotros los creadores, no crear poesía que sólo quiera verle la cara de pendejo al lector. Regularmente, esta poesía funciona así: se trata de musicalizar palabras cultas y embonarlas con ideas vagas…. muy vagas (las llamadas imágenes poéticas) que el poeta tiene en lo más  profundo de su espíritu y que aprendió (o se obligó, es lo mismo) que así debía de ser gracias a la poesía de imágenes tan aclamada por Octavio Paz: es decir, esas imágenes, además de que resulta difícil igualar la poesía de Paz, son dispersiones, extravíos; dada la musicalidad equis, (porque a fuerza tiene que haberla, si es como el ritmo de la respiración del poeta), el poema está hecho. Y también, por supuesto, sus pendejos para leerlo, es decir, los camaradas borrachos del poeta y que también quieren ser poetas; lo leerán convencidos del “misterio insondable que aúlla en las cavernas  que tiene el alma humana” en su interior y que sólo por gracia de la poesía nos es factible conocer esos misterios. En literatura, como en los desastres como los del 11 de septiembre, los del 2 de octubre  o los del resto del año, conviene recordar las palabras de la gran Susan Sontag: “Suframos juntos, pero no seamos estúpidos juntos”. Es cierto que está de moda el fin del mundo y que los medios electrónicos hacen su agosto explotando ésta idea en cualquier ámbito, pero ante ello, el escritor debe de ser un imperturbable caradura, y más si es de los escritores que salen en televisión.  Por eso a mí me interesan cada vez más las poéticas que no parecen poesías explícitas, que en muchos casos son incomprensibles galimatías que sólo por la idiotez pueden llegar a gustarle a alguien, sino la poesía que trabaja con auténticas visiones, (por lo menos la poesía de malabarismos verbales está excluida, porque de antemano avisa que es una vacilada, es como caminar por una calle nueva, con nuevos rostros, nuevas tiendas, nuevos perros y nuevos vagabundos y nuevos puestos de periódicos. Un mundo nuevo, en suma, ja,ja,ja.) Pero hay otra poesía que es peor  y la peor de todas: la que insulta al lector diciendo esos mismos galimatías tomando al lector como la segunda persona narrativa verbal. El mensaje de esta poesía es: ¿Y tú quién eres? ¿Cómo te atreves a leerme en esta revista y/o suplemento cultural al que sabes que nunca te publicarán a ti? La calidad debe ser un requisito indispensable para la publicación de cualquier obra literaria, pero también es cierto que la poesía debe convivir con otros discursos, como los anuncios de autos, la cerveza, etc, en los medios impresos o electrónicos. ¿Cuándo será el momento en que una empresa que tiene dinero como Letras Libres anuncie por radio, prensa o televisión su contenido con un aforismo de Óscar de la Borbolla, por ejemplo: “La realidad no nos enseña nada, pero nos obliga a aprender, ergo: compre Letras Libres”? Lo  estamos esperando.

            La verdadera poesía, si es que todavía existe, deberá ser aquella escrita por auténticos profetas, visionarios que han explorado en su ensimismamiento o en lo que sea que los haya desembocado en otra totalidad, otro mundo, y eso cuesta explorar el fuero interno y como eso duele y, sobre todo, el mundo entero conspira para que uno nunca pueda llegar a ese otro segundo yo que soy yo mismo, nadie quiere ser poeta. Aquí es donde se ve por qué Rimbaud sigue siendo nuestro Rimbaud, porque exploró hasta la medula el mundo interior y exterior y logró conurbarlos mediante el acto poético y murió joven, como debe de ser. (“El poeta debe buscar su propio conocimiento total” decía Rimbaud a los 18 años).

Nadie quisiera ver a un verdadero loco como Antonin Artaud, uno de los mejores del grupo surrealista francés de los años treintas del  XX, ocupando un puesto en la burocracia cultural después de haberle confesado a su psiquiatra que veía: “crecer una noche dentro de la misma noche”. Hay una anécdota sobre Artaud muy divertida. Cuando una ocasión lo dejaron salir de su internamiento, le leyó a una amiga suya un poema muy extenso, a gritos, y el velador de aquél barrio de París le dijo a Artaud que se calmara, a lo que Artaud le contestó cuando el velador del psiquiátrico fue a verlo: “¡Cállese o sino lo convierto en serpiente!” Después de que la amiga lo regresó al internamiento, el velador le dijo a la amiga de Artaud: “Oiga, estoy muy preocupado, ¿de verdad ese señor me puede convertir en serpiente?” Antonin Artaud no murió tan joven, pero su locura hizo lo suficiente para volverlo tan inteligente para probar que con verdad se reta a algo grande, algo absoluto cuando se quiere ser poeta, en la sentencia de Platón:

 

“Todo aquel que se atreve a escribir poesía sin estar poseído por el delirio que este arte exige, creyendo que puede ser poeta tan sólo por escribir de acuerdo con determinados recursos técnicos, estará muy lejos de ser un verdadero poeta. Pues la poesía de los letrados siempre será eclipsada por aquella que destila locura divina.”

 

Ésta poesía, desde los tiempos griegos, es la única que merece tener ese nombre y por lo que se ve en varios  libros y mucha basura galardonada, podemos decir, contentos, que esa es la que necesitamos leer (uso la clave de los cómplices porque sé que sólo los que quieren escribir este tipo de poesía leerán este texto, no los simples lectores, porque éstos, ya no existen para mi generación, por lo menos), en otras palabras, los invito a desembocar en la totalidad, y que nuestros textos sean un concierto de totalidades, de laberintos internos, donde los poemas amanecen a pesar de todo, donde es posible que la amada sea la que da “las maderas curvadas de sus besos”, o sentir la “arácnida acuarela de la melancolía”, hermosas frases del propio Vallejo, y así siempre así, hasta que la humedad distante del presente, retorne al árbol que la engendró y la alimenta, en éstas ciudades que son espejos de ausencias, polvos de espejos, y desde esta orilla de mar como la otra, se atisbe la luminosidad de la Presencia. ¿Será tanto así? Bueno, no sé, pero me consuelo pensando que uno que otro policía lee a María Zambrano y a José Ortega y Gasset. (Sólo faltaría que Jesús Zambrano propusiera lectura obligada en preparatoria de El Evangelio según Jesucristo).

 

viernes, 29 de julio de 2022

VIDEO POÉTICO


 GRACIAS A LA REPLO POR INCLUIRME ÉSTA POESÍA ME RECUERDA BOLAÑO POR QUÉ

NO HAY EPIDEMIA BOLAÑO...

jueves, 28 de julio de 2022

SOY UN PUÑO DE TIERRA ECHADO AL VIENTO: JAIME LABASTIDA, POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

Tengo entre mis curiosidades sonoras (que son varias) esta Joya: VOZ VIVA DE MÉXICO (editado en Disco Compacto por la UNAM) del Doctor Jaime Labastida Ochoa, Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines, Doctor Honoris Causa por la UAM y director de la editorial Siglo XXI, además de que es actualmente, uno de los filósofos mexicanos más prominentes y preclaros y creo no equivocarme si digo que ya desde los últimos 25- 30 años.

El disco es una belleza; se trata de 18 poemas leídos en voz del autor de El Edificio de la Razón he inmediatamente nos captura su poesía, ¿Por qué? Bueno, pues porque dice palabras o, diría mejor; enunciados cerrados en sí mismos, graves, atrevidos, fuertes he incluso muy pero muy finos como: "levantamos la copa en el mar de Venecia...", luego dos o tres palabras perfectas, exactas y luego otra serie de enunciados tremendos y así elabora su poesía éste filósofo: se nota, ya después, como a la cuarta o quinta vez de escucharlos, que detrás de este poeta se esconde un pensador inmenso, es decir, sus poemas, al estilo del pensamiento estrictamente filosófico, están hechos a la manera de rompecabezas, no digo esto porque contengan exceso de violencia verbal o por el tono (casi siempre más bien grave) o tema sobre el que descansan, sino por la sustancia poética misma que emana de escucharlos. "Soy la soledad que entra en tu corazón". Le dice Jaime a su amada, le dedica a su hijo Pablo unas "palabras para un poema" sobre la muerte de su padre, "ciego de nacimiento, me escandaliza el tacto", "¿Por qué la estrella y la conciencia?", etcétera, y al final de cada Poema hay un Jaime Labastida, todo un grande, pensando: "piénsame lector, piensa el fundamento de tu realidad también con ésta poesía". 

Jaime Labastida Ochoa es ya un poeta y filósofo internacionalmente respetado, por eso, suena casi a despedida una de sus frases: "¿Recordarán algunos mi sonrisa?" No se preocupe doctor Jaime: muchos hemos vivido su sonrisa, y claro, por supuesto que la recordaremos... y no sólo eso.

Cómprenlo; en librerías EDUCAL o la Librería de la UNAM.

 

 

domingo, 24 de julio de 2022

LA SALA DE BILLAR DE PUERTO VALLARTA POR MARCOS GARCÍA CABALLERO...

 

Ahora verás… ¿tenemos una nueva historia? Claro que sí: solamente es cuestión de investigar viejas ensaladas peligrosas con los aderezos de las memorias que se remontan a la sutileza de los prístinos detalles: Alguna ocasión, a mitad de la batalla de los 30 y tantos años, tuve dinero suficiente en el año 2009 para invitar a mi novia lejana al hermoso sitio de Puerto Vallarta. Nos pusimos de acuerdo vía teléfono y ella se sintió más que halagada con la invitación. Le envié por fax a una agencia de viajes su correspondiente boleto Guanajuato-Vallarta. Me preguntó o no recuerdo bien, en esas llamadas, creo que le preguntó a mi madre si yo me sentía seguro de realizar el viaje y estar con ella. No lo dudé, le dije que teníamos qué hacer este viaje porque los dos éramos y somos escritores amantes y además amantes de la vida aventurera; si tenía el dinero para invitarla, ¿Por qué carajos no íbamos a gozarla de rechupete en Puerto Vallarta tres noches y tres días y medio según alcanzaba el dinero?  Tomé a los pocos días el autobús desde la zona centro del país y después de un áspero viaje donde no olvidaba que me molestarían esos ex vecinos míos haciéndome boicots por la televisión gritándole a la gente que yo me encuero cuando me voy a bañar (por decirlo suavecito para el lector), llegué por fin a la medianoche a Puerto Vallarta y la miré a ella muy jovial y muy hermosa sentada en la extensa sala de camiones esperándome… “ella, esperándome…” Esta frase significa amor y esperanza, y si tu mujer te espera en otra ciudad a que tú llegues, te tiene mucho amor y esperanza… es muy importante entender esto para todos aquellos guerreros impacientes. Sueñen que caminan por el drenaje de sus propias ciudades arrasadas, si gustan, cuando parezca que no hay salida; pero si su amor los espera, ya tienen un punto con aquél el de la iglesia, o sea: todas las iglesias, todas esas puertas que tocaron y no abrieron es posible que con esa mujer se abran. Y hay que recordar que Don Octavio Paz en Piedra de Sol dice: “el amor es abrir puertas, es dejar de ser un fantasma condenado por un amo sin rostro.” Etcétera, ustedes se lo saben… Lo que quiero decir es que al verla sentí una oleada de insuperable libertad incluso más grande que las del propio mar cristalino del Puerto. Y ojo: ese tipo de oleadas también son el amor con el cual descubres de qué calibre es la mujer con la que te andas acercando… Como buena hermosa, ella ya pronosticaba sobresaltos, y eso, queridos, es la mera reata y la mera retahíla he hilo de éste asunto que deseo expresarles en clave de pasado disperso y futuro compartido. Había inclusive ahí mismo en la terminal un sitio para hacer reservaciones de los hoteles y si eso me sorprendió es simplemente porque soy en general un escritor y estudiante de filosofía más bien pobre. Hablamos pues, con los encargados y nos recibieron muy bien, nos dieron un taxi y fuimos a la zona centro de la ciudad al hotel. Como era de medianoche, le dije que ya no saliéramos a ningún lugar y que nos fuéramos solo a cenar y luego a dormir. Me sentía un tanto golpeado por el viaje pero cenamos bien, nada precisamente caro, pero al regresar al cuarto del hotel le dije que se desnudara, y me dijo, ¿de plano? Le respondí: ¿pues  qué creías que veníamos a hacer aquí?

Hicimos el amor, esa noche, recién llegados a la ciudad, luego ella me pidió prender la tv. Le conté un poco cómo eran esos ladillas de mis ex vecinos y no me entendía. Le expliqué que ellos tienen y usan otra lógica, la lógica de la destrucción y el odio y más o menos me entendió ese nebuloso asunto que siempre parece quedar en término medio: un punto su odio y su estupidez, un punto mi vida y mi libertad. Bueno, dijo, trato de entender qué quieres decir: te hacen una guerra sucia tremenda y debes de mantenerte fuerte y no caer en sus provocaciones. Exactamente, por ahí va la cosa. Qué fuerte, dijo, y nos dormimos abrazados, era obviamente una situación peligrosa. Los inútiles aquellos ya nos perseguían, supongo yo que realmente era en lo único que pensaban: en chingar la madre.

A la mañana siguiente, salimos del cuarto con ropa de playa, nos asomamos al balcón y como ella traía una pequeña cítara, me la tocó para que me pusiera feliz, yo saqué mi armónica y le di un pequeño concierto matutino: ¡Comme on madame, que te recojas el pelo, quiero verte hermosa y chula! Y así lo hizo. Abajo, la ciudad de Vallarta parecía abrirnos los brazos en señal de hospitalidad: un parque teníamos en frente, a la derecha se caminaba a la playa a la cual teníamos acceso, había muchas tiendas de productos llamativos, los OXXOS estaban retacados de botellas de buen vino tinto y cerveza, de todos los patios parecían salir historias, y como siempre, tú te crees el más cabrón pero ellos solamente te cuentan el cuento de que eres el más cabrón, no se necesita más, dicho sea de paso. Nos fuimos a desayunar a un costado del hotel, en un restaurante muy llamativo que guardaba una decoración interna sensacional. Nosotros conversábamos de nuestras vidas y todo lo que habíamos hecho desde que dejamos de vernos cuando los dos vivíamos en la capital allá por el año del 2005.

Habíamos ido a un restaurante del mercado allá por el metro Balderas, creo, no lo recuerdo bien, pero fuimos desde entonces muy amigos, ella me encontraba inteligente en los rollos literarios y yo la veía bastante buena onda, alivianada, por decir lo menos. Ella tenía una teoría rara respecto al lector, yo le decía: Olvídate de Julio Cortázar, no porque no sea bueno, pero no podemos ya seguir pensando en el lector, al lector habrá que compartirle la historia, para él es el platillo literario, pero no somos ni podemos aspirar a ser Lauras Restrepos ni Fernandos del Paso, ¿si me entiendes? ¡No somos ni siquiera de la tradición del boom latinoamericano! Okey, okey… me dijo aquella vez y nos fuimos del mercado, esa vez ella tenía una fiesta súper alcohólica y drogadicta y yo dije internamente ¡A la chingada! ¡Me voy a escribir! La vida no retoña, dejó claro Efraín Huerta, pero la escritura literaria es una clara apuesta donde va de por medio tu tiempo vital, ya habrá, como siempre ha habido, tiempo para chupar, fue lo que pensé viéndole el trasero mientras se iba por los túneles del metro y yo me regresaba a mi barrio a darle al teclado.

Pues así las cosas, ya medio nos sentíamos los reyes de Vallarta, porque los verdaderos reyes, los que merecen irse unos días a Puerto Vallarta, los taxistas que trabajan doce horas, los albañiles, los trabajadores mal pagados, esos, esos no acostumbran irse a Vallarta ¿si me explico? Ella y yo fuimos héroes por tres días, más o menos como alguna vez nos lo prometió David Bowie. Luego caminamos por el malecón, nos metimos de lleno en el avión del turista, nos asombraba la gente, los jóvenes europeos y canadienses, un aire místico que hace sentir: “cierto, estás aquí, pero no olvides quién eres”. Regresamos al cuarto a leer y escuchar música, ella pasó a ponerse traje de baño y nunca lo dudé: supe que antiguos demonios estaban ahí, y si estaban ahí era porque mis ex vecinos ya habían dejado caer la trampa: partidazo de fútbol mientras ellos gritaban desde sus casotas: “¡ese es un maricón!” “¡Ese le va al américa!” (por cierto, le voy a los pumas por mi espíritu universitario) “¡ese es un naco!” “¡ese se dice escritor y no escribe nada!” ¿si me doy a entender? ¿no creen ustedes lectores que todo eso ya está muy claro y leído por la sociedad esa situación? ¿Quieren historia o chocolate? Yo les doy de los dos: entonces empezó el partido, a media tarde, quién sabe quién jugó, sólo sé que esos odiosos querían (justo como en este momento que escribo) hacerme sufrir, pasé un mal rato, pero bueno, había qué disfrutar, esa sería mi gran venganza, pedimos pizzas al cuarto y una botella de vino tinto, nada mal, mientras Vallarta veía más o menos cómo estaba la situación y Bob Dylan y the Who y the cure ó Peter Gabriel nos tocaban las canciones de su repertorio, las canciones amorosas estaban, obviamente reservadas para la noche…

Muy pronto entendimos que de aquél pueblo que fue Vallarta en los años setenta, acogedor, rústico, apacible y todavía no excesivamente turístico donde hasta Jane Fonda tenía una casa para vacacionar, ya casi no quedaba de eso más que reminiscencias… pero ella estaba encantada, mi novia, camine y camine o recostados en la arena o nadando en la alberca del hotel…

Después me dejó, quiso irse a caminar ella sola por otro rumbo y yo me quedé escuchando música y leyendo el periódico de Puerto Vallarta, salí al balcón, hice chistes con las recamareras, me puse mi sombrero por las dudas y compré una chela, pus claro, a eso veníamos; a descansar yo de tanto sayonara, ella de su trabajo. Pasó un rato prolongado, me quedé dormido, ella llegó como hasta las siete pasadas y me despertó, empecé a sentirme ya un tanto incómodo, no me refiero a ella por supuesto sino a esa maldita partecita de inercia que todos, simplemente por ser humanos ya la cargamos, a veces la siento más tarde, eso es lo bueno, pero como que empecé a extrañar mi casa y dije, después de un rato: “¡Ya estuvo bueno, carajo, si estamos en Vallarta vámonos a una discoteca, un antro, vámonos a bailar!” Se quedó impactada, se arregló con sus mejores vestidos (ella viste siempre muy bien) y tomamos un camión hacia los hoteles de a deveras, donde está el Sheraton, ese tipo de lugares y ciertamente veíamos mucha parranda en las calles pero no dábamos con un sitio que nos gustara totalmente, bueno pues, pues el chiste es que viajamos por la ciudad de noche y la vimos, así que por fin llegamos a un bar donde había una pista de baile, una mesa de billar, muchas sillas, luces de colores en el techo y todo eso aunado a los días anteriores, me empezó a dar vértigo, ya la dejé que por ahora ella pagara los tragos y nos fuimos a sentar por donde jugaban los del billar. Sentados ahí, empezamos a dialogar, los diálogos significativos con mis parejas me fascinan, así que ella tomó el mando porque yo, además de ebrio, me sentía vulnerable simplemente porque me empecé a dejar llevar por su belleza, decía una cosa, movía la boca, sonreía y yo hasta el chingado arcoíris en Montecarlo veía. Me dijo: “sabes qué? Tú dices algo así como que te parece raro éste lugar, pero en realidad para todos aquí nosotros somos los raros de éste lugar”. Creo que le dije te amo, o tal vez lo pensé… acabamos tres rondas de cervezas y volvimos a la zona de no tan alto precio que era la nuestra, llegamos como a las dos de la mañana, hicimos furiosamente el amor con las canciones románticas y quedamos dormidos. Al día siguiente había que irse de nuevo cada quien pa su santo, su espacio. Ella me dijo: “no sé tú, pero yo voy a agradecerle al lugar como me trató, me voy a poner en paz y armonía con el Puerto…” Me quedé un rato frente al mar, regresamos a la central camionera, pero ese no es el fin de la historia sino que resulta que los chocolates de mis ex vecinos, como me buscan problemas, andan preguntando a la tv que qué pecados cometí en Vallarta, se creen algo así como los dueños no de la verdad, sino de mi moral!! En otras palabras: rematados idiotas. Y es la hora que es el año 2016 y gritan ante la televisión: “¡Cuál fue su pecado de este maricón en Vallarta!” Y Vallarta respondió: “pues vino, estuvo y se fue”. Y hasta tuve qué aclarar ante la soledad del territorio nacional que nos une, que ella era mi novia, que ahora da clases, que le va muy bien en su trabajo, que somos buenos amigos, que tiene un hijo y una hija y un marido y sigue escribiendo y que yo hago filosofía… ¿será tan difícil entender cuáles cabezas son las que no funcionan? ¿o de plano quieren que les diga que un tal cocainómano en Tijuana y salió corrido de un orfelinato sin padre biológico? Seguiremos informando… Por cierto Mexicalli es cancha segura de la mujer de la ventana. Y Manimal ya es éxito puro total y absoluto.

 

sábado, 23 de julio de 2022

SOBRE IVÁN RÍOS GASCÓN Y SU ÚLTIMO LIBRO BROADWAY EXPRES POR MARCOS GARCÍA CABALLERO..

 

Buenas tardes a todos los aquí presentes. Es para mí un gusto y un honor presentar el último libro de mi amigo Iván Ríos aquí en Aguascalientes, pues debo decir que cuando yo volví a vivir aquí en el año 2006, Iván se encontraba en Nueva York redactando, gracias a una beca, este libro que ahora él viene a ofrecerles a la feria del libro más grande del estado.

Antes de referirme propiamente a la obra, tenemos que establecer que Iván Ríos es uno de los nuevos protagonistas de la cultura juvenil y de los medios de comunicación en general:  Ya desde 1994  él era locutor de radio en la estación legendaria Rock 101, publicaba en el suplemento cultural de Excélsior y había  sacado su primera novela Tu imagen en el viento en la que decodificaba a esos personajes que se dejaban ver en la plaza de Coyoacán como en el Hijo del Cuervo y que tenían pretensiones artísticas he intelectuales. Fue al año siguiente en 1995 cuando yo lo conocí: fui a buscarlo a las oficinas  de Excélsior con 300 cuartillas del borrador de mi primera novela, él me recibió con gusto y nos quedamos de ver en una semana, para mi buena sorpresa, me invitó un par de cervezas con sus amigos y al escucharlo hablar inmediatamente me identifiqué con él, se veía inteligente, profesional y bajo los aires de la locura favorable que han hecho de él un conocedor de cine y música alternativa, literatura de culto, pintura, plástica, etcétera. Iván conoce detalles curiosos sobre un variopinto grupo de autores y artistas, por ejemplo del pintor Francis Bacon, de John Kennedy Toole, el celebrado autor de La conjura de los necios, y lo que sucedió después de la publicación del libro;  de Henry Miller y el juicio que  enfrentó  acusado de pornografía por sus célebres y ya clásicos Trópicos, asimismo, Iván es colaborador actualmente de la revista The Rolling Stone en su espacio para reseñas literarias, por ejemplo, ahí apareció una buena nota para recordar a Carlos Fuentes, también Iván mantiene una bitácora en Internet (no les diré la dirección porque está en el libro). En fin, Iván ha logrado ya desde hace tiempo, un estilo propio para sus comentarios sobre la cultura posmoderna y la no tan moderna.

En el año 2004 entrevisté a Iván a propósito de otra novela que él había sacado en el 2003, LUZ ESTÉRIL (editorial Praxis) en la que también volvió a retratar a los jóvenes pretenciosos de excesos de sexo, drogas, alcohol, intelectualismo y anhelos artísticos. Pero ésta novela, cuyo ancestro aparente se encontraría en Gustavo Sáinz, José Agustín y toda la llamada “literatura de la onda”, tal como la definió desde entonces la maestra Margo Glantz, resultaba de inmediato otro tipo de registro, otra visión totalmente diferente; es decir, Iván hurgó en la vida underground de la Ciudad de México en las vidas de los treintañeros de los bajos fondos y de las clases más altas y no había ahí nada que ver con “la onda”, se podría decir que éramos nosotros los retratados, en una historia en la que, curiosamente, la construcción misma de los personajes y sus propios conflictos internos brillaban más que la historia por sí misma: se trataba en esa acertada visión narrativa, de que los jóvenes entendieran a los personajes como sus posibles pares; con toda esa gran exploración interior, Iván no toma recursos prestados a José Agustín, ni siquiera hace mención al  caló propio de la Ciudad de México como otros escritores gustan de hacerlo; más bien reinventa a la juventud porque la onda pasó hace casi 50 años, en cambio nosotros fuimos jóvenes apenas ayer. Y si Iván ya lo había hecho de algún modo en Tu imagen en el viento, en Luz Estéril me parece que logró llegar a una cima con la suficiente tenacidad he inteligencia narrativa que ahora es una obra que definitivamente no puede ser pasada por alto. (Recuerdo que por entonces los comentarios a Iván eran: “¡Qué caray Iván, ya consíguete una novia!” Se lo decían porque el libro es largo, pero además Iván también tiene sus admiradoras).

Y ahora, para que nadie se vaya de aquí sin su ejemplar de Broadway Express, voy a hablar bien del libro: ¿Recuerdan algunos de ustedes La Poética de Aristóteles? Más o menos una de las tantas reglas que el estagirita impone en ese texto clásico a las obras literarias es buscar contar algo creíble pero imposible, en vez de algo posible pero increíble. En lo personal no le hago mucho caso al alumno de Platón, pero Iván lo logra con soltura y amenidad, desde la postura de un narrador omnisciente, crea atmósferas híper modernas salpicadas de glamour, cenas y coktails en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, por decir algo. Sus personajes se enamoran, se embriagan y tienen fiestas en restaurantes donde Robert de Niro es el dueño… Se trata de una obra compuesta al modo de la Trilogía de Nueva York de Paul Auster, o el Quinteto de Buenos Aires de Manuel Vázquez Montalbán en una serie afortunada de relatos entremezclados donde abunda el buen gusto de lugares,  y registros  cercanos a Broadway pero ésta vez los personajes son más vacíos, o algunos buscan la autodestrucción inconscientemente como en el relato Sometihn’ stupid, título prestado de una canción de Frank Sinatra donde se cuenta la mejor parte de una mala noche para mejor olvidar.   Los personajes, treintañeros ricachos de Nueva York, se ven envueltos en parábolas que dejan entrever el vacío existencial y un poco el sentimiento de orfandad que se vive en las grandes metrópolis sin dejar de mostrar su lado tragicómico y en especial el último relato, para mi gusto el mejor del libro, donde estamos en presencia de una desesperada relación erótica arrolladora que culmina en algo creíble pero imposible.  Iván deja ver claro, que sus personajes nunca dejarán de buscar el amor o el sexo y el alcohol, pero que el amor a estas alturas es ya casi una utopía irrealizable. Pero ésta mención no debe de entenderse como una falta de exploración en la condición humana: todo lo contrario, quizá esa sea la dimensión trágica que viene anunciando Iván: que la gloria del amor y de la vida buena puede o está cerca de acabarse, como buen creador consciente de su tiempo histórico, Iván Ríos Gascón sabe que el mundo siempre está peor que nunca… y respecto a esos placeres de los que habla, cabría recordar al  filósofo griego Demócrito: “¡Hay que agarrar con las uñas esos placeres que la vida nos va quitando!” Y ¿por qué no? Uno de esos placeres es la literatura de Iván Ríos Gascón.

Muchas gracias, 22 de septiembre de 2013.

Casa De La Cultura “Víctor Sandoval”, Aguascalientes, Ags.

SOBRE LOS ESCRITORES Y EL ALCOHOL, POR MARCOS GARCÍA CABALLERO..

 

Antes de que una encuesta hecha por ahí de 1998 a José Antonio Alcaraz que denominó al dramaturgo como “el hombre más culto de México”, la prensa de la Ciudad de México le preguntó el por qué la literatura, más que cualquier otra disciplina artística, estaba tan mezclada con el alcoholismo. Alcaraz respondió que todo eso no era más que un pancho, solamente un mito, porque si así se produjera siempre buena literatura —abusando del alcohol— él no sería un Director de una Escuela de Escritores, sino que cerraría la Escuela y pondría rápidamente una buena y pintoresca cantinucha.

Mi opinión no dista del ahora fallecido dramaturgo, al que siempre recordaré como mi maestro, pero sí puedo afirmar que la mitología del escritor bohemio y decadente, desubicado o tristón, etcétera, ha existido siempre. Por ejemplo en el siglo dos XX hubo dos grandes borrachos y lujuriosos que parecían ser sólo unos pobres diablos como Henry Miller y Charles Bukowski que si están o no están incluidos en el canon de tal o cual Universidad o estudio de la historia de la Literatura Universal  finalmente no importa: sus escritos simplemente rebasan cualquier expectativa en términos de fuerza expresiva y de riqueza vital y verbal, o para decirlo de otra manera, gracias a sus escritos se han desbordado enormes cantidades de cerveza de quienes los admiramos o de quienes quisieron ser sus epígonos en cualquier parte y en muchos espacios (de éste y del otro lado del Atlántico); de estos dos norteamericanos basta citar los famosos Trópicos de Miller (uno de ellos estuvo prohibido durante 30 años o más, supuestamente acusado de “pornografía” y “obscenidad”) y del segundo autor sus extensos poemas malditos o sus novelas como Mujeres o los cuentos de Música de cañerías. Pero claro que inmediatamente hay que aclarar que no hay un Per se: literatura de buena factura no necesariamente proviene de experiencias alcohólicas ni mucho menos. Antes que cualquier otra cosa, escribir diez buenos poemas, cinco buenos cuentos o un par de novelas excelentes es un trabajo mezclado con algo que busca perseguir la inteligencia del autor, es trabajo y es chamba, pues.

Éste mito tiene su origen desde muy lejos; pero en los albores de la época moderna podemos identificar a varios borrachos geniales en Francia en el siglo XIX: Charles Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Lautréamont, etcétera. Ellos experimentaron con el opio (Baudelaire tiene un extenso texto que se titula: acercamientos al opio y hachís), todo tipo de alcoholes incluido el ajenjo y ellos pasaron a la historia de la Literatura Mundial como los santos patrones del desmadre, la encarnación de personajes grotescos y diabólicos, excesivos en todo, incluido el sexo y el espíritu contestatario de la juventud, desde ese momento (1845 más o menos) hasta toda la juventud rebelde en todos los tiempos y todos los espacios; aún a pesar de que Rimbaud murió en pleno apego al cristianismo y a los demás de ellos… podemos imaginar cómo les fue un poco más adelante. Todo esto también es o ya pasó a formar parte  de la inspiración actual de nuevas generaciones de escritores y músicos en épocas más recientes como 1950 con las poéticas de la generación beatnick o los artistas  del jazz hasta el rock and roll: desde Charlie Parker, pasando por The Rolling Stones (quienes fueron amigos del beatnick más drogo de todos: William Bourruhgs  y lo fueron a visitar a  Tánger, donde él vivía día y noche escribiendo e inyectándose de tocho morocho), hasta los actuales The Black Eyes Peas.

Pero quedarse con las anécdotas es algo baladí, es algo snob: pose de poses. Todo lo que este tipo de obras proclaman y pregonan, como diría Ciryl Connolly en La Tumba sin sosiego, es: “¡Lee, leéme pero ya tú maldito lector!” Gritan desde sus tumbas estos personajes. Por ejemplo, Las flores del mal de Baudelaire, aparecidas por ahí de 1855 contienen una fuerte relación con los mitos fundantes  de la gloriosa época micénica; los poemas de Baudelaire en una buena y cuidada edición mantienen notas a pie de página para el lector de  habla hispana, es decir, este tipo de literatura nunca fue sólo habladuría, como diríamos hoy; se trata de autores serios al momento de enfrentarse con el acto creativo, el decir o como gustes y sí, eran también autores de desmanes y desmadres pero nos legaron una nueva visión para entender el contexto y el adentro del hombre a partir de esos momentos para lo que iba a seguir después. Igualmente pasa con otros autores; incluso de la antigua Roma, el filósofo Séneca recomendaba una buena borrachera de vez en cuando: “no para ahogarnos en el vino sino para encontrar en él algo de reposo”.

Puede decirse en pocas palabras y ahorrarse tantas explicaciones a las mentes que se quedaron viviendo en el siglo XIX con esto: todos los grandes escritores, bebedores o no bebedores desde el inicio de la modernidad han asumido la dimensión trágica de la existencia y el habitar del hombre en la Tierra, porque asumir esto es un intento de abstraer toda la substancia de la vida y la literatura para verter esos venenos en la obra. ¿Entonces? Pues nunca estará mal unas cucharadas para quitarse el bajón y salirse a las festividades de la noche y en pleno fragor interrogar y platicar con Dios en la parranda para ver cómo le va en sus cosas… etc. Como digo, es un mito exagerado, porque desde entonces también existían las almas calmaditas que fueron, corrieron y le dijeron a mami y papi: “¡Esos se drogan y hacen lo que quieren!” Y entonces por eso se cree que casi por ley todo escritor es bebedor y ¡carajo! Los escritores seguiremos bebiendo…