viernes, 7 de abril de 2017

LO QUE PASA AL LEER A JOSÉ MARÍA PÉREZ GAY



Leído José María Pérez Gay,
desde la tumba, me recomienda que lea
El extranjero, de Albert Camus,
Pérez gay utiliza un personaje para atacar
La lujuria y alabar la castidad, dudo de las mujeres,
salgo de casa
Camino veinte pasos o algo así por una coca-cola y cigarros,
presiento
A dos mujeres importantísimas en mi vida mientras veo el cielo,
claramente
Se ve un paisaje en el cielo majestuoso que me recuerda a Daniel sada,
“los castillos de algodón van por el cielo” y afortunadamente,
el pendejo
De Daniel sada está muerto,
¿a quién quieres más? Dicen mis mujeres
En mi cabeza, “pus las amo a las dos”
quisiera pensar pero no hay tiempo,
Porque el tigre Lizalde grita desde México:
“A la manera de cierto Pound”
Regreso, hago este poema tonto y desde mi ventana, la cara de Ezra Pound
Brilla, saliéndose por la ventana.


lunes, 3 de abril de 2017

De El Arte de Amargarse la Vida, de Paul Watzlawick

"Como se sabe, dice un aforismo notable que la madurez es la capacidad de hacer lo que está bien, aun cuando los padres lo recomiendan. Pero el genio auténtico da un paso más, y, con una consecuencia heroica, hasta rechaza lo que a él mismo aparece ser la mejor elección, esto es, rechaza las recomendaciones que se hace así mismo. Así, el pez no sólo se muerde la cola, sino que se devora del todo. El resultado , en fin, es un estado de desdicha que no tiene rival. Naturalmente, a mis lectores menos dotados sólo puedo proponer este estado como ideal sublime, pero inalcanzable para ellos."

lunes, 27 de marzo de 2017

A MANERA DEL SEGUNDO..



CUANDO EL VINO ERA UNA LEYENDA
Al Doctor en letras Eduardo Casar,
esa palabra… premio Sor Juana

                   Marcho en un oscuro tren
                   donde oigo golpear a mis costados
                   al infatigable bramido de los años
                   carcomidos y rancios,
                   como fantasmas de la frialdad de la niebla
                   y su reverso: el fuego del deseo.
                   El deseo es un pájaro herido que escapa de su jaula
                   y vuela por el mundo hasta que es sumergido
en unos labios que sonríen y recuerdan lo que tú, o yo,
o cualquiera, puede ser en la contradicción
que singulariza y que otorga el matiz,
la llaga certera donde uno parte y busca su madera propia.
                   Pero nosotros vamos en este tren y ya es tarde.
                   El pájaro vuela y escapa de aquí, se marcha
                   a cualquier parte, sólo depositará sus plumas
                   en la retrospectiva de la nostalgia insoportable.
                   En el beso que yo esperaba la semana pasada,
para que este mundo fuera menos grotesco
simplemente por una mujer desconocida,
que pasó rozando mi existencia y liquidó mi propia mitología,
pero yo encontré una nueva a la vuelta de la esquina.
                   Marcho en este oscuro tren y ya es de noche, la poesía
                   golpea las puertas cuando todavía no hay nadie, no obstante,
ese niño que duerme en mi memoria la escribirá  algún día,
llegará a ser capaz del poema.
                   Trepará a un árbol jugando a ver más allá del horizonte
                   y sentirá en medio del áspero tronco la sensación
                   de falta de firmeza, de niñez cobarde.
                   Pero el pájaro ahí va con él y no ha escapado.
                   ¿Quién no lo recuerda algunas veces?
                   Aquellas tardes infantiles y eternas,
cuando el alma tenía esos colmillos de azúcar,
                   cuando la sombra daba una media vuelta en la nuca y se iba,
                   cuando una toronja sabía a aguardiente,
                   y cuando el vino era una leyenda.
                   ¡Salud! Amigos fraternos, déjenme escalar por su árbol
                   y que no me venza la torpeza de una prosa mal entendida,
                   que tenga la frente limpia y pueda llegar hasta el fruto del árbol
                   para que al fin, el pájaro pueda volar,
                   y una mujer, a lo lejos, me sonría caminando su propia vida.

sábado, 25 de marzo de 2017



“La religión dice donde acaban las cosas, la poesía dice donde comienzan. La filosofía busca el porqué de la realidad, la buena filosofía, como decía Marx “quiere hacerse mundo”, mientras que a la poesía le ocupa  enamorarse y embriagarse de los secretos y los misterios de la realidad y del mundo. La ciencia busca las causas últimas de lo existente, se sujeta a la razón y a la lógica. La poesía dice —y defiende— que la razón y la lógica no agotan las posibilidades del hombre. En dado caso, me gusta más pensar a la poesía como ligada a lo sagrado, entendiendo por lo sagrado como la búsqueda y reencuentro con lo más hondo de nuestra condición humana y que nos hace descubrir que no sabemos todavía cuáles pueden ser sus límites. (“Nadie sabe de lo que es capaz un cuerpo”) La poesía es lo ilimitado, su moral es la del derroche. La poesía es la imagen, sí, pero también es la verdad. ¿Es la verdad? Sí, pero volcada en jeroglíficos. Es lo arrancado y lo que permanece. Es la constatación de la alegría, de la tristeza, de la camaradería, de la serenidad del espíritu y también de su irreverencia. Está desligada del tiempo, pues está emparentada con lo eterno y lo instantáneo. Es infernal, por supuesto, en el mismo grado que lo es la vida.”
Fragmento del Texto: “La Poesía y su Crítica.”
Marcos García Caballero