viernes, 3 de enero de 2020

LOS POEMAS DE SAÚL IBARGOYEN SON... DEL LIBRO "MALDITA MÍA" ESTE:

ENAJENACIÓN

AH MALDITA MÍA BIEN SE SABE

QUE LOS MEROS CONJUROS

LAS SOLAS INVOCACIONES AL BAJO MUNDO

LOS QUEJOSOS LLAMAMIENTOS A LO ALTO

LOS LAMENTOS ENTRE PAREDES SOLITARIAS

LOS SAPOS COCINADOS EN SANGRE DE CUCARACHAS

ACEITE RANCIO Y REGURGITADOS VINOS

MÁS LOS CUEROS DE VÍBORA PROVECTA

SECÁNDOSE EN UN VIENTRE ADORMECIDO:

BIEN SE SABE ESO DECÍAMOS

QUE TAL MODALIDAD ILUSORIA NO FUNCIONA

EN LA ERA DEL DESMADRE GLOBAL Y LA INFORMÁTICA.

POR ESA NETA RAZÓN NO PODRÁS
 

CALCULAR EN TI LOS TROZOS DE TU CARNE

QUE YA HAN MUERTO

NI EL SITIO QUE CADA UNO OCUPA

EN LAS FATIGADAS HABITACIONES

DE UN CUERPO AJENO EN MUCHOS OTROS:

COMO SI UN NUEVO PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

DESPLEGARA LA IMPOSIBILIDAD DE MEDIR

IMPRECISO LUGAR Y TRÁNSITO DE MUERTE

JUNTAMENTE

A QUÉ MEZCLAR ENTONCES DATOS CONOCIDOS

DE UNA CIENCIA QUE IGNORAS

AUNQUE SUS LEYES TE ALCANZAN Y PROVOCAN


REACCIONES QUE SUELES CONFUNDIR

CON POSIBLES ESTADOS DE BUENAMOR:

O SEA DE NUEVOS CORTEJOS ASEDIOS

FICCIONES SOMETIMIENTOS FRAUDES OFENSAS

Y SOBRE TODO LA MENTIRA QUE CONGELA

TODA POSIBLE FE EN LOS RESTOS

TODAVÍA VIVOS DE TU CUERPO ENAJENADO.

"MALDITA MÍA" SEDIENTO EDICIONES POESÍA FEBRERO 2014. SAÚL IBARGOYEN.




VIDEO LECTURAS DEDICADAS A UN AMIGO QUE SE FUE A HOLANDA PORQUE EN MÉXICO ESCASEAN LAS LECTURAS DE POESÍA.





TENGO LA TENTACIÓN DE VOLVERME YOU TUBBER PERO BLOGGER, COMO
LA IGLESIA DE SAN JUAN CHAMULA MUY CERCA DE SAN CRISTÓBAL, BUENO,
NO NIEGO LA CRUZ DE MI PARROQUIA, PUES.


miércoles, 18 de septiembre de 2019

DEL PATIO TRASERO (De Nuevas Observaciones)

CUANDO LLEGÓ LÓPEZ OBRADOR AL PODER EN MÉXICO, LOS MUNDANOS, LA BANDA, EL PUEBLO, ENRIQUE KRAUZE TAMBIÉN, LOS MEXICANOS TODOS, NOS DIMOS CUENTA DE QUE ALGO HABÍAMOS PATEADO DEL PATIO AL LOBBY DEL HOTEL SHERATON: ¡LOS GRINGOS SE QUEDARON ATRÁS EN ALGO! ¡ELLOS SÍ TIENEN PRESIDENCIALISMO! ¡FUCHI!

jueves, 30 de mayo de 2019

WHITMAN ES TODA UNA GALAXIA, TOMADO DE EL PAÍS 30 de mayo 2019


A los 200 años de su nacimiento, el autor de ‘Hojas de hierba’ sigue siendo el gran poeta de la democracia, uno de los autores más influyentes de la literatura universal


POR MANUEL VILAS

Walt Whitman nació el 31 de mayo De 1819 en Nueva York, en West Hills, a unos 40 kilómetros del actual Empire State Building, por dar un dato preciso, extraído de Google Maps. Calcula Google 10 horas andando desde West Hills hasta Manhattan. Más de una vez haría ese camino este poeta del que ahora se cumplen 200 años de su nacimiento. De Whitman no se ha dejado de hablar jamás, ha estado presente en todo momento de la historia literaria. Su fama no conoce altibajos. En eso ha acabado siendo como Dante, Cervantes, Shakespeare o Tolstói. Whitman es un fundamento de la literatura y el poeta más misterioso y a la vez popular de la modernidad. Haríamos bien en preguntarnos, aprovechando este bicentenario del autor de Hojas de hierba, por qué de vez en cuando la literatura produce esas obras casi sobrenaturales que se inscriben en la historia de una forma ineludible. Puede que Whitman, como Dante o como Tolstói, supiera que la literatura funda la ilusión de la espiritualidad, de las emociones vivas, sin la cual los seres humanos nos sentimos desamparados.
No celebramos en Whitman ni en Cervantes ninguna inteligencia más allá de la que emana de la simplicidad e incluso de la vulgaridad de la vida. No nos enloquece ninguna pericia literaria, ninguna invocación de la literatura por la literatura, no nos quema la sangre ningún arte autorreferencial, ningún logro del estilo. Celebramos una expansión, un ensanchamiento, un crecimiento de la vida. Eso fue Whitman: la vida en expansión, una quemadura llena de belleza. Por eso, uno no puede entrar en la poesía de Whitman sin que lo que allí lee repercuta directamente en su concepción de la vida. De Whitman uno sale habiendo aprendido una lección que no ha sido rebatida hasta hoy. La lección se llama libertad interior. No ha habido después de Whitman ningún escritor que haya añadido ni una coma en esa expansión frenética del don de estar vivo.
Por eso, este bicentenario es importante, porque seguimos sin movernos ni una coma de lo que alumbró Walt Whitman. Y yo me pregunto por qué no ha habido ni un paso adelante en ese hermoso matrimonio entre literatura y autobiografía dionisiaca que fraguó el poeta americano. De la lectura de Walt Whitman un ser humano sale tocado por algo que va más allá de la literatura. Nadie sabe muy bien qué es ese más allá. El crítico George Steiner encontró ese más allá en Kafka, y lo definió como la energía propia de los fundadores de religiones. Imagino que no se le ocurrió otra comparación. En todos los grandes de la literatura se encuentra ese enigmático paso hacia el abismo, que acaba siendo un abismo lleno de inesperada alegría.
Pensar en Whitman y que aparezca Kafka parece una premeditación irónica de la vida misma. El éxito de Whitman sigue siendo el de siempre: descubrió los espacios desnudos, los espacios de la libertad absoluta que anida en el corazón de los seres humanos. Y al encontrarlos, los manifestó con una escritura que nunca había sido vista sobre la tierra. Kafka hizo lo mismo a través de unas tramas novelescas que jamás habían sido urdidas ni imaginadas.

Hay pozos interminables en los corazones de los seres humanos, esos pozos siguen siendo patrimonio efectivo y real de la literatura. Este bicentenario whitmaniano puede tener esa utilidad: recordarnos el patrimonio moral de la literatura, y específicamente de la poesía. Cuando hablamos de Whitman creo que hablamos de algo que va mucho más allá de un poeta. Hablamos de un profundo sentido de la insubordinación a la sociedad y de la subordinación amorosa al orden de la naturaleza. El centro de gravedad de Whitman sigue estando allí: la vida es superior a la civilización y la historia, al arte y la ciencia, al tiempo y la muerte, a cualquier orden que exceda el asombro indeterminado ante todo cuanto nos es dado contemplar. Hizo coincidir su visión de la vida con todo un país, al que él llamó América. Pensó que la fraternidad era la única forma de gobierno, y a eso lo llamó democracia. Contempló el nacimiento de una nación y fue consciente de ello. Esa consciencia hoy nos sigue maravillando.
La libertad del hombre no puede ser ni ofendida ni avasallada ni puede ser denigrada ni derrotada. Por eso, uno no lee a Whitman exactamente; uno se deja conmocionar por Whitman. De la libertad política al erotismo universal había también un paso, que Whitman dio. Otros vieron también el nacimiento de los Estados Unidos de América, pero no supieron darse cuenta. Que solo él supiera darse cuenta es inquietante. Imagino que eso era lo que subyugaba a Jorge Luis Borges, otro whitmaniano confeso: el don de la visión, el don de saber mirar el presente, el don del misterio.
En Hojas de hierba hay un adanismo que ya no hemos vuelto a ver en las creaciones culturales occidentales. Ese adanismo, en mi opinión, fundó la autobiografía moderna. Hay una pregunta sencilla: ¿quién habla en Hojas de hierba? No, no es una voz poética, no es una ilustre retórica, no es una convencional tercera persona, no habla ningún recurso literario conocido. Habla un “yo mismo”, un myself que no habíamos caído en la cuenta de su existencia. Estaba con nosotros, pero nadie lo había nombrado. El myself de Whitman somos toda la humanidad convertida en anhelo de belleza y verdad.



domingo, 22 de julio de 2018

EL ESCRITOR PERUANO RENATO CISNEROS.


Renato Cisneros: “Escribir es intentar darle a la vida el sentido que no tiene”

El escritor peruano se somete al carrusel de preguntas de este diario.

Madrid 19 julio

Perú regresó este año a un Mundial de fútbol después de casi cuatro décadas de ausencia. El escritor Renato Cisneros (Lima, 1976) era un niño cuando la selección que contó entre sus jugadores con el mítico Teófilo Cubillas disputaba en España 82 la que sería su última Copa en 36 años. “De chico soñaba con ser Alain Giresse”, recuerda el autor sobre el centrocampista francés que participó por primera vez en un Mundial precisamente en España. “Hace poco lo vi en una entrevista. Es un anciano acabado. Supongo que voy camino de eso”.
¿A qué selección quería ver campeona en el Mundial de Rusia tras la eliminación de Perú en primera ronda?
A la mexicana.
¿Qué le diría al seleccionador Ricardo Gareca?
Gracias totales.
¿Y a Cueva después de haber fallado el penal contra Dinamarca, en el primer partido?
Levántate, carajo.
¿De pequeño qué quería ser?
Puntero derecho de la selección. La frustración de no conseguirlo me llevó a convertirme en cronista deportivo.
¿Maradona o Pelé?
Maradona. A pesar de él mismo.
¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?
Todo Boggie, el aceitoso.
¿Quién sería su lector perfecto?
El que entiende un libro mejor que su propio autor.
¿Qué libros tiene en su mesa de dormir?
El buscador de cabezas, de Antonio Ortuño. 36 años después, de Toño Angulo Danieri y el diario de Grisélidis Réal, la prostituta enterrada a unos metros de Borges.
¿Qué libro le cambió la vida?
La montaña mágica, de Thomas Mann.
¿Cuál es su rutina diaria para escribir?
Procuro tomar notas sobre casi cualquier cosa que me llame la atención. Muchas veces los libros están escondidos allí.
¿Qué música le sirve para escribir?
Clásica. Últimamente me he pegado a Shostakóvich. Será la fiebre del mundial.
¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?
Con nadie en particular. Todos los que dicen “con la chica guapa” acaban sentados al lado del barman.
¿Qué significa ser un escritor?
Intentar darle a la vida el sentido que la vida no tiene.
¿Qué libro regalaría a un niño para introducirlo en la literatura?
Las mil y una noches.
¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?
Una terraza frente al mar. Cualquier terraza, cualquier mar.
¿De qué está más orgulloso con respecto a su trabajo?
De ser su esclavo por voluntad propia.
¿Qué libro le hubiese gustado haber escrito?
Reinos, de Jorge Eduardo Eielson.
¿Cuándo fue la última vez que lloró?
La semana pasada, escribiéndole una carta a mi hija.
¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?
“Cuando hables con alguien, siempre míralo a los ojos”.
¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor?
Con Mélanie Laurent, pero ¿tiene que ser en un ascensor?
¿Cuál es el mejor regalo que ha recibido?
El año 2017. Nació mi hija Julieta y Perú volvió al Mundial después de casi 40 años.
¿Cuál es su podcast favorito?
Varias historias de Radio Ambulante.
¿A qué edad se dio cuenta de que quería ser escritor?
Todos los días me levanto dándome cuenta de que quiero ser escritor. También me acuesto con la sensación de no poder conseguirlo.
¿Cómo fue su primera borrachera?
Diecisiete años. Amigos del barrio. Una noche. Un parque. Un balde de ron Pampero. Una cocacola de dos litros. Una desgracia.
¿Ha tenido algún sueño recurrente?
Casi nunca recuerdo mis sueños. Eso es lo recurrente.
¿Qué superpoder le gustaría tener?
Viajar en el tiempo, hacerme invisible.
¿Dónde no querría vivir?
Donde no me quieran.
 El escritor peruano Renato Cisneros.