sábado, 3 de octubre de 2026

AHORA SÍ! PALABRAS PRELIMINARES SOBRE CARLOS FUENTES, TEXTO TERMINADO, POR MARCOS GARCÍA CABALLERO.

 

SOBRE EL ÚLTIMO CARLOS FUENTES

 

Sobre Carlos Fuentes ya se han encargado muchas y muy grandes plumas a nivel mundial. Se ha hablado mucho ya de La región más transparente como novela que funda al México moderno de la ciudad de México, que ha dejado atrás a la sociedad campesina. Se ha hablado de Luis Buñuel y Carlos Fuentes, los amigos. Se ha hablado mucho de Carlos Mosiváis y Carlos Fuentes (aunque entre ellos no había mucha polémica), se ha hablado mucho de Terra Nostra, se ha hablado mucho de Cambio de piel; se ha hablado mucho de Aura, se ha hablado mucho de los relatos de Carlos Fuentes como Chac Mool, se ha hablado mucho de La muerte de Artemio Cruz, asimismo, ya se ha hablado mucho de Gringo viejo, y de la obra cinematográfica basada en ese libro. Etcétera. Nadie puede venir a decirle a los mexicanos que Carlos Fuentes nos falló como escritor; incluso a pesar de la ruidosa polémica entre Paz y Fuentes, que fue un desastre, los dos murieron sabiendo que eran amigos.  Y la lista de todo el itinerario intelectual de Carlos Fuentes, ha colocado, como todo escritor de vanguardia (él no aceptaría este término, pero yo lo uso en el sentido de radicalidad de significados nuevos) de su tiempo y su país, finalmente, de eso siempre lo fue: significados nuevos del país México: signos y significados siempre por descubrir ¿a poco no?

Eso es un logro de escritor, y además es una declaración de amor al país que hizo muy grande a Carlos Fuentes, en muchos lugares donde recibió múltiples premios antes y después del muy grande premio Cervantes en España. También después ganó otros premios muy grandes: por ejemplo, el Príncipe de Asturias en 1994, la Gran Cruz de Isabel la Católica, etcétera.

Todo esto es o pretende ser una introducción al último Carlos Fuentes. De los años noventa hasta su muerte. Pensando en sus textos desde 1995. ¿Por qué continuar hablando de Fuentes? Cabría preguntarse. Pienso en que los jóvenes actuales se les puede acercar el pensamiento de él, ya que la imaginación de Fuentes es la tierra fértil donde han crecido. Pienso en un Carlos Fuentes para los jóvenes actuales de este país que tanto amó y lo convirtió en su principal pasión el maestro Carlos Fuentes. Los jóvenes actuales se han nutrido de otras lecturas y no propiamente de Fuentes, como éste cincuentón que les escribe y que tenía 30 años en 2003. Pienso sobre todo en los últimos libros de él que podrían ser del gusto de los jóvenes actuales después de los milennials: Inquieta compañía (2004), Todas las familias felices (2006), La silla del águila (2003), La voluntad y la fortuna (2008), En esto creo (2002), Los años con Laura Díaz (1999), La frontera de cristal (1995), La gran novela latinoamericana (2011), pero por supuesto ya no el Fuentes de La región más transparente. Hay que decir que todavía hay otros libros suyos que también nos pueden y les pueden resultar gratos encuentros a los jóvenes de la forma como siempre ha sido el arte: sin revoluciones a pasos agigantados, pero sí inspirando nuevas actitudes y conductas, pero que yo hablaré sobre los ya mencionados; si yo como ensayista logro que esos libros sean buscados y, espero, por jóvenes, la faena estará hecha.

Mi apuesta como ensayista es que ésos libros pueden y deben ser leídos por los nacidos después de 1985, que ésos libros pueden y deberían interesar a los jóvenes; recordemos que en el año 2028 ya no tan lejano será el centenario del natalicio de Fuentes, ése año es crucial y muy pertinente para éste texto que comienzo a desarrollar; pienso que de tal modo, ésos libros mencionados, deben gustar al público joven y que les pueden resultar como siempre ha sido la mejor literatura: un conjuro y un elixir para asfixiar el hastío del mundo circundante.

Poco antes de morir, José Agustín se quejaba no sin razón, de que todo el prestigio de las letras mexicanas se iba para Fuentes y Octavio Paz, y que otros escritores que también merecen respeto y ser mencionados en la lógica del canon literario mexicano, eran poco rescatados, como por ejemplo Salvador Elizondo, Carlos Monsiváis, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, José Revueltas, Efraín Huerta, Juan Rulfo y unos pocos más. A José Emilio Pacheco lo querían hasta los reporteros que cubrían sus eventos, en sus últimos años, era reconocido, ciertamente y hasta ganó un premio Cervantes. Pienso también en Sergio Pitol, el otro grande que ahora luce un poco olvidado y que, también, se ganó el Premio Cervantes.

La mención de José Agustín es pertinente y contundente: Octavio Paz y Carlos Fuentes fueron interlocutores de ellos y el prestigio de las letras debería permanecer entre todos ellos, pienso por ello, que hablar de Fuentes debe hacerse sin menoscabo de todos los otros alfiles del brillo literario mexicano: una república de las letras donde ellos también cobran mucha relevancia para el país del presente siglo, el XXI, del México contemporáneo.

Pero, también resulta chocante la afirmación de que Carlos Fuentes aprendió literatura en las piernas de Alfonso Reyes. (En una entrevista, Fuentes dice: ¡Lo conocí cuando tenía dos años!)  Nuestro autor en cuestión no dejó de ser generoso, en compartir sus ideas hasta el último día de su vida, que murió en el día del maestro en 2012.

Como hizo Ricardo Piglia en la Argentina hace pocos años, quiero hacer para este país no un “se puede ser Borges” sino un “se puede ser Carlos Fuentes”. Rodeado de escritores mexicanos que lo que buscan es… sobrevivir, principalmente, como dijo Roberto Bolaño hace mucho tiempo en el cruce de milenios. Pero ésa es mi apuesta: “sí podemos gustar y emocionar como Carlos Fuentes.”

 Carlos Fuentes, nuestro mejor novelista, ciertamente; un autor universal heredero y fabricante de hondas raíces; unas provienen de América latina (pienso en Los pasos perdidos de Alejo Carpentier), otras de España (El Quijote, la poesía de Góngora y Quevedo), Fuentes aprendió de todas partes antes, habrá que decirlo, de la existencia de la todopoderosa red del Internet y su dios Google. ¡Cuántas horas en el pasado, perdidas buscando información! Y nuestro maestro Carlos Fuentes, sólo aceptaba del internet lo que él decía que le había tocado: el correo electrónico.

 

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Las Obras, primero: La frontera de Cristal

Este brillante libro de Carlos Fuentes, La frontera de cristal, está escrito bajo la terrible premisa de que en el problema fronterizo entre México y Estados Unidos estamos ante un problema irresoluble. Todo apunta a esa conclusión. Es una frontera hecha un drama de problema. Presidentes van y vienen de éste y del otro lado de la frontera y el problema de la frontera (la sobresaturación de migrantes, etc), no hace otra cosa que podrirse más y más. No sólo es terrible para los mexicanos y los latinoamericanos en general, aquí expresados por querer cruzar la frontera hacia el sueño americano, el Río Grande, Río Bravo, como lo llama Fuentes en el último cuento de esa novela por relatos parecidos donde convergen historias que Fuentes ha preparado para los suyos, sus lectores. También puede ser terrible para los gringos, pero, todas y todos los personajes con una presión de que el hecho mismo de la frontera, es un hecho que confronta la vida y peor: la sigue confrontando, día tras día. La tarea del novelista, como desde hace mucho ha sido la tradición en el arte literario, ha consistido en adelantarse y/o señalar el problema, no en encontrarle solución, que para eso está la política, y ¿qué hace la política para remediar esto? De eso nos podemos enterar hasta en el programa tv migrante en estos días. No es que el problema de la migración no nos importe, o que haya que negar las migraciones que en la Historia ha habido, sino simplemente que es un problema bastante inmediato y Fuentes ha querido señalarlo, porque ha pensado su dimensión y quiere o quiso debatir sobre eso.

Y resulta, pasados unos años, lo siguiente: en el periódico La Jornada se anuncia el día de hoy, jueves 30 de julio de 2026, que David Brooks, periodista en la frontera, se le premia por hablar años ya, sobre la migración:

“La migración es el tema del siglo”: David Brooks, premio María Moors Cabot 2026.

 En entrevista, Brooks explicó que “la migración es el tema del siglo, no es nada más alrededor de Estados Unidos y México, sino en todo el mundo. Es la gran nota. Te explica por qué salen, por qué llegan, qué hacen, quiénes son y cómo transforman a un país”.

Ayer se anunció el reconocimiento a Brooks debido a sus más de 30 años en que ha ayudado “a los lectores de México y de otras partes de América Latina a comprender a Estados Unidos”. Los organizadores del galardón destacaron en su página web que “en un momento en que muchos inmigrantes son retratados por los políticos como criminales y la relación entre Estados Unidos y México es tensa, el periodismo de David Brooks resulta esencial”.

Brooks dijo que es honor que “los colegas del gremio te reconozcan, porque es un premio de periodistas para periodistas. Eso siempre se agradece, pero lo veo como un reconocimiento del trabajo colectivo de La Jornada”, que se distingue porque, “sobre todo bajo Carmen Lira y con Carlos Payán”, tiene el objetivo “de contar lo de abajo, no nada más lo de arriba”.

Y Carlos Fuentes señaló ese problema en La frontera de Cristal desde 1995. Desde esa novela hasta la fecha, la realidad ha cambiado mucho en la frontera, así como en México y los E.U., Pero, cómo entonces, se explica que ¡La novela en cuestión siga siendo una delicia! Mi respuesta le da la razón a uno de los mejores amigos de Carlos Fuentes: porque es arte de primer nivel, como diría Milan Kundera: “es una novela dentro de la tradición de la historia de la novela”.

Carlos Fuentes escribió sobre esos temas (las novelas como entidades lingüísticas y como tradición en la cultura), en forma remanente a la de Milan Kundera en grandes ensayos. El escritor checo tiene El telón o El arte de la novela, el nuestro, La gran novela latinoamericana (2011) por ejemplo, y claro, cuando en sus últimos años, por ejemplo un escritor italiano, Massimo Rizzante, quien lo entrevistó en la Revista de la Universidad de México en agosto 2012 (una entrevista inédita) núm 102, le preguntó su opinión de El Quijote, Carlos Fuentes respondió: “Cervantes es la base. Es la lengua, ¿no es cierto?” Luego entonces podemos engrandecer el comentario, diciendo que eso era parte de la conversación de Carlos Fuentes con Milan Kundera, así como con García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa: ¡Qué divinos amigos y divinas sus palabras!

A Carlos Fuentes, como dice la introducción de A viva voz de sus obras destinadas a ser discursos, le gustaba agrupar en ritmos ternarios la gran cantidad de obras, nombres y personajes, incluso ideas. Es su estilo que muchos, podrían imaginar como heredero de Alfonso Reyes, eso parecería decirnos el maestro, en efecto. Pero eso en nada lo demerita. En esa obra sobre sus discursos, se nota al gran conferenciante en que se volvió Carlos Fuentes: es agudo, incisivo y fuerte, sus observaciones sobre Dios y lo religioso tienen (no soy teólogo, a lo mucho filósofo), un mérito y una agudeza grandes, impresionantes, debía ser así. Como dije al principio, nadie puede decirle a los mexicanos que Fuentes nos falló, muy por el contrario fue generoso, fue extraordinario y nunca se arredró.

Permítaseme una digresión para contarles las veces que estuve cerca del maestro, y lo quisimos mucho, cuando en El Colegio Nacional, consignó, terminando su conferencia: “nos dijeron algo de un error en diciembre, lo que no nos dijeron fue que siguió el error de enero, el de febrero, etcétera”. Todos los presentes estábamos felices, escuchando, en mi caso, desde un salón alterno a su capacidad del salón principal, su palabra, habló de la locura de Nietzsche, “cómo entonces, diríamos pues, un hombre que se volvió tan listo que sus propias palabras lo alteran, es decir, no puede comunicar, por la euforia de pensar.” Etcétera.

Se trató en aquellos entonces de conferencias por el libro: “Por un progreso incluyente”, sabemos ya ahora, que la cuestión con el progreso es algo ilusorio, pero eso no quita mérito alguno al libro de Fuentes que trata el tema de la educación. Brillante, por supuesto. También lo vi, creo que por última vez en mi vida, a Carlos Fuentes cuando ofreció ésa misma conferencia pero en el Centro médico siglo XXI, un auditorio muy grande y prácticamente lleno; salí a fumar un cigarro un momento, venía llegando el periodista Ricardo Rocha, quien venía a saludar a Fuentes, según se veía, eran amigos.

Paso a comentar el que pienso seguiría en la lista en orden cronológico, el siguiente más cerca, Los años con Laura Díaz (1999).

Recuerdo bien ese año, ese año fue especial para mí pues estaba terminando mis estudios en La escuela de escritores de la SOGEM y de mientras, tenía un trabajo de técnico superior en el INEGI. Es algo que siempre me achacó mi amigo Iván Ríos Gascón el escritor: “No trabajes para el INEGI”.

Los años con Laura Díaz es una novela que cruza todo el siglo XX. La acción empieza en Catemaco, es el segundo capítulo después de alguien que ve la narración por fuera en Detroit 1999, y en Catemaco lo que sucede es a principios de siglo y un poco atrás, el inefable pueblo mágico de Veracruz, la abuela Cósima Kelsen se está yendo de ahí en una carroza rumbo a la Ciudad de México, sucede que se encuentran con unos asaltantes de caminos, la señora Cósima Kelsen se niega a entregarles sus joyas y la sortija de su próximo matrimonio; los asaltantes concluyen que entonces tendrán que cortarle los dedos a la señora y así sucede. La herida del amor permanece como prueba irrefutable de la devoción a su prometido que tiene Cósima… Esta anécdota le sucedió de manera muy parecida a la abuela de Carlos Fuentes, de ahí la importancia de volverlo materia literaria, para él.

“Llega un momento de la vida en que nada tiene importancia salvo amar a los muertos”.

Lo siguiente es toda una verdadera saga familiar, como los Buendía de García Márquez, la familia de Cósima de Carlos Fuentes.

No tiene parangón con ninguna obra mexicana la saga de la familia de Cósima: Fuentes nos la convierte en atractiva, en madre, en abuela, y siempre está donde se cruzan los destinos de los artistas más importantes de México, como Frida Kahlo o Diego Rivera, Cósima convive con todos ellos, a todos los ama, como si nada, pero también es terrible con los que ama, a veces descortés, como lo es la realidad. La novela está escrita en clave de telenovela, ¿cómo es esto posible? Es una obra con las mismas armas de una telenovela porque eso gustó mucho en México, un guión muy largo pero por supuesto delicioso al paladar, novela de novelas, Los años con Laura Díaz. Necesariamente hay que leerla para comentarla, necesariamente tienen ustedes que leerla: la lectura y el lenguaje, dice ahí Fuentes, estuvo antes que nosotros y estará después de nosotros, nos va a trascender, ¿entiendes? Dice un personaje masculino.

Todo lo trabajado en aras de ser materia literaria, es enorme, me suscita envidia y alegría, es por eso que he decidido hacer este trabajo: su objeto de estudio, Fuentes, me seduce mucho, donde hay otros que ni siquiera he ojeado.

La madre de Fuentes fue retratada al óleo por Siqueiros, un excelente cuadro. Recuerdo esos momentos de las conferencias de Carlos Fuentes en el Colegio Nacional, todo me resultaba o, más bien todo me olía a sorpresa; Fuentes mismo yendo de un salón para otro con sus guardaespaldas. Que los tenía y con justa razón; mucha gente ahí en esos eventos. Mi padre con el que fui a las conferencias, las mujeres que ahí querían escuchar al maestro, todo un mundo que nos heredaba Carlos Fuentes y sólo teníamos que escucharlo con atención, eso era lo que él nos pedía.

Eso era Carlos Fuentes: un maestro de las juventudes de América latina, un guía en quien se podía confiar. Tal y como en su momento, inmediatamente anterior fue Octavio Paz, y un poco antes, José Ingenieros. Tiene razón el laureado Jorge Volpi cuando dice que la voz narrativa de un Carlos Fuentes o un Mario Vargas Llosa, era de un tipo tal, que hablaba todo un país a través de ellos, yo en cambio, soy un simple escritor si me comparo con ellos, pero es que también, ya pasó su momento de ellos vivos, puede sonar a perogrullo pero no lo es tanto si tomamos en cuenta que, antes no existía twitter ni Facebook ni You tuve ni tampoco existían las formas de éstas nuevas sociedades, muy sensibles a cambios como los causados por los antedichos. Es signo de los tiempos que figuras como ellos se han retirado y no se avizora que vuelvan a surgir, pero en nuestros países latinos los seguiremos amando, ésa es la razón de ser de este ensayo: Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y José Saramago o Roberto Bolaño o Guillermo Cabrera Infante son nuestros inmortales en breve canonización enseguida.

Pues sí, si seguimos en el tiempo, el siguiente libro de Carlos Fuentes para comentar es En esto creo (2002 seix barral editores).

En esto creo es un abecedario personal de su autor, Fuentes lo abre con la voz amistad y lo hace con tal magnitud que me parecería algo sucio de mi parte traspasarlo aquí: “Lo que no tenemos lo encontramos en el amigo”. Frase inicial estupenda sobre la amistad para hablarse en las siguientes páginas memorables; resultan ser lecciones que Fuentes mismo dice que no parecen ser inútiles; en un mundo donde bien mirado, existe poca amistad y, sobre todo, entre iguales.

Fuentes era un gran escritor para quien en la amistad, nunca se procedía por rupturas, fue gran amigo de Luis Buñuel, de José Luis Cuevas, Octavio Paz, Monsiváis y muchos otros: todavía su novela La silla del águila escrita en 2003, está dedicada a “la generación de medio siglo”, de su escuela, la UNAM. Lo que nos interesa de cada voz de las veintiocho voces que conforman En esto creo, es el gran monstruo opinando de su monstruosidad: la voz amistad, la inicial, Amor, la segunda, Balzac, Belleza, Buñuel, Celos, Cine, Dios, Educación, etcétera. Todo lo cual me hace recordar el año 2002, viviendo en la ciudad de México, fui invitado a un encuentro de Poetas en Zacatecas, se trataba de las Jornadas Lopez-velardeanas dedicadas al enorme Poeta Eduardo Lizalde (quien tiempo después fue premio internacional Carlos Fuentes), me fui allá con los gastos pagados gracias a mi amigo José de Jesús Sampedro, poeta y ensayista organizador de esos eventos y que lo fue hasta su muerte en 2025. ¿Qué tiene qué ver una cosa con la otra? En la avioneta, de la que salí en la CDMX, rumbo a Zacatecas, también iba un alto funcionario de la cultura, que iba leyendo En esto creo, era Raúl Juárez; al lado de mí iba un reportero de la revista Proceso, y llegando a Zacatecas, mi amigo José de Jesús Sampedro, me dijo: “Tú diviértete, ve a comer con Lizalde, etcétera”. Me pareció algo magnífico, conocer a Eduardo Lizalde, me dijeron que estaría una poeta que se llamaba Kenia Kano, pues muy bien, así que me apersoné en el restaurant muy cerca de la Catedral y Lizalde disertaba con otras personas y había un banquete en su honor. Muy contento se veía Lizalde, muy festivo, hablando de James Joyce. En fin, el México de mis recuerdos…

En esto creo es un libro en el cual, Fuentes permite entrar al lector en sus fibras íntimas para conocer sus opiniones sobre la Educación, la Universidad, etcétera. Siempre pensé que alguien de su estatura podía y de hecho debía sacar un libro como ése. Grandes tareas nos encargó Carlos Fuentes a los mexicanos: no olvidarnos nunca a nosotros mismos ni olvidarnos de los demás. El Colegio Nacional fue, como se nota en su libro póstumo A viva voz, un sitio desde el cual Fuentes pudo muchas veces alzar la voz para insertar la labor del escritor sobre la Polis, y reconocer que la política no es precisamente amiga de la literatura, eso nos acerca en el tiempo, la literatura es en verdad la única enemiga de la política: ahí tenemos el caso de La broma de Milan Kundera, para denunciar el totalitarismo de Stalin, nadie podía ni quería reírse; eso estaba prohibido. Son dos grandes novelas en el siglo XX que dieron ese paso a la inmortalidad denunciando eso: La broma de Kundera y El tambor de hojalata de Günter Grass. Con su genial personaje infantil que no crece y desde su atalaya infantil juzga el mundo adulto. Es decir, se puede decir mucho más, pero su comicidad no es lo único que se aplaude de ésas dos grandes obras, pero me estoy desviando del tema, el último Carlos Fuentes. Es que, la verdad sea dicha, Fuentes es vaya que sí, un gran tema, y eso que no he leído Terra Nostra. Pretendo un poco más, si es posible decirlo, abarcar desde La frontera de Cristal hasta Adán en edén. Si acaso eso me está permitido por la voz de los Dioses, aquellos que tienen a sus negros literarios, como creo que uno de muchos, me ha tocado serlo.

Ahí está la abuela Kósima para hablar del siglo XX mexicano, en diálogo con Frida Khalo y Diego Rivera.

Ahí está José Molinar Horcasitas, encarnando al personaje Leonardo Barroso en La frontera de Cristal, que es, uno de los pocos personajes del libro que se encuentran en casi todos los cuentos, ahí está el segundo cuento “La pena” con el personaje Juan Zamora una especie de, acorde con éstos tiempos entrado el siglo XXI, un sine qua non, que se desnuda porque quiere decirle algo a los gringos, se tapa su desnudez, y el que en realidad está desnudo, es todo el pueblo mexicano ante el imperialismo yanqui. Por eso, Juan Zamora funciona perfecto, es un personaje literario y está cubierto de símbolos, de signos, que corren por los paisajes como el “paisaje tlaxcalteca”, título de un reciente libro de poesía de mi padre, o también, es un signo de la gran metrópoli, que no sabe si tendrá que dar las nalgas porque eso es lo propio de las nalgas en México, darlas. En fin, una historia bella y cruel, Fuentes no les mintió a los mexicanos, nos enseñó la cara del poder como en La voluntad y la fortuna:(2008) “Una cara de tigre que te obliga a bajar la mirada” En fin. “¿Eso es el poder maestro Carlos Fuentes?” “Júntate con mis libros y te diré más”. Nos diría Carlos Fuentes.

Antes he dicho que Carlos Fuentes es un gran escritor pero, asimismo rodeado, de grandes escritores también: Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, su amiga María Luisa “La china” Mendoza, José Agustín (quien por cierto, tiene a un hijo que conocí que en estos momentos gestiona una película sobre su padre), Vicente Leñero, Monsiváis, Juan José Arreola y unos pocos más como Octavio Paz, Efraín Huerta, José Revueltas.

A México no lo tenemos más que imaginar y querer, así se ha construido la patria: imaginándola, queriéndola y actuando por ella, ése es otro encargo a los mexicanos que nos dejó Fuentes. O, como dice Elena Poniatowska: “Si este país tiene pilares, uno de esos pilares es Carlos Fuentes”.

Como en La muerte de Artemio Cruz: “déjate de chingaderas, ya se chingó, como chinga el gran chingón, váyanse todos a la chingada”. (Cito de memoria, pero subrayo este imperativo de la novela). Este punto, central en esa novela vieja de Fuentes, todo ese lenguaje mexicano de la chingada, (como dice El Laberinto de la soledad de Octavio Paz: “para el mexicano la vida es una oportunidad para chingar o ser chingado”): mucho se ha debatido ya si esto es enseñanza de Paz a Fuentes, pero lo importante es que, como ya dije, ellos eran fundamentalmente amigos: ambos murieron sabiendo que lo eran. Pero ya comienza a articular lo que veríamos después, Cristóbal Nonato, una novela para el cuarto centenario del descubrimiento/encuentro de América, donde los padres de la criatura bromean con el hecho de qué nombre le pondrán al hijo, mientras que a ellos lo único que les importa es coger, así de simple. Mientras llora desconsolado un Fernando Benítez sobre los restos de un país perdido; creo que ésa era una visión fallida de Fuentes, ya que lo de nuestro presente político (los dos mil veintes) no es, ni de lejos, un PRI que dejó devastado a México.

¿Por qué es Fuentes un escritor de vanguardia? Porque expresó la esencia de su tiempo, como toda la buena literatura pero expresando ésa realidad por otros medios, en éste caso, novelas, ensayos, libros de relatos. No necesito hablar finalizando de que el progreso ha dejado de progresar y todo eso que el debatía o las razones plasmadas en el libro A viva voz. No, Fuentes es un escritor de vanguardia porque él sabía y tenía la intuición para entender los ánimos que siempre fueron su presente, su sentir cotidiano. Después de Los años con Laura Díaz, todo eso se aclara de una manera fundamental, ahí está La voluntad y la fortuna, sobre dos hermanos jóvenes y su profesor Sanginés, que les abre el panorama y los hace darse cuenta de toda la problemática de este país: Joaquín Castro y Marcos García, perdón, Jericó y Josué, que, ellos sí, resulta que son hijos del presidente.

La silla del águila

Éste libro que tuvo su aparición en 2003, tiene una fechoría política sobre la que Fuentes se va a explayar de lo lindo: en un futuro no muy lejano, que bien podría ser los años dos mil veintes de nuestro presente histórico, resulta, en ése libro, que los norteamericanos tienen amagado al gobierno mexicano porque, ellos, han dejado al país sin electricidad, y así se las gastan los yanquis con nosotros y, nuestros políticos, lo mejor que pueden hacer, es enviarse cartas un poco para salir de ése confinamiento parecido al que sí existió pero, como sabemos, por el Covid-19, entonces, Fuentes nos relata ése México que no estaría muy lejano de la realidad, y, como digo, los políticos se comienzan a enviar cartas. Y La silla del águila trata de qué son esas cartas, lo que dicen, lo que nombran, lo que provocan, lo que ocultan, lo que quieren expresarse unos a otros (muy rabiosos todos, eso sí), todas las razones de peso de los políticos, claro, otros nombres, nada qué ver con los actuales, con cuidado pues porque es ficción y de las más altas ficciones. En su momento de ese libro, yo decía, “hay que leer a Fuentes, le declaro mi afecto incondicional.”

Creo que he dicho poco sobre Carlos Fuentes, pero creo que así, Carlos Fuentes me daría su amistad y yo, En esto creo.