SOBRE EL ÚLTIMO CARLOS FUENTES
Sobre
Carlos Fuentes ya se han encargado muchas y muy grandes plumas a nivel mundial.
Se ha hablado mucho ya de La región más transparente como novela que
funda al México moderno de la ciudad de México, que ha dejado atrás a la
sociedad campesina. Se ha hablado de Luis Buñuel y Carlos Fuentes, los amigos.
Se ha hablado mucho de Carlos Mosiváis y Carlos Fuentes (aunque entre ellos no
había mucha polémica), se ha hablado mucho de Terra Nostra, se ha
hablado mucho de Cambio de piel; se ha hablado mucho de Aura, se
ha hablado mucho de los relatos de Carlos Fuentes como Chac Mool, se ha
hablado mucho de La muerte de Artemio Cruz, asimismo, ya se ha hablado
mucho de Gringo viejo, y de la obra cinematográfica basada en ese libro.
Etcétera. Nadie puede venir a decirle a los mexicanos que Carlos Fuentes nos
falló como escritor; incluso a pesar de la ruidosa polémica entre Paz y
Fuentes, que fue un desastre, los dos murieron sabiendo que eran amigos. Y la lista de todo el itinerario intelectual
de Carlos Fuentes, ha colocado, como todo escritor de vanguardia (él no
aceptaría este término, pero yo lo uso en el sentido de radicalidad de
significados nuevos) de su tiempo y su país, finalmente, de eso siempre lo fue:
significados nuevos del país México: signos y significados siempre por
descubrir ¿a poco no?
Eso es un
logro de escritor, y además es una declaración de amor al país que hizo muy
grande a Carlos Fuentes, en muchos lugares donde recibió múltiples premios antes
y después del muy grande premio Cervantes en España. También después ganó otros
premios muy grandes: por ejemplo, el Príncipe de Asturias en 1994, la Gran Cruz
de Isabel la Católica, etcétera.
Todo
esto es o pretende ser una introducción al último Carlos Fuentes. De los años noventa
hasta su muerte. Pensando en sus textos desde 1995. ¿Por qué continuar hablando
de Fuentes? Cabría preguntarse. Pienso en que los jóvenes actuales se les puede
acercar el pensamiento de él, ya que la imaginación de Fuentes es la tierra
fértil donde han crecido. Pienso en un Carlos Fuentes para los jóvenes actuales
de este país que tanto amó y lo convirtió en su principal pasión el maestro
Carlos Fuentes. Los jóvenes actuales se han nutrido de otras lecturas y no
propiamente de Fuentes, como éste cincuentón que les escribe y que tenía 30
años en 2003. Pienso sobre todo en los últimos libros de él que podrían ser del
gusto de los jóvenes actuales después de los milennials: Inquieta compañía
(2004), Todas las familias felices (2006), La silla del águila
(2003), La voluntad y la fortuna (2008), En esto creo (2002),
Los años con Laura Díaz (1999), La frontera de cristal
(1995), La gran novela latinoamericana (2011), pero por supuesto ya no
el Fuentes de La región más transparente. Hay que decir que todavía hay
otros libros suyos que también nos pueden y les pueden resultar gratos
encuentros a los jóvenes de la forma como siempre ha sido el arte: sin
revoluciones a pasos agigantados, pero sí inspirando nuevas actitudes y
conductas, pero que yo hablaré sobre los ya mencionados; si yo como ensayista
logro que esos libros sean buscados y, espero, por jóvenes, la faena estará
hecha.
Mi
apuesta como ensayista es que ésos libros pueden y deben ser leídos por los
nacidos después de 1985, que ésos libros pueden y deberían interesar a los
jóvenes; recordemos que en el año 2028 ya no tan lejano será el centenario del
natalicio de Fuentes, ése año es crucial y muy pertinente para éste texto que
comienzo a desarrollar; pienso que de tal modo, ésos libros mencionados, deben
gustar al público joven y que les pueden resultar como siempre ha sido la mejor
literatura: un conjuro y un elixir para asfixiar el hastío del mundo
circundante.
Poco
antes de morir, José Agustín se quejaba no sin razón, de que todo el prestigio
de las letras mexicanas se iba para Fuentes y Octavio Paz, y que otros
escritores que también merecen respeto y ser mencionados en la lógica del canon
literario mexicano, eran poco rescatados, como por ejemplo Salvador Elizondo,
Carlos Monsiváis, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, José
Revueltas, Efraín Huerta, Juan Rulfo y unos pocos más. A José Emilio Pacheco lo
querían hasta los reporteros que cubrían sus eventos, en sus últimos años, era
reconocido, ciertamente y hasta ganó un premio Cervantes. Pienso también en
Sergio Pitol, el otro grande que ahora luce un poco olvidado y que, también, se
ganó el Premio Cervantes.
La
mención de José Agustín es pertinente y contundente: Octavio Paz y Carlos
Fuentes fueron interlocutores de ellos y el prestigio de las letras debería
permanecer entre todos ellos, pienso por ello, que hablar de Fuentes debe
hacerse sin menoscabo de todos los otros alfiles del brillo literario mexicano:
una república de las letras donde ellos también cobran mucha relevancia para el
país del presente siglo, el XXI, del México contemporáneo.
Pero,
también resulta chocante la afirmación de que Carlos Fuentes aprendió
literatura en las piernas de Alfonso Reyes. (En una entrevista, Fuentes dice:
¡Lo conocí cuando tenía dos años!) Nuestro
autor en cuestión no dejó de ser generoso, en compartir sus ideas hasta el
último día de su vida, que murió en el día del maestro en 2012.
Como hizo
Ricardo Piglia en la Argentina hace pocos años, quiero hacer para este país no
un “se puede ser Borges” sino un “se puede ser Carlos Fuentes”. Rodeado de
escritores mexicanos que lo que buscan es… sobrevivir, principalmente, como
dijo Roberto Bolaño hace mucho tiempo en el cruce de milenios. Pero ésa es mi
apuesta: “sí podemos gustar y emocionar como Carlos Fuentes.”
Carlos Fuentes, nuestro mejor novelista,
ciertamente; un autor universal heredero y fabricante de hondas raíces; unas
provienen de América latina (pienso en Los pasos perdidos de
Alejo Carpentier), otras de España (El Quijote, la poesía de Góngora y
Quevedo), Fuentes aprendió de todas partes antes, habrá que decirlo, de la
existencia de la todopoderosa red del Internet y su dios Google. ¡Cuántas horas
en el pasado, perdidas buscando información! Y nuestro maestro Carlos Fuentes,
sólo aceptaba del internet lo que él decía que le había tocado: el correo
electrónico.
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Las
Obras, primero: La frontera de Cristal
Este brillante
libro de Carlos Fuentes, La frontera de cristal, está escrito bajo la
terrible premisa de que en el problema fronterizo entre México y Estados Unidos
estamos ante un problema irresoluble. Todo apunta a esa conclusión. Es una
frontera hecha un drama de problema. Presidentes van y vienen de éste y del
otro lado de la frontera y el problema de la frontera (la sobresaturación de
migrantes, etc), no hace otra cosa que podrirse más y más. No sólo es terrible
para los mexicanos y los latinoamericanos en general, aquí expresados por querer
cruzar la frontera hacia el sueño americano, el Río Grande, Río Bravo, como lo
llama Fuentes en el último cuento de esa novela por relatos parecidos donde
convergen historias que Fuentes ha preparado para los suyos, sus lectores. También
puede ser terrible para los gringos, pero, todas y todos los personajes con una
presión de que el hecho mismo de la frontera, es un hecho que confronta la vida
y peor: la sigue confrontando, día tras día. La tarea del novelista, como desde
hace mucho ha sido la tradición en el arte literario, ha consistido en adelantarse
y/o señalar el problema, no en encontrarle solución, que para eso está la
política, y ¿qué hace la política para remediar esto? De eso nos podemos
enterar hasta en el programa tv migrante en estos días. No es que el
problema de la migración no nos importe, o que haya que negar las migraciones
que en la Historia ha habido, sino simplemente que es un problema bastante
inmediato y Fuentes ha querido señalarlo, porque ha pensado su dimensión y
quiere o quiso debatir sobre eso.
Y resulta, pasados unos años, lo siguiente:
en el periódico La Jornada se anuncia el día de hoy, jueves 30 de julio de
2026, que David Brooks, periodista en la frontera, se le premia por hablar años
ya, sobre la migración:
“La migración es el tema del siglo”: David Brooks,
premio María Moors Cabot 2026.
En
entrevista, Brooks explicó que “la migración es el tema del siglo, no es nada
más alrededor de Estados Unidos y México, sino en todo el mundo. Es la gran
nota. Te explica por qué salen, por qué llegan, qué hacen, quiénes son y cómo
transforman a un país”.
Ayer se anunció el reconocimiento a Brooks debido a
sus más de 30 años en que ha ayudado “a los lectores de México y de otras
partes de América Latina a comprender a Estados Unidos”. Los organizadores del
galardón destacaron en su página web que “en un momento en que muchos
inmigrantes son retratados por los políticos como criminales y la relación
entre Estados Unidos y México es tensa, el periodismo de David Brooks resulta
esencial”.
Brooks dijo que es honor que “los colegas del
gremio te reconozcan, porque es un premio de periodistas para periodistas. Eso
siempre se agradece, pero lo veo como un reconocimiento del trabajo colectivo
de La Jornada”, que se distingue porque, “sobre todo bajo Carmen
Lira y con Carlos Payán”, tiene el objetivo “de contar lo de abajo, no nada más
lo de arriba”.
Y Carlos
Fuentes señaló ese problema en La frontera de Cristal desde 1995. Desde esa
novela hasta la fecha, la realidad ha cambiado mucho en la frontera, así como
en México y los E.U., Pero, cómo entonces, se explica que ¡La novela en
cuestión siga siendo una delicia! Mi respuesta le da la razón a uno de los
mejores amigos de Carlos Fuentes: porque es arte de primer nivel, como diría
Milan Kundera: “es una novela dentro de la tradición de la historia de la
novela”.
Carlos
Fuentes escribió sobre esos temas (las novelas como entidades lingüísticas y
como tradición en la cultura), en forma remanente a la de Milan Kundera en
grandes ensayos. El escritor checo tiene El telón o El arte de la
novela, el nuestro, La gran novela latinoamericana (2011) por
ejemplo, y claro, cuando en sus últimos años, por ejemplo un escritor
italiano, Massimo Rizzante, quien lo entrevistó en la Revista de la
Universidad de México en agosto 2012 (una entrevista inédita) núm 102, le
preguntó su opinión de El Quijote, Carlos Fuentes respondió: “Cervantes
es la base. Es la lengua, ¿no es cierto?” Luego entonces podemos engrandecer el
comentario, diciendo que eso era parte de la conversación de Carlos Fuentes con
Milan Kundera, así como con García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa: ¡Qué divinos
amigos y divinas sus palabras!
A
Carlos Fuentes, como dice la introducción de A viva voz de sus obras
destinadas a ser discursos, le gustaba agrupar en ritmos ternarios la gran
cantidad de obras, nombres y personajes, incluso ideas. Es su estilo que
muchos, podrían imaginar como heredero de Alfonso Reyes, eso parecería decirnos
el maestro, en efecto. Pero eso en nada lo demerita. En esa obra sobre sus
discursos, se nota al gran conferenciante en que se volvió Carlos Fuentes: es
agudo, incisivo y fuerte, sus observaciones sobre Dios y lo religioso tienen
(no soy teólogo, a lo mucho filósofo), un mérito y una agudeza grandes,
impresionantes, debía ser así. Como dije al principio, nadie puede decirle a
los mexicanos que Fuentes nos falló, muy por el contrario fue generoso, fue
extraordinario y nunca se arredró.
Permítaseme
una digresión para contarles las veces que estuve cerca del maestro, y lo
quisimos mucho, cuando en El Colegio Nacional, consignó, terminando su
conferencia: “nos dijeron algo de un error en diciembre, lo que no nos dijeron
fue que siguió el error de enero, el de febrero, etcétera”. Todos los presentes
estábamos felices, escuchando, en mi caso, desde un salón alterno a su
capacidad del salón principal, su palabra, habló de la locura de Nietzsche,
“cómo entonces, diríamos pues, un hombre que se volvió tan listo que sus
propias palabras lo alteran, es decir, no puede comunicar, por la euforia de
pensar.” Etcétera.
Se trató
en aquellos entonces de conferencias por el libro: “Por un progreso
incluyente”, sabemos ya ahora, que la cuestión con el progreso es algo
ilusorio, pero eso no quita mérito alguno al libro de Fuentes que trata el tema
de la educación. Brillante, por supuesto. También lo vi, creo que por última
vez en mi vida, a Carlos Fuentes cuando ofreció ésa misma conferencia pero en
el Centro médico siglo XXI, un auditorio muy grande y prácticamente lleno; salí
a fumar un cigarro un momento, venía llegando el periodista Ricardo Rocha,
quien venía a saludar a Fuentes, según se veía, eran amigos.
Paso a
comentar el que pienso seguiría en la lista en orden cronológico, el siguiente
más cerca, Los años con Laura Díaz (1999).
Recuerdo
bien ese año, ese año fue especial para mí pues estaba terminando mis estudios
en La escuela de escritores de la SOGEM y de mientras, tenía un trabajo de
técnico superior en el INEGI. Es algo que siempre me achacó mi amigo Iván Ríos
Gascón el escritor: “No trabajes para el INEGI”.
Los años
con Laura Díaz es una novela que cruza todo el siglo XX. La
acción empieza en Catemaco, es el segundo capítulo después de alguien que ve la
narración por fuera en Detroit 1999, y en Catemaco lo que sucede es a
principios de siglo y un poco atrás, el inefable pueblo mágico de Veracruz, la
abuela Cósima Kelsen se está yendo de ahí en una carroza rumbo a la Ciudad de
México, sucede que se encuentran con unos asaltantes de caminos, la señora Cósima
Kelsen se niega a entregarles sus joyas y la sortija de su próximo matrimonio;
los asaltantes concluyen que entonces tendrán que cortarle los dedos a la
señora y así sucede. La herida del amor permanece como prueba irrefutable de la
devoción a su prometido que tiene Cósima… Esta anécdota le sucedió de manera
muy parecida a la abuela de Carlos Fuentes, de ahí la importancia de volverlo
materia literaria, para él.
“Llega un
momento de la vida en que nada tiene importancia salvo amar a los muertos”.
Lo
siguiente es toda una verdadera saga familiar, como los Buendía de García
Márquez, la familia de Cósima de Carlos Fuentes.
No tiene
parangón con ninguna obra mexicana la saga de la familia de Cósima: Fuentes nos
la convierte en atractiva, en madre, en abuela, y siempre está donde se cruzan
los destinos de los artistas más importantes de México, como Frida Kahlo o
Diego Rivera, Cósima convive con todos ellos, a todos los ama, como si nada,
pero también es terrible con los que ama, a veces descortés, como lo es la
realidad. La novela está escrita en clave de telenovela, ¿cómo es esto posible?
Es una obra con las mismas armas de una telenovela porque eso gustó mucho en
México, un guión muy largo pero por supuesto delicioso al paladar, novela de
novelas, Los años con Laura Díaz. Necesariamente hay que leerla para
comentarla, necesariamente tienen ustedes que leerla: la lectura y el lenguaje,
dice ahí Fuentes, estuvo antes que nosotros y estará después de nosotros, nos
va a trascender, ¿entiendes? Dice un personaje masculino.
Todo lo
trabajado en aras de ser materia literaria, es enorme, me suscita envidia y
alegría, es por eso que he decidido hacer este trabajo: su objeto de estudio,
Fuentes, me seduce mucho, donde hay otros que ni siquiera he ojeado.
La madre
de Fuentes fue retratada al óleo por Siqueiros, un excelente cuadro. Recuerdo esos
momentos de las conferencias de Carlos Fuentes en el Colegio Nacional, todo me
resultaba o, más bien todo me olía a sorpresa; Fuentes mismo yendo de un salón
para otro con sus guardaespaldas. Que los tenía y con justa razón; mucha gente
ahí en esos eventos. Mi padre con el que fui a las conferencias, las mujeres
que ahí querían escuchar al maestro, todo un mundo que nos heredaba Carlos
Fuentes y sólo teníamos que escucharlo con atención, eso era lo que él nos
pedía.
Eso era
Carlos Fuentes: un maestro de las juventudes de América latina, un guía en
quien se podía confiar. Tal y como en su momento, inmediatamente anterior fue
Octavio Paz, y un poco antes, José Ingenieros. Tiene razón el laureado Jorge
Volpi cuando dice que la voz narrativa de un Carlos Fuentes o un Mario Vargas
Llosa, era de un tipo tal, que hablaba todo un país a través de ellos, yo en
cambio, soy un simple escritor si me comparo con ellos, pero es que también, ya
pasó su momento de ellos vivos, puede sonar a perogrullo pero no lo es tanto si
tomamos en cuenta que, antes no existía twitter ni Facebook ni You
tuve ni tampoco existían las formas de éstas nuevas sociedades, muy
sensibles a cambios como los causados por los antedichos. Es signo de los
tiempos que figuras como ellos se han retirado y no se avizora que vuelvan a surgir,
pero en nuestros países latinos los seguiremos amando, ésa es la razón de ser
de este ensayo: Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Gabriel García
Márquez y José Saramago o Roberto Bolaño o Guillermo Cabrera Infante son
nuestros inmortales en breve canonización enseguida.
Pues sí,
si seguimos en el tiempo, el siguiente libro de Carlos Fuentes para comentar es
En esto creo (2002 seix barral editores).
En esto
creo
es un abecedario personal de su autor, Fuentes lo abre con la voz amistad y lo
hace con tal magnitud que me parecería algo sucio de mi parte traspasarlo aquí:
“Lo que no tenemos lo encontramos en el amigo”. Frase inicial estupenda sobre
la amistad para hablarse en las siguientes páginas memorables; resultan ser lecciones
que Fuentes mismo dice que no parecen ser inútiles; en un mundo donde bien
mirado, existe poca amistad y, sobre todo, entre iguales.
Fuentes
era un gran escritor para quien en la amistad, nunca se procedía por rupturas,
fue gran amigo de Luis Buñuel, de José Luis Cuevas, Octavio Paz, Monsiváis y
muchos otros: todavía su novela La silla del águila escrita en 2003,
está dedicada a “la generación de medio siglo”, de su escuela, la UNAM. Lo que
nos interesa de cada voz de las veintiocho voces que conforman En esto creo,
es el gran monstruo opinando de su monstruosidad: la voz amistad, la inicial,
Amor, la segunda, Balzac, Belleza, Buñuel, Celos, Cine, Dios, Educación,
etcétera. Todo lo cual me hace recordar el año 2002, viviendo en la ciudad de
México, fui invitado a un encuentro de Poetas en Zacatecas, se trataba de las
Jornadas Lopez-velardeanas dedicadas al enorme Poeta Eduardo Lizalde (quien
tiempo después fue premio internacional Carlos Fuentes), me fui allá con los
gastos pagados gracias a mi amigo José de Jesús Sampedro, poeta y ensayista
organizador de esos eventos y que lo fue hasta su muerte en 2025. ¿Qué tiene
qué ver una cosa con la otra? En la avioneta, de la que salí en la CDMX, rumbo
a Zacatecas, también iba un alto funcionario de la cultura, que iba leyendo En
esto creo, era Raúl Juárez; al lado de mí iba un reportero de la
revista Proceso, y llegando a Zacatecas, mi amigo José de Jesús
Sampedro, me dijo: “Tú diviértete, ve a comer con Lizalde, etcétera”. Me
pareció algo magnífico, conocer a Eduardo Lizalde, me dijeron que estaría una
poeta que se llamaba Kenia Kano, pues muy bien, así que me apersoné en el
restaurant muy cerca de la Catedral y Lizalde disertaba con otras personas y
había un banquete en su honor. Muy contento se veía Lizalde, muy festivo,
hablando de James Joyce. En fin, el México de mis recuerdos…
En esto
creo
es un libro en el cual, Fuentes permite entrar al lector en sus fibras íntimas
para conocer sus opiniones sobre la Educación, la Universidad, etcétera.
Siempre pensé que alguien de su estatura podía y de hecho debía sacar un libro
como ése. Grandes tareas nos encargó Carlos Fuentes a los mexicanos: no olvidarnos
nunca a nosotros mismos ni olvidarnos de los demás. El Colegio Nacional fue,
como se nota en su libro póstumo A viva voz, un sitio desde el cual
Fuentes pudo muchas veces alzar la voz para insertar la labor del escritor
sobre la Polis, y reconocer que la política no es precisamente amiga de la
literatura, eso nos acerca en el tiempo, la literatura es en verdad la única
enemiga de la política: ahí tenemos el caso de La broma de Milan
Kundera, para denunciar el totalitarismo de Stalin, nadie podía ni quería
reírse; eso estaba prohibido. Son dos grandes novelas en el siglo XX que dieron
ese paso a la inmortalidad denunciando eso: La broma de Kundera y El
tambor de hojalata de Günter Grass. Con su genial personaje infantil que no
crece y desde su atalaya infantil juzga el mundo adulto. Es decir, se puede
decir mucho más, pero su comicidad no es lo único que se aplaude de ésas dos
grandes obras, pero me estoy desviando del tema, el último Carlos Fuentes. Es
que, la verdad sea dicha, Fuentes es vaya que sí, un gran tema, y eso que no he
leído Terra Nostra. Pretendo un poco más, si es posible decirlo, abarcar
desde La frontera de Cristal hasta Adán en edén. Si acaso eso me
está permitido por la voz de los Dioses, aquellos que tienen a sus negros
literarios, como creo que uno de muchos, me ha tocado serlo.
Ahí está
la abuela Kósima para hablar del siglo XX mexicano, en diálogo con Frida Khalo
y Diego Rivera.
Ahí está
José Molinar Horcasitas, encarnando al personaje Leonardo Barroso en La frontera
de Cristal, que es, uno de los pocos personajes del libro que se encuentran
en casi todos los cuentos, ahí está el segundo cuento “La pena” con el
personaje Juan Zamora una especie de, acorde con éstos tiempos entrado el siglo
XXI, un sine qua non, que se desnuda porque quiere decirle algo a los gringos,
se tapa su desnudez, y el que en realidad está desnudo, es todo el pueblo
mexicano ante el imperialismo yanqui. Por eso, Juan Zamora funciona perfecto,
es un personaje literario y está cubierto de símbolos, de signos, que corren
por los paisajes como el “paisaje tlaxcalteca”, título de un reciente libro de
poesía de mi padre, o también, es un signo de la gran metrópoli, que no sabe si
tendrá que dar las nalgas porque eso es lo propio de las nalgas en México,
darlas. En fin, una historia bella y cruel, Fuentes no les mintió a los
mexicanos, nos enseñó la cara del poder como en La voluntad y la fortuna:(2008)
“Una cara de tigre que te obliga a bajar la mirada” En fin. “¿Eso es el poder maestro
Carlos Fuentes?” “Júntate con mis libros y te diré más”. Nos diría Carlos
Fuentes.
Antes he
dicho que Carlos Fuentes es un gran escritor pero, asimismo rodeado, de grandes
escritores también: Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, su amiga María
Luisa “La china” Mendoza, José Agustín (quien por cierto, tiene a un hijo que
conocí que en estos momentos gestiona una película sobre su padre), Vicente
Leñero, Monsiváis, Juan José Arreola y unos pocos más como Octavio Paz, Efraín
Huerta, José Revueltas.
A México
no lo tenemos más que imaginar y querer, así se ha construido la patria:
imaginándola, queriéndola y actuando por ella, ése es otro encargo a los
mexicanos que nos dejó Fuentes. O, como dice Elena Poniatowska: “Si este país
tiene pilares, uno de esos pilares es Carlos Fuentes”.
Como en La
muerte de Artemio Cruz: “déjate de chingaderas, ya se chingó, como chinga el
gran chingón, váyanse todos a la chingada”. (Cito de memoria, pero subrayo este
imperativo de la novela). Este punto, central en esa novela vieja de Fuentes, todo
ese lenguaje mexicano de la chingada, (como dice El Laberinto de la soledad
de Octavio Paz: “para el mexicano la vida es una oportunidad para chingar o ser
chingado”): mucho se ha debatido ya si esto es enseñanza de Paz a Fuentes, pero
lo importante es que, como ya dije, ellos eran fundamentalmente amigos: ambos
murieron sabiendo que lo eran. Pero ya comienza a articular lo que veríamos
después, Cristóbal Nonato, una novela para el cuarto centenario del
descubrimiento/encuentro de América, donde los padres de la criatura bromean
con el hecho de qué nombre le pondrán al hijo, mientras que a ellos lo único
que les importa es coger, así de simple. Mientras llora desconsolado un
Fernando Benítez sobre los restos de un país perdido; creo que ésa era una
visión fallida de Fuentes, ya que lo de nuestro presente político (los dos mil
veintes) no es, ni de lejos, un PRI que dejó devastado a México.
¿Por qué
es Fuentes un escritor de vanguardia? Porque expresó la esencia de su tiempo,
como toda la buena literatura pero expresando ésa realidad por otros medios, en
éste caso, novelas, ensayos, libros de relatos. No necesito hablar finalizando
de que el progreso ha dejado de progresar y todo eso que el debatía o las
razones plasmadas en el libro A viva voz. No, Fuentes es un escritor de
vanguardia porque él sabía y tenía la intuición para entender los ánimos que
siempre fueron su presente, su sentir cotidiano. Después de Los años con
Laura Díaz, todo eso se aclara de una manera fundamental, ahí está La
voluntad y la fortuna, sobre dos hermanos jóvenes y su profesor Sanginés,
que les abre el panorama y los hace darse cuenta de toda la problemática de este
país: Joaquín Castro y Marcos García, perdón, Jericó y Josué, que, ellos sí,
resulta que son hijos del presidente.
La silla
del águila
Éste
libro que tuvo su aparición en 2003, tiene una fechoría política sobre la que
Fuentes se va a explayar de lo lindo: en un futuro no muy lejano, que bien
podría ser los años dos mil veintes de nuestro presente histórico, resulta, en
ése libro, que los norteamericanos tienen amagado al gobierno mexicano porque,
ellos, han dejado al país sin electricidad, y así se las gastan los yanquis con
nosotros y, nuestros políticos, lo mejor que pueden hacer, es enviarse cartas
un poco para salir de ése confinamiento parecido al que sí existió pero, como
sabemos, por el Covid-19, entonces, Fuentes nos relata ése México que no
estaría muy lejano de la realidad, y, como digo, los políticos se comienzan a
enviar cartas. Y La silla del águila trata de qué son esas cartas, lo
que dicen, lo que nombran, lo que provocan, lo que ocultan, lo que quieren
expresarse unos a otros (muy rabiosos todos, eso sí), todas las razones de peso
de los políticos, claro, otros nombres, nada qué ver con los actuales, con
cuidado pues porque es ficción y de las más altas ficciones. En su momento de ese
libro, yo decía, “hay que leer a Fuentes, le declaro mi afecto incondicional.”
Creo que
he dicho poco sobre Carlos Fuentes, pero creo que así, Carlos Fuentes me daría
su amistad y yo, En esto creo.
