miércoles, 12 de agosto de 2026

DOS POEMAS..

 

LA INVOCACIÓN DE LA MUSA

A ella, que sabe cómo discurro

MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

 

Musa mía: presiento que sería ya muy miserable

de mi parte tratar de aumentar la gloria de tu hermosura 

con más poesía debido a la constancia de la guerra

que me ha sido impuesta, como si fuera culpa mía este amor mío

que te envío a toda hora y eso de gratis por parte de los

enanos canallas que apoyan a los grandes.

Es por eso que de una buena vez toco tus labios y siento en lo más

profundo de mis vísceras tus ojos y tu rostro que a éstas alturas

es ya una leyenda en mi vida desdichada.

Pero no me quedo en eso, sé que nos veremos, sé que andaremos,

sé que viviremos, sé que nos desearemos, sé que nos ataremos,

sé que nos desnudaremos, sé que nos vestiremos, sé que nos leeremos,

sé que pasearemos, sé que se volverán a introducir

los racimos de frutas, paraísos, vinos finos y toda una primavera en

nuestras vidas. Sé que de toda esta ignominia no quedará nada, no

tiembles corazón prodigioso y pulseras brillantes, estamos, aún sin que

lo sepamos, más cerca que nunca, este cerro hermoso sabe lo que dice, y

ya no veas cómo me pongo, porque te adoro interminablemente, con esa

pasión y voluntad que funda futuros,

hasta que los malos augurios sean solo recuerdos.

 

 

LA INVOCACIÓN DE LA MUSA II

MARCOS GARCÍA CABALLERO

A ella, que sabe cómo discurro

 

Vistes de pantalón y blusa blanca,

Te veo sentada,

Murmurándome cosas a la distancia.

En algunas ocasiones, un fin de semana por ejemplo.

Quizá después de una comida en el centro de la ciudad.

Caminando con un agua de Jamaica en la mano

Comienzo a sentirte porque finalmente es inevitable.

Comienzan a correr entre nosotros

Las paletas de limón y la música

De Lacrimosa o So far away so close y poco a poco nos vamos

Saludando: tú con tu identidad en mi conciencia,

Y mi conciencia llena de tus ojos; de una forma tan brutal y tan

Hermosa que parece una despedida en medio del gentío,

Cuando todo comenzaría a reagruparse bello como

Cuando el Sol se pone.

Y así en la calle, con tu fuerza

Y tu energía te siento preguntándome cosas, es curioso ¿sabes?

Es como si lo entendiera todo o tal vez nada: Alegría pura y

El milagro ocurre, y sí porque es tu voz y tus ojos

Habitándome por completo.

Buscando ciertos elementos en mi pensamiento,

Tratando de encontrar el fondo de mi ser

Y entre la gente voy con el agua de Jamaica y tú

A 450 kilómetros de distancia…

Hacemos un duelo de espadas, y ya no sé si la fruta es naranja

O tal vez fresa, porque he vivido estos años con tanta guerra,

Que parece que entiendo que tu algún día o quizá yo, te pida

De rodillas que veas televisión, en vez de matrimonio.

 

 

OBSERVACIONES POR MARCOS GARCÍA CON DESEOS DE RECORDAR AL GRAN VICENTE QUIRARTE.

 

OBSERVACIONES

 MARCOS GARCÍA CABALLERO

1

El suicidio de Luis González de Alba es un golpe a la inteligencia mexicana. Recuerdo que sólo una vez lo conocí, una vez que fui a México en 1992 y mi padre me lo presentó en un bar que Luis había inaugurado a mitad de insurgentes. Estaba toda la generación del 68 esa ocasión (los vivos entonces). Nunca leí Los días y los años, publicado por ediciones Era, su libro clásico sobre el 68, pero siempre sentí respeto a su persona (ni siquiera me burlé nunca de su condición de homosexual), entiendo que este factor lo tenía de bajada mentalmente. Mucha gente me decía que había perdido respeto POR SUS OPINIONES, y otros me dicen que les gustaba, en fin, que descanse en paz, y que en este país haya respeto a los homosexuales y muy por otro lado, que haya respeto a los escritores y a los periodistas, que desgraciadamente, mueren asesinados por todos lados.

2

Cuando Peña Nieto deje la presidencia de México, de refilón y para orgullo de todos los mexicanos, seguramente va a dar clases de literatura comparada en Oxford, enseñará a los jóvenes ingleses como crear novelas de largo aliento, donde la temática principal sea la política, por supuesto, toda la política y los conflictos fuertes que sólo fueron avizorados por ese tal Shaskespeare, Peña Nieto los volverá luz tremenda sobre los alumnos. Les enseñará, por ejemplo, qué se debe de hacer en un país cuando los maestros protesten, qué hacer cuando uno es sorprendido por periodistas con una multimillonaria Casa Blanca y se genera un escándalo terrible contra la figura Presidencial; también, cómo negociar con los susodichos padres de los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa, que tanto andan moleste y moleste al gobierno, también, qué hacer en caso de que Donald Trump visite Inglaterra, ya que en México salimos airosos de esa terrible experiencia, en fin, si en Oxford saben de Literatura Comparada, entenderán de qué es lo que les trata este mensaje…

 

3

Después de leer varios libros de literatura mexicana reciente, me doy cuenta de algo muy simple: el exceso de creencia en la fatalidad, es decir: somos miserables, ignorantes, rateros, estúpidos, merecemos todos los infiernos y bla bla bla… Lo que sucede, creo, es que para los autores mexicanos también es muy difícil hacer un ejercicio de purificación personal y hacer el difícil desprendimiento, el desprendimiento de lo otro-obsceno de la realidad y crear obras que apuntaran hacia otras visiones. No necesito decir que sigue siendo muy rescatable la gente y nuestro País en su conjunto. No creo en escapismos ni en best-sellers tradicionales (ni tampoco, en La Invención de Morel parte II, o parte III), pero los autores jóvenes treintañeros deberían empezar a pensar, que es probable que ya haya pasado el juicio final.

 

4

Ahora que hace pocos días fue noticia la muerte del maestro Hugo Gutiérrez Vega, (escribo en 2015) recuerdo claramente el año 2000, cuando en la Escuela de Escritores de la SOGEM él era uno de nuestros maestros más respetados, pero, al mismo tiempo que yo escuchaba su sobrada sabiduría, no sabía de modo real a quién tenía enfrente. Recuerdo que daba la clase de Poesía II, pero disertaba y discurría con elegancia de la poesía inglesa de los años 40’s, 50’s y 60’s (él fue diplomático en Inglaterra) y lo mismo nos contaba de su infancia y nos decía que de niño había conocido a Rafael Alberti, fue agradable escucharlo decir: “¿Así que usted es poeta señor Alberti?” y Alberti que le contestó: “Sí joven, pero le prometo que no lo vuelvo a hacer.” También discurría y se extendía sobre la poesía de Chipre de mediados de siglo XX, sus incursiones en el teatro, así como de su amistad con Julieta Egurrola, ¡Cómo nos divertíamos y prácticamente nos arrullábamos con su palabra! Después, en el año 2006 volví a verlo en Aguascalientes, en la ceremonia de entrega del Premio de Poesía Aguascalientes a Dana Gelinas por su obra Dylan y las ballenas, ya que él fue uno de los jurados. Recuerdo haberme sentado al lado de José Vicente Anaya y de Eduardo Langagne, ahí también estaba José Ángel Leyva y Dana leyó un poema dedicado a los calzones de un futbolista de moda en el céntrico Teatro Morelos. Carcajada general. Pero el maestro nunca me olvidó: muchas veces, cuando en silencio me encontraba estudiando filosofía virtual, yo sabía que Hugo estaba conmigo, y me hacía señas de aprobación de mis esfuerzos filosóficos. Adiós Hugo, toda la SOGEM, todo un Fernando del Paso, como dijo hoy La Jornada, toda la vida cultural mexicana, el mismo periódico, te recordamos ahora como un verdadero grande, un fulgurante, y del mero Jalisco.

 

5

Cuando fuimos compañeros de trabajo, Lucía y yo fuimos muy unidos. Desde el tiempo de la capacitación para el conteo de Población 2005, que se llevó a cabo en noviembre, Lucía me había despertado cierta simpatía, pero no fue sino hasta los momentos de las horas extra con los cuestionarios, cuando realmente nos conocimos. Lo cual fue curioso ya que el trabajo lo llevábamos a cabo en una escuela primaria dentro de un salón desocupado que utilizamos como oficina; pero el personal del INEGI es bien recibido en casi cualquier lado, gracias a la gigantesca difusión que se le tiene qué dar a todo el proceso del levantamiento. Lucía y yo nos pasábamos las ocho horas del trabajo en ese salón de clases; a veces llegaban los entrevistadores a dejarnos su tambache de cuestionarios o se quedaban por un momento a rellenar sus propios formularios, pero en general se podía decir que el salón de la primaria era nuestra oficina exclusiva incluso cuando ya se iban los niños de la primaria a sus casas. Lucía y yo nos encontramos empatía: nos gustaban las mismas canciones, los mismos cantantes y a ella le interesó mi libro de poemas, así que se lo regalé. Conforme nos tuvimos más confianza, empezamos a llevar cosas al viejo salón para no morirnos de frío: algunas rebanadas de pastel, una cafetera eléctrica, y empecé a ver que ella me dejaba recados, como por ejemplo el siguiente: “¿Cómo te levantaste hoy Marcos? Espero que no llegues tarde… besos… te quiere: Lucía”. De que el trabajo era pesado seguro que lo era; había momentos en que entrábamos en momentos estresantes, dolores de cabeza, frío, etcétera. Supongo que por eso quieren al personal del INEGI: porque nos obligan a ser workahólicos. Un día Lucía dejó su escritorio y se sentó en mis piernas cuando ya nuestro coqueteo era evidente, pero concluyó que yo era uno de esos que, sólo dijo: “ya conozco a los de tu clase”. Eso me aguijoneó el ego, supongo que ella creía que yo era un pobre diablo, pero no dejé que la cosa pasara ahí y ahí muriera. Un día, cuando el stress estaba en su cenit, le dije: “vamos a desestresarnos a mi casa”. Acto seguido hicimos el acto y de ahí en adelante el stress se nos fue bajando poco a poco. Lástima que nuestro superior, echó a perder todos los formularios así que, puestos en, o más bien, montando caballos de hacienda, tuvimos que empacharnos con varios días extra. Así que a la hora de la comida, que era cuando nos íbamos a, aparte de comer, a desestresarnos, el último día le dije: “lástima que no volveremos a estar estresados, el asunto comienza a estresarme”.

6

A ti te nombro Ernesto Sábato. Ya que cuando volví a esta tierra desértica no había, en mi edad de Cristo, a nada a que aferrarse y entonces te busqué, y volví a leer La resistencia y una bellísima edición de Sobre héroes y tumbas. Libros que no dan tregua los tuyos, libros que inician ciudades y provocan hecatombes personales. Y no sé por qué pero tú me escuchaste, tú comenzaste a prestarme atención, mientras los y las jóvenes de mi edad pasaban por mi casa pregonando que sí, que eran presumiblemente pudientes y ricos, pero que ya los dados estaban cargados y yo no tenía oportunidad y menos con el jodido vecino que me había tocado. Fue entonces que comprendí que tenía que serte fiel a como diera lugar. No me resigné, no me acostumbré a vivir, pedí una beca estatal para redactar una novela corta y tuve suerte ya que conseguí el favor de los jurados. Era diciembre de 2008 y tendría todo el año siguiente para trabajar en ese proyecto. Trabajé intensamente en esa novela, amor, desamor, mitomanía autobiográfica: una novela que funcionaba porque exageraba la gloria de ser joven y estar en la aventura del amor y los inicios de la vida intelectual. Y tú estabas ahí conmigo Ernesto Sabato, tú, cuando yo regresaba de un viaje a la playa al que nunca hubiera podido ir si no fuera por la beca, me recomendaste leer a Marx, y mi padre discutía contigo en mi conciencia y la mujer de la playa volvió a hacerme ver mi suerte, como la de la historia de la novela. Una suerte de bagaje cultural increíble en mi ser, pero no había oportunidades, no había trabajo, no había más que Ernesto Sábato y su mundo que estaba por terminar. Fue entonces que me cambié de casa, y en el imponente librero donde irían tus obras, cuando comencé a instalarme, poco a poco los libros volvieron a sus estantes, y tú volteaste a verme, y quise hacerte fuerte, yo sabía que estabas muriendo, quise retenerte, pero ya no aguantaste ubicarme en otro sitio y al momento de colocar tu obra yo vi primero como tu rostro se empequeñecía hasta parecer una pincelada de óleo y te fuiste y así supe que habías muerto, tal como al día siguiente La jornada me lo constató y supe de que la primavera entera estaba contigo, falleciste rodeado de pájaros y flores. Pájaros de todo el continente que iban a verte y darte ánimos. ¿no es obvio que los jóvenes de toda América Latina te querían?

7

LA TELEVISIÓN ES EL MAYOR DE LOS PODERES FÁCTICOS PORQUE CONTROLA TODO LO QUE HAY, CUANDO NO HAY TELEVISIÓN...

8

CADA VEZ QUE EL DIABLO LOS QUIERA CHINGAR Y QUE SE PONGA A ALEGAR, USTEDES SOLAMENTE LE DEBEN RESPONDER: "¡PUES PORQUE ASÍ ERES TÚ!"

9

La gente inteligente empieza comprando libros. La gente inteligente lee los libros que compra, al principio de su trayecto de lectura, la gente inteligente se siente de hecho ultra inteligente, y de hecho así es. Pero también pasan los años sobre la gente inteligente, la gente inteligente empieza a sentirse rara, y lo que pasa es que en realidad demasiada inteligencia es peligrosa, es inquietante, no cabe en ningún lado. Luego, poco a poco, la gente inteligente deja de comprar tantos libros, es entonces que la gente inteligente siente que por culpa de tanta inteligencia, puede ser que haya perdido amores, que quizá en un arrebato le dijo imbécil al jefe o superior de la empresa, de la oficina, cualquier cosa, cualquier acto o conducta que salió y costó carísimo. Es entonces cuando la gente inteligente siente que le debe al mundo su cuota de estupidez, nada pasa, pero la gente inteligente empieza a ver más televisión, empieza a olvidarse de los libros… esos libros, carajo, ¡Esas malditas historias! ¡Esos malditos autores que pusieron las bases de la civilización! Entonces, la gente inteligente se empieza a confundirse con la gente común y corriente… hasta que un buen día, esa gente, que fue tan inteligente comienza a preguntarse de dónde salió esa panza, de dónde salió toda esa basura mental que antes no creía, y envejece, toda la jodida gente común y corriente… ¿Qué que pasó? ¡Fernando del Paso se ganó el premio Cervantes, el máximo galardón a las letras en nuestra lengua! No tiene importancia, dice la gente común y corriente…

10

El otro día tuve un diálogo con un hijo de un vecino que no veía hace mucho tiempo y me dijo: “Hola, yo también estoy muy feliz de que Peter Higgs le hayan dado el premio Nobel de Física 2013 por haber elaborado en los años sesenta la teoría de lo que actualmente se conoce popularmente como “la partícula de Dios”, es decir, el Bossón de Higgs, supe además que alrededor de demostrar esta teoría trabajaron físicos de más de 10 países y me imagino que con esto, tú que estudias filosofía, le darás eminentemente la razón al realismo científico y no al idealismo que dice que los leptones o los quarqs son simplemente ficciones convenientes con las cuales trabajan los científicos ¿verdad? Sí, porque, sino, ¿de qué otra forma se explica el gasto millonario de haber construido el acelerador de partículas en la frontera entre Suiza y Francia? Bueno, te dejo, debes sentirte triste de que ya haya muerto Higgs, voy a comprar una Coca-cola, las tortillas, las donas bimbo y unos chicles clorets para lograr sonrisas fuertes”. Después de escuchar aquello, yo sólo pedí unos chicles para demostrar mis sonrisas fuertes: es una pena la muerte de Peter.

 POETAS: PUES HAY QUE COMPRENDER EL ENTORNO SOCIOHISTÓRICO DE ÉSTE PAÍS, ESO SEGURO

EN GENERAL TODOS RECONOCEMOS AL MAESTRO VICENTE QUIRARTE, UNA PÉRDIDA, LO ES.

RAZÓN DE MÁS PARA VISITAR DESCARGACULTURA SUS CONFERENCIAS SOBRE DRÁCULA; SUS APROXIMACIONES AL HECHO POËTICO: "RAZONES DEL SAMURÁI"; YO LO QUISE MUCHO. ME GUSTÓ MUCHO SU TEXTO "CALLE NUESTRA" ESTABA EN DESCARGA CULTURA AHÍ SIGUE ESTANDO, GRACIAS MAESTRO QUIRARTE, EL SAMURÁI POÉTICO QUE USTED FUE, CONTINÚA CON NOSOTROS. 


 

jueves, 6 de agosto de 2026

PALABRAS... PALABRAS PRELIMINARES SOBRE CARLOS FUENTES..

 

SOBRE EL ÚLTIMO CARLOS FUENTES

 

Sobre Carlos Fuentes ya se han encargado muchas y muy grandes plumas a nivel mundial. Se ha hablado mucho ya de La región más transparente como novela que funda el México moderno que ha dejado atrás a la sociedad campesina. Se ha hablado de Luis Buñuel y Carlos Fuentes. Se ha hablado mucho de Mosiváis y Fuentes, mucho de Terra Nostra, se ha hablado mucho de Cambio de piel; se ha hablado mucho de Áura, se ha hablado mucho de los relatos de Carlos Fuentes como Chac Mool, se ha hablado mucho de La muerte de Artemio Cruz, asimismo se ha hablado mucho de Gringo viejo, y de la obra cinematográfica basada en ese libro. Etcétera. Nadie puede venir a decirle a los mexicanos que Carlos Fuentes nos falló como escritor; incluso a pesar de la ruidosa polémica entre Paz y Fuentes, que fue un desastre, los dos murieron sabiendo que eran amigos.  Y la lista de todo el itinerario intelectual de Carlos Fuentes, ha colocado, como todo escritor de vanguardia de su tiempo y su país, de moda a lo mexicano durante mucho tiempo; eso es un logro de escritor, y además es una declaración de amor al país que hizo muy grande a Carlos Fuentes, en muchos lugares donde recibió múltiples premios antes y después del grande y enorme premio Cervantes en España.

Todo esto es o pretende ser una introducción al último Carlos Fuentes, pensando en sus textos desde 1995. ¿Por qué continuar hablando de Fuentes? Cabría preguntarse. Pienso en que los jóvenes actuales se les puede acercar el pensamiento de él, ya que la imaginación de Fuentes es la tierra fértil donde han crecido. Pienso en un Carlos Fuentes para los jóvenes actuales de este país que tanto amó y lo convirtió en su principal pasión el maestro Carlos Fuentes. Los jóvenes actuales se han nutrido de otras lecturas y no propiamente de Fuentes, como éste cincuentón que les escribe y que tenía 30 años en 2003. Pienso sobre todo en los últimos libros de él que podrían ser del gusto de los jóvenes actuales después de los milennials: Inquieta compañía (2004), Todas las familias felices (2006), La silla del águila (2003), La voluntad y la fortuna (2008), En esto creo (2002), Los años con Laura Díaz (1999), La frontera de cristal (1995), La gran novela latinoamericana (2011), pero por supuesto ya no el Fuentes de La región más transparente. Hay que decir que todavía hay otros libros suyos que también nos pueden y les pueden resultar gratos encuentros a los jóvenes de la forma como siempre ha sido el arte: sin revoluciones pero sí inspirando nuevas actitudes y conductas, pero que yo hablaré sobre los ya mencionados; si yo como ensayista logro que ésos libros sean buscados, la faena estará hecha.

Mi apuesta como ensayista es que ésos libros pueden y deben ser leídos por los nacidos después de 1980, que ésos libros pueden y deberían interesar a los jóvenes; recordemos que en el año 2028 ya no tan lejano será el centenario del natalicio de Fuentes, ése año es crucial y muy pertinente para éste texto que comienzo a desarrollar; pienso que de tal modo, ésos libros mencionados, deben gustar al público joven y que les pueden resultar como siempre ha sido la mejor literatura, como un conjuro para asfixiar el hastío del mundo circundante.

Poco antes de morir, José Agustín se quejaba no sin razón, de que todo el prestigio de las letras mexicanas se iba para Fuentes y Octavio Paz, y que otros escritores que también merecen respeto y ser mencionados en la lógica del canon literario mexicano, eran poco rescatados como por ejemplo Salvador Elizondo, Carlos Monsiváis, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, José Revueltas, Efraín Huerta, Juan Rulfo y unos pocos más.

La mención de José Agustín es pertinente y contundente: Octavio Paz y Carlos Fuentes fueron interlocutores de ellos y el prestigio de las letras debería permanecer entre todos ellos, pienso por ello, hablar de Fuentes en una república de las letras donde ellos también cobran mucha relevancia para el país del presente siglo, el México contemporáneo.

Pero, también resulta chocante la afirmación de que Carlos Fuentes aprendió literatura en las piernas de Alfonso Reyes. Como si nuestro autor en cuestión no fuera o no hubiera sido tan generoso en compartir sus ideas hasta el último día de su vida, que murió en el día del maestro en 2012.

Como hizo Ricardo Piglia en la Argentina hace pocos años, quiero hacer para este país México no un “se puede ser Borges” sino un “se puede ser Carlos Fuentes”. Rodeado de escritores mexicanos que buscan… sobrevivir principalmente, como dijo Roberto Bolaño hace mucho tiempo en el cruce de milenios.

 Carlos Fuentes, nuestro mejor novelista, ciertamente; un autor universal heredero y fabricante de hondas raíces; unas provienen de América latina, otras de España, Fuentes aprendió de todas partes antes, habrá que decirlo de la existencia de la todopoderosa red del Internet y su dios Google. ¡Cuántas horas en el pasado, perdidas buscando información! Y nuestro maestro Carlos Fuentes, sólo aceptaba del internet lo que él decía que le había tocado: el correo electrónico.

 

*******

 

Este brillante libro de Carlos Fuentes, La frontera de cristal, está escrito bajo la terrible premisa de que en el problema fronterizo entre México y Estados Unidos estamos ante un problema irresoluble. Todo apunta a esa conclusión. Es una frontera hecha un drama de problema. Presidentes van y vienen de éste y del otro lado y el problema de la frontera no hace otra cosa que podrirse más y más. No sólo es terrible para los mexicanos y los latinoamericanos en general aquí expresados querer cruzar la frontera hacia el sueño americano, el Río Grande, Río Bravo, como lo llama Fuentes en el último cuento de esa novela por relatos parecidos donde convergen historias que Fuentes ha preparado para los suyos, sus lectores, sino también puede ser terrible para los gringos, pero, todas y todos los personajes con una presión de que el hecho mismo de la frontera, es un hecho que confronta la vida. La tarea del novelista, como desde hace mucho ha sido la tradición en arte, ha consistido en señalar el problema, no en encontrarle solución, que para eso está la política, y ¿qué hace la política para remediar esto? De eso nos podemos enterar hasta en el programa tv migrante en estos días. No es que el problema de la migración no nos importe, o que haya que negar las migraciones que en la Historia ha habido, sino simplemente que es un problema bastante inmediato y Fuentes ha querido señalarlo, porque ha pensado su dimensión y quiere o quiso debatir sobre eso.

 

Y resulta, pasados unos años, lo siguiente: en el periódico La Jornada se anuncia el día de hoy, jueves 30 de julio de 2026, que David Brooks, periodista en la frontera, se le premia por hablar años ya, sobre la migración:

“La migración es el tema del siglo”: David Brooks, premio María Moors Cabot 2026.

 En entrevista, Brooks explicó que “la migración es el tema del siglo, no es nada más alrededor de Estados Unidos y México, sino en todo el mundo. Es la gran nota. Te explica por qué salen, por qué llegan, qué hacen, quiénes son y cómo transforman a un país”.

Ayer se anunció el reconocimiento a Brooks debido a sus más de 30 años en que ha ayudado “a los lectores de México y de otras partes de América Latina a comprender a Estados Unidos”. Los organizadores del galardón destacaron en su página web que “en un momento en que muchos inmigrantes son retratados por los políticos como criminales y la relación entre Estados Unidos y México es tensa, el periodismo de David Brooks resulta esencial”.

Brooks dijo que es honor que “los colegas del gremio te reconozcan, porque es un premio de periodistas para periodistas. Eso siempre se agradece, pero lo veo como un reconocimiento del trabajo colectivo de La Jornada”, que se distingue porque, “sobre todo bajo Carmen Lira y con Carlos Payán”, tiene el objetivo “de contar lo de abajo, no nada más lo de arriba”.

 

Y Carlos Fuentes señaló ese problema en La frontera de Cristal desde 1995… Desde esa novela hasta la fecha, la realidad ha cambiado mucho en la frontera, así como en México y los E.U., Pero, cómo entonces, se explica que la novela en cuestión siga siendo una delicia, mi respuesta le da la razón a uno de los mejores amigos de Carlos Fuentes: porque es arte de primer nivel, como diría su amigo Milan Kundera: “es una novela dentro de la tradición de la historia de la novela”.

Carlos Fuentes escribió sobre esos temas (las novelas como entidades lingüísticas y como tradición en la cultura), en forma remanente a la de Milan Kundera en grandes ensayos, como La gran novela latinoamericana (2011), y claro, cuando en sus últimos años, por ejemplo un escritor italiano, Massimo Rizzante, quien lo entrevistó en la Revista de la Universidad de México en agosto 2012 (una entrevista inédita) núm 102, le preguntó su opinión de El Quijote, Carlos Fuentes respondió: “Cervantes es la base. Es la lengua, ¿no es cierto?” Luego entonces podemos engrandecer el comentario, diciendo que eso era parte de la conversación de Carlos Fuentes con Milan Kundera, así como con García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa: ¡Qué divinos amigos y divinas sus palabras!

A Carlos Fuentes, como dice la introducción de A viva voz de sus obras destinadas a ser discursos, le gustaba agrupar en ritmos ternarios la gran cantidad de obras, nombres y personajes, incluso ideas. Es su estilo que muchos, podrían imaginar como heredero de Alfonso Reyes, eso parecería decirnos el maestro, en efecto. Pero eso en nada lo demerita. En esa obra sobre sus discursos, se nota al gran conferenciante en que se volvió Carlos Fuentes, es agudo, incisivo y fuerte, sus observaciones sobre Dios y lo religioso tienen (no soy teólogo, a lo mucho filósofo), un mérito y una agudeza grandes, impresionantes, debía ser así. Como dije al principio, nadie puede decirle a los mexicanos que Fuentes nos falló, muy por el contrario fue generoso, fue extraordinario y nunca se arredró.

Permítaseme una digresión para contarles las veces que estuve cerca del maestro, y lo quisimos mucho, cuando en El Colegio Nacional, consignó, terminando su conferencia: “nos dijeron algo de un error en diciembre, lo que no nos dijeron fue que siguió el error de enero, el de febrero, etcétera”. Todos los presentes estábamos felices, escuchando, en mi caso, desde un salón alterno a su capacidad del salón principal, su palabra, habló de la locura de Nietzsche, “cómo entonces, diríamos pues, un hombre que se volvió tan listo que sus propias palabras lo alteran, es decir, no puede comunicar, por la euforia de pensar.” Etcétera.

Se trató en aquellos entonces de conferencias por el libro “Por un progreso incluyente”, sabemos ya ahora, que la cuestión con el progreso es algo ilusorio, pero eso no quita mérito alguno al libro de Fuentes que trata el tema de la educación. Brillante, por supuesto. También lo vi, creo que por última vez en mi vida, a Carlos Fuentes cuando ofreció ésa misma conferencia pero en el Centro médico siglo XXI, un auditorio muy grande y prácticamente lleno; salí a fumar un cigarro un momento, venía llegando el periodista Ricardo Rocha, quien venía a saludar a Fuentes, según se veía, eran amigos.

Paso a comentar el que pienso seguiría en la lista en orden cronológico, el siguiente más cerca, Los años con Laura Díaz (1999).

Recuerdo bien ese año, ese año fue especial para mí pues estaba terminando mis estudios en La escuela de escritores y de mientras, tenía un trabajo de técnico superior en el INEGI. Es algo que siempre me achacó mi amigo Iván Ríos Gascón el escritor: “No trabajes para el INEGI”.

Los años con Laura Díaz es una novela que cruza todo el siglo XX. La acción empieza en Catemaco, es el segundo capítulo después de alguien que ve la narración por fuera en Detroit 1999, y en Catemaco lo que sucede es a principios de siglo y un poco atrás, el inefable pueblo mágico de Veracruz, la abuela Cósima Kelsen se está yendo de ahí en una carroza rumbo a la Ciudad de México, sucede que se encuentran con unos asaltantes de caminos, la señora Cósima Kelsen se niega a entregarles sus joyas y la sortija de su próximo matrimonio; los asaltantes concluyen que entonces tendrán que cortarle los dedos a la señora y así sucede. La herida del amor permanece como prueba irrefutable de la devoción a su prometido que tiene Cósima… Esta anécdota le sucedió de manera muy parecida a la abuela de Carlos Fuentes, de ahí la importancia de volverlo materia literaria, para él.

“Llega un momento de la vida en que nada tiene importancia salvo amar a los muertos”.

Lo siguiente es toda una verdadera saga familiar, como los Buendía de García Márquez, la familia de Cósima de Carlos Fuentes.

No tiene parangón con ninguna obra mexicana la saga de la familia de Cósima, Fuentes nos la convierte en atractiva, en madre, en abuela, donde se cruzan los destinos de los artistas más importantes de México, como Frida Kahlo o Diego Rivera, Cósima convive con todos ellos, a todos los ama, como si nada, pero también es terrible con los que ama, a veces descortés, como lo es la realidad. La novela está escrita en clave de telenovela, ¿cómo es esto posible? Es una obra con las mismas armas de una telenovela porque eso gustó mucho en México, un guión muy largo pero por supuesto delicioso al paladar, novela de novelas, Los años con Laura Díaz. Necesariamente hay que leerla para comentarla, necesariamente tienen ustedes que leerla, la lectura y el lenguaje, dice ahí Fuentes, estuvo antes que nosotros y estará después de nosotros, nos va a trascender, ¿entiendes? Dice un personaje masculino.

Todo lo trabajado en aras de ser materia literaria, es enorme, me suscita envidia y alegría, es por eso que he decidido hacer éste trabajo: su objeto de estudio, Fuentes, me seduce mucho, donde hay otros que ni siquiera he ojeado.


viernes, 24 de julio de 2026

 

Dejé de fumar una semana antes de la final del mundial entre España y Argentina. Ese día, lo recuerdo perfectamente, me cité con mi hermana en una sala de cine para ver la gringada de Odiseo; no es que estuviera mal, pero francamente casi toda la gente del centro comercial estaba mirando el partido. Así que pensé que a Odiseo le caeríamos mejor. Y tú, --le pregunté a mi hermana-- ¿Cuándo dejaste el vicio? Me explicó que hacía ya dos años que no fumaba. ¿Y yo? “Carnala, eso de dejar el cigarro lo hago la mitad del año, ya que la otra mitad sí fumo”.

Cuando la selección de España anotó el gol de la victoria, ya de plano nos pusimos a verlo en un local, después de eso Odiseo nos esperaba.

“Qué tal te fue en el cine con tu hermana” Me dijo mi madre al verme, “regular –contesté—la película estuvo infumable.

 

martes, 9 de junio de 2026

POEMA EXTRACTO DE ÉSTOS DÍAS, POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

Escribo para medirme conmigo mismo,

Escribo para saberme, para acompañarme

Escribo para contenerme, y para no desdoblarme

Al fin y al cabo Octavio Paz ya hizo eso por mucho

Tiempo y no hay que ser copiones de poetas que

Ya dieron lo mejor de sí mismos.

Escribo para ayudarme, sí, porque a veces

Escribo que me lamento, y esa voz jamás me gustó

Escribo para comer, sí, porque de todo el ancho

Espectro de lo poético debemos mancillarlo

Uno poco, dejar una constancia de mi paso por la tierra

Éste día de hoy

 

 

lunes, 8 de junio de 2026

YA LEAN A NICANOR PARRA PARA QUE NO SEA YO EL ÚNICO MEXICANO QUE LO LEE

Pues también hay que ver buen cine, como más o menos he podido hacerlo últimamente

vi una excelente película francesa titulada LOS COLORES DEL TIEMPO, si tienen tiempo váyanse a verla,

luego, también OVEJAS DETECTIVES, una gringa, regular, pero de éso a nada?, también el documental

mexicano de EL OBISPO ROJO, sobre Ménendez ARCEO, puedes decir que no, pero de eso a nada?

viernes, 12 de diciembre de 2025

Títulos para leer en fin de año.

 Que la paz sea con ustedes estimados mundanos, yo por mi parte tengo buenas cosas que leer éste fin de año:

1.- El clan del Oso Cavernario, de Jean M. Auel

2.- Del texto a la acción, de Paul Ricoeur

3.- La Escuela de Fráncfurt, de Rolf Wiggershaus



martes, 9 de diciembre de 2025

SIN ESA ESTRELLA TUYA

 

SIN ESA ESTRELLA TUYA

 POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

Aguascalientes, afirmó mi amigo-colega José Vicente Anaya, chihuahuense notable de las letras mexicanas, cuando fue a la tierra de Posada a dar una conferencia en una feria estatal del libro, lo dijo mejor que nadie: “Aguascalientes es una tierra que goza de la insoportable levedad del ser.” Y después de semejante afirmación, José Vicente se perdió en el tráfico y yo me marché a mi casa cargando dos o tres libros de aquella feria del libro, de la cual me enteré por un e-mail, porque en ese entonces, (2014) todavía me avisaban, después me fueron desapareciendo del círculo literario de Aguascalientes y yo, finalmente, en aquel año, estaba muy feliz, ya que estaba en mis inicios de mis estudios de la filosofía por internet. Tengo una amiga francesa que, muy linda ella, me decía, “estudias por correspondencia”. De todo hay en las tierras del señor y por tal motivo, cuando volví a ver a Marcela, no dudé en llevármela a la cama por una temporada larga que para mi bien, nunca terminó en casamiento.

Ella, mi amiga francesa, parecía acceder a vivir en Aguascalientes cuando vino con uno de mis mejores amigos, también por esas fechas del 2014, pero ella empezó a cavilar su triste Barcelona. Su pobre carcelona. Entonces yo opté por decirle la verdad: “regrésate a tu tierra Müller, regrésate, si te significa tanto la tierra regrésate”. “Todo ha cambiado tanto Marco”. “En fin, obvio”. “Ya nada es igual, Marco, nada…” Müller se largó de regreso a su Barcelona, gente como José Vicente Anaya seguía yendo a las ferias del libro en la Casa de la Cultura en Aguasardientes y, aunque no parecía, se acercaba el gobierno del cambio en nuestro país, pienso que por eso gente como Sabina Berman fue muy ovacionada ahí en la feria del libro; además me parece muy prudente comentar que, en efecto, lo que yo deseaba era generar filosofía de alto nivel en Aguasardientes, pero, finalmente terminé por largarme de ahí.

¿Por qué?

Creo que porque yo y mi madre simplemente nos estábamos muriendo sin que nadie se diera cuenta. Vivíamos eternamente, te lo reviro así José Vicente (ahora que has muerto y pesa tu ausencia) en la permanente fiesta de la insignificancia, finalmente, siempre adoré a Milan Kundera pero como sí me pude largar de ésa ciudad, escribo más feliz, más suelto y más desparpajado, como debe de ser.

En cuanto a Marcela ¿Qué les podré decir? La conocí cuando éramos niños, en una reunión de trabajadores del INEGI en Popo Park, una zona en las faldas del Popocatépetl, cerca del año 1984 o 1983. Estuvimos jugando nuestras infancias mientras nuestros adultos padres se emborrachaban hasta que sólo podían manejar de regreso las señoras.

Pero de Marcela tuve ahí una imagen profunda, a mis once años. Bueno. Lo importante es que la volví a ver en Aguascalientes, esa tierra en medio de un valle ancho y dilatado que me parece ideal para recorrer en coche. Me fui a Aguascalientes en 1989; en 1990, mientras Octavio Paz era celebrado en todo el mundo, yo tenía a Marcela, ella estaba feliz conmigo baile y baile: “Sonríe por mí… doble vida”. Y la dejé en 1994. Ella recuerda un pasaje muy llamativo: “Marco, te recuerdo mucho cuando hice una fiesta en mi casa que nos pusimos una pedota y yo vomité y no podía creerlo, mientras vomitaba, pensaba: “me lleva la chingada… ¡Los camarones empanizados!”

Luego entonces volví a Aguasardientes en 2007 y mucho tiempo después topé a Marcela como hasta en 2013, y me volví a enamorar de ella. También es muy prudente decir que nadie olvida a una mujer que lava los platos después de una fiesta en tu casa, ella lo hizo en una borrachera que invitamos a grandes cuates y ella me comenzó a contar los desencuentros con su esposo, ella se había dado cuenta que él la engañaba y ella quiso dejarlo con una buena pensión para sus hijas arreglada. Todo eso le funcionó muy bien en los tribunales y muy bien, gracias a mi participación, me adoraba de nuevo porque “gracias a ti no necesité nunca de un consolador”. “Te agradezco las madrugadas Marcela.” Contesté. Pero en épocas de apretarse el cinturón le decía: “Te prometo guerra de gelatinas en el restaurante de la Torre Ifeel”. Marcela desde que volví a Ags, fue mi mejor causa perdida, yo me perdía entre las sábanas: era encantadora.

Así estábamos una tarde de domingo, cuando Marcela empezó a leer un artículo político de mi padre: ella estaba leyendo, dentro de mi departamento, y se empezó a reír y demás; lo que verdaderamente estaba explotando, era el problema de Iguala, el asunto de los 43 jóvenes normalistas, mientras mi ocupación era ser alumno de filosofía de la Universidad Autónoma de Chihuahua por internet. Como nosotros lo vivimos fue simplemente un lunes en la radio con la única periodista que tenía ese poder en el sexenio de Peña Nieto, Carmen Aristegui: Nos faltan 43, fue empezando la consigna.

Fue uno de los momentos en que la sociedad mexicana cambió su decisión respecto a quién prefería en el poder, al PRI o al PAN o a MORENA. Los mexicanos fuimos lentos pero seguros en cuanto a quiénes queríamos en la Presidencia. Qué bueno que así fue.

Fue entonces cuando comenzamos a frecuentar cafés del sur de la ciudad. Nada que tuviera qué ver ni con las noticias ni con la noche de Iguala; fue simplemente porque así lo decidimos ella y yo, meses después fue cuando Marcela me dijo: “ya córtalas, mira, no es que no te quiera, pero por ahora tengo poco dinero para mí y mis hijas, lo prefiero así”. Se subió a su camioneta y se fue. Y yo por mi lado empecé a hacer más reuniones con amigos los fines de semana, con más alcohol y perdición de por medio, me dedicaron un cuento basado en la película de “El resplandor” de Kubrick. Yo estaba empezando a beber de una maldita forma medio horrible, porque la inteligencia del borracho es lo que lo deja en medio de ese pasmo de alcohol. Poco a poco dejaron de preguntarme mis cuates cómo me iba en mi oficio de escritor, pero yo sabía que me estaba pavimentando el purgatorio con alcohol y cigarrillo, porque eso siempre va junto con pegado.

Lo cuál terminó por encajarme en un recuerdo sin esa estrella tuya…

 

lunes, 20 de octubre de 2025

MIS DEDICATORIAS DE MIS ENSAYOS, QUE SON GRANDES MAESTROS

 

Dedico este trabajo a todos

los que fueron mis maestros en

La Escuela de Escritores de la SOGEM: Maricruz Patiño, Aline Pettersson, Óscar de la Borbolla, Eduardo Casar, Alejandro Licona, Víctor Ugalde, Teodoro Villegas, Saúl Ibargoyen, Eugenia Revueltas, María Eugenia Merino, Marco Julio Linares, Miguel Ángel Tenorio y Bernardo Ruiz e in memoriam a Hugo Argüelles, Gerardo de la Torre, Juan Miguel de Mora, y Víctor Hugo Rascón Banda. Además a García Mota Víctor, mi padre.

 

martes, 7 de octubre de 2025

EL CAMALEÓN Y LA TARÁNTULA POR MARCOS GARCÍA CABALLERO (CUENTO DEDICADO)



PARA ARMANDO BAYONA CELIS

 

 

Es un relato que he contado ya varias veces con algunas variantes a lo largo de muchas sobremesas o cruzando tragos con amigos. Ya mucho tiempo después y en mi edad  adulta; los sucesos que voy a mostrar ahora: La escena inicial debe  verse en 1984, en mi salón de quinto o sexto de primaria, con niños y niñas sin uniforme ni enseñanza religiosa, se trataba de tener apertura mental, excelencia y gusto por la vida combinada con los estudios.

 

Una primaria privada en el sur de la ciudad de México que contaba con buen prestigio para entonces y, en particular, detrás de los salones normales de clase y el patio con cancha de basquetbol y una pequeña tienda para las horas recreativas, un jardín alambrado -para que los estudiantes no jugáramos a destruir las macetas-,  y un refulgente salón especial que era el laboratorio de biología de todos los grupos. Ese fue mi primer y único laboratorio de biología en mi vida y lo recuerdo como si al entrar en él junto con mi grupo de generación, nos convirtiéramos de ipso facto en naturalistas franceses del siglo XIX de esos que viajaban por todo el mundo y llegaban hasta tierras ignotas del África o Suramérica debido a su ansia exploradora y la verdad es que no exagero tanto: en ése laboratorio había desde avispas atrapadas en ámbar, hasta toda clase de insectos disecados y en planos, un cráneo de un puma y la colección más sorprendente de escarabajos que haya visto nunca, avispas, arañas, lagartijas disecadas también y planos del cuerpo humano; es decir, todo un mundo por descubrir para nosotros solos y cada viernes.

 

Además Mario, el maestro, era amigo de mi familia y eso ante mis compañeros me daba un plus, un plus algo loco porque había un par de encimosos que de “wookie”, no me bajaban. (Sí, el wookie de la película híper famosa, el tal chewbacca, que le llaman) Pero así las cosas, sucedió ese gran día, habíamos terminado con la lección de inglés y el maestro de biología nos llamó para ir al laboratorio. Debo detenerme en el momento en que ese día, un amigo llamado Diego, había llevado muy presumidamente a la escuela una tarántula viva, casi tan grande como del tamaño de una mano. La llevaba en un frasco y ese día él fue la sensación de toda la escuela, ese muchacho ese día no se movió ni se ajetreó mucho  como los demás a la hora del descanso, jugando al básket o lo que fuera, estaba simplemente sentado afuera de la dirección de la escuela y todo mundo venía a preguntarle de dónde había sacado eso.

 

Que supuestamente de un pueblo cercano a Cuernavaca donde sus padres estaban fincando un terreno, y que los albañiles la habían encontrado. Que su padre le había dicho que tal vez sería bueno llevarla a la clase de biología. La cosa esa causaba miedo, pero seguramente la pobre estaba más espantada, por esa nuestra pequeña potencia infantil o casi adolescente: digamos, ¿Qué hubiera pasado si  algún loco se lo hubiera arrebatado y hubiera destapado el frasco encima de una muchacha? O peor: ¿de un maestro? Qué bueno que hasta eso, Diego aguantaba todos los jaloneos y se pasó el recreo con una paleta helada chupándosela y el frasco con esa cosa a un lado. Pero como dije, había acabado la clase de inglés y llegaba hora del laboratorio de biología… Entonces sí, Diego, muy presumido, bajó inmediatamente las escaleras de los salones, muy orgulloso de ser la sensación de la escuela, todos bajábamos igual que él como si fuéramos sus escoltas, ya que el frasco era el precioso tesoro para el laboratorio. Llegamos al laboratorio y vimos a Mario platicando con los dos muchachos de la limpieza de la escuela y cargando un serpentario. ¿Un serpentario? Sí, una especie de caja rectangular con poca arena en su interior y para sorpresa, lo que veía Mario adentro ya que le pidió a todo el grupo que tomara sus bancos: un camaleón pequeño un poco más chico que la tarántula.

 

No fui yo el primero en comunicarle a Mario lo que traía el frasco de Diego, todo el grupo se lo dijo. Por eso hablaba Mario con los de la limpieza: ellos habían encontrado al camaleón en el jardín alambrado.

 

Mario pidió al grupo que le bajaran al escándalo, miró la tarántula en el frasco y luego al serpentario, luego, sonriendo con malicia dijo que podíamos hacer un experimento esta vez.

 

Le preguntó a Diego: –¿No te importaría regalarnos tu tarántula?

 

Diego respondió que se podía usar para la clase de biología.

 

Perfecto, respondió Mario, tomó el frasco, inspeccionó la tarántula y luego al camaleón.

 

Como que el salón no entendía pero todos estaban en ascuas.

 

Mario nos pidió que nos acercáramos para ver el experimento. Así lo hicimos.

 

Mario abrió el frasco y aventó a la tarántula al serpentario donde estaba el camaleón tan tranquilo como si nada, con los ojos entrecerrados. La tarántula sintió de inmediato que pisaba arena…

 

–¿Qué va a pasar? –gritó todo el grupo.

 

–Ahorita lo van a ver –dijo Mario sonriendo.

 

La tarántula empezó a mover sus patas y a caminar, tal vez, con ganas de causarnos miedo, ya que de eso viven cuando no comen, según decía Mario, pero en cuanto la tarántula vió al camaleón acurrucado en una esquina, entró en pánico, corría de un lado para otro del serpentario como queriendo salirse, lo cual, debido a la altura de las paredes de cristal era imposible; corría y corría de un lado para otro, mientras, el camaleón tan campante echaba la flojera; de repente la tarántula pasó un poco más cerca del camaleón y nada más abrió la boca y sacó la lengua y ¡órale! Una pata menos para la tarántula, que seguía queriendo escaparse y no podía hacerlo. De repente pasó cerca otra vez y ¡órale! Otra pata menos para la tarántula. Nos quedamos impresionados. Así pasó todo el rato hasta que la tarántula sólo tenía tres patas. Y el camaleón tan campante ni siquiera se había movido de su sitio… Cuando la tarántula ya no se podía mover, ahora sí se movió el camaleón, volvió a abrir la boca y se la tragó entera.

 

¡Óoooorales!–dijimos todos a coro.

 

El inolvidable Mario se echó a reír y dijo: “¿Quién trae un jaguar y un venado para la próxima clase?”

miércoles, 1 de octubre de 2025

ENSAYO HÍBRIDO POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 RECUERDO DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS.

POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

En San Cristóbal de Las Casas, una ocasión que visité el año pasado (2014), tuve varias impresiones sobre el lugar que no quiero que pasen desapercibidas. En primer lugar lo que resalta es una constante mexicana: la mayoría de la población oriunda, sumida en una desesperada miseria que convive junto al turismo (algunas veces revolucionario) europeo y el nacional, con unos rasgos demasiado marcados de catolicismo combinado con el pasado indígena muy propio de la región. En serio: no tengo fotos de sus rostros porque en el mercado de San Cristóbal creen todavía que una fotografía les roba el alma. Tengo ya un texto sobre Chiapas y mi visita a las comunidades zapatistas aquí (Véase: “Los Griegos Valientes de Chiapas”) además de que salió publicado en un librito que se distribuyó en la Delegación Venustiano Carranza. Sin embargo, pienso yo, además de que ya ha pasado tiempo de ese texto (2002) la situación en Chiapas me parece que ha cambiado y para bien. Por ejemplo, ahora existe en San Cristóbal el primer hospital de Latinoamérica al cual pueden acceder los indígenas por ejemplo, pongamos por caso, un nacimiento, un parto. En este caso, así como en la cura de enfermedades de la región, la madre tiene la opción de parir asistida como sería la forma moderna en un hospital de La Ciudad de México, u optar por la manera de la tradición indígena. Del mismo modo, un viejo puede preferir que un brujo le cure una enfermedad respiratoria a consultar a un médico con cédula profesional. Éste solo hecho es un logro importantísimo pues respeta la tradición de los tojolabales o los tzeltales o cualquier otro grupo étnico de los de Chiapas. Y debemos de decir que éste tipo de avances se deben en parte, a la resistencia del EZLN, que mediante la presión al gobierno estatal y, con el mundo observándolos, ha logrado este tipo de avances.

En San Juan Chamula, una pequeña población cercana a San Cristóbal existe un fervor religioso muy singular: Observamos la iglesia, el guía nos hace indicaciones sobre las gorras, las cámaras, etc. Dentro de la iglesia observo unos retratos de Santos canonizados a los cuales nadie les reza. Lo que ocurre, nos explica el guía, es que hacia finales del siglo XIX, un rayo cayó en donde era originalmente la iglesia, y los indígenas, a pesar de que ya ha pasado más de un siglo, tienen a esos Santos “castigados”, y la razón es que no los protegieron del evento del rayo. San Martín es uno de los que recuerdo como Santos “castigados”. Por otra parte en las calles de San Cristóbal, deambula tristemente la miseria: recuerdo haberme sentado en un café y entre el paso de la gente, turistas, vendedores de artesanías, etc. Pasó un muchacho con una facha terrible y me dijo extendiendo la mano: “ayúdame… me estoy muriendo… ayúdame.” Le pedí al mesero que le diera un vaso de agua y le di 20 pesos, no creo haber podido hacer mucho por él, pero qué desgracia. Los restaurantes en la noche estaban a reventar, mientras querías dar cada bocado a la pizza italiana casera, ya te habían ofrecido como seis veces collares y postales, tejidos, vestidos, sombreros, etc. San Cristóbal tiene un aire a peligro y misterio. Cuenta Elena Poniatowska en su premiada novela Leonora, que Leonora Carrintong visitó San Cristóbal en los sesentas y que estuvo en el Cañón del Sumidero, por cierto, hablando de Cañones, Ezra Pound el enorme poeta, decía que la Poesía es, empleando la metáfora, lo que ocurre cuando desde la altura del Gran Cañón dejamos caer una pluma de ganso y la explosión que ocurre cuando llega hasta abajo: eso es la Poesía según Pound, pero no se equivoquen, actualmente se sabe perfectamente que El Sumidero es bastante más profundo que el gran cañón, el sumidero es de ¡un kilómetro! Y además es más largo. Oscurece temprano en San Cristóbal, como a las 6 y media ya está oscuro. Y otro día el guía de turistas nos llevó a Los Lagos de Montebello, que desgraciadamente, ya están saturados de anuncios de la cerveza Corona, me lleva la chingada, y otra vez la constante que no parece tener fin: la maldita miseria. Y pa colmo, los laguitos de Montebello sí están muy hermosos, pero ahí no se puede acampar ni nadar, ¿me creerían si les dijera que decía a cada rato: “¿Subcomanche Galeano, dónde andas?”  

 


 

Arriba éstas bellezas del País Vasco son el nuevo turismo revolucionario... yo ya pasé por ahí.

 


 

Ésto de arriba es a lo único que se le puede tomar fotos en el mercado de San Cristóbal, por cierto, el Aguardiente de Chiapas, el "Posh" sabor a canela es una delicia, trajimos una botellita por avión. Y claro, ¡QUE VIVA CHIAPAS!