jueves, 6 de agosto de 2026

PALABRAS... PALABRAS PRELIMINARES SOBRE CARLOS FUENTES..

 

SOBRE EL ÚLTIMO CARLOS FUENTES

 

Sobre Carlos Fuentes ya se han encargado muchas y muy grandes plumas a nivel mundial. Se ha hablado mucho ya de La región más transparente como novela que funda el México moderno que ha dejado atrás a la sociedad campesina. Se ha hablado de Luis Buñuel y Carlos Fuentes. Se ha hablado mucho de Mosiváis y Fuentes, mucho de Terra Nostra, se ha hablado mucho de Cambio de piel; se ha hablado mucho de Áura, se ha hablado mucho de los relatos de Carlos Fuentes como Chac Mool, se ha hablado mucho de La muerte de Artemio Cruz, asimismo se ha hablado mucho de Gringo viejo, y de la obra cinematográfica basada en ese libro. Etcétera. Nadie puede venir a decirle a los mexicanos que Carlos Fuentes nos falló como escritor; incluso a pesar de la ruidosa polémica entre Paz y Fuentes, que fue un desastre, los dos murieron sabiendo que eran amigos.  Y la lista de todo el itinerario intelectual de Carlos Fuentes, ha colocado, como todo escritor de vanguardia de su tiempo y su país, de moda a lo mexicano durante mucho tiempo; eso es un logro de escritor, y además es una declaración de amor al país que hizo muy grande a Carlos Fuentes, en muchos lugares donde recibió múltiples premios antes y después del grande y enorme premio Cervantes en España.

Todo esto es o pretende ser una introducción al último Carlos Fuentes, pensando en sus textos desde 1995. ¿Por qué continuar hablando de Fuentes? Cabría preguntarse. Pienso en que los jóvenes actuales se les puede acercar el pensamiento de él, ya que la imaginación de Fuentes es la tierra fértil donde han crecido. Pienso en un Carlos Fuentes para los jóvenes actuales de este país que tanto amó y lo convirtió en su principal pasión el maestro Carlos Fuentes. Los jóvenes actuales se han nutrido de otras lecturas y no propiamente de Fuentes, como éste cincuentón que les escribe y que tenía 30 años en 2003. Pienso sobre todo en los últimos libros de él que podrían ser del gusto de los jóvenes actuales después de los milennials: Inquieta compañía (2004), Todas las familias felices (2006), La silla del águila (2003), La voluntad y la fortuna (2008), En esto creo (2002), Los años con Laura Díaz (1999), La frontera de cristal (1995), La gran novela latinoamericana (2011), pero por supuesto ya no el Fuentes de La región más transparente. Hay que decir que todavía hay otros libros suyos que también nos pueden y les pueden resultar gratos encuentros a los jóvenes de la forma como siempre ha sido el arte: sin revoluciones pero sí inspirando nuevas actitudes y conductas, pero que yo hablaré sobre los ya mencionados; si yo como ensayista logro que ésos libros sean buscados, la faena estará hecha.

Mi apuesta como ensayista es que ésos libros pueden y deben ser leídos por los nacidos después de 1980, que ésos libros pueden y deberían interesar a los jóvenes; recordemos que en el año 2028 ya no tan lejano será el centenario del natalicio de Fuentes, ése año es crucial y muy pertinente para éste texto que comienzo a desarrollar; pienso que de tal modo, ésos libros mencionados, deben gustar al público joven y que les pueden resultar como siempre ha sido la mejor literatura, como un conjuro para asfixiar el hastío del mundo circundante.

Poco antes de morir, José Agustín se quejaba no sin razón, de que todo el prestigio de las letras mexicanas se iba para Fuentes y Octavio Paz, y que otros escritores que también merecen respeto y ser mencionados en la lógica del canon literario mexicano, eran poco rescatados como por ejemplo Salvador Elizondo, Carlos Monsiváis, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, José Revueltas, Efraín Huerta, Juan Rulfo y unos pocos más.

La mención de José Agustín es pertinente y contundente: Octavio Paz y Carlos Fuentes fueron interlocutores de ellos y el prestigio de las letras debería permanecer entre todos ellos, pienso por ello, hablar de Fuentes en una república de las letras donde ellos también cobran mucha relevancia para el país del presente siglo, el México contemporáneo.

Pero, también resulta chocante la afirmación de que Carlos Fuentes aprendió literatura en las piernas de Alfonso Reyes. Como si nuestro autor en cuestión no fuera o no hubiera sido tan generoso en compartir sus ideas hasta el último día de su vida, que murió en el día del maestro en 2012.

Como hizo Ricardo Piglia en la Argentina hace pocos años, quiero hacer para este país México no un “se puede ser Borges” sino un “se puede ser Carlos Fuentes”. Rodeado de escritores mexicanos que buscan… sobrevivir principalmente, como dijo Roberto Bolaño hace mucho tiempo en el cruce de milenios.

 Carlos Fuentes, nuestro mejor novelista, ciertamente; un autor universal heredero y fabricante de hondas raíces; unas provienen de América latina, otras de España, Fuentes aprendió de todas partes antes, habrá que decirlo de la existencia de la todopoderosa red del Internet y su dios Google. ¡Cuántas horas en el pasado, perdidas buscando información! Y nuestro maestro Carlos Fuentes, sólo aceptaba del internet lo que él decía que le había tocado: el correo electrónico.

 

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Este brillante libro de Carlos Fuentes, La frontera de cristal, está escrito bajo la terrible premisa de que en el problema fronterizo entre México y Estados Unidos estamos ante un problema irresoluble. Todo apunta a esa conclusión. Es una frontera hecha un drama de problema. Presidentes van y vienen de éste y del otro lado y el problema de la frontera no hace otra cosa que podrirse más y más. No sólo es terrible para los mexicanos y los latinoamericanos en general aquí expresados querer cruzar la frontera hacia el sueño americano, el Río Grande, Río Bravo, como lo llama Fuentes en el último cuento de esa novela por relatos parecidos donde convergen historias que Fuentes ha preparado para los suyos, sus lectores, sino también puede ser terrible para los gringos, pero, todas y todos los personajes con una presión de que el hecho mismo de la frontera, es un hecho que confronta la vida. La tarea del novelista, como desde hace mucho ha sido la tradición en arte, ha consistido en señalar el problema, no en encontrarle solución, que para eso está la política, y ¿qué hace la política para remediar esto? De eso nos podemos enterar hasta en el programa tv migrante en estos días. No es que el problema de la migración no nos importe, o que haya que negar las migraciones que en la Historia ha habido, sino simplemente que es un problema bastante inmediato y Fuentes ha querido señalarlo, porque ha pensado su dimensión y quiere o quiso debatir sobre eso.

 

Y resulta, pasados unos años, lo siguiente: en el periódico La Jornada se anuncia el día de hoy, jueves 30 de julio de 2026, que David Brooks, periodista en la frontera, se le premia por hablar años ya, sobre la migración:

“La migración es el tema del siglo”: David Brooks, premio María Moors Cabot 2026.

 En entrevista, Brooks explicó que “la migración es el tema del siglo, no es nada más alrededor de Estados Unidos y México, sino en todo el mundo. Es la gran nota. Te explica por qué salen, por qué llegan, qué hacen, quiénes son y cómo transforman a un país”.

Ayer se anunció el reconocimiento a Brooks debido a sus más de 30 años en que ha ayudado “a los lectores de México y de otras partes de América Latina a comprender a Estados Unidos”. Los organizadores del galardón destacaron en su página web que “en un momento en que muchos inmigrantes son retratados por los políticos como criminales y la relación entre Estados Unidos y México es tensa, el periodismo de David Brooks resulta esencial”.

Brooks dijo que es honor que “los colegas del gremio te reconozcan, porque es un premio de periodistas para periodistas. Eso siempre se agradece, pero lo veo como un reconocimiento del trabajo colectivo de La Jornada”, que se distingue porque, “sobre todo bajo Carmen Lira y con Carlos Payán”, tiene el objetivo “de contar lo de abajo, no nada más lo de arriba”.

 

Y Carlos Fuentes señaló ese problema en La frontera de Cristal desde 1995… Desde esa novela hasta la fecha, la realidad ha cambiado mucho en la frontera, así como en México y los E.U., Pero, cómo entonces, se explica que la novela en cuestión siga siendo una delicia, mi respuesta le da la razón a uno de los mejores amigos de Carlos Fuentes: porque es arte de primer nivel, como diría su amigo Milan Kundera: “es una novela dentro de la tradición de la historia de la novela”.

Carlos Fuentes escribió sobre esos temas (las novelas como entidades lingüísticas y como tradición en la cultura), en forma remanente a la de Milan Kundera en grandes ensayos, como La gran novela latinoamericana (2011), y claro, cuando en sus últimos años, por ejemplo un escritor italiano, Massimo Rizzante, quien lo entrevistó en la Revista de la Universidad de México en agosto 2012 (una entrevista inédita) núm 102, le preguntó su opinión de El Quijote, Carlos Fuentes respondió: “Cervantes es la base. Es la lengua, ¿no es cierto?” Luego entonces podemos engrandecer el comentario, diciendo que eso era parte de la conversación de Carlos Fuentes con Milan Kundera, así como con García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa: ¡Qué divinos amigos y divinas sus palabras!

A Carlos Fuentes, como dice la introducción de A viva voz de sus obras destinadas a ser discursos, le gustaba agrupar en ritmos ternarios la gran cantidad de obras, nombres y personajes, incluso ideas. Es su estilo que muchos, podrían imaginar como heredero de Alfonso Reyes, eso parecería decirnos el maestro, en efecto. Pero eso en nada lo demerita. En esa obra sobre sus discursos, se nota al gran conferenciante en que se volvió Carlos Fuentes, es agudo, incisivo y fuerte, sus observaciones sobre Dios y lo religioso tienen (no soy teólogo, a lo mucho filósofo), un mérito y una agudeza grandes, impresionantes, debía ser así. Como dije al principio, nadie puede decirle a los mexicanos que Fuentes nos falló, muy por el contrario fue generoso, fue extraordinario y nunca se arredró.

Permítaseme una digresión para contarles las veces que estuve cerca del maestro, y lo quisimos mucho, cuando en El Colegio Nacional, consignó, terminando su conferencia: “nos dijeron algo de un error en diciembre, lo que no nos dijeron fue que siguió el error de enero, el de febrero, etcétera”. Todos los presentes estábamos felices, escuchando, en mi caso, desde un salón alterno a su capacidad del salón principal, su palabra, habló de la locura de Nietzsche, “cómo entonces, diríamos pues, un hombre que se volvió tan listo que sus propias palabras lo alteran, es decir, no puede comunicar, por la euforia de pensar.” Etcétera.

Se trató en aquellos entonces de conferencias por el libro “Por un progreso incluyente”, sabemos ya ahora, que la cuestión con el progreso es algo ilusorio, pero eso no quita mérito alguno al libro de Fuentes que trata el tema de la educación. Brillante, por supuesto. También lo vi, creo que por última vez en mi vida, a Carlos Fuentes cuando ofreció ésa misma conferencia pero en el Centro médico siglo XXI, un auditorio muy grande y prácticamente lleno; salí a fumar un cigarro un momento, venía llegando el periodista Ricardo Rocha, quien venía a saludar a Fuentes, según se veía, eran amigos.

Paso a comentar el que pienso seguiría en la lista en orden cronológico, el siguiente más cerca, Los años con Laura Díaz (1999).

Recuerdo bien ese año, ese año fue especial para mí pues estaba terminando mis estudios en La escuela de escritores y de mientras, tenía un trabajo de técnico superior en el INEGI. Es algo que siempre me achacó mi amigo Iván Ríos Gascón el escritor: “No trabajes para el INEGI”.

Los años con Laura Díaz es una novela que cruza todo el siglo XX. La acción empieza en Catemaco, es el segundo capítulo después de alguien que ve la narración por fuera en Detroit 1999, y en Catemaco lo que sucede es a principios de siglo y un poco atrás, el inefable pueblo mágico de Veracruz, la abuela Cósima Kelsen se está yendo de ahí en una carroza rumbo a la Ciudad de México, sucede que se encuentran con unos asaltantes de caminos, la señora Cósima Kelsen se niega a entregarles sus joyas y la sortija de su próximo matrimonio; los asaltantes concluyen que entonces tendrán que cortarle los dedos a la señora y así sucede. La herida del amor permanece como prueba irrefutable de la devoción a su prometido que tiene Cósima… Esta anécdota le sucedió de manera muy parecida a la abuela de Carlos Fuentes, de ahí la importancia de volverlo materia literaria, para él.

“Llega un momento de la vida en que nada tiene importancia salvo amar a los muertos”.

Lo siguiente es toda una verdadera saga familiar, como los Buendía de García Márquez, la familia de Cósima de Carlos Fuentes.

No tiene parangón con ninguna obra mexicana la saga de la familia de Cósima, Fuentes nos la convierte en atractiva, en madre, en abuela, donde se cruzan los destinos de los artistas más importantes de México, como Frida Kahlo o Diego Rivera, Cósima convive con todos ellos, a todos los ama, como si nada, pero también es terrible con los que ama, a veces descortés, como lo es la realidad. La novela está escrita en clave de telenovela, ¿cómo es esto posible? Es una obra con las mismas armas de una telenovela porque eso gustó mucho en México, un guión muy largo pero por supuesto delicioso al paladar, novela de novelas, Los años con Laura Díaz. Necesariamente hay que leerla para comentarla, necesariamente tienen ustedes que leerla, la lectura y el lenguaje, dice ahí Fuentes, estuvo antes que nosotros y estará después de nosotros, nos va a trascender, ¿entiendes? Dice un personaje masculino.

Todo lo trabajado en aras de ser materia literaria, es enorme, me suscita envidia y alegría, es por eso que he decidido hacer éste trabajo: su objeto de estudio, Fuentes, me seduce mucho, donde hay otros que ni siquiera he ojeado.


viernes, 24 de julio de 2026

 

Dejé de fumar una semana antes de la final del mundial entre España y Argentina. Ese día, lo recuerdo perfectamente, me cité con mi hermana en una sala de cine para ver la gringada de Odiseo; no es que estuviera mal, pero francamente casi toda la gente del centro comercial estaba mirando el partido. Así que pensé que a Odiseo le caeríamos mejor. Y tú, --le pregunté a mi hermana-- ¿Cuándo dejaste el vicio? Me explicó que hacía ya dos años que no fumaba. ¿Y yo? “Carnala, eso de dejar el cigarro lo hago la mitad del año, ya que la otra mitad sí fumo”.

Cuando la selección de España anotó el gol de la victoria, ya de plano nos pusimos a verlo en un local, después de eso Odiseo nos esperaba.

“Qué tal te fue en el cine con tu hermana” Me dijo mi madre al verme, “regular –contesté—la película estuvo infumable.

 

martes, 9 de junio de 2026

POEMA EXTRACTO DE ÉSTOS DÍAS, POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

Escribo para medirme conmigo mismo,

Escribo para saberme, para acompañarme

Escribo para contenerme, y para no desdoblarme

Al fin y al cabo Octavio Paz ya hizo eso por mucho

Tiempo y no hay que ser copiones de poetas que

Ya dieron lo mejor de sí mismos.

Escribo para ayudarme, sí, porque a veces

Escribo que me lamento, y esa voz jamás me gustó

Escribo para comer, sí, porque de todo el ancho

Espectro de lo poético debemos mancillarlo

Uno poco, dejar una constancia de mi paso por la tierra

Éste día de hoy

 

 

lunes, 8 de junio de 2026

YA LEAN A NICANOR PARRA PARA QUE NO SEA YO EL ÚNICO MEXICANO QUE LO LEE

Pues también hay que ver buen cine, como más o menos he podido hacerlo últimamente

vi una excelente película francesa titulada LOS COLORES DEL TIEMPO, si tienen tiempo váyanse a verla,

luego, también OVEJAS DETECTIVES, una gringa, regular, pero de éso a nada?, también el documental

mexicano de EL OBISPO ROJO, sobre Ménendez ARCEO, puedes decir que no, pero de eso a nada?

viernes, 12 de diciembre de 2025

Títulos para leer en fin de año.

 Que la paz sea con ustedes estimados mundanos, yo por mi parte tengo buenas cosas que leer éste fin de año:

1.- El clan del Oso Cavernario, de Jean M. Auel

2.- Del texto a la acción, de Paul Ricoeur

3.- La Escuela de Fráncfurt, de Rolf Wiggershaus



martes, 9 de diciembre de 2025

SIN ESA ESTRELLA TUYA

 

SIN ESA ESTRELLA TUYA

 POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

Aguascalientes, afirmó mi amigo-colega José Vicente Anaya, chihuahuense notable de las letras mexicanas, cuando fue a la tierra de Posada a dar una conferencia en una feria estatal del libro, lo dijo mejor que nadie: “Aguascalientes es una tierra que goza de la insoportable levedad del ser.” Y después de semejante afirmación, José Vicente se perdió en el tráfico y yo me marché a mi casa cargando dos o tres libros de aquella feria del libro, de la cual me enteré por un e-mail, porque en ese entonces, (2014) todavía me avisaban, después me fueron desapareciendo del círculo literario de Aguascalientes y yo, finalmente, en aquel año, estaba muy feliz, ya que estaba en mis inicios de mis estudios de la filosofía por internet. Tengo una amiga francesa que, muy linda ella, me decía, “estudias por correspondencia”. De todo hay en las tierras del señor y por tal motivo, cuando volví a ver a Marcela, no dudé en llevármela a la cama por una temporada larga que para mi bien, nunca terminó en casamiento.

Ella, mi amiga francesa, parecía acceder a vivir en Aguascalientes cuando vino con uno de mis mejores amigos, también por esas fechas del 2014, pero ella empezó a cavilar su triste Barcelona. Su pobre carcelona. Entonces yo opté por decirle la verdad: “regrésate a tu tierra Müller, regrésate, si te significa tanto la tierra regrésate”. “Todo ha cambiado tanto Marco”. “En fin, obvio”. “Ya nada es igual, Marco, nada…” Müller se largó de regreso a su Barcelona, gente como José Vicente Anaya seguía yendo a las ferias del libro en la Casa de la Cultura en Aguasardientes y, aunque no parecía, se acercaba el gobierno del cambio en nuestro país, pienso que por eso gente como Sabina Berman fue muy ovacionada ahí en la feria del libro; además me parece muy prudente comentar que, en efecto, lo que yo deseaba era generar filosofía de alto nivel en Aguasardientes, pero, finalmente terminé por largarme de ahí.

¿Por qué?

Creo que porque yo y mi madre simplemente nos estábamos muriendo sin que nadie se diera cuenta. Vivíamos eternamente, te lo reviro así José Vicente (ahora que has muerto y pesa tu ausencia) en la permanente fiesta de la insignificancia, finalmente, siempre adoré a Milan Kundera pero como sí me pude largar de ésa ciudad, escribo más feliz, más suelto y más desparpajado, como debe de ser.

En cuanto a Marcela ¿Qué les podré decir? La conocí cuando éramos niños, en una reunión de trabajadores del INEGI en Popo Park, una zona en las faldas del Popocatépetl, cerca del año 1984 o 1983. Estuvimos jugando nuestras infancias mientras nuestros adultos padres se emborrachaban hasta que sólo podían manejar de regreso las señoras.

Pero de Marcela tuve ahí una imagen profunda, a mis once años. Bueno. Lo importante es que la volví a ver en Aguascalientes, esa tierra en medio de un valle ancho y dilatado que me parece ideal para recorrer en coche. Me fui a Aguascalientes en 1989; en 1990, mientras Octavio Paz era celebrado en todo el mundo, yo tenía a Marcela, ella estaba feliz conmigo baile y baile: “Sonríe por mí… doble vida”. Y la dejé en 1994. Ella recuerda un pasaje muy llamativo: “Marco, te recuerdo mucho cuando hice una fiesta en mi casa que nos pusimos una pedota y yo vomité y no podía creerlo, mientras vomitaba, pensaba: “me lleva la chingada… ¡Los camarones empanizados!”

Luego entonces volví a Aguasardientes en 2007 y mucho tiempo después topé a Marcela como hasta en 2013, y me volví a enamorar de ella. También es muy prudente decir que nadie olvida a una mujer que lava los platos después de una fiesta en tu casa, ella lo hizo en una borrachera que invitamos a grandes cuates y ella me comenzó a contar los desencuentros con su esposo, ella se había dado cuenta que él la engañaba y ella quiso dejarlo con una buena pensión para sus hijas arreglada. Todo eso le funcionó muy bien en los tribunales y muy bien, gracias a mi participación, me adoraba de nuevo porque “gracias a ti no necesité nunca de un consolador”. “Te agradezco las madrugadas Marcela.” Contesté. Pero en épocas de apretarse el cinturón le decía: “Te prometo guerra de gelatinas en el restaurante de la Torre Ifeel”. Marcela desde que volví a Ags, fue mi mejor causa perdida, yo me perdía entre las sábanas: era encantadora.

Así estábamos una tarde de domingo, cuando Marcela empezó a leer un artículo político de mi padre: ella estaba leyendo, dentro de mi departamento, y se empezó a reír y demás; lo que verdaderamente estaba explotando, era el problema de Iguala, el asunto de los 43 jóvenes normalistas, mientras mi ocupación era ser alumno de filosofía de la Universidad Autónoma de Chihuahua por internet. Como nosotros lo vivimos fue simplemente un lunes en la radio con la única periodista que tenía ese poder en el sexenio de Peña Nieto, Carmen Aristegui: Nos faltan 43, fue empezando la consigna.

Fue uno de los momentos en que la sociedad mexicana cambió su decisión respecto a quién prefería en el poder, al PRI o al PAN o a MORENA. Los mexicanos fuimos lentos pero seguros en cuanto a quiénes queríamos en la Presidencia. Qué bueno que así fue.

Fue entonces cuando comenzamos a frecuentar cafés del sur de la ciudad. Nada que tuviera qué ver ni con las noticias ni con la noche de Iguala; fue simplemente porque así lo decidimos ella y yo, meses después fue cuando Marcela me dijo: “ya córtalas, mira, no es que no te quiera, pero por ahora tengo poco dinero para mí y mis hijas, lo prefiero así”. Se subió a su camioneta y se fue. Y yo por mi lado empecé a hacer más reuniones con amigos los fines de semana, con más alcohol y perdición de por medio, me dedicaron un cuento basado en la película de “El resplandor” de Kubrick. Yo estaba empezando a beber de una maldita forma medio horrible, porque la inteligencia del borracho es lo que lo deja en medio de ese pasmo de alcohol. Poco a poco dejaron de preguntarme mis cuates cómo me iba en mi oficio de escritor, pero yo sabía que me estaba pavimentando el purgatorio con alcohol y cigarrillo, porque eso siempre va junto con pegado.

Lo cuál terminó por encajarme en un recuerdo sin esa estrella tuya…

 

lunes, 20 de octubre de 2025

MIS DEDICATORIAS DE MIS ENSAYOS, QUE SON GRANDES MAESTROS

 

Dedico este trabajo a todos

los que fueron mis maestros en

La Escuela de Escritores de la SOGEM: Maricruz Patiño, Aline Pettersson, Óscar de la Borbolla, Eduardo Casar, Alejandro Licona, Víctor Ugalde, Teodoro Villegas, Saúl Ibargoyen, Eugenia Revueltas, María Eugenia Merino, Marco Julio Linares, Miguel Ángel Tenorio y Bernardo Ruiz e in memoriam a Hugo Argüelles, Gerardo de la Torre, Juan Miguel de Mora, y Víctor Hugo Rascón Banda. Además a García Mota Víctor, mi padre.

 

martes, 7 de octubre de 2025

EL CAMALEÓN Y LA TARÁNTULA POR MARCOS GARCÍA CABALLERO (CUENTO DEDICADO)



PARA ARMANDO BAYONA CELIS

 

 

Es un relato que he contado ya varias veces con algunas variantes a lo largo de muchas sobremesas o cruzando tragos con amigos. Ya mucho tiempo después y en mi edad  adulta; los sucesos que voy a mostrar ahora: La escena inicial debe  verse en 1984, en mi salón de quinto o sexto de primaria, con niños y niñas sin uniforme ni enseñanza religiosa, se trataba de tener apertura mental, excelencia y gusto por la vida combinada con los estudios.

 

Una primaria privada en el sur de la ciudad de México que contaba con buen prestigio para entonces y, en particular, detrás de los salones normales de clase y el patio con cancha de basquetbol y una pequeña tienda para las horas recreativas, un jardín alambrado -para que los estudiantes no jugáramos a destruir las macetas-,  y un refulgente salón especial que era el laboratorio de biología de todos los grupos. Ese fue mi primer y único laboratorio de biología en mi vida y lo recuerdo como si al entrar en él junto con mi grupo de generación, nos convirtiéramos de ipso facto en naturalistas franceses del siglo XIX de esos que viajaban por todo el mundo y llegaban hasta tierras ignotas del África o Suramérica debido a su ansia exploradora y la verdad es que no exagero tanto: en ése laboratorio había desde avispas atrapadas en ámbar, hasta toda clase de insectos disecados y en planos, un cráneo de un puma y la colección más sorprendente de escarabajos que haya visto nunca, avispas, arañas, lagartijas disecadas también y planos del cuerpo humano; es decir, todo un mundo por descubrir para nosotros solos y cada viernes.

 

Además Mario, el maestro, era amigo de mi familia y eso ante mis compañeros me daba un plus, un plus algo loco porque había un par de encimosos que de “wookie”, no me bajaban. (Sí, el wookie de la película híper famosa, el tal chewbacca, que le llaman) Pero así las cosas, sucedió ese gran día, habíamos terminado con la lección de inglés y el maestro de biología nos llamó para ir al laboratorio. Debo detenerme en el momento en que ese día, un amigo llamado Diego, había llevado muy presumidamente a la escuela una tarántula viva, casi tan grande como del tamaño de una mano. La llevaba en un frasco y ese día él fue la sensación de toda la escuela, ese muchacho ese día no se movió ni se ajetreó mucho  como los demás a la hora del descanso, jugando al básket o lo que fuera, estaba simplemente sentado afuera de la dirección de la escuela y todo mundo venía a preguntarle de dónde había sacado eso.

 

Que supuestamente de un pueblo cercano a Cuernavaca donde sus padres estaban fincando un terreno, y que los albañiles la habían encontrado. Que su padre le había dicho que tal vez sería bueno llevarla a la clase de biología. La cosa esa causaba miedo, pero seguramente la pobre estaba más espantada, por esa nuestra pequeña potencia infantil o casi adolescente: digamos, ¿Qué hubiera pasado si  algún loco se lo hubiera arrebatado y hubiera destapado el frasco encima de una muchacha? O peor: ¿de un maestro? Qué bueno que hasta eso, Diego aguantaba todos los jaloneos y se pasó el recreo con una paleta helada chupándosela y el frasco con esa cosa a un lado. Pero como dije, había acabado la clase de inglés y llegaba hora del laboratorio de biología… Entonces sí, Diego, muy presumido, bajó inmediatamente las escaleras de los salones, muy orgulloso de ser la sensación de la escuela, todos bajábamos igual que él como si fuéramos sus escoltas, ya que el frasco era el precioso tesoro para el laboratorio. Llegamos al laboratorio y vimos a Mario platicando con los dos muchachos de la limpieza de la escuela y cargando un serpentario. ¿Un serpentario? Sí, una especie de caja rectangular con poca arena en su interior y para sorpresa, lo que veía Mario adentro ya que le pidió a todo el grupo que tomara sus bancos: un camaleón pequeño un poco más chico que la tarántula.

 

No fui yo el primero en comunicarle a Mario lo que traía el frasco de Diego, todo el grupo se lo dijo. Por eso hablaba Mario con los de la limpieza: ellos habían encontrado al camaleón en el jardín alambrado.

 

Mario pidió al grupo que le bajaran al escándalo, miró la tarántula en el frasco y luego al serpentario, luego, sonriendo con malicia dijo que podíamos hacer un experimento esta vez.

 

Le preguntó a Diego: –¿No te importaría regalarnos tu tarántula?

 

Diego respondió que se podía usar para la clase de biología.

 

Perfecto, respondió Mario, tomó el frasco, inspeccionó la tarántula y luego al camaleón.

 

Como que el salón no entendía pero todos estaban en ascuas.

 

Mario nos pidió que nos acercáramos para ver el experimento. Así lo hicimos.

 

Mario abrió el frasco y aventó a la tarántula al serpentario donde estaba el camaleón tan tranquilo como si nada, con los ojos entrecerrados. La tarántula sintió de inmediato que pisaba arena…

 

–¿Qué va a pasar? –gritó todo el grupo.

 

–Ahorita lo van a ver –dijo Mario sonriendo.

 

La tarántula empezó a mover sus patas y a caminar, tal vez, con ganas de causarnos miedo, ya que de eso viven cuando no comen, según decía Mario, pero en cuanto la tarántula vió al camaleón acurrucado en una esquina, entró en pánico, corría de un lado para otro del serpentario como queriendo salirse, lo cual, debido a la altura de las paredes de cristal era imposible; corría y corría de un lado para otro, mientras, el camaleón tan campante echaba la flojera; de repente la tarántula pasó un poco más cerca del camaleón y nada más abrió la boca y sacó la lengua y ¡órale! Una pata menos para la tarántula, que seguía queriendo escaparse y no podía hacerlo. De repente pasó cerca otra vez y ¡órale! Otra pata menos para la tarántula. Nos quedamos impresionados. Así pasó todo el rato hasta que la tarántula sólo tenía tres patas. Y el camaleón tan campante ni siquiera se había movido de su sitio… Cuando la tarántula ya no se podía mover, ahora sí se movió el camaleón, volvió a abrir la boca y se la tragó entera.

 

¡Óoooorales!–dijimos todos a coro.

 

El inolvidable Mario se echó a reír y dijo: “¿Quién trae un jaguar y un venado para la próxima clase?”

miércoles, 1 de octubre de 2025

ENSAYO HÍBRIDO POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 RECUERDO DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS.

POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

En San Cristóbal de Las Casas, una ocasión que visité el año pasado (2014), tuve varias impresiones sobre el lugar que no quiero que pasen desapercibidas. En primer lugar lo que resalta es una constante mexicana: la mayoría de la población oriunda, sumida en una desesperada miseria que convive junto al turismo (algunas veces revolucionario) europeo y el nacional, con unos rasgos demasiado marcados de catolicismo combinado con el pasado indígena muy propio de la región. En serio: no tengo fotos de sus rostros porque en el mercado de San Cristóbal creen todavía que una fotografía les roba el alma. Tengo ya un texto sobre Chiapas y mi visita a las comunidades zapatistas aquí (Véase: “Los Griegos Valientes de Chiapas”) además de que salió publicado en un librito que se distribuyó en la Delegación Venustiano Carranza. Sin embargo, pienso yo, además de que ya ha pasado tiempo de ese texto (2002) la situación en Chiapas me parece que ha cambiado y para bien. Por ejemplo, ahora existe en San Cristóbal el primer hospital de Latinoamérica al cual pueden acceder los indígenas por ejemplo, pongamos por caso, un nacimiento, un parto. En este caso, así como en la cura de enfermedades de la región, la madre tiene la opción de parir asistida como sería la forma moderna en un hospital de La Ciudad de México, u optar por la manera de la tradición indígena. Del mismo modo, un viejo puede preferir que un brujo le cure una enfermedad respiratoria a consultar a un médico con cédula profesional. Éste solo hecho es un logro importantísimo pues respeta la tradición de los tojolabales o los tzeltales o cualquier otro grupo étnico de los de Chiapas. Y debemos de decir que éste tipo de avances se deben en parte, a la resistencia del EZLN, que mediante la presión al gobierno estatal y, con el mundo observándolos, ha logrado este tipo de avances.

En San Juan Chamula, una pequeña población cercana a San Cristóbal existe un fervor religioso muy singular: Observamos la iglesia, el guía nos hace indicaciones sobre las gorras, las cámaras, etc. Dentro de la iglesia observo unos retratos de Santos canonizados a los cuales nadie les reza. Lo que ocurre, nos explica el guía, es que hacia finales del siglo XIX, un rayo cayó en donde era originalmente la iglesia, y los indígenas, a pesar de que ya ha pasado más de un siglo, tienen a esos Santos “castigados”, y la razón es que no los protegieron del evento del rayo. San Martín es uno de los que recuerdo como Santos “castigados”. Por otra parte en las calles de San Cristóbal, deambula tristemente la miseria: recuerdo haberme sentado en un café y entre el paso de la gente, turistas, vendedores de artesanías, etc. Pasó un muchacho con una facha terrible y me dijo extendiendo la mano: “ayúdame… me estoy muriendo… ayúdame.” Le pedí al mesero que le diera un vaso de agua y le di 20 pesos, no creo haber podido hacer mucho por él, pero qué desgracia. Los restaurantes en la noche estaban a reventar, mientras querías dar cada bocado a la pizza italiana casera, ya te habían ofrecido como seis veces collares y postales, tejidos, vestidos, sombreros, etc. San Cristóbal tiene un aire a peligro y misterio. Cuenta Elena Poniatowska en su premiada novela Leonora, que Leonora Carrintong visitó San Cristóbal en los sesentas y que estuvo en el Cañón del Sumidero, por cierto, hablando de Cañones, Ezra Pound el enorme poeta, decía que la Poesía es, empleando la metáfora, lo que ocurre cuando desde la altura del Gran Cañón dejamos caer una pluma de ganso y la explosión que ocurre cuando llega hasta abajo: eso es la Poesía según Pound, pero no se equivoquen, actualmente se sabe perfectamente que El Sumidero es bastante más profundo que el gran cañón, el sumidero es de ¡un kilómetro! Y además es más largo. Oscurece temprano en San Cristóbal, como a las 6 y media ya está oscuro. Y otro día el guía de turistas nos llevó a Los Lagos de Montebello, que desgraciadamente, ya están saturados de anuncios de la cerveza Corona, me lleva la chingada, y otra vez la constante que no parece tener fin: la maldita miseria. Y pa colmo, los laguitos de Montebello sí están muy hermosos, pero ahí no se puede acampar ni nadar, ¿me creerían si les dijera que decía a cada rato: “¿Subcomanche Galeano, dónde andas?”  

 


 

Arriba éstas bellezas del País Vasco son el nuevo turismo revolucionario... yo ya pasé por ahí.

 


 

Ésto de arriba es a lo único que se le puede tomar fotos en el mercado de San Cristóbal, por cierto, el Aguardiente de Chiapas, el "Posh" sabor a canela es una delicia, trajimos una botellita por avión. Y claro, ¡QUE VIVA CHIAPAS!


martes, 30 de septiembre de 2025

LA DESAPARICIÓN DEL POETA MALDITO COMO CONDICIÓN VITAL MARCOS GARCÍA CABALLERO


 

Desmedida sin par la vocación de flexibilidades,

ahorcado en su propia silla mientras escribía su poema,

al poeta le tiembla la carrocería entre palabra y palabra

para no condenarse, entre sus fauces hay dos grillos en medio de sus colmillos

y astillas de whisky y su pobre conciencia del poeta,

lo que más le atormenta, lo que puede decirse sin mencionar sus

más que desventuras de la vida, es su parte medular,

la simbiosis parada en el eco del doliente regreso pasajero entre ciudades,

sin ser retruécano de tintes verdes o vértebras inútiles,

blandiendo sus caballos negros de la locura y el premiado y heroico sexo

de flor o fruto para deletrear la próxima pesadilla.

Es ahí, en ese pequeño logro, en ese atisbo de sagacidad cautiva,

donde el que decide ser poeta vuelve a nacer y resurge el habla:

por medio de ese ente vivo llamado lenguaje, él nos dice,

parte médium, parte casualidad, su primitiva voz es plenamente moderna.

Asqueado del caos busca a tientas entre su historia y

el hallazgo se vuelve mutua comprensión de soledades, de pares,

de silencios pares

entre dos océanos de aguas perpendiculares, y es que cuando

uno lee buena poesía…

DE LOS DISCURSOS: EMPINO ERGO SUM, POR MARCOS GARCÍA CABALLERO.

 

De los discursos: EMPINO ERGO SUM

Ponencia apócrifa dictada en la Escuela de Escritores de la SOGEM en octubre de 2002.

 

Buenas tardes:

Dentro de este coloquio dedicado al tratamiento de las sensaciones, las opciones ante la tarea de elaborar mi ponencia eran múltiples: pasamos toda la vida experimentando sensaciones y frecuentemente en las más cruciales no reparamos a reflexionar en qué estriba precisamente aquello que experimentamos. Cuando me bañaba hoy en la mañana traté de experimentar alguna sensación placentera y cuando me puse los zapatos otra igualmente inexplicable gracias a la rapidez de su ejecución: abrocharse los zapatos se parece mucho a la sensación de envolver un regalo a una persona a la cual deseamos mostrarle nuestro afecto. Por ejemplo, nunca he conocido a ninguna mujer que no le fascinen los regalos. Lo cual, por cierto, no quiere decir que mi pie desnudo sea un buen regalo, ¿pero que me dicen acerca de la sensación de caminar descalzo…? Sensación curiosa e inolvidable, pero de la cual no ha de tocarme hablar hoy. ¿O qué me dicen de la sensación de hablar por teléfono con una mujer que hubiera preferido que no marcáramos su número y nos habla a regañadientes? Antes de comenzar a escribir estas líneas tuve la mala suerte de experimentar esa sensación con una vieja amiga con la cual quería entrar en materia, pero como no hay nada agradable sobre lo cual extenderse cuando la otra suspira por que ya cuelgue, prefiero que otros traten de describir aquella sensación inaguantable.

            Como voy a hablar de una de mis sensaciones favoritas, empezaré por explicar su título: "Empino ergo sum" no viene a ser más que una variante del dictamen cartesiano que en  México todo mundo sabe que significa: "pienso, luego soy", que si me permiten y no me cae un rayo para achicharrarme, diría que no es más que un ingenuo e ingenioso truquito para demostrarnos que en realidad somos alguien, que el "ser" al que se refieren los filósofos, indudablemente está presente incluso en quien se atreve a tergiversar un poco aquellas palabras históricas.

            Muy bien, Descartes pese a todo me convenció y no me parece aventurado jactarme de que, por lo menos, soy alguien, tal como consta en los archivos de todas las preparatorias donde me corrieron y de donde, por fortuna salí por patas. Otra fortuna, es la vía subversiva de la filosofía moderna o la llamada corriente de las “filosofías individualistas” (Nietzsche, Schopenhauer y los que los siguieron, como el español García Calvo, o los escritos de Georges Bataille), que trató  de desentrañar en que estribaba ese ser del cual ya no cabía duda, pero había que ayudarlo para que no se fosilizara como entidad auto referente, es decir, no se transformara en cosa, en objeto; aunque había que verlo, paradójicamente, con mucha objetividad. Saltándome la mayoría de los argumentos contundentes haría un cruel esfuerzo sintetizador para decir que me parece válido el argumento de Nietzsche reforzado luego lúcidamente por Fernando Savater: el movimiento esencial del ser estriba en su querer, el querer quizá como apuntó Heidegger permanece oculto para el hombre; el querer profundo, pero indudablemente lo primero que quiere es ser queriendo ser y, como bien lo dijo el filósofo alemán querer ser no significa otra cosa que querer ser más, y es ahí donde entra mi propuesta "empino ergo sum" para demostrar que empinar, empinar la botella, es una forma cruel aunque no por eso menos placentera de querer ser más.

            La sensación que aquí voy a tratar de comentar del modo más sobrio posible y con la pluma fija en la botella, es la de estar borracho, estar borracho hasta las manitas. Aunque claro, primero habría que olvidarnos del  superficial denominador social que empaña esta noble palabra. Para el común de la gente ser borracho no significa otra cosa que ser irresponsable, que socialmente y con razón, es la primera característica que buscamos en nuestros semejantes para establecer un eficaz compromiso de comercio entre todos, todos aquellos que por principio, no son borrachos y sí son responsables.

            A defender esta noble y alcohólica actitud es a la que pienso referirme y vayamos de una vez quitando paja: estar borracho no significa ponerse “pedo”, perderse en el alcohol y quedar desnudo ante los demás como bulto o peor aún, con el alma desatada que lo desatiende todo incluyendo la cortesía. Desde mi punto de vista, afortunadamente existe una diferencia crucial entre los dos movimientos, ya que el borracho es el que puede todavía irse caminando de la fiesta o del bar mientras que al que se puso pedo sin remedio hay que engancharle una cadena y jalarlo puesto que ha perdido la conciencia y además la voluntad de decir: "Todavía puedo caminar yo solo". Esta frase es la que los distingue, precisamente, puesto que el borracho, si en realidad lo es, se esfuerza por no perder el estilo y la congratulación amistosa con quienes lo rodean. Como quien dice, “el borracho no la arma de pedos”, aunque esté más mareado que un astronauta. Estar borracho es percibir como la realidad se va descuadrando, es percibir como la realidad pareciera ponerse a eyacular, cómo la realidad pierde la crueldad de su virginidad, cómo la realidad se diluye entre vasos y litros de vodka, ron, tequila, tabacos, música de jazz, ver cómo brillan los ojos por otras cervezas, el olor del alcohol y el sexo se levantan, se dan la bienvenida a la parranda a Baco y el eco de su gente… En el alcohol, se ve por qué Miles Davis y Charlie Parker y John Lee Hooker son descomunales, en alcohol toda preocupación es banal. Una buena noche de sexo siempre es alcohólica. Con tres botellas de vino rojo la realidad se va abismando irremediablemente en la sensualidad de su contexto y de su marco de referencia. El borracho no se embriaga de otra cosa mas que de sí mismo: la plenitud de su querer, que es solamente querer ser más, se ve exitosamente cumplida en su propósito: me emborracho y luego soy, porque al emborracharme consigo ser más, incluso más de lo que suponía.

            Los verdaderos borrachos saben que las palabras no son suficientes para enfrentar violentamente a la realidad y resuelven el conflicto caduco de la separación; de la dualidad inverosímil entre cuerpo y alma entregándose por completo a lo que más les gusta, la sensación de bailar casi sobre el abismo pero con un hilito conductor que los mantiene unidos a la realidad. El borracho sabe significar y elucubrar sus diferentes visiones, sobre todo aquellos que nos gusta seguir con la misma sensación durante semanas enteras y visualizar la vida tan trivial como podría ser observar un conjunto de botes de basura arrastrados por una aplanadora y observar cómo la vida se va yendo a la misma chingada, pero con la gratificante  de que sabemos pedir nuestro arsenal etílico con un sincero: “buenas noches  doña, otras cuatro botellas de ron y un cartón de chelas”. Pero, ojo: el borracho no se identifica con lo que se destruye  ni con lo destructor sino con el sabor que implica tener un huracán en la cabeza  y frente a los sobrios decimos cuando, después de la cruda, nos duele y sentenciamos, como nadie más podría decir: "El que adentro de la cabeza no tiene una idea que se la rompa, no merece tenerla; por supuesto, nos referimos a la cabeza".

            Que quieren que les diga, es la sensación en la que al mismo tiempo, se intersectan lo más crudo de mi estupidez y lo más coherente de mi lucidez. Las mejores y peores palabras que he dicho han sido siempre acompañadas de la embriaguez. Nunca será lo mismo un suspirante: “te amo, mi amor, no llegues tarde, besos.”  Que el incomparable grito del briago: “¡No te largues vieja!” Tal vez se me pueda objetar que todo esto no es más que irracionalismo o peor aún: insistir en la bohemia para los escritores; siendo que realmente no hay peor enemigo para un escritor en estos tiempos que una idea preconcebida de la bohemia; o que la razón y su contraparte, el irracionalismo, no podrán nunca confundirse: yo los invito a que se emborrachen previamente documentados con el sabio argumento de Séneca, que sin que le temblara el pulso recomendaba: "No dudemos, de vez en cuando, en emborracharnos, no para ahogarnos en el vino sino para encontrar en él un poco de reposo: la embriaguez barre nuestras preocupaciones, nos agita profundamente y cura nuestra morosidad como cura ciertas enfermedades. No llamaron al inventor del vino Liberador porque suelte la lengua, sino porque libera nuestra alma de las preocupaciones que la avasallan, la sostiene, la vivifica y le devuelve el valor para todas sus empresas" (De tranquillitate animi).

            En este punto me gustaría hacer una distinción entre la embriaguez y la alucinación que provoca cualquier otro tipo de droga. Me parece que las demás drogas no logran los efectos de una buena borrachera puesto que la droga juega con los mecanismos de introspección y todo aquello que nos vuelve pasivos y contempladores. (Además guácala: ¡Son puros retorcidos químicos incomparables al Ron procedente de la caña de azúcar!) El alcohol en cambio, cuando se prueba con la prudencia del buen borracho, no nos provoca sino el elemento liberador del que habló Séneca en la cita anterior: el borracho sabe que la realidad nunca cambia, sino que cambia él mismo, la embriaguez nunca es una vuelta al paraíso perdido, sino un espasmo de tranquilidad frente al caos de la realidad y me atrevería a decir que en la mayoría de los casos no sólo como espasmo sino como incitación a la actividad. Si no son muy productivos, los borrachos por lo menos son activos.

            Cuando estoy borracho me vislumbro a mí mismo y me experimento como intensidad, con seis vasos de vodka con jugo de naranja se puede descubrir ante mí la calidad irrepetible de mi ser, vuelvo a pensar de arriba abajo la complejidad y la pasión que tiene la vida, me siento tan contento que puedo escribir un poema en mi mente y después olvidarlo para siempre, puesto que lo que aparece no es más que lo más mío de mí, aquello sin lo cual no valdría la pena ni siquiera dar el próximo paso.

            Si me mojé tanto a mí mismo en estas líneas lamento desilusionarlos: cualquier burla que me hagan solo incrementará mi egolatría y de esa borrachera sí que prefiero permanecer lejano.

            El gran escritor de ciencia ficción Robert Heinlein decía que un poeta que lee en público sus versos es porque de seguro tiene otros vicios aún más feos, lo que me hace recordar que en la última borrachera que tuve incurrí en ese vicio y recordé a una mujer que en su ponencia del día de ayer apuntó que le gustaba provocar o mover a otros a la creación poética, pues bien, sin hacerle caso a aquél viejo gruñón y tan embriagado como quisiera estar hoy, voy a citarle aquel poema:

 

                        "Cadáver lleno de mundo he sido,

                        cadáver lleno de mundo moriré,

                        y esta noche frente a tu mirada

                        tras el filo de una navaja me inclinaré".

 

            Como la mayoría de las buenas sensaciones, la embriaguez requiere y se ve reforzada gracias a nuestro contacto social y es en ella donde solamente la podríamos disfrutar como vale la pena llevarla a cabo. De ahí el: “Estamos chupando tranquilos…”

            Como todo buen literato invita a algo, en mi caso, a falta de poderlos invitar a algo mejor, los invito a la embriaguez y a ver si se atreven a desmentirme luego, recordando, por supuesto, las sabias palabras de Séneca. Documéntense sobre el tema: hay que ser buenos catadores y buenos exploradores de bares.

            Como última aparición ególatra invito a un amigo novelista que además es un excelente borracho y flaneur, Iván Ríos Gascón, que en su primera novela Tu imagen en el viento (Aldus, 1996, porque después publicó en Editorial Praxis Luz Estéril en 2003, que también es un grueso fresco de la vida nocturna de la Ciudad de México que es una golosina para ebrios) hizo decir a un personaje que todo mundo llevaba su Freud bajo el brazo. Yo más bien creo que todo mundo debería llevar su Charles Baudelaire bajo el brazo, créanme, él hubiera suscrito la mayoría de las argumentaciones aquí dichas. Acuérdense de la máxima de Baudelaire: “¡Embriagaos, de poesía, de amor, de vino, pero embriagaos!” Sólo que el sí continuó con esta búsqueda y creo por la cual murió antes de los cincuenta años siendo simultáneamente inmortal en la literatura y un pobre miserable en la vida cotidiana, en cambio a mí, sólo me queda la cruda moral de declararme casi  abstemio.