SOBRE EL ÚLTIMO CARLOS FUENTES
Sobre
Carlos Fuentes ya se han encargado muchas y muy grandes plumas a nivel mundial.
Se ha hablado mucho ya de La región más transparente como novela que
funda el México moderno que ha dejado atrás a la sociedad campesina. Se ha
hablado de Luis Buñuel y Carlos Fuentes. Se ha hablado mucho de Mosiváis y Fuentes,
mucho de Terra Nostra, se ha hablado mucho de Cambio de piel; se
ha hablado mucho de Áura, se ha hablado mucho de los relatos de Carlos
Fuentes como Chac Mool, se ha hablado mucho de La muerte de Artemio
Cruz, asimismo se ha hablado mucho de Gringo viejo, y de la obra
cinematográfica basada en ese libro. Etcétera. Nadie puede venir a decirle a
los mexicanos que Carlos Fuentes nos falló como escritor; incluso a pesar de la
ruidosa polémica entre Paz y Fuentes, que fue un desastre, los dos murieron sabiendo
que eran amigos. Y la lista de todo el
itinerario intelectual de Carlos Fuentes, ha colocado, como todo escritor de
vanguardia de su tiempo y su país, de moda a lo mexicano durante mucho tiempo;
eso es un logro de escritor, y además es una declaración de amor al país que
hizo muy grande a Carlos Fuentes, en muchos lugares donde recibió múltiples
premios antes y después del grande y enorme premio Cervantes en España.
Todo
esto es o pretende ser una introducción al último Carlos Fuentes, pensando en
sus textos desde 1995. ¿Por qué continuar hablando de Fuentes? Cabría
preguntarse. Pienso en que los jóvenes actuales se les puede acercar el
pensamiento de él, ya que la imaginación de Fuentes es la tierra fértil donde
han crecido. Pienso en un Carlos Fuentes para los jóvenes actuales de este país
que tanto amó y lo convirtió en su principal pasión el maestro Carlos Fuentes.
Los jóvenes actuales se han nutrido de otras lecturas y no propiamente de
Fuentes, como éste cincuentón que les escribe y que tenía 30 años en 2003.
Pienso sobre todo en los últimos libros de él que podrían ser del gusto de los
jóvenes actuales después de los milennials: Inquieta compañía (2004), Todas
las familias felices (2006), La silla del águila (2003), La
voluntad y la fortuna (2008), En esto creo (2002), Los años con
Laura Díaz (1999), La frontera de cristal (1995), La gran
novela latinoamericana (2011), pero por supuesto ya no el Fuentes de La
región más transparente. Hay que decir que todavía hay otros libros suyos
que también nos pueden y les pueden resultar gratos encuentros a los jóvenes de
la forma como siempre ha sido el arte: sin revoluciones pero sí inspirando
nuevas actitudes y conductas, pero que yo hablaré sobre los ya mencionados; si
yo como ensayista logro que ésos libros sean buscados, la faena estará hecha.
Mi
apuesta como ensayista es que ésos libros pueden y deben ser leídos por los
nacidos después de 1980, que ésos libros pueden y deberían interesar a los
jóvenes; recordemos que en el año 2028 ya no tan lejano será el centenario del
natalicio de Fuentes, ése año es crucial y muy pertinente para éste texto que
comienzo a desarrollar; pienso que de tal modo, ésos libros mencionados, deben
gustar al público joven y que les pueden resultar como siempre ha sido la mejor
literatura, como un conjuro para asfixiar el hastío del mundo circundante.
Poco
antes de morir, José Agustín se quejaba no sin razón, de que todo el prestigio
de las letras mexicanas se iba para Fuentes y Octavio Paz, y que otros
escritores que también merecen respeto y ser mencionados en la lógica del canon
literario mexicano, eran poco rescatados como por ejemplo Salvador Elizondo,
Carlos Monsiváis, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, José
Revueltas, Efraín Huerta, Juan Rulfo y unos pocos más.
La
mención de José Agustín es pertinente y contundente: Octavio Paz y Carlos
Fuentes fueron interlocutores de ellos y el prestigio de las letras debería
permanecer entre todos ellos, pienso por ello, hablar de Fuentes en una
república de las letras donde ellos también cobran mucha relevancia para el
país del presente siglo, el México contemporáneo.
Pero,
también resulta chocante la afirmación de que Carlos Fuentes aprendió
literatura en las piernas de Alfonso Reyes. Como si nuestro autor en cuestión
no fuera o no hubiera sido tan generoso en compartir sus ideas hasta el último
día de su vida, que murió en el día del maestro en 2012.
Como hizo
Ricardo Piglia en la Argentina hace pocos años, quiero hacer para este país
México no un “se puede ser Borges” sino un “se puede ser Carlos Fuentes”.
Rodeado de escritores mexicanos que buscan… sobrevivir principalmente, como
dijo Roberto Bolaño hace mucho tiempo en el cruce de milenios.
Carlos Fuentes, nuestro mejor novelista,
ciertamente; un autor universal heredero y fabricante de hondas raíces; unas
provienen de América latina, otras de España, Fuentes aprendió de todas partes
antes, habrá que decirlo de la existencia de la todopoderosa red del Internet y
su dios Google. ¡Cuántas horas en el pasado, perdidas buscando información! Y
nuestro maestro Carlos Fuentes, sólo aceptaba del internet lo que él decía que
le había tocado: el correo electrónico.
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Este brillante
libro de Carlos Fuentes, La frontera de cristal, está escrito bajo la
terrible premisa de que en el problema fronterizo entre México y Estados Unidos
estamos ante un problema irresoluble. Todo apunta a esa conclusión. Es una
frontera hecha un drama de problema. Presidentes van y vienen de éste y del
otro lado y el problema de la frontera no hace otra cosa que podrirse más y
más. No sólo es terrible para los mexicanos y los latinoamericanos en general aquí
expresados querer cruzar la frontera hacia el sueño americano, el Río Grande,
Río Bravo, como lo llama Fuentes en el último cuento de esa novela por relatos
parecidos donde convergen historias que Fuentes ha preparado para los suyos,
sus lectores, sino también puede ser terrible para los gringos, pero, todas y
todos los personajes con una presión de que el hecho mismo de la frontera, es
un hecho que confronta la vida. La tarea del novelista, como desde hace mucho
ha sido la tradición en arte, ha consistido en señalar el problema, no en
encontrarle solución, que para eso está la política, y ¿qué hace la política
para remediar esto? De eso nos podemos enterar hasta en el programa tv migrante
en estos días. No es que el problema de la migración no nos importe, o que haya
que negar las migraciones que en la Historia ha habido, sino simplemente que es
un problema bastante inmediato y Fuentes ha querido señalarlo, porque ha
pensado su dimensión y quiere o quiso debatir sobre eso.
Y resulta, pasados unos años, lo siguiente:
en el periódico La Jornada se anuncia el día de hoy, jueves 30 de julio de
2026, que David Brooks, periodista en la frontera, se le premia por hablar años
ya, sobre la migración:
“La
migración es el tema del siglo”: David Brooks, premio María Moors Cabot 2026.
En entrevista, Brooks explicó que “la
migración es el tema del siglo, no es nada más alrededor de Estados Unidos y
México, sino en todo el mundo. Es la gran nota. Te explica por qué salen, por
qué llegan, qué hacen, quiénes son y cómo transforman a un país”.
Ayer
se anunció el reconocimiento a Brooks debido a sus más de 30 años en que ha
ayudado “a los lectores de México y de otras partes de América Latina a
comprender a Estados Unidos”. Los organizadores del galardón destacaron en su
página web que “en un momento en que muchos inmigrantes son retratados por los
políticos como criminales y la relación entre Estados Unidos y México es tensa,
el periodismo de David Brooks resulta esencial”.
Brooks
dijo que es honor que “los colegas del gremio te reconozcan, porque es un
premio de periodistas para periodistas. Eso siempre se agradece, pero lo veo
como un reconocimiento del trabajo colectivo de La Jornada”, que se
distingue porque, “sobre todo bajo Carmen Lira y con Carlos Payán”, tiene el
objetivo “de contar lo de abajo, no nada más lo de arriba”.
Y Carlos
Fuentes señaló ese problema en La frontera de Cristal desde 1995… Desde esa
novela hasta la fecha, la realidad ha cambiado mucho en la frontera, así como
en México y los E.U., Pero, cómo entonces, se explica que la novela en cuestión
siga siendo una delicia, mi respuesta le da la razón a uno de los mejores
amigos de Carlos Fuentes: porque es arte de primer nivel, como diría su amigo
Milan Kundera: “es una novela dentro de la tradición de la historia de la
novela”.
Carlos
Fuentes escribió sobre esos temas (las novelas como entidades lingüísticas y
como tradición en la cultura), en forma remanente a la de Milan Kundera en
grandes ensayos, como La gran novela latinoamericana (2011), y claro,
cuando en sus últimos años, por ejemplo un escritor italiano, Massimo Rizzante,
quien lo entrevistó en la Revista de la Universidad de México en agosto
2012 (una entrevista inédita) núm 102, le preguntó su opinión de El Quijote,
Carlos Fuentes respondió: “Cervantes es la base. Es la lengua, ¿no es cierto?”
Luego entonces podemos engrandecer el comentario, diciendo que eso era parte de
la conversación de Carlos Fuentes con Milan Kundera, así como con García
Márquez, Cortázar o Vargas Llosa: ¡Qué divinos amigos y divinas sus palabras!
A
Carlos Fuentes, como dice la introducción de A viva voz de sus obras
destinadas a ser discursos, le gustaba agrupar en ritmos ternarios la gran
cantidad de obras, nombres y personajes, incluso ideas. Es su estilo que
muchos, podrían imaginar como heredero de Alfonso Reyes, eso parecería decirnos
el maestro, en efecto. Pero eso en nada lo demerita. En esa obra sobre sus
discursos, se nota al gran conferenciante en que se volvió Carlos Fuentes, es
agudo, incisivo y fuerte, sus observaciones sobre Dios y lo religioso tienen
(no soy teólogo, a lo mucho filósofo), un mérito y una agudeza grandes,
impresionantes, debía ser así. Como dije al principio, nadie puede decirle a
los mexicanos que Fuentes nos falló, muy por el contrario fue generoso, fue
extraordinario y nunca se arredró.
Permítaseme
una digresión para contarles las veces que estuve cerca del maestro, y lo
quisimos mucho, cuando en El Colegio Nacional, consignó, terminando su
conferencia: “nos dijeron algo de un error en diciembre, lo que no nos dijeron
fue que siguió el error de enero, el de febrero, etcétera”. Todos los presentes
estábamos felices, escuchando, en mi caso, desde un salón alterno a su
capacidad del salón principal, su palabra, habló de la locura de Nietzsche,
“cómo entonces, diríamos pues, un hombre que se volvió tan listo que sus
propias palabras lo alteran, es decir, no puede comunicar, por la euforia de
pensar.” Etcétera.
Se trató
en aquellos entonces de conferencias por el libro “Por un progreso
incluyente”, sabemos ya ahora, que la cuestión con el progreso es algo
ilusorio, pero eso no quita mérito alguno al libro de Fuentes que trata el tema
de la educación. Brillante, por supuesto. También lo vi, creo que por última
vez en mi vida, a Carlos Fuentes cuando ofreció ésa misma conferencia pero en
el Centro médico siglo XXI, un auditorio muy grande y prácticamente lleno; salí
a fumar un cigarro un momento, venía llegando el periodista Ricardo Rocha,
quien venía a saludar a Fuentes, según se veía, eran amigos.
Paso a
comentar el que pienso seguiría en la lista en orden cronológico, el siguiente
más cerca, Los años con Laura Díaz (1999).
Recuerdo
bien ese año, ese año fue especial para mí pues estaba terminando mis estudios
en La escuela de escritores y de mientras, tenía un trabajo de técnico superior
en el INEGI. Es algo que siempre me achacó mi amigo Iván Ríos Gascón el
escritor: “No trabajes para el INEGI”.
Los años
con Laura Díaz es una novela que cruza todo el siglo XX. La
acción empieza en Catemaco, es el segundo capítulo después de alguien que ve la
narración por fuera en Detroit 1999, y en Catemaco lo que sucede es a
principios de siglo y un poco atrás, el inefable pueblo mágico de Veracruz, la
abuela Cósima Kelsen se está yendo de ahí en una carroza rumbo a la Ciudad de
México, sucede que se encuentran con unos asaltantes de caminos, la señora Cósima
Kelsen se niega a entregarles sus joyas y la sortija de su próximo matrimonio;
los asaltantes concluyen que entonces tendrán que cortarle los dedos a la
señora y así sucede. La herida del amor permanece como prueba irrefutable de la
devoción a su prometido que tiene Cósima… Esta anécdota le sucedió de manera
muy parecida a la abuela de Carlos Fuentes, de ahí la importancia de volverlo
materia literaria, para él.
“Llega un
momento de la vida en que nada tiene importancia salvo amar a los muertos”.
Lo
siguiente es toda una verdadera saga familiar, como los Buendía de García
Márquez, la familia de Cósima de Carlos Fuentes.
No tiene
parangón con ninguna obra mexicana la saga de la familia de Cósima, Fuentes nos
la convierte en atractiva, en madre, en abuela, donde se cruzan los destinos de
los artistas más importantes de México, como Frida Kahlo o Diego Rivera, Cósima
convive con todos ellos, a todos los ama, como si nada, pero también es
terrible con los que ama, a veces descortés, como lo es la realidad. La novela
está escrita en clave de telenovela, ¿cómo es esto posible? Es una obra con las
mismas armas de una telenovela porque eso gustó mucho en México, un guión muy
largo pero por supuesto delicioso al paladar, novela de novelas, Los años
con Laura Díaz. Necesariamente hay que leerla para comentarla,
necesariamente tienen ustedes que leerla, la lectura y el lenguaje, dice ahí
Fuentes, estuvo antes que nosotros y estará después de nosotros, nos va a
trascender, ¿entiendes? Dice un personaje masculino.
Todo lo
trabajado en aras de ser materia literaria, es enorme, me suscita envidia y
alegría, es por eso que he decidido hacer éste trabajo: su objeto de estudio,
Fuentes, me seduce mucho, donde hay otros que ni siquiera he ojeado.