jueves, 6 de agosto de 2026

PALABRAS... PALABRAS PRELIMINARES SOBRE CARLOS FUENTES..

 

SOBRE EL ÚLTIMO CARLOS FUENTES

 

Sobre Carlos Fuentes ya se han encargado muchas y muy grandes plumas a nivel mundial. Se ha hablado mucho ya de La región más transparente como novela que funda el México moderno que ha dejado atrás a la sociedad campesina. Se ha hablado de Luis Buñuel y Carlos Fuentes. Se ha hablado mucho de Mosiváis y Fuentes, mucho de Terra Nostra, se ha hablado mucho de Cambio de piel; se ha hablado mucho de Áura, se ha hablado mucho de los relatos de Carlos Fuentes como Chac Mool, se ha hablado mucho de La muerte de Artemio Cruz, asimismo se ha hablado mucho de Gringo viejo, y de la obra cinematográfica basada en ese libro. Etcétera. Nadie puede venir a decirle a los mexicanos que Carlos Fuentes nos falló como escritor; incluso a pesar de la ruidosa polémica entre Paz y Fuentes, que fue un desastre, los dos murieron sabiendo que eran amigos.  Y la lista de todo el itinerario intelectual de Carlos Fuentes, ha colocado, como todo escritor de vanguardia de su tiempo y su país, de moda a lo mexicano durante mucho tiempo; eso es un logro de escritor, y además es una declaración de amor al país que hizo muy grande a Carlos Fuentes, en muchos lugares donde recibió múltiples premios antes y después del grande y enorme premio Cervantes en España.

Todo esto es o pretende ser una introducción al último Carlos Fuentes, pensando en sus textos desde 1995. ¿Por qué continuar hablando de Fuentes? Cabría preguntarse. Pienso en que los jóvenes actuales se les puede acercar el pensamiento de él, ya que la imaginación de Fuentes es la tierra fértil donde han crecido. Pienso en un Carlos Fuentes para los jóvenes actuales de este país que tanto amó y lo convirtió en su principal pasión el maestro Carlos Fuentes. Los jóvenes actuales se han nutrido de otras lecturas y no propiamente de Fuentes, como éste cincuentón que les escribe y que tenía 30 años en 2003. Pienso sobre todo en los últimos libros de él que podrían ser del gusto de los jóvenes actuales después de los milennials: Inquieta compañía (2004), Todas las familias felices (2006), La silla del águila (2003), La voluntad y la fortuna (2008), En esto creo (2002), Los años con Laura Díaz (1999), La frontera de cristal (1995), La gran novela latinoamericana (2011), pero por supuesto ya no el Fuentes de La región más transparente. Hay que decir que todavía hay otros libros suyos que también nos pueden y les pueden resultar gratos encuentros a los jóvenes de la forma como siempre ha sido el arte: sin revoluciones pero sí inspirando nuevas actitudes y conductas, pero que yo hablaré sobre los ya mencionados; si yo como ensayista logro que ésos libros sean buscados, la faena estará hecha.

Mi apuesta como ensayista es que ésos libros pueden y deben ser leídos por los nacidos después de 1980, que ésos libros pueden y deberían interesar a los jóvenes; recordemos que en el año 2028 ya no tan lejano será el centenario del natalicio de Fuentes, ése año es crucial y muy pertinente para éste texto que comienzo a desarrollar; pienso que de tal modo, ésos libros mencionados, deben gustar al público joven y que les pueden resultar como siempre ha sido la mejor literatura, como un conjuro para asfixiar el hastío del mundo circundante.

Poco antes de morir, José Agustín se quejaba no sin razón, de que todo el prestigio de las letras mexicanas se iba para Fuentes y Octavio Paz, y que otros escritores que también merecen respeto y ser mencionados en la lógica del canon literario mexicano, eran poco rescatados como por ejemplo Salvador Elizondo, Carlos Monsiváis, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, José Revueltas, Efraín Huerta, Juan Rulfo y unos pocos más.

La mención de José Agustín es pertinente y contundente: Octavio Paz y Carlos Fuentes fueron interlocutores de ellos y el prestigio de las letras debería permanecer entre todos ellos, pienso por ello, hablar de Fuentes en una república de las letras donde ellos también cobran mucha relevancia para el país del presente siglo, el México contemporáneo.

Pero, también resulta chocante la afirmación de que Carlos Fuentes aprendió literatura en las piernas de Alfonso Reyes. Como si nuestro autor en cuestión no fuera o no hubiera sido tan generoso en compartir sus ideas hasta el último día de su vida, que murió en el día del maestro en 2012.

Como hizo Ricardo Piglia en la Argentina hace pocos años, quiero hacer para este país México no un “se puede ser Borges” sino un “se puede ser Carlos Fuentes”. Rodeado de escritores mexicanos que buscan… sobrevivir principalmente, como dijo Roberto Bolaño hace mucho tiempo en el cruce de milenios.

 Carlos Fuentes, nuestro mejor novelista, ciertamente; un autor universal heredero y fabricante de hondas raíces; unas provienen de América latina, otras de España, Fuentes aprendió de todas partes antes, habrá que decirlo de la existencia de la todopoderosa red del Internet y su dios Google. ¡Cuántas horas en el pasado, perdidas buscando información! Y nuestro maestro Carlos Fuentes, sólo aceptaba del internet lo que él decía que le había tocado: el correo electrónico.

 

*******

 

Este brillante libro de Carlos Fuentes, La frontera de cristal, está escrito bajo la terrible premisa de que en el problema fronterizo entre México y Estados Unidos estamos ante un problema irresoluble. Todo apunta a esa conclusión. Es una frontera hecha un drama de problema. Presidentes van y vienen de éste y del otro lado y el problema de la frontera no hace otra cosa que podrirse más y más. No sólo es terrible para los mexicanos y los latinoamericanos en general aquí expresados querer cruzar la frontera hacia el sueño americano, el Río Grande, Río Bravo, como lo llama Fuentes en el último cuento de esa novela por relatos parecidos donde convergen historias que Fuentes ha preparado para los suyos, sus lectores, sino también puede ser terrible para los gringos, pero, todas y todos los personajes con una presión de que el hecho mismo de la frontera, es un hecho que confronta la vida. La tarea del novelista, como desde hace mucho ha sido la tradición en arte, ha consistido en señalar el problema, no en encontrarle solución, que para eso está la política, y ¿qué hace la política para remediar esto? De eso nos podemos enterar hasta en el programa tv migrante en estos días. No es que el problema de la migración no nos importe, o que haya que negar las migraciones que en la Historia ha habido, sino simplemente que es un problema bastante inmediato y Fuentes ha querido señalarlo, porque ha pensado su dimensión y quiere o quiso debatir sobre eso.

 

Y resulta, pasados unos años, lo siguiente: en el periódico La Jornada se anuncia el día de hoy, jueves 30 de julio de 2026, que David Brooks, periodista en la frontera, se le premia por hablar años ya, sobre la migración:

“La migración es el tema del siglo”: David Brooks, premio María Moors Cabot 2026.

 En entrevista, Brooks explicó que “la migración es el tema del siglo, no es nada más alrededor de Estados Unidos y México, sino en todo el mundo. Es la gran nota. Te explica por qué salen, por qué llegan, qué hacen, quiénes son y cómo transforman a un país”.

Ayer se anunció el reconocimiento a Brooks debido a sus más de 30 años en que ha ayudado “a los lectores de México y de otras partes de América Latina a comprender a Estados Unidos”. Los organizadores del galardón destacaron en su página web que “en un momento en que muchos inmigrantes son retratados por los políticos como criminales y la relación entre Estados Unidos y México es tensa, el periodismo de David Brooks resulta esencial”.

Brooks dijo que es honor que “los colegas del gremio te reconozcan, porque es un premio de periodistas para periodistas. Eso siempre se agradece, pero lo veo como un reconocimiento del trabajo colectivo de La Jornada”, que se distingue porque, “sobre todo bajo Carmen Lira y con Carlos Payán”, tiene el objetivo “de contar lo de abajo, no nada más lo de arriba”.

 

Y Carlos Fuentes señaló ese problema en La frontera de Cristal desde 1995… Desde esa novela hasta la fecha, la realidad ha cambiado mucho en la frontera, así como en México y los E.U., Pero, cómo entonces, se explica que la novela en cuestión siga siendo una delicia, mi respuesta le da la razón a uno de los mejores amigos de Carlos Fuentes: porque es arte de primer nivel, como diría su amigo Milan Kundera: “es una novela dentro de la tradición de la historia de la novela”.

Carlos Fuentes escribió sobre esos temas (las novelas como entidades lingüísticas y como tradición en la cultura), en forma remanente a la de Milan Kundera en grandes ensayos, como La gran novela latinoamericana (2011), y claro, cuando en sus últimos años, por ejemplo un escritor italiano, Massimo Rizzante, quien lo entrevistó en la Revista de la Universidad de México en agosto 2012 (una entrevista inédita) núm 102, le preguntó su opinión de El Quijote, Carlos Fuentes respondió: “Cervantes es la base. Es la lengua, ¿no es cierto?” Luego entonces podemos engrandecer el comentario, diciendo que eso era parte de la conversación de Carlos Fuentes con Milan Kundera, así como con García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa: ¡Qué divinos amigos y divinas sus palabras!

A Carlos Fuentes, como dice la introducción de A viva voz de sus obras destinadas a ser discursos, le gustaba agrupar en ritmos ternarios la gran cantidad de obras, nombres y personajes, incluso ideas. Es su estilo que muchos, podrían imaginar como heredero de Alfonso Reyes, eso parecería decirnos el maestro, en efecto. Pero eso en nada lo demerita. En esa obra sobre sus discursos, se nota al gran conferenciante en que se volvió Carlos Fuentes, es agudo, incisivo y fuerte, sus observaciones sobre Dios y lo religioso tienen (no soy teólogo, a lo mucho filósofo), un mérito y una agudeza grandes, impresionantes, debía ser así. Como dije al principio, nadie puede decirle a los mexicanos que Fuentes nos falló, muy por el contrario fue generoso, fue extraordinario y nunca se arredró.

Permítaseme una digresión para contarles las veces que estuve cerca del maestro, y lo quisimos mucho, cuando en El Colegio Nacional, consignó, terminando su conferencia: “nos dijeron algo de un error en diciembre, lo que no nos dijeron fue que siguió el error de enero, el de febrero, etcétera”. Todos los presentes estábamos felices, escuchando, en mi caso, desde un salón alterno a su capacidad del salón principal, su palabra, habló de la locura de Nietzsche, “cómo entonces, diríamos pues, un hombre que se volvió tan listo que sus propias palabras lo alteran, es decir, no puede comunicar, por la euforia de pensar.” Etcétera.

Se trató en aquellos entonces de conferencias por el libro “Por un progreso incluyente”, sabemos ya ahora, que la cuestión con el progreso es algo ilusorio, pero eso no quita mérito alguno al libro de Fuentes que trata el tema de la educación. Brillante, por supuesto. También lo vi, creo que por última vez en mi vida, a Carlos Fuentes cuando ofreció ésa misma conferencia pero en el Centro médico siglo XXI, un auditorio muy grande y prácticamente lleno; salí a fumar un cigarro un momento, venía llegando el periodista Ricardo Rocha, quien venía a saludar a Fuentes, según se veía, eran amigos.

Paso a comentar el que pienso seguiría en la lista en orden cronológico, el siguiente más cerca, Los años con Laura Díaz (1999).

Recuerdo bien ese año, ese año fue especial para mí pues estaba terminando mis estudios en La escuela de escritores y de mientras, tenía un trabajo de técnico superior en el INEGI. Es algo que siempre me achacó mi amigo Iván Ríos Gascón el escritor: “No trabajes para el INEGI”.

Los años con Laura Díaz es una novela que cruza todo el siglo XX. La acción empieza en Catemaco, es el segundo capítulo después de alguien que ve la narración por fuera en Detroit 1999, y en Catemaco lo que sucede es a principios de siglo y un poco atrás, el inefable pueblo mágico de Veracruz, la abuela Cósima Kelsen se está yendo de ahí en una carroza rumbo a la Ciudad de México, sucede que se encuentran con unos asaltantes de caminos, la señora Cósima Kelsen se niega a entregarles sus joyas y la sortija de su próximo matrimonio; los asaltantes concluyen que entonces tendrán que cortarle los dedos a la señora y así sucede. La herida del amor permanece como prueba irrefutable de la devoción a su prometido que tiene Cósima… Esta anécdota le sucedió de manera muy parecida a la abuela de Carlos Fuentes, de ahí la importancia de volverlo materia literaria, para él.

“Llega un momento de la vida en que nada tiene importancia salvo amar a los muertos”.

Lo siguiente es toda una verdadera saga familiar, como los Buendía de García Márquez, la familia de Cósima de Carlos Fuentes.

No tiene parangón con ninguna obra mexicana la saga de la familia de Cósima, Fuentes nos la convierte en atractiva, en madre, en abuela, donde se cruzan los destinos de los artistas más importantes de México, como Frida Kahlo o Diego Rivera, Cósima convive con todos ellos, a todos los ama, como si nada, pero también es terrible con los que ama, a veces descortés, como lo es la realidad. La novela está escrita en clave de telenovela, ¿cómo es esto posible? Es una obra con las mismas armas de una telenovela porque eso gustó mucho en México, un guión muy largo pero por supuesto delicioso al paladar, novela de novelas, Los años con Laura Díaz. Necesariamente hay que leerla para comentarla, necesariamente tienen ustedes que leerla, la lectura y el lenguaje, dice ahí Fuentes, estuvo antes que nosotros y estará después de nosotros, nos va a trascender, ¿entiendes? Dice un personaje masculino.

Todo lo trabajado en aras de ser materia literaria, es enorme, me suscita envidia y alegría, es por eso que he decidido hacer éste trabajo: su objeto de estudio, Fuentes, me seduce mucho, donde hay otros que ni siquiera he ojeado.