lunes, 23 de febrero de 2015

OJO CON ELLAS...

Andan por ahí, con su atrevido miedo, portando sus cuarenta y tantos, lindas, leídas, viajadas, sensibles.
Ojo con ellas.
Vienen de cerrar una pu...erta con decisión, pero sin olvido. Amaron, construyeron, parieron, cumplieron.Amaron a su hombre, dieron alas a sus crías y ahora, desentumecieron las suyas: ¡ahí estaban!: intactas, brillantes,soberbias, majestuosas, listas para el vuelo: no ya las de un hornero, sí las de una gaviota, soberana y curiosa.
Saben de la vida y de tu hambre porque con su cuerpo han sabido saciarlas.
Expertas en estupidez y sus matices: se reconocieron inmersas en ella hasta el estupor y soportaron mucha hasta el dolor; sabrán distinguirla, no lo dudes.
Versadas en economía, la aplican en el gesto, en el andar y en su exacta sensualidad.
Ojo con sus caderas sabias: ya se estiraron y contrajeron, se estremecieron y agitaron.
Saben del amor, en todos sus colores, desde el rojo resplandor al mustio gris.
Sus piernas fuertes arrastran raíces todavía.
Prontas a sentir, van con una vieja canción en los labios, profunda intensidad en la mirada y delicada seguridad en la sonrisa.
Pero, si esta advertencia es tardía, y descubres que ya no puedes dejar de pensar en ella, entonces, ten cuidado de ahora en más, no te equivoques, no lo arruines: no les envíes un mensaje de texto, mejor invítale un café con tiempo; no recurras al email, preferirán sin duda un poema en servilleta.
No les hagas promesas, no les vendas imagen, mejor exhibe tu autenticidad mas despojada. No caigas, por rellenar, en aturdido ruido vacuo, deja que respire un silencio en común.
Vienen de quemar las naves y cambiar comodidad indolente por riesgo vital.Avanzan por un camino incierto, pero elegido.
En su cartera, fotos, un perfume y algunas lágrimas.
En su mirada, una decisión...
Ojo con ellas…tal vez, si tienes suerte, hay una en tu camino.


 Jorge Eduardo Cinto. Publicado en Escritores de Tucuman Siglo XXI

ENCOMIUM... TRIBUTO A LED ZEPPELIN

YA VAN 20 AÑOS DESDE EL AÑO 1995 EN QUE SALIÓ A LA VENTA ÉSTA OBRA EN HONOR A LED ZEPPELIN, EN LO PERSONAL, MI FAVORITA ES LA VERSIÓN DE "THANK YOU" DE LOS MAESTROS DE DURAN DURAN.

jueves, 19 de febrero de 2015

Las silenciosas calles del poder (Para un retrato de Herta Müller)




Gabriel Gómez López
En las silenciosas calles del poder el mundo es otra cosa, nunca falla la energía eléctrica, la carne está envuelta en celofán cubierto de una escarcha como la piedra o el mármol y no se pudre en el refrigerador, las puertas funcionan y las cortinas permanecen cerradas, la intimidad permite a la clase dominante realizar sus perversas fantasías, hay cigarrillos, chocolates, vino, buena vida, allí viven los directores, los alcaldes, los agentes del servicio secreto.
Lo primero que llama la atención en la lectura de Herta Müller es su concisión, frases cortas y lapidarias, imágenes heladas que transmiten su carga de frío al lector que recorre sus páginas estremecido ante esas fotos que adornan su habitación y la congelan. “El frío que me invade remueve un amor que contraria toda razón.”
El microcosmos de Herta Müller se localiza en el Banato, donde la llanura de Rumania introduce su nariz entre Serbia y Hungría; épica de una minoría, los suabos, católicos, étnica y lingüísticamente alemanes. Herta somete a un análisis minucioso, tanto a su colectividad como a su persona, tal es el material de su ficción. Nacida en 1953, víctima de la postguerra, sobreviviente, con secuelas, de la Guerra fría.
Tras la segunda guerra mundial los países del este persiguieron a la población civil alemana, les confiscaron sus viviendas y pertenencias, violaron a las mujeres, los expulsaron a campos de concentración en Rusia. Luego vino Nicolae Ceaucescu en uno de los momentos de la historia más cercanos a la visión de Orwell. En 1987 Alemania pagó por el rescate de los compatriotas, la protagonista de La bestia del corazón, antes de partir, en una original venganza, escribió con mierda sobre las paredes de la casa del inquisidor Pjel.
Convertida en testigo y actor, escribe en un ejercicio catártico impuesto como penitencia, se adivina que ella es la protagonista de sus escritos, teniendo como telón de fondo los duros tiempos de la dictadura de Ceaucescu y de su policía secreta, la Securitate, que la acosaba física y psicológicamente por negarse a colaborar. Acorralada por el sistema, escribe con trazos firmes; los detalles van formando un fresco minucioso; a lo largo de su obra hace variantes de sus experiencias, como mirándose desde ángulos distintos aparecen las relaciones con su padre, alcohólico y antiguo militante del ejército nazi, y a quien no escogió, “mi padre ha vomitado el hígado que apesta a tierra podrida en el cubo”; con la madre (a la que nunca quiso) deportada a Ucrania tras la segunda guerra mundial, cuando pagaron justos y pecadores, y quien se vio obligada a prostituirse a cambio de un poco de calor para sobrevivir; con sus amigas que la traicionaron, hace el descubrimiento del sexo (el gran secreto de los adultos) y de la muerte (el otro gran secreto), y da fe de la cascada de antivalores que formaban su entorno: el miedo, la represión, el desamor, la miseria, la deslealtad, la corrupción, la incomunicación. En su obra la despersonalización se acentúa con la creación de personajes sin relieves, sin apellido, nombrados sólo por sus oficios, meras fotografías; Herta es una especie de fotógrafo de guerra.

El miedo es el arma con la que los poderosos someten a los débiles; el miedo es la piel de zorro que adorna la habitación de la protagonista y sobre la que los agentes de la Securitate van dejando evidencias de su presencia para que sepa que está siendo vigilada, “nos veíamos obligados a caminar, comer, dormir y amar con miedo”. Herta escribía sin miedo para superar el miedo denunciado las rígidas condiciones de la dictadura de Ceaucescu.
No hay escapatoria, las fronteras, como los pensamientos, están celosamente vigilados, incluso el suicidio, la única puerta posible para muchos, es considerado una traición a la patria; los suicidas reciben una degradación post mortem que recuerda al Papa medieval que sacó de su tumba a su antecesor para excomulgarlo. En un Estado represivo todos deben levantar el brazo y apoyar en forma unánime al régimen, la disidencia es el peor delito; en tiempos de dictadura los escritores son especialmente perseguidos y bajan de su torre de marfil para hermanarse con el pueblo; los agentes secretos intuyen que en sus escritos está incubado el germen de la libertad. El poema colectivo se recita en silencio en los parques abandonados, da alientos al corazón; los inspectores sospechan que se está inventando otro lenguaje, un código secreto. “Cada persona tiene un amigo en cada pedacito de nube, es lo que pasa con los amigos en este mundo sembrado de horror.”
En La bestia del corazón el capitán Pjel obliga a comerse el poema a Kurt y somete a tortura a sus amigos; en La piel del zorro el comandante Pavel interroga a Paul acerca de ese poema en el que, sospecha, se habla del dictador: “rostro sin rostro, voz sin voz”. Habrá que recordar la tragedia de Ossip Mandelshtam deportado a Siberia por un poema en el que satirizaba a Stalin. Los dictadores no tienen sentido del humor.
La traición es alentada por el miedo, nace del instinto de supervivencia: Clara en La piel del zorro y Tereza en La bestia del corazón traicionan a su amiga; la madre incrimina a su hija; Ilie, el amante de Adina, es quien cuenta a la policía secreta el chiste de su amigo Abi. Todo el mundo espía, husmea en las habitaciones, abre las cartas para leerlas, siguen a Windisch con la mirada tanto un hombre vestido con traje de faena azul y como otro que aparenta trabajar en el alcantarillado; el diario de Lola es robado de su recóndito escondite, no hay secreto, el secreto es el eje de la intimidad, el bosque también tiene ojos. “¿Crees que si no confías en nadie te volverás invisible?”
Herta nos presenta un panorama desolador, un infierno helado “yo miraba los bloques de viviendas como desde el fondo de un abismo”: niños de aspecto inexpresivo, que envejecieron en su niñez y tienen olor a fruta guardada; “los hombres pasan embozados, hablando solos, y las mujeres flotan macilentas en sus largos jubones por las calles del pueblo, saliendo de sí mismas para refugiarse en las labores domésticas”, el paisaje se diluye “en el crepúsculo que rueda por las calles como un intestino grueso y en el cual el sol se pone en una roja charca de tedio”, el rojo divisor, símbolo evidente del comunismo, rojo es el vestido con el cual será sacrificada Amalia para obtener su pasaporte en El hombre es un gran faisán en el mundo; de rojas quedan teñidas las manos de Tereza en La bestia del corazón, roja es la sandía (¿Alemania?) que al ser dividida lanza un estertor y provoca la indigestión y muerte de la abuela, y cuyo jugo rojo llena el suelo, las vallas y las paredes son rojas, “el cielo estaba rojo y hacía daño a los ojos”.

Como en Hiroshima las sombras han abandonado a sus cuerpos. Los pescadores sólo pescan hierba, calcetines carcomidos y calzoncillos hinchados, la ropa de los ahogados que han tratado de escapar sin saber nadar, y de vez en cuando un pez mugriento que podría ser un gato muerto; al día siguiente los barrenderos barrerán todo, hasta las ideas, hasta las ganas de vivir.
Los regímenes dictatoriales están plagados de ojos y orejas, pero, a mayor represión, más ironía; a mayor opresión, símbolos aderezados con unas gotas de folklore: esa hormiga que arrastra una mosca muerta podría representar al pueblo que, ignorante de su poder, conduce al dictador arrojador de larvas; ese manzano devorador de sus manzanas verdes, tal vez sea la patria corrompiendo a sus jóvenes, convirtiéndolos en una juventud agusanada de la que no cabe esperar nada; en ese perro, que tiene nombre femenino y vigila atento el entorno, se adivina a Rusia. Ironía de ese padre, que podría ser el de la protagonista de “En las tierras bajas” o el padre de Rumania, Nicolae Ceaucescu, autodenominado “el conductor”, y cuya foto, falsa también, lo muestra conduciendo las reses al matadero.
El escritor intenta pasar desapercibido transitando en dos caminos: el de la burla soterrada y el del disfraz de la metáfora, complicando el trabajo de los censores; así puede estar tranquilo con su conciencia, ya que denuncia, como es su obligación y, al mismo tiempo, permanece oculto en sus palabras. Herta viste un luto transparente, “el vestido se me había congelado, mi vestido era transparente y negro”.
A través de su obra va en búsqueda de la raíz de ese hielo envenenado que ha contaminado a la sociedad y congelado su alma, remueve las sombras del pasado, abre heridas que se pensaban secas para liberarlas de sus costras falsas. Se resistía a ser aplastada por la historia y a toda costa intentaba mantener su individualidad, su marginalidad, lo que la hacía distinta, hasta que se rindió y partió a Alemania en una especie de fuga en muerte, lejos de su tierra natal, la bestia de su corazón quedaría por siempre dividida. “El hogar está donde estás tú. ”
Para Herta no hay esperanza, Eros intima con Thanatos, el amor degradado hasta sus últimas consecuencias: el carpintero tiene relaciones con su mujer ante su madre agonizante; Windisch hace el amor con Katharina entre las tumbas del camposanto; Adina lo hace con Dimitri entre la basura; sexo solitario de Katharina, jadeante como una máquina de coser; entrega de Clara a cambio de unos cigarrillos y chocolates; amor desleal de Tereza. Amor contrarreloj, con el calor y el hielo mezclado en la piel, siempre en el mismo lugar, a la misma hora, el mismo día.
Y Thanatos, tan degradado como Eros, “una muerte barata como un agujero en el bolsillo: metías la mano y el cuerpo entero te acompañaba”. La muerte de los frustrados evasores; la muerte miserable de Lola que había arribado a la ciudad cargada de esperanzas y terminó ahorcándose con un cinturón; del hojalatero, colgado de una soga que aún podría ser utilizada y cuyo anillo de boda no aparece; del infeliz que ha muerto en la cabina de teléfono que era su hogar; los escapistas que se arrojan de las ventanas del hospital incapaces de soportar sus sufrimientos; Kurt ahorcado; Edgar víctima, como Ioan Culianu, de los tentáculos a distancia de la Securitate; muerte de un niño con sus vías respiratorias bloqueadas por caca de corneja; muerte por error de Dimitri, en cuyo entierro, al tiempo que llora, la cartera informa a Amalia que debe ser sacrificada; muerte negligente de Tereza con un cáncer no atendido; muerte de la abuela ahogada con un trozo de manzana, roja por cierto; muerte corrupta del infeliz obrero al que postmortem le hacen ingerir el alcohol para que el Estado no pague la indemnización por su accidente; muerte en la calle, la muerte colectiva, “los hombres caían sobre el asfalto, gimoteaban, se estremecían y no eran de nadie. Luego venía gente que les quitaba los anillos, los relojes de pulsera cuando sus manos aún no estaban tiesas, los lóbulos de las mujeres sangraban cuando les arrancaban los aretes.”
La corrupción no deja piedra sobre piedra: mordida al veterinario para sacrificar un ternero; para obtener el pasaporte se requiere pactar con el servicio secreto o entregar incontables sacos de harina al alcalde y/o someterse a los bajos instintos del cura y el policía; corruptos son los aduaneros que permiten a las mujeres pasar el contrabando en sus genitales, corruptos son los obreros que roban en las fábricas y en el matadero, “los trabajadores bebían sangre caliente”, como su compatriota Drácula y, al hacerlo, se convertían en cómplices del sistema, nadie está libre de culpa... Cada uno aporta el granito de arena de su propio fracaso.
Pero las cosas cambian para seguir siendo las mismas, pesadilla del eterno retorno; Windisch luce su uniforme nazi y se molesta al ver que su hija, quien se sacrificó para obtener los pasaportes, sufre en silencio, ¡Estoy harto de ella!, ¿Por qué llora? “Lo único que sabe es deprimir a la gente.”

¿Quién paga las culpas? El siniestro Pavel logra escapar con el pasaporte de Abi, (quien no pudo resistir a la tortura) y desde Viena escribe a su amante; se remueven los puestos, el severo Pjel, convertido en un inocente anciano, lleva de la mano a su nieto; el frenesí ha pasado, ahora el director enseña educación física, el profesor de educación física es dirigente sindical; el profesor de química es el responsable del proceso de cambio y democratización, la hija de la criada, que había obtenido su puesto de maestra gracias al servicio secreto, es nombrada directora; cuando las llamas consumen las fotos del dictador la flamante directora exclama ¡cuánto he esperado este momento! Adina le reclama, pues no se te notaba, “no podía hacer nada, tenía que callarme, tengo una niña”. Ya lo sé, los hombres tenían mujeres, las mujeres tenían hijos, los hijos tenían hambre. Aquello se ha acabado, estamos vivos. Vendré a verte la próxima semana. La ciudad cambia de abrigo. Cuando Windisch y su mujer regresan a su pueblo se dicen, “es como si nunca hubiéramos vivido aquí”, y así es… allí sólo habían muerto.
Por encima del sueño, detrás de la ciudad, aguarda un día ligero y triste. Invierno y aire caliente, y los muertos están fríos, la vida continúa.
Ovidio desterrado por Augusto a los confines del imperio romano, terminó sus días en la antigua Dacia, hoy Rumania; en la desolación del exilio se engendraron sus Tristes y sus Pónticas: “Si miro el lugar, es un país odioso y no puede haber en todo el mundo ningún otro más triste; si miro a sus hombres, apenas si son personas dignas de este nombre y son más fieros y crueles que los lobos. No temen las leyes, sino que la justicia cede su lugar a la fuerza y el derecho yace vencido bajo la combativa espada.”
“Sabía que estaba viva porque me dolía. Y como aún estaba viva, llegó el odio.” Herta Müller hurga en el basurero de su infancia; desde su óptica de niña busca la razón del fracaso. Remontándose al pasado encuentra una evidencia: sus padres la concibieron entre las lápidas de un cementerio, el desamor es el origen de su frialdad, la cruel herencia. La hija no deseada le dice a la madre no querida: “¿Por qué me preguntas la hora? Porque es lo único de lo que se puede hablar contigo.”
Herta bucea en las heladas aguas donde crece la flor de la creatividad: esa niña es “la criatura del diablo” que sale de una casa en la que no hay más que adultos. Lleva en las manos tantos juguetes como puede cargar, tiene envidia de ver que los otros niños juegan mejor que ella, pero tiene miedo de quedarse sola, para defenderse no tiene más remedio que morder y arañar, convertirse en una bestia que ahuyenta a los niños y echa a perder los juegos que tan impaciente había esperado. Está más abandonada que cualquier cosa en el mundo, es fea, quiere regalar todos sus juguetes, llegar a casa antes de que la culpa pierda su frescura. “Eres demasiado tonta para jugar”, le dice su madre.
Esa niña que quiere morir pero no muere, que sueña con verse muerta es Herta. “Se refugia en su cuarto cuando le entran ganas de llorar. Cierra la puerta, baja las persianas y enciende la luz, se coloca frente al espejo del lavabo. El sol no puede entrar, allí la autocompasión crece tres veces más. Cuando la niña ya no sabe cómo acabar el día se va a su habitación con la tijera. Se coloca ante el espejo, se corta el pelo. Por qué lo has hecho: porque no me soporto. ” En efecto, por eso escribe, para matar y congelar a sus recuerdos. “La felicidad nos devora la vida, se evapora en una olla de remolachas.”
Herta Müller hace hincapié en el elevado precio que hay que pagar por la libertad: torturas, acosos, arrestos domiciliarios… si el costo de París fue una misa, bien valen tres pasaportes, cinco revolcones con el cura y otros pocos más con el policía, por fortuna al alcalde le interesa más la gula que la lujuria, y además se trata de un pueblo donde la burocracia no está tan entrampada.
El fascismo, dice Juan Gelman, comienza en la intimidad de las relaciones humanas. “El dictador dormita en el corazón, como en tus novelas”, dice Paul a Adina en La piel del zorro, desliz que revela la verdadera identidad de que quien se había ocultado con las máscaras de sus personajes es Herta Müller. Esa niña que juega a ser adulta y quien quería bajarse del tren de la vida a recoger amapolas, que quería ser una muerta hermosa y a quien los sauces le habían dicho que era el pantano más hermoso del mundo, esa niña que se resiste a dormir y juega con otro niño de su edad: “Yo lo riño porque está borracho, porque no trae dinero a casa, porque es un gandul y un inútil, un granuja y putañero, un cabrón. Así es el juego, me divierto y es fácil jugar. No quiero dormirme, el sueño es muerte… Mi corazón palpita de miedo en su alegría. miedo de no poder seguir alegrándome, miedo de que el miedo y la alegría sean la misma cosa. ”
  

TEXTO DE LA JORNADA SEMANAL: PERO YO PONGO DE MI LECTURA: "TODO LO QUE TRAIGO LO LLEVO CONMIGO" ME PARECE LA FUNDAMENTAL DE HERTA MÜLLER, APARECIÓ POCO ANTES DE SABERSE QUE ELLA HABÍA GANADO EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2009.

SAÚL IBARGOYEN (DE: EL POETA Y YO)





QUIERO  SABER DE TU SONRISA

Después que sonríes
¿a dónde  va ese fuego
tranquilo de tus labios?
¿en qué hondura se penetra
de otra alegría
tu sonrisa?
Quiero saber en qué materia
se transforma
la imagen dulcísima que invoco.
Quiero saber de tu sonrisa
para entrarla en mi tristeza
para tenerla siempre
para entregarla al mundo
porque hay tantos hombres
hijo mío
que no tienen
una sola sonrisa
que llevarse a la boca.

César Vallejo (peruano, 1892-1938)




EL POETA A SU AMADA

Amada,  en esta noche tú te has sacrificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.

En esta noche rara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
en esta noche de septiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.

viernes, 30 de enero de 2015

RECUERDO DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS...



En San Cristóbal de Las Casas, una ocasión que visité el año pasado (2014), tuve varias impresiones sobre el lugar que no quiero que pasen desapercibidas. En primer lugar lo que resalta es  una constante mexicana: la mayoría de la población oriunda, sumida en una desesperada miseria que convive junto al turismo  (algunas veces revolucionario) europeo y el nacional, con unos rasgos demasiado marcados de catolicismo combinado con el pasado indígena muy propio de la región. En serio: no tengo fotos de sus rostros porque en el mercado de San Cristóbal creen todavía que una fotografía les roba el alma. Tengo ya un texto sobre Chiapas y mi visita a las comunidades zapatistas aquí (Véase: “Los Griegos Valientes de Chiapas”) además de que salió publicado en un librito que se distribuyó en la Delegación Venustiano Carranza. Sin embargo, pienso yo, además de que ya ha pasado tiempo de ese texto (2002) la situación en Chiapas me parece que ha cambiado y para bien. Por ejemplo, ahora existe en San Cristóbal el primer hospital de Latinoamérica al cual pueden acceder los indígenas por ejemplo, pongamos por caso, un nacimiento, un parto. En éste caso, así como en la cura de enfermedades de la región, la madre tiene la opción de parir asistida como sería la forma moderna en un hospital de La Ciudad de México, u optar por la manera de la tradición indígena. Del mismo modo, un viejo puede preferir que un brujo le cure una enfermedad respiratoria a consultar a un médico con cédula profesional. Éste solo hecho es un logro importantísimo pues respeta la tradición de los tojolabales o los tzeltales o cualquier otro grupo étnico de los de Chiapas. Y debemos de decir que éste tipo de avances se deben en parte, a la resistencia del EZLN, que mediante la presión  al gobierno estatal y, con el mundo observándolos, ha logrado este tipo de avances.
En San Juan Chamula, una pequeña población cercana a San Cristóbal existe un fervor religioso muy singular: Observamos la iglesia, el guía nos hace indicaciones sobre las gorras, las cámaras, etc. Dentro de la iglesia observo unos retratos de Santos canonizados a los cuales nadie les reza. Lo que ocurre, nos explica el guía, es que hacia finales del siglo XIX, un rayo cayó en donde era originalmente la iglesia, y los indígenas, a pesar de que ya ha pasado más de un siglo, tienen a esos Santos “castigados”, y la razón es que no los protegieron del evento del rayo. San Martín es uno de los que recuerdo como Santos “castigados”. Por otra parte en las calles de San Cristóbal, deambula tristemente la miseria: recuerdo haberme sentado en un café y entre el paso de la gente, turistas, vendedores de artesanías, etc. Pasó un muchacho con una facha terrible y me dijo extendiendo la mano: “ayúdame… me estoy muriendo… ayúdame.” Le pedí al mesero que le diera un vaso de agua y le di 20 pesos, no creo haber podido hacer mucho por él, pero qué desgracia. Los restaurantes en la noche estaban a reventar, mientras querías dar cada bocado a la pizza italiana casera, ya te habían ofrecido como seis veces collares y postales, tejidos, vestidos, sombreros, etc. San Cristóbal tiene un aire a peligro y misterio. Cuenta Elena Poniatowska en su premiada novela Leonora, que Leonora Carrintong visitó San Cristóbal en los sesentas y que estuvo en el Cañón del Sumidero, por cierto, hablando de Cañones, Ezra Pound el enorme poeta, decía que la Poesía es, empleando la metáfora, lo que ocurre cuando desde la altura del Gran Cañón dejamos caer una pluma de ganso y la explosión que ocurre cuando llega hasta abajo: eso es la Poesía según Pound, pero no se equivoquen, actualmente se sabe perfectamente que El Sumidero es bastante más profundo que el gran cañón, el sumidero es de ¡un kilómetro! Y además es más largo. Oscurece temprano en San Cristóbal, como a las 6 y media ya está oscuro. Y otro día el guía de turistas nos llevó a Los Lagos de Montebello, que desgraciadamente, ya están saturados de anuncios de la cerveza Corona, me lleva la chingada, y otra vez la constante que no parece tener fin: la maldita miseria. Y pa colmo, los laguitos de Montebello sí están muy hermosos, pero ahí no se puede acampar ni nadar, ¿me creerían si les dijera que decía a cada rato: “¿Subcomanche Marcos, dónde andas?” Como un niño que le habla a su padre. Como no lo encontré pongo mi cara aquí abajo: nuestra única diferencia es que yo no uso pasamontañas, pero recuerden siempre que sin Z, hay un silencio lleno de significados obvios…
Arriba éstas bellezas del País Vasco son el nuevo turismo revolucionario... yo ya pasé por ahí.
Ésto de arriba es a lo único que se le puede tomar fotos en el mercado de San Cristóbal, por cierto, el Aguardiente de Chiapas, el "Posh" sabor a canela es una delicia, trajimos una botellita por avión. Y claro, ¡QUE VIVA CHIAPAS!

miércoles, 28 de enero de 2015

DIÁLOGO ENTRE VECINOS....



El otro día tuve un diálogo con un hijo de un vecino que no veía hace mucho tiempo y me dijo: “Hola, yo también estoy muy feliz de que Peter Higgs le hayan dado el premio Nobel de Física 2013 por haber elaborado en los años sesenta la teoría de lo que actualmente se conoce popularmente como “la partícula de Dios”, es decir, el Bossón de Higgs, supe además que alrededor de demostrar esta teoría trabajaron físicos de más de 10 países y me imagino que con esto, tú que estudias filosofía, le darás eminentemente la razón al realismo científico y no al idealismo que dice que los leptones o los quarqs son simplemente ficciones convenientes con las cuales trabajan los científicos ¿verdad? Sí, porque, sino, ¿de qué otra forma se explica el gasto millonario de haber construido el acelerador de partículas en la frontera entre Suiza y Francia? Bueno, te dejo, debes sentirte triste de que ya haya muerto Higgs, voy a comprar una Coca-cola, las tortillas, las donas bimbo y unos chicles clorets para lograr sonrisas fuertes”. Después de escuchar aquello, yo sólo pedí unos chicles para demostrar mis sonrisas fuertes: es una pena la muerte de Peter.

martes, 27 de enero de 2015

PROSA DE LA IMAGEN (Incluído en mi libro Cuentos Iconoclastas y otros cuates)



He decidido que la poesía no es tan importante.
Importante es una palabra que se abre y se cierra como una mano que toca una pared que sólo responde que lo importante es importante y punto. No hay nada qué decir. En cambio, la poesía, quitándonos del rango etimológico es simplemente una palabra que abre una cortina y muestra un cuerno de rinoceronte blanco como sólo los hay en África; abro la palabra poesía y empiezo a ver ese rinoceronte caminando, luego, se detiene, arriba se ve que viene una tormenta y las aves vuelan, como sólo vuelan las aves de la poesía, es decir, no son aves, son pararrayos que detienen la palabra y su significado que viene arrastrado por esa tormenta que indica que las aves se deben de ir y el pararrayos está ahí para que la musa que me inspiró decir que la poesía no era importante no se vaya. Pero volvamos con el rinoceronte, si nos acercamos podemos verlo parpadear de un solo ojo, pues en rigor científico (que no por otra parte no es un rigor tan alejado del poético como la gente que ha pensado que la poesía no es importante suele creer), ese ojo entonces, está casi a 180 grados del otro, y el rinoceronte, después de alzar la cabeza y ver que se viene una tormenta (o como traducen a las películas gringas diríamos como si éste poema fuera una película, diríamos que “se avecina una tormenta”). Entonces la palabra importante cobra fuerza en el instinto del rinoceronte y sabe que tiene qué correr, aunque no sabe a dónde o para qué, pero él lo siente. Recordemos que las aves ya se fueron y que se espera que haya un pararrayos cerca del ángulo donde vemos al rinoceronte para que éste se apure. ¿Pero para qué? Podría preguntarse con toda su grandeza e invencibilidad de bestia salvaje en África éste rinoceronte, ya que él sabe que en la selva africana ni los leones se le acercan para molestarlo. Molestar. Ésa palabra parece que produce la poesía en quien no la entiende, ese tipo de gente desea que el que habla del poema y/o el que lo lee, termine rápido porque si un poema es leído en una presentación de poetas en una ciudad de un país como México, probablemente al final del evento llueva. ¿Por qué? ¿Será por la poesía? ¿Será por el misterio que rodea la vida humana? ¿Será porque en rigor científico tiene qué llover y san se acabó? El caso es que es frecuente, por lo menos en la ciudad de México, que  después de una lectura de poesía se ponga a llover y con la lluvia la gente sale después de la lectura y de haber sentido que es bueno salir y darse un rol a escuchar a los poetas y… ¿Cómo puede ser? Se pone a llover. Es que en verano hay muchas  lecturas de poesía, pero en otoño también y suele ser la época en que se pone a llover. A veces con  una fuerza tal que sale en los periódicos del día siguiente que esa fuerza de tormenta derribó un árbol y cayó sobre un coche o el sistema de drenaje no pudo más y en alguna parte de la ciudad hay inundaciones, por tanto, la gente se preocupa y comenta. Mientras que la poesía, la muy inocente y la muy que no sirve para nada, pasó, como pasa todo poema por el tiempo pero, como es un poema que está atorado en un papel, regresa en las manos de la novia del poeta que leyó en esa presentación del su novio el poeta y la mujer, esa noche o la noche siguiente le dice al poeta: “tu poema que leíste está muy bueno, en el momento no presté atención, pero ya si lo leo con detenimiento, no sé por qué, pero me gusta”. Ahí el poeta está obligado a hablar de su poema y no de la lluvia y por eso suele decirse que los poetas habitan otra dimensión de la realidad porque el poeta sale a la calle a comprar cigarros y sólo dice: “pinche lluvia” y regresa y hace el amor con su novia y ponen  música quizá de Fito Páez o de Óscar Chavez y luego prenden un cigarro y se olvidan de la lluvia y se miran. Mirarse. Una palabra que parece no ser tan importante como la primera palabra que dijimos categóricamente en este poema, la palabra importante, porque la palabra importante es muy importante porque después de decirla llega como un silencio que nos recuerda lo que es importante y lo que no lo es tanto o lo que se puede dejar para mañana. Pero ahí sigue la lluvia que es una barbaridad y el departamento de policía apresura el tráfico y desvía su fluido porque el dichoso aguacero ya le dio en la torre al sistema de drenaje y todos, todos, los automovilistas y los policías y los peatones tienen qué apurarse, y nadie dudaría en un momento así que eso es importante, pero el poeta piensa en Óscar Chavez con su novia al lado y se imagina tal vez que el anuncio de su lectura será noticia el día de mañana pero, obviamente, la noticia comentada será la de la lluvia y todo el mundo dirá “pinche lluvia”, como el poeta cuando salió a comprar cigarros. Cigarros, esa palabrita tan olor a adolescencia siempre se esfuma, como la propia adolescencia, que si puede o no ser importante es decisión de cada quien. Paul Nizan, el poeta, dijo que en esa época todo, en realidad todo amenaza con destruirnos: a un adolescente esta declaración puede ser crucial para decidir si prueba por primera vez la cocaína por ejemplo, y nadie dudaría que el adolescente que prueba por primera vez la cocaína o no la prueba, pasará a través de una decisión muy importante. Pero la primera palabra que dijimos como sustantivo en este texto, o sea la poesía, tal parece que no es importante, o por lo menos el poeta que escribe éste poema llegó a esa conclusión, incluso ese poeta ya apagó su cigarro desde que hablábamos de rinoceronte y ha recibido dos llamadas telefónicas que no servían de nada; números equivocados, eso, sin duda, no es importante, pero cómo fastidia. Al igual que el que no entiende la poesía se fastidia cuando el poeta lee sus versos en público, como por ejemplo el poeta que en este texto mira a su novia y le dice: te amo tanto, te amo tantísimo, y el poeta, como por ser poeta siente la obligación de estar apasionado de por vida, claro, lo sentirá sólo si de verdad es poeta, no un leguleyo, pero tomemos por cierto que ese es un poeta verdadero. Entonces, comenzará a besar el brazo desnudo de su novia, apagará el cigarro porque sabe que a la novia le choca el olor a cigarro, tomará un trago de agua y luego  verterá  un poco de agua lentamente sobre el ombligo desnudo de la novia, mientras afuera llueve y el tráfico es un desorden y mientras tanto, el rinoceronte sentirá deseos de correr y correrá. ¿Cómo lo veremos corriendo al rinoceronte? Si éste es un poema guión película, entonces tendremos que verlo con majestuosidad, como si fuera el mismo rinoceronte de la barca que sale en un cartel muy famoso que anuncia una película de Fellini, ese director de cine que sin duda, ha hecho del cine un gran entretenimiento y ha elevado al séptimo arte, como según suele decirse de éste, a una calidad asombrosa que pone de manifiesto que lo mejor y lo peor de los seres humanos, lo vemos en las pantallas del cine. Esto, sin duda, es importante, pero es importante para un sector de la población, no para todo, en primera, porque en nuestros tiempos ir al cine cuesta caro, además de que es raro ver una película de Fellini en la cartelera de los periódicos es más raro todavía y no toda la gente puede ir al cine porque el cine es sólo para ciertas clases sociales que pueden darse ese lujo. Lujo es una palabra que tampoco suena importante, pero caray ¡habrá que preguntárselo a gente como Madonna o Carlos Slim a ver que piensan del lujo! Argumento que entreabre las palabras o los órdenes de ideas de lo relativo, todo es relativo, suele pensar el sentido común, es decir, todo es importante o no importante respecto a qué otra cosa, concepto o acción. Regularmente, el sentido común en este momento empieza a filosofar y aunque no lo parezca, la filosofía, o por lo menos lo cree éste poeta que dice que la poesía no es tan importante, está convencido de que la filosofía es muy importante, porque educa y enseña a pensar, ¿pero la poesía? Vuela sola por el mundo y entonces entra la imaginación para volver a ver al rinoceronte que corre escapando de la lluvia y ése rinoceronte sabe que no escapará, pero en realidad, de lo que se las olía éste rinoceronte, es de que unos seres humanos  lo andaban persiguiendo para cortarle el cuerno blanco que tiene como dijimos al principio, y por ese cuerno blanco lo van a matar, ya se sabe que así es el hombre, o por lo menos así lo entendemos cuando vemos la televisión y con indignación pensamos a qué clase de raza pertenecemos que le hacemos eso a los pobres rinocerontes. ¿Pero la poesía? Ahora es un poco más significativa la pregunta sobre su importancia o sobre su no importancia, porque ya vimos al poeta y su novia, al tráfico y al rinoceronte y las aves poéticas que tienen un pararrayos por ahí para ver qué tan cierto es que la poesía no es importante. A lo mejor este poeta que escribe su poema, podría pensarse, llegó a esa conclusión porque la poesía le estaba echando a perder la vida o quizá más psicoanalíticos, como todos los psicoanalistas que se sienten que sus pacientes son poetas porque dicen por medio de palabras su dolor y eso, para algunos psicoanalistas, es poesía, pero, ¿eso es poesía? Yo creo, el yo que escribe y el yo poeta y el yo que se me ocurrió decir que la filosofía sí es muy importante porque enseña a pensar, estamos seguros que por lo menos, hablar ante un psicoanalista no es poesía. Ahora entrevemos la reflexión de qué es o qué será la poesía, pero para eso hay muchos libros escritos sobre poesía y éste poeta tiene uno publicado en el que quiso decir qué era la poesía, según él, arrancándose las entrañas. ¿Pero pasó algo? No, no pasó mucho, el libro fue presentado un día que fue el día que se cayeron las Torres gemelas de Nueva York, fue poca gente a la presentación de dicho libro porque toda la gente estaba viendo en televisión qué había pasado y éste poeta que escribe, se siente tentado a escribir que su poesía es tan fuerte que se alza contra la barbarie de los actos terroristas y sobre terrorismo o no terrorismo, la gente no dudará en calificar que políticas buenas o malas o políticas como las que sean, complejas o chaparras, el terrorismo es un tema de actualidad, es decir importante, por tanto. Pero la poesía se viene haciendo desde hace cerca de más de 2500 años cuando apareció el libro del Gilgamesh, que es el primer poema de la humanidad, simplemente. ¿Eso será importante? Aquí el poeta que escribe este poema tuvo que dar un trago de su refresco porque él, por lo menos, cree que el tema da para mucho y para hablar largo y tendido y atisbar, poco a poco, lentamente, con pesar, porque éstos son sin duda tiempos amargos, que la poesía sí es importante y que la frase categórica de que la poesía no era tan importante, ya no se sostiene, es decir, este texto ya no se sostiene, como dicen los maestros de literatura o los coordinadores de talleres literarios, lo único que quedó de éste texto fueron unas aves que se fueron poéticamente, un rinoceronte corriendo de unos humanos y algunas cosillas más, pero lo que sí se sostiene es la lectura que dio ese poeta que no conocemos ni a su novia y la lluvia primorosa, que al día siguiente, serán noticia y alguien morirá y alguien nacerá, pero alguien, sabrá la importancia de la lluvia y de la poesía.