El poemario El pan del mundo se nutre precisamente de la negación de lo que la poesía resulta para ojos poco inteligibles más prestos a censurar y a encasillar que a comprender. De que el poeta es un loco, es cosa tan vieja como vieja es la filosofía y la costumbre de reírse de los filósofos. Sergio Vicario no vacila al nombrar la distancia entre el loco y el poeta:
"El loco, es curioso, enloqueció de palabras, y ahora,
sólo unas cuantas de ellas retumban en su cabeza.
Porque en la mente del loco hay más humo que ideas,
también: pinturas rasgadas, ojos dilatados, jardínes deliciosos
y bocas que se antojan como un vuelo de nocivas aves."
Pero es que todo el poemario está loco; Sergio Vicario apuesta desentrañar esa bilis diabólica por la cual el loco es poseído. Sí, es el huevo de Colón, pero hay que volver sobre él y analizarlo para nombrar lo que la locura —negación de la realidad— y la poesía —negación del tiempo lineal— tienen en común y lo que las opone irreductiblemente. David Huerta ha dicho que existen frases insuperables, —como insuperable es la frase que dice que el poeta es el loco que todavía alcanza a unirse al borde de la realidad con las uñas, lugar común del que me reservo mi propia interpretación— y en la poesía de Sergio Vicario esta oposición irreductible hace también las veces de armónica resolución cuando reconoce:
"A nadie la asusta que esgrimiera una pluma
por una espada."
Marcos García Caballero
septiembre 2000
Registros, velocidades, ensayos, comentarios, poesía, del mundo de la pedantería remota ¡para los fieles mundanos!
miércoles, 5 de enero de 2011
NI NEGACIÓN IRREDUCTIBLE NI MUTUO CONSENTIMIENTO
Entregado a la soledad el poeta busca la comunicación con los otros hombres a partir de lo que su soledad fabrica. Lo más propio, lo más exclusivo, lo que el poeta defiende en lo profundo de su acto creativo es el milagro de la subjetividad propia y el vigor exaltado de la imaginación que bate a contracorriente de la mera instrumentalización, la propaganda o la técnica. En El arte de la novela, Kundera ironiza sobre esa desdichada y temida soledad de la cual nos han hecho creer en el mundo moderno que es una trampa y de la cual sólo cabría esperar su llegada como una maldición. Es esta maldición, ni más ni menos, la ardiente verdad del poeta que, como ya nos lo ha mostrado Octavio Paz y otros como Efraín Huerta o el prosista José Revueltas (la tríada de los escritores hijos de la Revolución Mexicana, los tres nacidos en 1914), irrumpe fuera del tiempo administrado oficialmente como pasado, presente y futuro, este tiempo lineal en el cual —y solamente en éste— es en el que se da la convivencia y el trabajo. El poeta, nostálgico de ese momento que no ha llegado ni nunca va a llegar —el presente— compone su discurso a partir de la melancólica soledad en la que ese momento siempre ausente, siempre fugitivo, lo que ha sido volverá a ser y lo que está por venir se presenta tentativamente como inmóvil cuando la fuente nombra y toca a cada cosa con su velo enamorado del secreto. Este secreto, llamado algunas veces inspiración o condena fue la espada con la que las vanguardias artísticas de este siglo que termina esgrimieron como la capacidad de autoinvención del nuevo arte. Octavio Paz llama a ésta como la grandiosa ignorancia de Bretón: "Todavía no sabemos lo que es la inspiración". Ni Freud pudo con ella. Este discurso exaltado y abrupto del que brota y se alimenta la poesía, precisamente por crear su propio tiempo, resulta para nuestras mentes clavadas objetivamente en la inmediatez de la vida, difícil de asimilar de un sólo golpe. "La poesía sólo toca las puertas del que la sabe escuchar", ha dicho Piña Williams. En nuestra percepción esos toquidos suenan como los vientos en los que —solamente si lo sabemos reconocer— admitimos nuestra soledad como la admite el poeta. De tomar conciencia del horizonte de soledad del que venimos y al que irremediablemente tendremos que llegar, con la muerte, la poesía se nos presenta como auténtico aliento, tal es la apuesta poética de Sergio Vicario, publicado ya en el año 2000 en Tierra adentro con su poemario Barítono de Luz.
El poemario El pan del mundo se nutre precisamente de la negación de lo que la poesía resulta para ojos poco inteligibles más prestos a censurar y a encasillar que a comprender. De que el poeta es un loco, es cosa tan vieja como vieja es la filosofía y la costumbre de reírse de los filósofos. Sergio Vicario no vacila al nombrar la distancia entre el loco y el poeta:
"El loco, es curioso, enloqueció de palabras, y ahora,
sólo unas cuantas de ellas retumban en su cabeza.
Porque en la mente del loco hay más humo que ideas,
también: pinturas rasgadas, ojos dilatados, jardínes deliciosos
y bocas que se antojan como un vuelo de nocivas aves."
Pero es que todo el poemario está loco; Sergio Vicario apuesta desentrañar esa bilis diabólica por la cual el loco es poseído. Sí, es el huevo de Colón, pero hay que volver sobre él y analizarlo para nombrar lo que la locura —negación de la realidad— y la poesía —negación del tiempo lineal— tienen en común y lo que las opone irreductiblemente. David Huerta ha dicho que existen frases insuperables, —como insuperable es la frase que dice que el poeta es el loco que todavía alcanza a unirse al borde de la realidad con las uñas, lugar común del que me reservo mi propia interpretación— y en la poesía de Sergio Vicario esta oposición irreductible hace también las veces de armónica resolución cuando reconoce:
"A nadie la asusta que esgrimiera una pluma
por una espada."
Marcos García Caballero
septiembre 2000
El poemario El pan del mundo se nutre precisamente de la negación de lo que la poesía resulta para ojos poco inteligibles más prestos a censurar y a encasillar que a comprender. De que el poeta es un loco, es cosa tan vieja como vieja es la filosofía y la costumbre de reírse de los filósofos. Sergio Vicario no vacila al nombrar la distancia entre el loco y el poeta:
"El loco, es curioso, enloqueció de palabras, y ahora,
sólo unas cuantas de ellas retumban en su cabeza.
Porque en la mente del loco hay más humo que ideas,
también: pinturas rasgadas, ojos dilatados, jardínes deliciosos
y bocas que se antojan como un vuelo de nocivas aves."
Pero es que todo el poemario está loco; Sergio Vicario apuesta desentrañar esa bilis diabólica por la cual el loco es poseído. Sí, es el huevo de Colón, pero hay que volver sobre él y analizarlo para nombrar lo que la locura —negación de la realidad— y la poesía —negación del tiempo lineal— tienen en común y lo que las opone irreductiblemente. David Huerta ha dicho que existen frases insuperables, —como insuperable es la frase que dice que el poeta es el loco que todavía alcanza a unirse al borde de la realidad con las uñas, lugar común del que me reservo mi propia interpretación— y en la poesía de Sergio Vicario esta oposición irreductible hace también las veces de armónica resolución cuando reconoce:
"A nadie la asusta que esgrimiera una pluma
por una espada."
Marcos García Caballero
septiembre 2000
Rilke: La Décima Elegía
Que algún día, a la salida de la visión terrible,
se eleve mi canto de júbilo y gloria hasta los ángeles propicios.
Que de los martillos bien templados del corazón
ninguno falle en cuerdas flojas, vacilantes o desgarradas.
Que mi rostro bañado en llanto me haga más radiante;
que el canto imperceptible florezca.
¡Cuán queridas me seréis entonces, oh noches de aflicción!
¿Cómo no me arrodillé allí ante vosotras, hermanas inconsolables,
para recibiros? ¡Que no me haya abandonado a vosotras
y rendido en vuestros cabellos sueltos! Nosotros,
disipadores de los sufrimientos.
¡Cómo los prevemos de antemano, en su triste duración,
por si acaso terminan finalmente! Pero ellos,
en verdad,
son nuestro follaje invernal, nuestra oscura pervinca,
una de las estaciones del año secreto -no solamente estación-,
sino también lugar, poblado, campamento, suelo, residencia.
Ciertamente ¡ay! qué extrañas son las callejas de la Ciudad del Dolor,
donde en el falso silencio, hecho de estrépito,
con violencia alardea el ruidoso oropel, el monumento alabancioso,
vertido en el molde del vacío.
¡Oh!, cómo un ángel les pisotearía, sin dejar huella, su mercado de consuelos,
que limita la iglesia que compraron recién hecha:
limpia y cerrada y sin ilusiones, como una oficina de correos en domingo.
Pero afuera se encrespan siempre los bordes de la feria,
¡columpios de la libertad! ¡buzos y prestidigitadores del afán!
¡Y la barraca de tiro, con figuras de la dicha embellecida,
donde todo se sacude y suena como hojalata cuando un tirador certero
da en el blanco. Del aplauso a la casualidad se marcha dando tumbos:
¡pues las barracas solicitan cualquier curiosidad,
redoblan los tambores y berrean sus pregones!
Pero para los adultos
todavía hay interés especial en ver cómo el dinero se multiplica anatómicamente,
no sólo como diversión: el órgano sexual del dinero,
todo, el conjunto, el acontecimiento, esto instruye y hace fecundo...
¡Oh!, pero en seguida, luego de esto,
detrás del último tablón, pegado con carteles de "No muerte",
aquella cerveza amarga que los bebedores hallan dulce
cuando la saborean sin cesar con frescas diversiones...
de inmediato, tras el tablón, inmediatamente atrás, está lo verdadero.
Los niños juegan, y los amantes se abrazan gravemente, aparte,
sobre la hierba rala, y los perros siguen su naturaleza.
El joven se deja arrastrar más lejos aún quizá porque ame
a una joven Lamentación... Siguiéndola, llega a unos prados. Ella dice:
Lejos. Nosotros vivimos allí, afuera...
¿Dónde? Y el joven la sigue. Su porte le conmueve.
Los hombros, el cuello, quizás, ella es de una estirpe ilustre.
Pero él la deja, se vuelve, regresa, se despide...
¿Para qué sirve? Ella es una Lamentación.
Solamente los muertos jóvenes, en el primer estado de impasibilidad sin tiempo,
en el desacostumbramiento,
la siguen con amor. Ella a las muchachas aguarda y las amiga.
Les muestra dulcemente lo que lleva puesto.
Perlas de color y los finos velos de la resignación.
Con los jóvenes ella marcha silenciosa.
Pero allí donde ellas habitan, en el valle, una de las más antiguas Lamentaciones
atiende al joven que pregunta: fuimos una vez, dice ella, una gran estirpe,
nosotras, las Lamentaciones. Nuestros padres
explotaban una mina, allí, en la montaña grande;
entre los hombres encontrarás a veces un trozo tallado del dolor ancestral,
o escorias petrificadas de la ira brotadas de un viejo volcán.
Sí, esto proviene de allí. Antaño fuimos ricas en dolores.
Y ella, ligera, le conduce a través del vasto paisaje de las Lamentaciones,
le muestra las columnas de los templos o las ruinas
de aquellas fortalezas, donde Príncipes de las Lamentaciones
habían gobernado antaño sabiamente el país.
Le muestra los árboles altos de las lágrimas
y los campos florecientes de la melancolía,
(los vivientes la conocen sólo como un follaje apacible);
les muestra los animales de la tristeza, paciendo, y a veces
un pájaro azorado vuela rasante al nivel de su mirada
trazando en el aire la imagen de su grito solitario.
Al atardecer ella le conduce a la tumba de los antepasados
de la estirpe de las Lamentaciones, las sibilas y los profetas.
Pero, cuando la noche se acerca, ellas caminan más quedamente,
y pronto lunea en lo alto el monumento fúnebre que vela sobre todo,
hermano de aquél junto al Nilo,
de la Esfinge augusta: -el rostro de la cámara secreta.
Y miran atónitos la cabeza coronada, la que para siempre y en silencio
ha puesto el semblante de los hombres sobre la balanza de las estrellas.
No lo comprende su mirada, mareado todavía por la muerte temprana.
Pero la mirada de ella, tras el borde del Pschent*, espanta a la lechuza.
Y ella,
rozando con lento toque a lo largo de la mejilla,
aquella de más dura redondez,
traza blandamente en el oído nuevo del muerto,
por encima de una doble hoja desplegada, el contorno indescriptible.
Y más alto, las estrellas. Nuevas. Las estrellas del país del dolor.
Lentamente las nombra la Lamentación: "Aquí, mira el 'Jinete', el 'Bastón'
y a la constelación más redonda la llaman: 'Corona de frutas'. Luego,
más lejos, hacia el polo: la 'Cuna', el 'Camino', el 'Libro ardiente', el 'Títere', la 'Ventana'.
Pero en el cielo del sur, pura como el interior de una mano bendita, la M resplandeciente
y clara
que corresponde a las Madres..."
Pero el muerto debe partir, y en silencio la más vieja
de las Lamentaciones le conduce a la garganta del valle,
donde brilla el resplandor de la luna: la Fuente de la Alegría.
Con devoción la nombra ella y dice:
"Entre los hombres ella es una corriente arrolladora".
Arriban al pie de la montaña, y allí, sollozando, ella le abraza.
Solitario asciende él por la montaña del dolor original.
Y ni aun su paso suena desde la silenciosa suerte.
Pero si ellos, los infinitamente muertos, despertarán
en nosotros un símbolo, mira, ellos nos mostrarían quizá los lamentos
que cuelgan del avellano vacío, o
pensarían en la lluvia que en la primavera cae sobre el oscuro reino de la tierra.
Y nosotros, que pensamos en una felicidad creciente,
sentiríamos la misma emoción que casi nos anonada
cuando algo dichoso cae.
----
* La doble corona que en los Faraones significaba la unión del Alto y Bajo Egipto. -------
Traducción de Rodolfo Modern
Rainer María Rilke, Elegías de Duino, Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1985
Relecturas
lunes, 3 de enero de 2011
El disputado archivo del Nobel
La pugna judicial por el legado de Vicente Aleixandre cumple tres años
SANTIAGO BELAUSTEGUIGOITIA - Sevilla - 02/01/2011
El legado del poeta Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-Madrid, 1984) está en medio de una tormenta judicial. Un juez paralizó en diciembre de 2007 la venta del conocido como el Archivo Vicente Aleixandre, que está formado por la biblioteca (3.000 libros), las cartas, los manuscritos y algunos objetos del Nobel. Carlos Bousoño, escritor y amigo de Aleixandre, había pactado la venta con la Consejería de Cultura y la Diputación de Málaga. Ambas administraciones habían acordado pagar cinco millones de euros por el archivo.
una imagen del Nobel en 1977
Una sobrina del escritor reclama manuscritos, cartas y objetos
Carlos y Ruth Bousoño recalcan que el autor les regaló los escritos
Un juez de Majadahonda (Madrid) paralizó la venta como medida cautelar a petición de Amaya Aleixandre, sobrina segunda del poeta, que obtuvo el Premio Nobel en 1977. Tres años después la situación no se ha resuelto. "La Junta está a la espera de lo que decidan los tribunales", señala una fuente de Cultura. Entre Amaya Aleixandre, por una parte, y Carlos Bousoño y su esposa, Ruth, por la otra, hay una pugna judicial que tiene muchos visos de resolverse en 2011. Por lo menos, en eso confían ambas partes.
Los Bousoño señalan que el Nobel les regaló el archivo. Amaya Aleixandre, que está a cargo de los derechos de autor de la obra de su tío, reclama la propiedad de una parte del legado. En concreto, el epistolario, los manuscritos y varios objetos. "Ellos [Carlos y Ruth Bousoño] no pueden vender las cartas, los manuscritos y varios objetos. Siempre hemos reconocido que la biblioteca es de ellos. Mi tío siempre dijo que quería que los libros fueran de Carlos Bousoño. La biblioteca, un cuadro de Ulbrich y un grabado de Miró son de ellos", reconoce Amaya Aleixandre.
"Reclamamos un montón de cartas de mucho valor que recibió mi tío", recalca la sobrina. Se trata de misivas de escritores, como Pío Baroja, Azorín, Ramón Menéndez Pidal, Ramón Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Manuel Altolaguirre, Max Aub, Emilio Prados, Dámaso Alonso, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Pere Gimferrer...
La sobrina del poeta también reclama manuscritos de textos que formaron parte de libros de Aleixandre, como Pasión de la tierra, Sombra del paraíso, En un vasto dominio y Poemas de la consumación. Y objetos personales del poeta, como una mascarilla mortuoria, un capote de vestir o unas gafas...
Amaya Aleixandre asegura que ni siquiera su tío y la hermana con la que vivía sabían de la existencia de los documentos que reclama. "Debieron de retirar los papeles y bajarlos al sótano del chalé para hacer limpieza mucho antes de que murieran y al final ni se acordaban", dice la sobrina, que acusa a los Bousoño de llevarse "de una manera oculta" esa parte del legado del Nobel. "No tienen ningún título que les haga dueños de las cartas y los manuscritos. Mi tío jamás hizo una donación a estos señores", afirma Amaya Aleixandre.
Carlos y Ruth Bousoño recalcan que todo el archivo es suyo. "Es nuestra la biblioteca, el epistolario, los manuscritos y, entre otros, objetos como el capote, las gafas, el frac de la Real Academia Española y la mascarilla, que la pagamos nosotros, como ha testificado la religiosa que trabajó en la casa del Premio Nobel entre 1971 y diciembre de 1986, después de muerta la hermana del poeta", explican Carlos y Ruth Bousoño a través de un correo electrónico.
Los Bousoño hacen hincapié en que el poeta les regaló el archivo y que la familia del Nobel tuvo noticia de ello. "Lo hemos poseído públicamente, con el conocimiento y el consentimiento plenos de la familia Aleixandre, que autorizó la publicación de más de 60 inéditos del poeta -de nuestra propiedad- entre diciembre de 1984 y 2006", manifiestan Ruth y Carlos Bousoño.
"Hemos aportado abundantísimas pruebas que demuestran que somos los legítimos propietarios del citado archivo, según lo establecido en el artículo 1.955 del Código Civil, relativo a la adquisición de la propiedad de bienes muebles por la posesión pública e ininterrumpida durante seis años. Y ello está plasmado en la prensa con profusión desde 1984 hasta el año 2006, sin que la familia Aleixandre nos enviara ningún requerimiento notarial pidiéndonos cuentas sobre el archivo del que somos legítimos propietarios", concluyen los Bousoño.
una imagen del Nobel en 1977
Una sobrina del escritor reclama manuscritos, cartas y objetos
Carlos y Ruth Bousoño recalcan que el autor les regaló los escritos
Un juez de Majadahonda (Madrid) paralizó la venta como medida cautelar a petición de Amaya Aleixandre, sobrina segunda del poeta, que obtuvo el Premio Nobel en 1977. Tres años después la situación no se ha resuelto. "La Junta está a la espera de lo que decidan los tribunales", señala una fuente de Cultura. Entre Amaya Aleixandre, por una parte, y Carlos Bousoño y su esposa, Ruth, por la otra, hay una pugna judicial que tiene muchos visos de resolverse en 2011. Por lo menos, en eso confían ambas partes.
Los Bousoño señalan que el Nobel les regaló el archivo. Amaya Aleixandre, que está a cargo de los derechos de autor de la obra de su tío, reclama la propiedad de una parte del legado. En concreto, el epistolario, los manuscritos y varios objetos. "Ellos [Carlos y Ruth Bousoño] no pueden vender las cartas, los manuscritos y varios objetos. Siempre hemos reconocido que la biblioteca es de ellos. Mi tío siempre dijo que quería que los libros fueran de Carlos Bousoño. La biblioteca, un cuadro de Ulbrich y un grabado de Miró son de ellos", reconoce Amaya Aleixandre.
"Reclamamos un montón de cartas de mucho valor que recibió mi tío", recalca la sobrina. Se trata de misivas de escritores, como Pío Baroja, Azorín, Ramón Menéndez Pidal, Ramón Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Manuel Altolaguirre, Max Aub, Emilio Prados, Dámaso Alonso, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Pere Gimferrer...
La sobrina del poeta también reclama manuscritos de textos que formaron parte de libros de Aleixandre, como Pasión de la tierra, Sombra del paraíso, En un vasto dominio y Poemas de la consumación. Y objetos personales del poeta, como una mascarilla mortuoria, un capote de vestir o unas gafas...
Amaya Aleixandre asegura que ni siquiera su tío y la hermana con la que vivía sabían de la existencia de los documentos que reclama. "Debieron de retirar los papeles y bajarlos al sótano del chalé para hacer limpieza mucho antes de que murieran y al final ni se acordaban", dice la sobrina, que acusa a los Bousoño de llevarse "de una manera oculta" esa parte del legado del Nobel. "No tienen ningún título que les haga dueños de las cartas y los manuscritos. Mi tío jamás hizo una donación a estos señores", afirma Amaya Aleixandre.
Carlos y Ruth Bousoño recalcan que todo el archivo es suyo. "Es nuestra la biblioteca, el epistolario, los manuscritos y, entre otros, objetos como el capote, las gafas, el frac de la Real Academia Española y la mascarilla, que la pagamos nosotros, como ha testificado la religiosa que trabajó en la casa del Premio Nobel entre 1971 y diciembre de 1986, después de muerta la hermana del poeta", explican Carlos y Ruth Bousoño a través de un correo electrónico.
Los Bousoño hacen hincapié en que el poeta les regaló el archivo y que la familia del Nobel tuvo noticia de ello. "Lo hemos poseído públicamente, con el conocimiento y el consentimiento plenos de la familia Aleixandre, que autorizó la publicación de más de 60 inéditos del poeta -de nuestra propiedad- entre diciembre de 1984 y 2006", manifiestan Ruth y Carlos Bousoño.
"Hemos aportado abundantísimas pruebas que demuestran que somos los legítimos propietarios del citado archivo, según lo establecido en el artículo 1.955 del Código Civil, relativo a la adquisición de la propiedad de bienes muebles por la posesión pública e ininterrumpida durante seis años. Y ello está plasmado en la prensa con profusión desde 1984 hasta el año 2006, sin que la familia Aleixandre nos enviara ningún requerimiento notarial pidiéndonos cuentas sobre el archivo del que somos legítimos propietarios", concluyen los Bousoño.
El anuncio trasero de Lady Gaga
Provocadora y exhibicionista irremediable, Lady Gaga no pierde ocasión de mantener presencia constante en los medios. Aunque es la reina de los disfraces y los atuendos disparatados, y lo mismo viste su cuerpo de plástico que de tiras de carne, decidió despedir el año ligera de ropa. Con Europa inmersa en un temporal de frío y la capital francesa con temperaturas heladoras, la cantante paseó por las calles parisinas y se fue de compras con una chaqueta por todo vestido a finales del pasado diciembre. Los fotógrafos que la perseguían se encontraban de frente con un rostro muy maquillado y gafas negras, en contraste con su melena rubia. Y de espaldas, pues con el mismísimo culo de la artista, enfundado en unas medias de malla.
tomado de ELpaís.com
tomado de ELpaís.com
domingo, 2 de enero de 2011
Elías Canetti- aforismos- pequeños ensayos
Escritos fechados en 1947.
***
Cualquier página de cualquier filosofía, da igual por donde abras el libro, nos
tranquiliza: la espesa trama de una malla que fue tejida de un modo tan declaradamente al margen de la realidad; este apartar la vista del momento; este desprecio olímpico del mundo sentimental - un mundo que tampoco en los filósofos deja de tener sus marcas -; esta seguridad en una apariencia que adquiere su transparencia total en la apariencia contraria y que no por ello deja de existir; esta incesante imbricación con todos los pensamientos del pasado, de tal manera que uno que se mete en ello pensará: este tipo de esteras - exactamente este tipo - se están tejiendo desde hace varios milenios, y lo único que cambia es la muestra; ¿qué trabajo de artesanía hay que se haya conservado
mejor?, ¿qué clase de alfarería se ha practicado nunca de un modo tan ininterrumpido,
exactamente de la misma manera? Sea cual sea la filosofía con la que uno se ocupa; sea ésta porque es mejor o aquélla porque uno no la conoce en absoluto, en el fondo
siempre es lo mismo: destacar unas pocas – contadas - palabras que se han empapado de
las savias de todas las demás, y el curso minucioso que han seguido estas palabras.
***
Una orden según la cual el avaro debería pagarlo todo al doble de su precio.
***
A la avaricia se la ve como una enfermedad moral; a los que están afectados por ella se los declara oficialmente avaros y tienen que llevar un distintivo. En vez de distinguirlos por su origen, a los hombres se les distingue por sus cualidades sociales. La estrella de David de la avaricia hay que llevarla siempre puesta. Los avaros van por la calle con ella; a esto se acostumbran, a lo que no se acostumbran es al trato que reciben en las tiendas. Cuando entran el dueño debe conocer su avaricia de un modo inequívoco. Tienen que ver cómo, por el mismo artículo, los clientes que están a su lado pagan sólo la mitad de precio. No pueden refunfuñar; si lo hacen, por ley, deben pagar un suplemento. Estas rigurosas medidas contra la avaricia tienen los más peregrinos efectos. Muchos avaros se esfuerzan por convertirse en derrochadores y, sobre todo, por demostrarlo. Sus esfuerzos adquieren un carácter atlético. Cuando tiran su dinero parece como si levantasen grandes pesas de hierro que van a tirar a la cabeza de los demás. A otros, el aumento de los precios les provoca tal desesperación, que su avaricia parece estar cada vez más justificada y cada día compran menos. Estos acaban pronto deambulando como almas en pena; están en lugar de los pobres, pero son unos pobres a
los que se desprecia con razón.
***
Una religión en la que el pecador tiene que fijar él mismo la penitencia, si no ésta no
tiene efecto.
Elías Canetti
tres perlas:
"Uno ama como autoconocimiento aquello que odia como acusación."
"No es el rostro hermoso lo que uno ama, es el rostro que uno ha destruido."
"El ataque de ira del ladrón al que se lo regalan todo."
sábado, 1 de enero de 2011
Regalo de año nuevo de mi amiga Miriam C. Luna.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Festival cultural zacatecas 2010
Cuatro formas de poetizar con KANT..
La Décima
De filosofar con ganas
y la prosa consolidar
en el suyo peregrinar
al viejo Kant sus agallas
no fueron nunca sus fallas
las que la historia lega
cuando a sus libros se entrega
el que en fugaz vicioso
encuentra algo de reposo
para suavizar la brega.
El Caló
Pinche güey mano, el otro día oí en el metro Hidalgo a dos weyes, que decían que un güey, que Kant y que su puta madre, que era un pensador y la chingada y que si lo lees, después que dizque se puede tirar la güeva bien chido, ¿cómo la béisbol?
La Poética visual
El mejor libro de Kant
La Prosa elegante
El ilustre filósofo nacido en Köninsberg, sostiene en todos sus libros una tenaz brega para encontrar el meollo de la razón; su imperativo categórico, fundamental para entender a la traza de todos los pensadores neokantianos como su ilustre prosecutor Max Scheler.
El mejor libro de Kant
La Prosa elegante
El ilustre filósofo nacido en Köninsberg, sostiene en todos sus libros una tenaz brega para encontrar el meollo de la razón; su imperativo categórico, fundamental para entender a la traza de todos los pensadores neokantianos como su ilustre prosecutor Max Scheler.
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jueves, 16 de diciembre de 2010
El poeta Ricardo Esquer en Aguascalientes, ags.
Qué tal ESQUER:
No sé qué mierdas pasa con las tarjetas de mano, pero creo
que éste era tu otro correo, recuerdo que te interesó mi
artículo de Julio Cortázar,
pues bien, se p'ublicó varias veces, no siempre
te leo en La Jornada pero sí me interesa seguirte lo más
que puedo, cuando hablas
de los rollos de las gestiones públicas de la Cultura
coincido totalmente acá en Aguascalientes..
Bueno, la dirección donde puedes ver mi artículo
de Julio Cortázar es ésta: http://mgcaballero.blogspot.com/
ahí encontrarás todo tipo de comentarios, pero
también ensayos serios, poemas y ligas a otros sitios
jugosos,
te dejo, pero pásala de pelos en éstas fechas y por
supuesto, FELIZ 2011,
con respeto y amistad, para volver a platicar,
Tu cuate,
> MARCOS GARCÍA CABALLERO
Estimado Marcos:
Gracias por comunicarte y enviar la liga para leer tu texto. Lo haré con mucho gusto e interés. Es preocupante que no haya reflexión entre quienes escriben, pues al parecer la palabra no manifiesta deseos de juntarse con las ideas. Y se escribe sólo por escribir, por autocomplacencia o para denigrar a otros.
Un poco por eso y porque creo tener algo que decir, decidí colaborar en La Jornada. Los buenos lectores dirán si esos escritos valen la pena.
Tengo varios planes para el año que empieza en quince días.
Pero antes me urge quedarme en casa, sin prisa por llegar al mismo lugar donde estuve ayer, ni motivo para hacerlo.
Además de proyectos de escritura poética, tengo planes de proyectos en el CIELA y el ICA. Se trata de trabajo, como si tuviera tiempo para hacer más cosas. Pero si me ofrecen una lana con gusto dejo de hacer lo que hago.
Nótese que se trata de vender un proyecto de trabajo, no mi conciencia.
Recibe un abrazo fraternal y mis mejores deseos para el nuevo ciclo.
Ricardo
miércoles, 15 de diciembre de 2010
HEGEL
"Podemos hallar un rasgo de semejanza entre la Poesía y la Filosofía. Sus tareas parecen análogas. En efecto, el pensamiento especulativo subraya también el lado particular de los seres y les concede existencia independiente, mientras muestra por otra parte cómo se desarrolla en el seno de la pluralidad la unidad concreta que las anima y armoniza. Por esta manera de considerar las cosas, la Filosofía especulativa produce obras que semejan obras poéticas, es decir, que tienen por fin una identidad perfecta y un desarrollo orgánico."
"Como la poesía no tiene por objeto la verdad general en su abstracción científica, sino que representa todas las ideas de la razón individual, también necesita el genio particular del pueblo que la crea, y cuyas ideas y modo de composición también constituyen el fondo de sus obras y de sus modos de representación."
martes, 14 de diciembre de 2010
MENSAJE PA LA MALDITA VECINDAD
ROCCO!! PATO!! ET AL!! YA NOS CHINGAMOS A MARCIAL MACIEL, FALTA JUSTICIA PA DIGNA OCHOA!!!
RECUERDAN EL POEMA QUE LES DEDIQUÉ VERDAD!!!??
SIENTO UN ABRAZO ESPELUZNANTE Y SALUD ETERNA!!!
¡¡NAVIDAD EN LA TIERRA!!!
LA UTOPÍA DE RIMBAUD!!!
Del blog de El País.com PAPELES PERDIDOS....
Venecias
Por: Guillermo Altares06/12/2010
Venecia es mucho más que una ciudad, es un estado de ánimo, un recuerdo, una forma de ver el mundo. También es una urbe asediada por el turismo, con sus calles tan atestadas que a veces resulta difícil caminar por ellas, pero es un lugar ante el que es imposible no rendirse. Ha atraído a pintores, cineastas, músicos y escritores a lo largo de los siglos, atesora versos e imágenes infinitos, pero también millones de tiendas para turistas, con los objetos más kitsch que se puedan imaginar. Es una ciudad a la que acuden los viajeros en masa y de la que huyen los venecianos: hace un año bajó del umbral de los 60.000 habitantes (la isla ha perdido la mitad de su población en 40 años). Está acechada por la subida del nivel del agua –esta misma semana volvió a producirse Acqua Alta–, por el peligro de convertirse en un parque temático. Pero no importa, Venecia es más fuerte que todo eso. Como decía uno de sus personajes más famosos, Corto Maltés, el aventurero creado por Hugo Pratt, es una ciudad tan bella que resultaría el final para cualquier viajero porque acabaría por no moverse. Recientemente, el suplemento de viajes de The New York Times publicaba un magnífico artículo titulado 'Venecia en invierno'. Su autora, la corresponsal en Italia del diario neoyorquino, Rachel Donadio, recomendaba viajar a la ciudad italiana en pleno invierno con un libro bajo el brazo: Marca de agua, del premio Nobel Joseph Brodsky (editado por Siruela con una excelente traducción de Menchu Gutiérrez), una de las muchas obras maestras que ha dado a la literatura este rincón del Adriático. Al principio del reportaje, para describir hasta que punto Venecia es un laberinto, escuchamos un diálogo entre dos estudiantes estadounidenses. "No me importa si estamos todo el día perdidos", dice uno y el otro replica: "Tío, tampoco creo que tengamos otra opción". Es un diálogo que muestra hasta qué punto Venecia es una metáfora de la vida.
Escribe Brodsky: "El agua es igual a tiempo y proporciona un doble a la belleza. Hechos en parte de agua, nosotros servimos a la belleza de la misma forma. Al rozar el agua, esta ciudad mejora la imagen del tiempo, embellece el futuro. Ése es el papel de esta ciudad en el universo". Una ciudad que embellece el futuro es una imagen poderosa porque, con todos sus defectos, la existencia de Venecia es ante todo reconfortante. Imaginarse una tarde de invierno comiendo sardinas escabechadas o bacalao con polenta en una taverna como La Vedova o bebiendo un spritz mientras cae la tarde, que se desliza hacia la noche arrastrada por la luz húmeda y un poco triste que emerge de los canales o simplemente paseando (sin rumbo, como debe ser, 'Perderse en Venecia' se titulaba un artículo de Orham Pamuk que publicó este diario hace dos veranos) entre palacios decadentes, callejuelas y campos hace mucho mejor lo que nos queda por vivir, aunque nunca volvamos a Venecia. "Anna Ajmátova solía decir que Italia es un sueño que vuelve durante el resto de tu vida", recuerda Brodsky, poeta ruso americano, muerto demasiado pronto en 1996, a los 55 años, en Nueva York.
(Acqua Alta el pasado viernes. Foto AFP)
El diplomático y narrador francés Paul Morand escribió un precioso libro titulado Venecias, que en España se publicó en una edición cuidadísima de la editorial Trieste. Morand tiene razón: Venecia es siempre plural porque se multiplica. Cada uno tiene su Venecia y literariamente es infinita, desde los clásicos como Goethe –autor de la famosa frase "una ciudad que sólo puede compararse a sí misma"–, Thomas Mann o Evelyn Waugh –algunas de las páginas más bellas de su Retorno a Brideshead transcurren allí– hasta los contemporáneos como Ian McEwan, que ambientó en sus canales El placer del viajero. Tampoco podemos olvidar la serie protagonizada por el comisario Brunetti, gentileza de la escritora estadounidense adoptada por la ciudad, Donna Leon, que ofrece una lectura crítica de la Italia contemporánea a través de relatos policiacos muy bien articulados, ni, naturalmente, a Hugo Pratt y su Corto Maltés. Ático de los libros acaba de publicar un relato delicioso del guionista William Goldman (ganador de dos oscar por Dos hombres y un destino y Todos los hombres del presidente) titulado Los gondoleros silenciosos, una prueba más de que Venecia no tiene fin. Sería imposible recordar todas las películas que transcurren en la ciudad, aunque me quedo con una: Mujeres en Venecia, de Joseph L. Mankiewicz. Tampoco se pueden enumerar todos los libros de viajes o de historia aunque creo que Venice, de Jan Morris, es insoslayable pese a que su autora cree que esta ciudad es "incompatible con el mundo contemporáneo" porque se ha convertido "en una enorme exposición, siempre demasiado llena".
Más allá de su carga literaria, de toda la historia que arrastra, Venecia existe ante todo como lugar físico. Para los que han tenido la suerte no sólo de leerla sino también de visitarla, existe como recuerdo, de aquello que tienen y de aquello que han perdido, pero también existe como recuerdo del futuro, como infinita posibilidad. Basten las últimas frases del libro de Brodsky para comprender su inmensidad: "La lágrima es una vuelta atrás, un tributo del futuro al pasado. O es el resultado de sustraer lo mayor a lo menor: la belleza al hombre. Lo mismo sucede en el amor: porque nuestro amor es también más grande que nosotros mismos". A pesar de las hordas de visitantes, de que algún día pueda acabar hundida en la laguna sino hacemos nada para evitarlo, de las góndolas de plástico que se venden en tiendas de horteradas que proliferan por todas partes, de los menús turísticos con pizzas recalentadas, de las colas para visitar San Marcos, de que los canales no siempre huelen bien, de las ratas y las palomas, Venecia es una ciudad infinita en cuyos recodos de agua la literatura nos ha enseñado a leer, a soñar, con todo lo que nos depara el futuro. Venecia es siempre un motivo de recuerdo y de esperanza.
Venecia es mucho más que una ciudad, es un estado de ánimo, un recuerdo, una forma de ver el mundo. También es una urbe asediada por el turismo, con sus calles tan atestadas que a veces resulta difícil caminar por ellas, pero es un lugar ante el que es imposible no rendirse. Ha atraído a pintores, cineastas, músicos y escritores a lo largo de los siglos, atesora versos e imágenes infinitos, pero también millones de tiendas para turistas, con los objetos más kitsch que se puedan imaginar. Es una ciudad a la que acuden los viajeros en masa y de la que huyen los venecianos: hace un año bajó del umbral de los 60.000 habitantes (la isla ha perdido la mitad de su población en 40 años). Está acechada por la subida del nivel del agua –esta misma semana volvió a producirse Acqua Alta–, por el peligro de convertirse en un parque temático. Pero no importa, Venecia es más fuerte que todo eso. Como decía uno de sus personajes más famosos, Corto Maltés, el aventurero creado por Hugo Pratt, es una ciudad tan bella que resultaría el final para cualquier viajero porque acabaría por no moverse. Recientemente, el suplemento de viajes de The New York Times publicaba un magnífico artículo titulado 'Venecia en invierno'. Su autora, la corresponsal en Italia del diario neoyorquino, Rachel Donadio, recomendaba viajar a la ciudad italiana en pleno invierno con un libro bajo el brazo: Marca de agua, del premio Nobel Joseph Brodsky (editado por Siruela con una excelente traducción de Menchu Gutiérrez), una de las muchas obras maestras que ha dado a la literatura este rincón del Adriático. Al principio del reportaje, para describir hasta que punto Venecia es un laberinto, escuchamos un diálogo entre dos estudiantes estadounidenses. "No me importa si estamos todo el día perdidos", dice uno y el otro replica: "Tío, tampoco creo que tengamos otra opción". Es un diálogo que muestra hasta qué punto Venecia es una metáfora de la vida.
Escribe Brodsky: "El agua es igual a tiempo y proporciona un doble a la belleza. Hechos en parte de agua, nosotros servimos a la belleza de la misma forma. Al rozar el agua, esta ciudad mejora la imagen del tiempo, embellece el futuro. Ése es el papel de esta ciudad en el universo". Una ciudad que embellece el futuro es una imagen poderosa porque, con todos sus defectos, la existencia de Venecia es ante todo reconfortante. Imaginarse una tarde de invierno comiendo sardinas escabechadas o bacalao con polenta en una taverna como La Vedova o bebiendo un spritz mientras cae la tarde, que se desliza hacia la noche arrastrada por la luz húmeda y un poco triste que emerge de los canales o simplemente paseando (sin rumbo, como debe ser, 'Perderse en Venecia' se titulaba un artículo de Orham Pamuk que publicó este diario hace dos veranos) entre palacios decadentes, callejuelas y campos hace mucho mejor lo que nos queda por vivir, aunque nunca volvamos a Venecia. "Anna Ajmátova solía decir que Italia es un sueño que vuelve durante el resto de tu vida", recuerda Brodsky, poeta ruso americano, muerto demasiado pronto en 1996, a los 55 años, en Nueva York.
(Acqua Alta el pasado viernes. Foto AFP)
El diplomático y narrador francés Paul Morand escribió un precioso libro titulado Venecias, que en España se publicó en una edición cuidadísima de la editorial Trieste. Morand tiene razón: Venecia es siempre plural porque se multiplica. Cada uno tiene su Venecia y literariamente es infinita, desde los clásicos como Goethe –autor de la famosa frase "una ciudad que sólo puede compararse a sí misma"–, Thomas Mann o Evelyn Waugh –algunas de las páginas más bellas de su Retorno a Brideshead transcurren allí– hasta los contemporáneos como Ian McEwan, que ambientó en sus canales El placer del viajero. Tampoco podemos olvidar la serie protagonizada por el comisario Brunetti, gentileza de la escritora estadounidense adoptada por la ciudad, Donna Leon, que ofrece una lectura crítica de la Italia contemporánea a través de relatos policiacos muy bien articulados, ni, naturalmente, a Hugo Pratt y su Corto Maltés. Ático de los libros acaba de publicar un relato delicioso del guionista William Goldman (ganador de dos oscar por Dos hombres y un destino y Todos los hombres del presidente) titulado Los gondoleros silenciosos, una prueba más de que Venecia no tiene fin. Sería imposible recordar todas las películas que transcurren en la ciudad, aunque me quedo con una: Mujeres en Venecia, de Joseph L. Mankiewicz. Tampoco se pueden enumerar todos los libros de viajes o de historia aunque creo que Venice, de Jan Morris, es insoslayable pese a que su autora cree que esta ciudad es "incompatible con el mundo contemporáneo" porque se ha convertido "en una enorme exposición, siempre demasiado llena".
Más allá de su carga literaria, de toda la historia que arrastra, Venecia existe ante todo como lugar físico. Para los que han tenido la suerte no sólo de leerla sino también de visitarla, existe como recuerdo, de aquello que tienen y de aquello que han perdido, pero también existe como recuerdo del futuro, como infinita posibilidad. Basten las últimas frases del libro de Brodsky para comprender su inmensidad: "La lágrima es una vuelta atrás, un tributo del futuro al pasado. O es el resultado de sustraer lo mayor a lo menor: la belleza al hombre. Lo mismo sucede en el amor: porque nuestro amor es también más grande que nosotros mismos". A pesar de las hordas de visitantes, de que algún día pueda acabar hundida en la laguna sino hacemos nada para evitarlo, de las góndolas de plástico que se venden en tiendas de horteradas que proliferan por todas partes, de los menús turísticos con pizzas recalentadas, de las colas para visitar San Marcos, de que los canales no siempre huelen bien, de las ratas y las palomas, Venecia es una ciudad infinita en cuyos recodos de agua la literatura nos ha enseñado a leer, a soñar, con todo lo que nos depara el futuro. Venecia es siempre un motivo de recuerdo y de esperanza.
lunes, 13 de diciembre de 2010
SEIS AÑOS 6 de la Pedantería remota de Gargantúas hacia los y las Mundano(a)s del Planeta...!!
¡¡SORPRAIS!!
Éste año 2010 se cumplen 6 años de éste blogspot (o blof spot, the song remains the same) que se inició en agosto de 2004 bajo el nombre de Gargantúas, ahora el contador habla de 10, mil visitas y cacho, pero puedo afirmar que en total deben de ser cerca de 40 mil y vuelvo a decir a mis lectores de todas latitudes: muchas gracias mundanos y mundanas, espero que mis escritos les hayan servido de algo. Aprovecho también para avisar a algún colega –el o la que sea- que si gustan publicar un texto aquí, me sentiría honrado con su presencia virtual. También incluiré nuevas ligas de un sitio colectivo excelente y creo que el espacio de una o dos escritoras, digo-(pa que no me tachen de misógino ni nada de eso). Sigo pensando que La Revista Electrónica Punto en Línea de la UNAM es de gran calidad, igual que la escritora Alicia Quiñones y Arlette Luévano, que fundamentalmente son poetas ¡Y eso es lo mejor!, aunque sus trabajos versan sobre varios temas. Mi Bródoro Arturo Valdez Castro es un carnal de carnales, al igual que míster LITUMA y el Maestro Saúl Ibargoyen y el maestro Bernardo Ruiz, grandes profesores que me tocó conocer. Mercosur Noticias era (hasta la última vez que lo chequé) un muy buen portal de noticias de Latinoamérica y espero que así siga siendo. Por ahora La Filosofía la busco en otro lado pero sigo recomendando filosofía.com.mx. Ahora otro tipo de créditos: La Foto central es de Gerardo González González, con quien estoy acá abajo en la carretera:
Es autor de las fotos de mejor calidad que he puesto como: “las dos fridas” y otras.
Frase celebratoria que no podría quedar mejor:
“…escribir un poema es parte de la guerra”
Williams Carlos Williams
Sigan alimentándose el año próximo de los grandes Maestros y de los vivos también, y como los mundano(a)s saben, también del buen teatro, conciertos, calles, viajes en metro, miradas en la calle, cervezas (¡¡Salud con los lectores de Perú con una Cusqueña!!) vinos tintos, amores, desamores, encuentros con la Banda de bróders y, encuentros también, con lo mejor de ustedes mismos, esos son difíciles pero son los mejores.
Una recomendación en Novela: Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo, como se sabe, Premio Alfaguara 2006.
Un ensayo que recomiendo: Antimanual de Filosofía, de Michel Onfray.
Y Bueno… pues Winona… (¿De verdad cómo le hiciste?)… Winona lo es todo.
Otro poema pa la Ryder:
AVISO EN LA PANAMERICANA
La metáfora, el oxímoron y la analogía
en México
se acompaña de brandy o de tequila:
si no, las musas grandes como vos
se pueden enojar y el binomio
no encaja con lo que es dar buena poesía,
comme il faut.
Otro poema pa la Ryder:
AVISO EN LA PANAMERICANA
La metáfora, el oxímoron y la analogía
en México
se acompaña de brandy o de tequila:
si no, las musas grandes como vos
se pueden enojar y el binomio
no encaja con lo que es dar buena poesía,
comme il faut.
jueves, 9 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
Hoo, Winona...
Ahí te va un poema mío, es de los viejitos:
A través de las franjas
blancas de la persiana
observo al día
que abre sus alas
como una mariposa monarca
Anoche fuimos
un navegar tranquilo
de mármoles negros,
un oscuro tronco
que poco a poco fui trepando
para envolverme con tu cuerpo.
Para recuperar esa tibieza,
para no morir no,
antes de caer
en los telares del tiempo.
Sutil extrañeza,
fue como un desierto y una selva
la sensación de nuestra hondura.
Allá afuera, lejos,
una andanada de polvo se levanta
y Aguascalientes sigue siendo
una pregunta arrojándose
a la incertidumbre de los vientos.
Éste poema mío me gusta mucho, y más porque me lo pagaron en la revista donde fue publicado, ahora que, debajo de la cama de l piso de arriba de la casa editorial donde fue planeado, me corrieron a la madrugada siguiente (seguramente sólo les gustó el final) ejem... Pero se lo dedico a Winona porque siempre estuvo presente, en su honor y con respeto.
*Nota Del Autor.
ALCOHOL Y LITERATURA...
Por Marcos García Caballero
Antes de que una encuesta hecha por ahí de 1998 a José Antonio Alcaraz que denominó al dramaturgo como “el hombre más culto de México”, la prensa de la ciudad de México le preguntó el por qué la literatura, más que cualquier otra disciplina artística, estaba tan mezclada con el alcoholismo. Alcaráz respondió que todo eso no era más que un pancho, un mitote, porque si así se produjera siempre buena literatura, él no sería un Director de una Escuela de Escritores, sino que cerraría la Escuela y pondría rápidamente una buena y acogedora cantinucha.
En lo personal, mi opinión no dista del ahora fallecido dramaturgo, al que siempre recordaré como mi maestro, pero sí puedo afirmar que la mitología del escritor bohemio etcétera, ha existido siempre; por ejemplo en el siglo dos XX hubo dos grandes borrachos y lujuriosos que parecían ser sólo unos pobres diablos como Henry Miller y Charles Bukowski; que si están o no están incluídos en los canones de tal o cual Universidad finalmente no importa: sus escritos rebasan cualquier expectativa, o para decirlo de otra manera, sus escritos desbordan hasta la cerveza puesta en la mesita de centro de la peda o borrachera de cualquier parte; de estos dos norteamericanos basta citar los famosos Trópicos de Miller (uno de ellos estuvo prohibido durante 30 años) y del segundo sus extensos poemas malditos o sus novelas como Mujeres o los cuentos de Música de cañerías. Pero claro, inmediatamente hay que aclarar que no hay un Per se: literatura buena no necesariamente proviene de experiencias alcohólicas ni mucho menos. Antes que cualquier otra cosa, escribir 10 buenos poemas, cuentos o un par de novelas excelentes es un trabajo mezclado con algo que busca perseguir la inteligencia del autor, chamba, pues.
Éste mitote tiene su origen desde muy lejos; pero en los albores de la época moderna podemos identificar a varios borrachos geniales en Francia en el siglo XIX: Charles Baudelaire, Rimbaud, Lautreamont, etcétera. Ellos experimentaron con el opio (Baudelaire tiene un extenso texto que se titula: acercamientos al opio y hachís); todo tipo de alcoholes y ellos pasaron a la historia de la Literatura Mundial como los santos patrones del desmadre, la encarnación de personajes grotescos y diabólicos, excesivos en todo, incluido el sexo y el espíritu contestatario de la juventud, desde ese momento (1845 más o menos) hasta toda la juventud rebelde en todos los tiempos y todos los espacios; aún a pesar de que Rimbaud murió en pleno apego al Cristianismo y a los demás de ellos… podemos imaginar cómo les fue un poco más adelante; todo esto también es o ya pasó a formar parte de la inspiración actual de nuevas generaciones de escritores y músicos en épocas más recientes como 1950 con las poéticas de la generación beatnick o los artistas del Jazz hasta el rock and roll: desde Charlie Parker, pasando por The Rolling Stones (quienes fueron amigos del beatnick más drogo de todos: William Bourruhgs y lo fueron a visitar a Tánger, donde él vivía día y noche escribiendo e inyectándose de tocho morocho), hasta los actuales The Black Eyes Peaks.
Pero quedarse con las anécdotas es baladí, es algo snob: de pose de poses. Todo lo que éste tipo de obras proclaman y pregonan: “Leeme tú maldito lector”, gritan desde sus tumbas estos personajes. Por ejemplo, Las flores del mal de Baudelaire, aparecidas por ahí de 1855 contienen una fuerte relación con los mitos fundantes de la gloriosa época Micénica; los poemas de Baudelaire en una buena y cuidada edición mantienen notas a pie de página para el lector de habla hispánica, es decir, ese tipo de literatura nunca fue sólo habladuría, como diríamos hoy; se trata de autores serios al momento de enfrentarse con el acto creativo, el decir o como gustes y sí, eran también autores de desmanes y desmadres pero nos legaron una nueva visión para entender el contexto y el adentro del hombre a partir de esos momentos para lo que iba a seguir. Igualmente pasa con otros autores; incluso de la antigüa Roma, el filósofo Séneca recomendaba una buena borrachera de vez en cuando: “no para ahogarnos en el vino sino para encontrar en él algo de reposo”.
Puede decirse en pocas palabras y ahorrarse tantas explicaciones a las mentes que se quedaron viviendo en el siglo XIX con esto: todos los grandes escritores, bebedores o no bebedores desde el inicio de la modernidad han asumido la dimensión trágica de la existencia y el habitar del hombre en la Tierra, porque asumir esto es un intento de abstraer toda la substancia de la vida y la literatura. ¿Entonces? Pues nada, unas cucharadas pa quitarse el bajón y salirse a las festividades de la noche y nunca estará del todo mal platicar con Dios en la Parranda para ver cómo le va en sus cosas… etc. Como digo, es un mitote exagerado, porque desde entonces también existían las almas calmaditas que fueron, corrieron y le dijeron a mami y papi: “¡Esos se drogan y hacen lo que quieren!” Y entonces por eso se cree que casi por ley todo escritor es bebedor y ¡carajo! Los escritores seguiremos bebiendo…
domingo, 5 de diciembre de 2010
de Microhistorias
Cada fin de año hay que ahuyentar a los fantasmas que han hecho su hogar entre secos nidos de pájaros y escondrijos de la casa. No siempre se van. Procedemos entonces a quemar las reliquias que encontremos bajo el piso, pero siempre con los ojos cerrados.
Arturo Villalobos
sábado, 4 de diciembre de 2010
La verdadera Banda es como Dios, los vivos y los muertos...
Esta época en que empiezan los fríos me parece idónea para que aflore la bestia. La bestia que andan cargando en mi nombre unos amigos míos llamados Blaise Cendrars, Efraín Huerta, Henry Miller y Ezra Pound -Estoy cabildeando con el bueno a ver si Sir Karl Popper y Guillermo Cabrera Infante pueden unirse para siempre- , si querían una confesión a fuego lento un tanto inservible ahí ola tienen: esos personajes son parte de mi Banda secreta, al punto de que jme encargo de gritar al piso pa sacarlos de las brasas de la Tierra y que me acompañen de vez en cuando en una parranda. Resulta que hoy viernes en la noche, vengo de tomar unos tragos con un viejo colega que a su tercer cerveza me dice: "Sí, fuiste tú, en 1994 te cogiste a la Begoña en una fiesta, yo abrí la puerta y los ví". - Antes de seguir contando esta leve embriaguez pido que no se me malinterprete: jamás hablaré mal de ninguna mujer y menos si es o fue mi amiga; lo único que recuerdo es que Begoña era una chava española, pero después de los tragos llego a la madriguera, o la oficina o la pedantería remota- como gusten decir- y recuerdo que cuando otro amigo de esa época que afortunadamente no se jodió como muchos otros, sino que escribe y estudió Hispánicas., es decir el Emiliano abrío la puerta y efectivamente estaba yo con una mujer y estábamos bien a gusto en la camita contándonos los vellitos de nuestros brazos desnudos, pero ya no sé quién era, no recuerdo que fuera la española Begoña, pero no sé porf qué diablos pero no recuerdo que fuera esa vez la española Begoña, pero este amigo insiste en que eramos ella y yo y...joder! Me sentí tan exitado de sólo imaginar que eso fuera mi verdadero pasado con la española Begoña, que le mandé un mensaje de texto a mi amada novia actual cuando el bar ya gemía: "Y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía..." Ella no entendió nada (qué bueno! no sé por qué me preguntó si tenía algo que ver con los ingenieros!), pero he de reconocer que los secretos que generan los flashbacks de mi vida me exitan tanto que podría dar por tí la vida entera... y de sobra sabes que eres la primera... pero que podría engañarte con cualquiera... Ahora sí ríanse!! Mundano(a)s, pero recuerden que Blaise Cendrars espera su centenario y un año después, 1914, nació el lagarto de lagartos Efraín, o sea que la fiesta apenas va a empezar...
lunes, 29 de noviembre de 2010
Ésto es lo que tú quieres y te lo voy a dar: Entrevista El País a TOM WAITS
Crónicas de un ladrón de sonidos
Triple salto de toda una leyenda. El músico de la voz rota da otra intensa muestra de creatividad con 54 canciones en tres discos. Le entrevistamos en un bar de carretera de California BÁRBARA CELIS 03/12/2006
Triple salto de toda una leyenda. El músico de la voz rota da otra intensa muestra de creatividad con 54 canciones en tres discos. Le entrevistamos en un bar de carretera de California.
En medio de un paisaje de olivos y viñedos que podrían haberse escapado de un poema de García Lorca, hay un bar de extraña idiosincrasia llamado Little Amsterdam, cuyo letrero está a ras de suelo. Se cayó hace meses, pero su dueño no se molestó en levantarlo. Yace en la carretera de Petaluma, en el valle de Sonoma, en California, muy cerca de Bodega Bay, donde Hitchcock filmó Los pájaros. Little Amsterdam, un lugar lleno de trastos añejos y olvidados, en cuyo almacén aún cuelgan los garfios que indican su pasado de matadero local, está en bancarrota. Pero su dueño, un sexagenario holandés de aspecto anacrónico y camisa hawaiana, aficionado a los mariachis, las mujeres y el billar, aún tiene un amigo: Tom Waits.
“Me prometió que lo convertiría en su estudio de sonido. Espero que su mujer le deje comprarlo”. Evert lo comenta entre dientes porque aún no ha cerrado el trato. Waits, el músico de voz acre y resacosa, el cronista perpetuo de las vidas de arrabal americano, el inagotable ladrón de sonidos, ha sido cliente asiduo de Little Amsterdam durante años. Será porque el local y su dueño podrían habitar perfectamente en una de sus canciones…
Los universos tan reales como paralelos de discos como The heart of saturday night, Small change o Blue Valentine, donde la mitología de vidas al margen se mezclaba con la imaginación desbordada y la voz corrupta de Tom Waits, le convirtieron en los años setenta en un músico de culto. También ayudaron sus directos indómitos y sus excesos alcohólicos, envueltos en el humo espeso de un cigarrillo, pero arropados por la base musical incisiva de quien busca un lenguaje propio.
Sus influencias viajan desde el folk de Leadbelly hasta el jazz de Cole Porter. Roban la teatralidad sonora de George Gershwin, la irreverencia de la generación beat y los extremos literarios de Bukowski. Con ellas le puso banda sonora desde 1973 a un submundo de bares oscuros, prostitutas, corazones rotos e hígados reventados en Los Ángeles. Allí arrancó su carrera, tocando en el Troubaudour y editando su primer disco, Closing time. Irrumpió en la música con su voz rota enroscada en el peso de una vida insaciable y con melodías escupidas desde pianos ahogados en tristeza. Una década más tarde, en 1983, sorprendió con Swordfishtrombones, un disco con el que se adentraba en la producción propia y con el que amplió su universo sonoro, llenándolo de instrumentos dispares, disonancias, canciones habladas y letras tan imposibles como seductoras. Su discográfica, Asylum, le despidió y predijo el fin de su carrera. Pero ocurrió lo contrario. Island Records rescató el disco y lo convirtió en leyenda.
Después llegaron las bandas sonoras. Compuso para Francis Ford Coppola Corazonada, por la que fue candidato al Oscar, y para Jim Jarmusch, quien además le convirtió en su actor fetiche. Ahondó en el teatro junto a Robert Wilson y William Burroughs en The black rider. Llevó al escenario su álbum Frank’s wild years, continuó innovando con Mule variations, y además se forjó una peculiar carrera como actor haciendo pequeños pero incisivos papeles en más de veinte películas, incluida Vidas cruzadas, de Robert Altman.
Ahora, dos años después de editar su último álbum de estudio, Real gone, Tom Waits edita el triple Orphans: brawlers, bawlers and bastards (Huérfanos: bronquistas, berreadores y bastardos), una colección de 54 canciones entre las que hay 30 grabaciones inéditas. El disco abarca versiones de Los Ramones y Daniel Johnston, temas rescatados de su trabajo como compositor de cine, blues clásico, música experimental, nanas y cuentos irreverentes.
Tom Waits, famoso por su imprevisibilidad y cuya pasión de juventud por el alcohol arruinó más de un encuentro con la prensa, ha escogido Little Amsterdam para promocionar su disco. A su manera, porque su personalidad musical y artística también se refleja en una conversación que seguirá cauces poco habituales.
Tras atravesar la cocina del local, y tras una puerta con mosquitera oxidada, hay un patio trasero lleno de trastos. Y bajo un porche desconchado, Tom Waits –cara curtida, pelo rojizo, perilla canosa, ojos pequeños, hombros caídos– recibe a la periodista sentado en una mesa coja.
¿Por qué eligió Petaluma para vivir?
Yo no vivo en Petaluma.
¿Esto no es Petaluma?
Sí, pero yo vivo en otro pueblo de aquí al lado.
¿Cómo se llama?
Eso no se lo pienso decir, que luego se llena de gente. Invéntese un nombre. Por ejemplo, la Ciudad del Sueldo del Alcalde [nombre de ciudad en su disco Mule variations].
¿Pero por qué eligió esta zona de California?
Vine por el vino, pero después dejé de beber.
¿No era suficientemente bueno?
Sí lo era, pero yo decidí dejar el alcohol.
¿Sabe que todos los amigos a los que les comenté que le iba a entrevistar me propusieron cosas como: llévate una botella de ‘bourbon’ y la bebéis juntos? ¿Le molesta que la gente siga reteniendo la imagen con la que se hizo célebre en los años setenta?
No puedo hacer nada al respecto. Además, yo a sus amigos no los veo a menudo, ¿no? Supongo que es normal que la gente piense que la persona que uno era hace diez años lo siga siendo hoy. Además, yo no dejé de beber, el alcohol me dejó a mí.
¿Ha vuelto a visitar aquellos sitios donde se construyó esa fama, el Tropicana Motel o la sala de conciertos Troubaudour?
El Tropicana lo demolieron y al Troubaudour hace muchos años que no he vuelto. ¿Soy nostálgico? No sé. Busco las mismas cosas, las cosas que no desaparecen con el tiempo, las que no se entierran, las que siempre estarán aquí…
¿Como los sombreros?
Exacto. Yo los sigo llevando. Es algo que no hay que perder.
¿Y cree que las nuevas costumbres, como escuchar música en el iPod, permanecerán?
Yo tengo uno. Me lo dio mi hijo. Lo uso cuando boxeo en casa. Pero me gusta utilizarlo sólo con el shuffle porque pasas de Allen Ginsberg a Prokofiev, a The Four Tops, a Charlie Rich, a Charlie Poole, a Charlie Parker…, a todos los Charlie… Y es una sucesión de cosas diferentes que adquieren sentido para ti. Así era la radio hace años. Ponían canciones con un sentido inherente, como lo que ahora hace Bob Dylan en su programa [XM Radio]. Ese tipo es un genio.
Aquí comienza una de las muchas interpretaciones que hará a lo largo de la entrevista, como si fueran viñetas de un cómic. Vestido con pantalones, chaqueta de color negro y botas militares, cambia la expresión de la cara, mira de refilón imitando el aire de pasotismo de Bob Dylan y repite con voz dilaniana la coletilla del programa: “Tune in time radio”. Y continúa: “Ahora la radio está organizada para consumidores. Como las autopistas, que están llenas de cadenas de supermercados y tiendas uniformes. Hay emisoras de sólo blues, o sólo country, o sólo hip-hop… Cuando yo era un adolescente ponías una y escuchabas muchas cosas”.
Pero ahora tiene incluso la posibilidad de conseguir gratis la música que le gusta por Internet. ¿No le parece que hay más opciones que antes?
No exactamente, porque todo es demasiado fácil. Falta la lucha por descubrir las cosas que te interesan. Es como una cesárea frente a un parto natural. La lucha para salir es parte de la vida, y cuando es tan simple como darle a un botón… No sé. Es como las bibliotecas: antes ibas buscando un libro y por el camino descubrías algo más. Aunque es cierto que ahora pasa eso con Internet…
¿Cómo vive los cambios que la revolución digital está produciendo en la industria musical?
No sé. Haces un concierto, la gente lo graba, y luego resulta que lo venden online. Son como pulgas en un perro: tienes que lidiar con ellas, son inevitables.
¿Alguna vez se ha bajado música de Internet?
No sabría cómo.
Si supiera, ¿lo haría?
No estoy seguro, porque estoy sensibilizado con este tema. Las canciones pertenecen a alguien. Es como robarle las flores a tu vecino. Vale, los discos costaban menos antes que ahora, pero es que todo costaba menos. Si plantas lechugas, las haces crecer, inviertes tiempo y dinero en ellas, no quieres que te las quiten… Hacer un disco cuesta dinero; exige energía, tiempo para hacer las canciones, contratar a los músicos, el estudio… Es un negocio… Desde mi punto de vista, los discos no son caros, porque yo los hago y pago por ellos. Pero no sé, ahora todo el mundo trata de hacer predicciones, y en realidad nadie sabe qué pasará en el futuro.
¿Sus hijos [Casey, Kelly y Sullivan, fruto de su matrimonio con su colaboradora Kathleen Brennan] piratean música?
Sí, pero si les pillo, les amenazo.
¿Qué le han enseñado musicalmente?
Tienen curiosidad y atrevimiento, y eso lo aplican a su personalidad. Visten música como si fueran joyas, como sus peinados. Han integrado la música en su vida como si fuera ropa. Y eso me ha hecho recordar cosas. La primera vez que vi a James Brown, yo quería ser negro. Quería pantalones ajustados, zapatillas naranjas… Ellos escuchan cosas que piensan que a lo mejor me gustan, y me lo dicen: 50 Cents, Tupac…
Y vuelve a la interpretación. Se ajusta la camisa, mira de lado y empieza: “Venga, tío, escucha un poco de hip-hop; estos tipos están vivos, tú sólo oyes a todos esos cantantes muertos”.
Le ha dedicado a ‘Orphans…’ casi dos años.
Sí. Son temas nuevos, temas perdidos, temas huérfanos… Los títulos de cada álbum se corresponden con la música y atmósfera que hay dentro. Son muchos tipos diferentes de líricas, de estilos, de acentos, incluso de voces. Pero ahora me siento más cercano a Bastards.
En Bastards, Waits se regocija en su lado más experimental, acercándose a Captain Beefheart o Lord Buckley, e incluye varios relatos hablados, sin música, chocantes, como Children’s story, un cuento para niños tremendamente cruel o el poema de Bukowski Nirvana. Brawlers se mueve en el entorno del blues, mientras que Bawlers incluye temas compuestos para películas, baladas que arrastran la tristeza que impregnaba su primera época o versiones sucias de temas como el clásico de Leadbelly Goodnight Irene.
¿Ha sido como interpretar a personajes diferentes en las películas?
Sí, es parecido. Necesitas decidir lo que necesita cada canción. Y entonces pruebas. A veces resulta que tu voz suena mejor si intentas parecer una mujer, o si sólo hablas, o si sólo susurras.
En ‘Brawlers’, la canción ‘Road to peace’ habla de la guerra entre israelíes y palestinos. Usted no suele hacer temas políticos…
Se me ocurrió leyendo The New York Times. Iba a tirar a la basura todos esos periódicos con cientos de artículos sobre ese conflicto y no podía hacerlo sin escribir nada sobre el tema.
Si tuviera que escribir una canción sobre Bush, ¿cómo la titularía?
El pequeño hombre con el gran encargo… No sé… El otro día escuché esas cosas que dijo Chávez sobre él. Le llamó demonio… En Estados Unidos, mucha gente piensa lo mismo. Es como una garrapata sobre un caballo que intenta chuparle toda la sangre y se pone tan gorda que parece que va a explotar. ¿Cómo te deshaces de ella? ¿Cómo consigues tirarla por el váter? Todos le odiamos. Es un ladrón, un estraperlista. Está clarísimo, tiene muchos intereses petroleros. Tiene una aguja muy larga, la ha pinchado en Oriente Próximo y está chupando de ahí todo lo que puede.
En este álbum han participado casi cien músicos diferentes, desde Marc Ribot, asiduo de sus discos, hasta Brett Gurewitz, el guitarrista de Bad Religion. ¿Cómo los eligió?
A veces solamente consigues a quien esté en la ciudad en ese momento. Así es como mi hijo acabó tocando conmigo. Estaba buscando a un batería para irme de gira y, como no encontré al que quería, alguien me propuso que probara con Casey.
¿No pensó en él desde el principio?
No, porque es mi hijo. Nunca habíamos tenido esta experiencia. Y además sabía que nunca había tocado todo un concierto, y no sé, yo pensaba: esto es música para gente mayor, ¿cómo voy a meter a mi hijo en la banda?; me voy a pasar el día discutiendo con él. No lo veía posible, pero ha resultado cojonudo.
¿Ha vuelto a grabar en el cuarto de baño de su casa, como en su anterior disco?
Sí. Siempre busco habitaciones que suenen bien, con una buena atmósfera. El secreto está en la acústica de los azulejos… Cada habitación es como un instrumento más. Me gusta descubrir sonidos en todas partes. Son las oportunidades arbitrarias que ofrece la música, que es lo que yo adoro. Cuando alguien arrastra una silla y suena como un autobús frenando. Pasa todo el rato, pero tienes que estar dispuesto a escuchar.
En este álbum también ha utilizado alguno de esos instrumentos obsoletos o inventados que usted colecciona… ¿Me podría explicar qué es un piano borracho?
Supongo que un piano desafinado, o al que le faltan algunas teclas, o al que le ha llovido encima.
De repente, como si alguien hubiera preparado la escena para contestar a la pregunta, Tom Waits se queda mirando a su izquierda, se levanta, se acerca a un mueble que está cubierto con plástico azul y, ¡zas!, descubre un piano de madera hinchado, sucio, mojado y con las teclas desquiciadas: “¡Esto es un piano borracho! Inténtele sacar algún sonido, saldrá como ahogado…”. El piano resplandece en su deterioro en medio del patio polvoriento y olvidado de Little Amsterdam, mientras Tom Waits lo mira embelesado. “Es una lástima…”, balbucea.
Antes de tocar el piano aprendió a tocar la trompeta…
Sí, en el colegio, pero lo dejé por la guitarra, porque tocar la trompeta solo no te hace compañía. Tienes que tocar con otros músicos para disfrutarla. Nunca he vuelto a intentarlo. Aprendí a tocar la guitarra y monté una banda, The Sistems. Y luego descubrí el piano.
Acaba de tocar en Nashville, en Cleveland, en Atlanta, etcétera. ¿Por qué sale tan poco de gira y siempre va a sitios pequeños?
No me me gusta tocar en Nueva York o en Los Ángeles. Me pone nervioso que las primeras 10 filas estén ocupadas sólo por gente de la industria o de la prensa. Busco una audiencia de personas. Pero en esta gira me lo he pasado muy bien. Igual nos volvemos a lanzar a la carretera.
¿Cuándo?
Cuando nos apetezca. Ponga lo que quiera.
Duke Ellington les solía dar a sus músicos descripciones de cosas o personas para que tocaran de una u otra manera. ¿Cómo trabaja usted con los suyos?
A veces les hablas de forma abstracta porque estás describiendo algo que no puedes ver, estás haciendo películas para los oídos y tienes que hablar en imágenes. Les ayuda. Otras veces les das nombres de otros músicos…
¿Esas películas las tiene en la cabeza de antemano?
No, te las inventas en el momento. Yo te podría decir: toca como los ojos del enano subido en los hombros del gigante ciego, o toca como la mujer con cara de mula que baila con el chico cocodrilo. ¡Ponle más púrpura!, ¡demasido marrón!, ¡falta amarillo! ¡Necesito negro para poner amarillo!
¿Los colores funcionan bien?
Sí.
¿Y los olores?
Fíjese, en este disco hay una combinación de olores, pero nunca había intentado hablar en olores. Es una buena idea porque intentas crear atmósferas y todo ayuda… Gracias.
¿Y cómo es la relación de trabajo con su mujer?
Te pones los guantes, esperas a que suene la campana y sales a pelear.
Tom Waits suelta una carcajada, le da un sorbo a su café y, balanceándose en su silla, como lleva haciendo casi toda la entrevista, continúa: “Ella es el cerebro detrás de papá. Es una letrista exquisita. Tenemos una buena relación. Una vez que tienes hijos con alguien, todo lo demás se vuelve fácil”.
Kathleen Brennan es la mujer a la que Tom Waits ha dicho deberle la vida. Se conocieron en 1978 durante su primera incursión en el cine –reencarnándose en sí mismo como el pianista Mumbles en Paradise Alley, de Sylvester Stallone–. Antes había sido pareja de Ricky Lee Jones, pero el alcohol y las drogas les metieron en más de un problema, incluida la cárcel por montar una bronca a las puertas de un bar. A Brennan, en cambio, se le atribuye el giro creativo que Waits dio con Swordfishtrombones y todo lo que vino después. Hace 14 años también le ayudó a dejar el alcohol, que estaba realmente a punto de convertirle en el protagonista de su canción Bad liver and a broken heart (Hígado enfermo y un corazón roto), uno de sus clásicos del disco Small change.
Antes mencionó a James Brown. ¿Fue su despertar musical?
Un poco, pero yo escuché música desde niño. Empecé oyendo baladas mexicanas con mi padre y canciones folk en Pomona, la ciudad en la que nací [el 7 de diciembre de 1949].
¿Qué hacía su padre?
Enseñaba español. Yo de pequeño lo hablaba; ahora, muy poco [balbucea en español].
¿Nunca se planteó utilizarlo en sus canciones?
No, pero llevo tiempo intentando convencer a Los Lobos para que me dejen cantar un tema. ¿Conoce esa de “Guadalajara en un llanooo, México en una lagunaaaa?” [cantando]. Es un vals. ¡Punch 1, 2, 3! ¡Punch, 1, 2, 3! [cantando y agitando el puño al ritmo].
¿Qué le llevó hasta la música?
Quería ser parte de esto, tocar era como un sueño. Tener a 3.000 personas esperando a que yo salga, gente chillando… Eso es lo que quería.
Pero también tuvo tropezones. Como telonero de Zappa le abuchearon…
Sí, no les gustaba nada. Pero lo tenía que hacer. Es divertido mirar hacia atrás… No ha sido fácil. Si fuera fácil, todo el mundo lo haría.
Pero ahora todos los jóvenes quieren ser estrellas de rock, estrellas de Hollywood; la televisión lo presenta como algo sencillo. Todas las niñas quieren ser Britney Spears.
Sí, pero ella no es feliz, créame. Tiene dos hijos, está gorda, cabreada con su marido, adicta a quién sabe qué… Está lo que usted ve sobre el escenario y lo que hay detrás. Créame, entre bastidores el mundo es muy feo, está lleno de monstruos. Como los que había en la prehistoria, horribles. No es fácil, la gente no tiene ni idea de lo que pasa fuera del escenario.
¿Cómo es ahora su vida ahí detrás?
Distinta. Ahora tengo una familia, y eso lo hace diferente. Me recuerdan quién soy, que soy un padre y un marido. En realidad, sobre el escenario pasas una parte de tu vida muy pequeña; el día es mucho más largo que eso.
Pero ese personaje que se construyó y con el que la gente todavía le confunde, cuya vida se parecía a sus canciones, ¿qué era realmente?
No sé, estaba en el show business, necesitaba ser alguien y venir de algún sitio. Estaba interpretando a un personaje con trozos de mí mismo y de otros, Cantinflas, Jack Benny… Mezclándolo todo y construyendo algo.
Y ahora… ¿usted es usted?
No más ahora que antes. Soy pedazos de cosas. Es como un truco mágico. Usted y yo no nos conocemos, y yo me lo podría estar inventando todo.
¿Pero se siente satisfecho de lo que ha conseguido? Otros músicos como Bruce Springsteen hacen versiones de sus temas [‘Jersey girl’]. Usted es una referencia musical casi tan citada como Bob Dylan…
Así es la música: cuando eres joven, alguien te ayuda, y después tú ayudas a alguien. Buscas guías… Cuando eres joven y naíf… Escuchas discos, te aprendes las letras, la tonalidad; así aprendía yo, y todavía lo hago. Ahora la gente hace lo mismo conmigo, es un proceso orgánico. No hay escuelas para aprender a escribir canciones, aprendes porque necesitas escribirlas, porque las amas, porque quieres ser parte de eso.
¿Cómo es su relación con la música y el cine?
A veces te explican la película: “Esto es una historia de dos tipos que trabajan en una tintorería, y una noche uno pone un petardo en su oreja, y le vuela la cabeza, y aterriza en Kansas, y le meten en la cárcel durante tres años, y después le secuestran y se lo llevan a Canadá, y cuando sale se cambia de sexo y monta un bar, y…”. La historia te parece buenísima, dices que sí, y luego ves la película y es una mierda. Por eso ahora escojo solamente ponerles música si las he visto antes. Es un negocio en el que si quieren tu ayuda es porque no tienen dinero, o porque hay problemas y esperan que tú los arregles. Así que ya sólo lo hago si realmente me apetece.
Como actor, ¿también es tan selectivo?
Debería serlo. Cuando trabajas para alguien, con mucha gente, nunca estás seguro. Eres un violín entre trescientos violines. No estás conduciendo, vas en un autobús. Unas veces es divertido, y otras, una pérdida de tiempo. Pero estás atrapado; una vez dentro, ya no puedes escaparte.
¿Qué es lo que le gusta de actuar?
Me acerco con el mismo planteamiento con el que me acerco a la música: intentando encontrar una cualidad musical en el personaje y en sus palabras. Pero no tengo técnica suficiente como para sentirme relajado haciendo las películas.
Ha hecho varias con Jim Jarmusch. ¿Es cierto que han montado juntos una hermandad, llamada Los Hijos de Lee Marvin, con Nick Cave y John Lurie?
Sí, es cierto, pero no sé quiénes son los miembros. Voy a tener que cambiar toda la normativa, porque se ha colado un montón de chicas…
¿Y cómo se entra?
No se lo puedo decir, hay muchos requisitos, es privado.
¿Y qué hacen cuando se reúnen?
Lo que hacen los amigos cuando se juntan: tomar café, hablar de películas, disfrutar de la compañía. Lee Marvin es sólo el padre espiritual. Pero la organización está en crisis. Jim dejó entrar a varias chicas y ahora la gente empieza a hacer preguntas, como usted. Antes era más como la CIA, ¿entiende? Muy secreta, muy privada. Vamos a tener que replanteárnoslo todo.
¿Le puedo hacer una pregunta más?
Sí, pero después le corto la cabeza.
¿Llegó a conocer a Bukowski?
Sí.
¿Era como se lo imaginaba?
No.
¿Cómo lo recuerda?
Riéndose, bebiéndose un vino tinto, dándole azotes en el culo a su mujer… Lo cierto es que, cuando vas a conocer a alguien, te llevas tu imaginación al encuentro… ¿Soy yo como usted me imaginaba?
No del todo.
[Tom Waits sonríe, se levanta, se pone su sombrero como quien lleva haciéndolo desde la eternidad y se dirige hacia la puerta]. Se lo dije, sobre el escenario y entre bastidores. Personas diferentes.
Bronquistas, berreadores y bastardos
Por Diego A. Manrique
En octubre, la revista británica The Word desarrollaba un reportaje juguetón a partir de un lugar común: el abismo entre las querencias musicales de hombres y mujeres. Se ofrecían entrevistas con cuatro parejas –cuyas preferencias chocaban– y un doble listado: discos genuinamente femeninos y discos eminentemente masculinos. En la última clasificación figuraba Tom Waits con Swordfishtrombones, el elepé que supuso su emancipación sonora.
Waits parece sufrir el destino del artista de culto: menú para un clan (mayormente varonil) de fanáticos, un nombre que se cita más que se disfruta. Pero las canciones de Tom pueden ser consumidas por el gran público…, si se las separa de su intimidante voz. Rod Stewart llevó el romanticismo urbano de Downtown train al número 3 de las listas estadounidenses; Bruce Springsteen logra que se derritan las masas cuando entona Jersey girl.
Se sabe que hay dos Tom Waits. El primero era un cantautor atípico, recién salido de un cuadro de Edward Hopper; un bohemio de casting, el resto de algún naufragio beatnik. Dominaba la melancolía crepuscular y las gracias de borracho: “El piano ha estado bebiendo, no yo”, canturreaba. Hasta que en 1981 conoció a la que sería su esposa, Kathleen Brennan, empleada literaria del Coppola más imperial. A su lado escribió su música más bonita: la banda sonora de One from the heart (en España, Corazonada). A continuación rompió la baraja.
El segundo Waits saltó de Asylum, sello para hippies ricos, a Island, entonces tolerante con los heterodoxos (ahora graba para Anti, independiente con raíces punkis). Tiró al retrete el Libro de Producciones Aceptables, se desprendió del disfraz de hipster resabiado y comenzó a manipular tanto sonidos como formas añejas. Sin miedo, acentuó su voz de hombre lobo.
En contra del tópico del gusto musical femenino, el impulso para explorar vino de Kathleen. Ella le hizo ver que era preferible la libertad creativa a la seguridad de una carrera convencional, le facilitó el contacto con cierta vanguardia (William Burroughs, Robert Wilson, Jim Jarmusch) y le animó a aceptar papeles en el cine. Establecieron la primacía de la familia sobre los compromisos profesionales: Tom apenas hace giras. Liberado de concesiones, puede editar dos discos el mismo día, o juntar, como ahora, un triple cd de retazos y ocurrencias sueltas.
¡Limpieza de otoño! Con Orphans…, Waits y Brennan han vaciado su archivo y les ha salido un muestrario tan accesible como impresionante (tres horas) de logros e influencias. Son 56 grabaciones, de las cuales 26 estaban desperdigadas por homenajes, películas, proyectos ajenos. Tom, que se atormenta por unificar en clima y concepto cada disco oficial, funciona también sin el peso de la Gran Idea. Hay coherencia estética en estos 56 temas de Huérfanos, que se han podido ordenar en tres categorías, una por cd: ‘Bronquistas’ (rock de batalla), ‘Berreadores’ (baladas) y ‘Bastardos’ (recitados y experimentos).
Revisando tan monumental miscelánea, se entiende el respeto, la pura envidia de sus colegas: nadie arriesga más en el vestuario, el esqueleto y el alma de sus canciones. Su paleta es inmensa: blues libérrimos, melopeas de perdedores, jazz en blanco y negro, sudorosos cantos de trabajo, boogies oxidados, agrios himnos de iglesia, hip-hop sin máquinas, mambos de tierra adentro, serenatas con costras. Manjares orgánicos para buscadores –de ambos sexos– que sepan apreciar esos “diamantes que prefirieron quedarse como carbón”.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Rita Guerrero tiene cancer
Cuenta Banorte para ayudar a Rita Guerrero 0664479673 clave 072180006644796732
Vamos a hecharle una mano
Una post del 2008 de Carlos Oliva Mendoza
Me pareció una perla:
Ocho años de panismo en eso que se llamaba la República mexicana
Antier el presidente de la Comisión Nacional de Derecho Humanos (CNDH) nos obsequió una precisa radiografía del país:
1. De enero de 2001 a noviembre de 2008 ocurrieron 20 mil secuestros en el país, esto es, 2500 al año, siete al día.
2. En ese período se registraron 10 mil 500 ejecuciones atribuidas a eso que llaman "crimen organizado".
3. En el 2008, se han ejecutado a 5 mil 585 personas.
4. De enero de 2006 a noviembre de 2008, 48 millones de personas han sido víctimas del delito (16 millones por año, 43 mil 835 al día)
5. De todos esos millones, se ha aclarado el 1.24%, lo que quiere decir que el grado de impunidad del país es del 98.76%.
Hace tiempo que el país es una suma de empresas, aparentemente, sin control. Si uno observa esto, más bien parece que la cosa marcha bien: el estado criminal, que vocifera una guerra, nunca ha entregado cuentas tan asombrosas a sus ciudadanos.
martes, 23 de noviembre de 2010
El premio Planeta cada vez más filtrado
Tomado de las bondades de escritores.org
En 2004 me invitó Plaza & Janés (hoy Random House Mondadori) a la cena de entrega del Premio Ciudad de Torrevieja de Novela. En el tren, me reencontré con un camarada periodista, que me dijo: “Soy uno de los finalistas“. Me contó la historia de su novela, basada en a en el Renacimiento y la arquitectura, con algo de intriga.
Al llegar al hotel del evento, le conté con emoción a otro periodista que un amigo mío era uno de los cinco finalistas. “No va a ganar”, me dijo: “El premio se lo dan a Zoe Valdés y el segundo a Javier Sierra“.
¿Ya se sabe?, dije con sorpresa inocente. Me miró y añadió: “Siempre lo filtran antes de la cena para que la noticia entre en primera edición de los periódicos. Pero lo mantenemos en secreto”. Y sonrió.
Como yo era periodista económico, me quedé sorprendido de algo que para el periodismo cultural era tan habitual como para nosotros hablar de juntas de accionistas.
Antes de la cena, en el cóctel, mi amigo finalista se acercó para confesarme que estaba desolado. “Me han dicho que el premio ya está dado”. Y repitió los mismos nombres que yo había escuchado.
Terminó la cena. Alguien se acercó al micrófono, y dijo que allí en su mano tenía las plicas de los ganadores. Yo miré a los compañeros de mesa y pensé en decirles que todos gritásemos que ya lo sabíamos. Me hubiera encantado vociferar. “No sigas: ¡sabemos que son Zoe y Javier!”.
Pero no lo hicimos.
En efecto, Zoe y Javier.
Mi amigo y su mujer estaban anodadados.
En 2008 me invitaron al Premio Planeta. Como yo ya era un experto en premios filtrados, pregunté al comenzar la cena a quién le iban a dar el premio. “Fernando Savater”, confesó un periodista mientras descalabraba un langostino. Se cumplió.
Este año, (ayer por la noche) le han dado el Premio Planeta a Eduardo Mendoza. En el colmo de las filtraciones, el diario elpais.com ya lo tenía en su portada desde ayer por la mañana. O sea, con un adelanto de unas 12 horas. Una buene exclusiva que nunca criticaré a ningún periodista, pero una filtración que no solo daña a la editorial sino a ganador.
Todos los años siempre se habla de lo mismo. ¿Por qué están amañados?
Supongo que para Planeta y para Random House Mondadori, los premios son una inversión muy seria (el planeta con 600.000 euros, y el Torrevieja, con 360.000, están entre los mejor dotados del mundo) pero también una catapulta de ventas, y por ello deben montar un engranaje comercial inevitable. Primero se consigue al autor. Luego, se presenta la obra. Y por último, se le concede un premio. ¿Por qué?
Una vez me explicaron que si no fuera así, el libro no se vendería porque importa mucho que el ganador sea conocido. Y me contaron que es un riesgo enorme no encargar un libro porque la calidad de la inmensa mayoría de las obras presentadas es dudosa, y hasta podría resultar un premio desierto o muy mediocre. Con el arreglo, por lo menos se aseguran que la cara ganadora sea de postín, y que garantice cierta calidad.
No estoy tan seguro. Como han demostrado esas mismas editoriales, no siempre ha sido así: de hecho, Carlos Ruiz Zafón, fue casi descartado del premio Fernando Lara y al final resultó un gran descubrimiento. Un superventas. O sea, el criterio del jurado no es infalible.
De todos modos, para que estos premios no fueran tan criticados, creo que en lugar de organizar una cena, por lo menos deberían presentarlos en una comida. Así todos los periódicos podrían llegar a la primera edición.
Eso sí: siempre que pensemos en el periódico de papel. Pero en internet, nos da igual si es desayuno, almuerzo o cena, porque estamos 24 horas en vela. Lo daríamos ipso facto.
lunes, 22 de noviembre de 2010
RATAS
En el blog de nuestaaparenterendicion.blogspot.com acabo de leer un texto de un filósofo español que no puedo sino difundirlo:
Acá está entero:
domingo 21 de noviembre de 2010El filósofo Miguel Morey nos manda un texto sobre el miedo.
RATAS
La historia es bien conocida. Estamos en 1984, en el seno de un Estado totalitario controlado por un Gran Hermano que todo lo ve y todo lo oye. La sociedad tiene la estructura gregaria de una inmensa colmena: en el estrato más bajo, las masas de trabajadores entregadas a la producción de armas para una guerra interminable; en el medio, el estamento burocrático que mantiene en funcionamiento todos los resortes del Estado; y en lo más alto, una elite que ejerce un control absoluto sobre todo el aparato ayudándose con las más refinadas tecnologías físicas y psíquicas, entre las que destaca la manipulación del lenguaje (la "newspeak") llevada a cabo por el Ministerio de la Verdad: "la guerra es paz", "la libertad es esclavitud", "la ignorancia es fuerza"…
En este contexto, el protagonista, Winston Smith encarna la figura del rebelde empeñado en tratar de salvar su vida consciente mediante la recuperación del lenguaje y el ámbito de experiencias que éste permitía antes de quedar neutralizado por el totalitarismo político. Desde el principio, el sesgo obligadamente trágico de esta rebelión quedará anticipado en el diario del protagonista cuando escribe, convirtiendo en aporía los hábitos paradójicos de la nueva lengua propagandista: "hasta que no sean conscientes no se rebelarán, y hasta que no se hayan rebelado no podrán ser conscientes"… Poco a poco, Winston Smith irá comprendiendo que su lucha por redescubrir y reconquistar su conciencia es una guerra perdida, su derrota es tan sólo cuestión de tiempo. Finalmente, sorprendido en una cita secreta de amor, en flagrante violación de la norma que hace de cualquier relación sexual un asunto demográfico, es encerrado en la cárcel y sometido a tortura hasta quedar convertido en un autómata.
En la recta final del relato, O'Brien, el torturador, le dice: "El dolor solo a veces no es suficiente. Hay ocasiones en las que el ser humano soporta el dolor y lo soporta hasta la muerte. Pero para todo el mundo hay una cosa insoportable…". Entonces, le muestra una máscara de alambre unida a una jaula en la que están encerradas unas cuantas ratas vivas, hambrientas. Y mientras le coloca el artefacto en la cara, le dice: "He accionado la primera palanca. Ya comprendes el funcionamiento de este instrumento. La careta quedará ajustada a tu cara sin dejar ninguna salida. Cuando presione la otra palanca, la puerta de la jaula se levantará. Estas bestias hambrientas saldrán como balas. ¿No has visto nunca los saltos que pegan las ratas? De la misma manera te saltarán a la cara y se clavarán allí. A veces atacan primero los ojos. A veces agujerean las mejillas y devoran la lengua…". Presa del pánico más atroz, Winston Smith acaba por comprender que la única manera que tiene de evitar el suplicio es interponer a otro ser humano, el cuerpo de otro ser humano, entre él y las ratas. Entonces grita: "¡Hacédselo a Julia. Hacédselo a Julia! ¡No a mí! No me importa lo que le hagáis. Cortadla a pedazos, trinchadla con huesos y todo. ¡Pero no a mí! ¡Julia! !No yo¡".
Algún tiempo después, en el curso de un fugaz encuentro con Julia, el tiempo justo para que el lector vea las cicatrices en su rostro, ambos confiesan su mutua traición. Julia explica: "A veces te amenazan con algo, algo que no puedes soportar, algo en lo que no tienes ni el valor de pensar. Y entonces dices: No me lo hagáis a mí, hacédselo a cualquier otra persona, hacédselo a Fulano o a Mengano. Una vez que todo ha pasado, a lo mejor querrás pensar que tan sólo fue una escapatoria y que sólo lo dijiste para detenerlos y no de corazón. Pero no es verdad. En aquel momento, es aquello lo que quieres decir. Estás convencido de que no hay otro medio de salvarte y decides salvarte de esta forma. Quieres que se lo hagan a otra persona…". Y concluye: "Una vez que todo ha pasado, ya no experimentas nunca más hacia la otra persona los mismos sentimientos". Lacónicamente, Winston Smith corrobora: "No, ya no vuelves a sentir lo mismo".
En la inminencia de la bala que ha de atravesarle finalmente el cerebro, los últimos pensamientos de Winston Smith podrían perfectamente haber repetido las palabras de despedida del humorista andaluz Pedro Muñoz Seca ante el pelotón de fusilamiento, el 28 de noviembre de 1936, en Paracuellos del Jarama: “Podréis quitarme con vuestros fusiles los bienes, la libertad, la vida. Pero hay una cosa que no me quitaréis, y es el miedo”.
II.
Todos los animales sienten el miedo. Los expertos nos dicen que se trata de un esquema adaptativo, un mecanismo de supervivencia y de defensa surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. Pero para los hombres, para ese animal extraño que existe en su propia memoria (en la memoria infinitesimal que nos permite acabar una frase, transitar del querer decir al haber dicho, cumplir ese trayecto en el que el animal que somos se juega su condición de humano), para ese animal extraño el miedo es algo mucho más complejo, porque ha aprendido a conjugarse en todos los tiempos, modos, aspectos, y personas que tiene el verbo. De este modo es como si el miedo dejara de pertenecer a la inmediatez de lo que sobreviene, dejara de ser una reacción de alerta, para pasar a ser algo que está siempre presente. Los mismos expertos nos dicen que la extirpación de la amígdala parece eliminar el miedo en los animales, pero no así en los humanos, dado que en ellos el mecanismo del miedo interactúa con la corteza cerebral y otras partes del sistema límbico.
La conciencia, esa forma de memoria mediante la que nos sostenemos en el presente, no puede ser tal sin ser también y ante todo conciencia de la propia finitud, de la inevitabilidad de la muerte. Y el miedo a la muerte será así, para el animal consciente, la matriz misma de todos sus miedos, el índice de su fragilidad. A partir de esa certeza comenzarán los mil y un negocios con el miedo.
Cuando O'Brien le acerca la máscara-jaula al rostro de Winston Smith le dice que se trata de un suplicio chino, inventado hace miles de años. Es muy posible que fuera cierto, pero tortura y suplicio no son lo mismo. El suplicio es un arte de los dolores insoportables, una estética de carnicería. La tortura es otra cosa, en la tortura hay siempre un silogismo implícito, un imperativo condicionado que sobrevuela la escena: si no obedeces, entonces… El dolor se da por descontado, pero el punto donde se apoya toda la presión es sobre el miedo, el miedo al futuro, a lo que ocurrirá irremediablemente si no se obedece. Por ello no sería improbable que cualquier torturador iletrado supiera más acerca del miedo que el más estirado de los fenomenólogos…
Cuentan de Zenón de Elea, el sabio arcaico griego, que, siendo sometido a tortura por el tirano, se cortó la lengua con los dientes y se la escupió al rostro del torturador que le exigía que delatara a sus compañeros de conjura. Poco antes, al preguntarle éste de qué le servía ahora la filosofía, había respondido: para despreciar a la muerte… Y sí, esta es la otra cara de la moneda. Ante ese miedo siempre presente, ante esa conciencia que es conciencia de la propia muerte sin más alivio que la distracción, los automatismos o cualquier otra forma de inconsciencia, ante esa administración de los miedos por parte del poder, infatigable, de pronto, es como si hubiera surgido una respuesta, la otra cara de la moneda. El tirano, el torturador puede tratar de especular con el miedo de su victima hasta reducirla a mero autómata tal vez, pero ¿se pondrá a salvo con ello de su propio miedo a morir, acallará de este modo su conciencia? Frente a ese uso predador del saber de la propia finitud, el sabio propone una alternativa, una salida quizá: tomar esa conciencia de la inevitabilidad de la muerte y desde ella ponderar el valor de todas las demás cosas del mundo, y no al revés, imaginando la muerte desde el acomodo en el mundo de las cosas. Cuando el príncipe Gautama sale por vez primera de paseo y descubre el dolor, la vejez y la muerte, ¿qué descubre en realidad? Lo que descubre el Buda entonces es la inevitabilidad de lo que irremediablemente ha de ocurrir, lo que por tanto hay que aprender a no temer. La lección de los sabios, el culto a la sabiduría comenzará entonces, adoptando mil formas dispares, pero manteniendo un hilo rojo común, que será precisamente ese, imaginar el modo de ponerse a salvo del miedo, no abdicando de la conciencia sino llevándola a su punta más extrema y luminosa. La filosofía recogerá desde su mismo nacimiento esa herencia, no en vano se nombran los filósofos a sí mismos amantes y aprendices, amigos de la sabiduría: toda la obra de Platón pivota alrededor de la ratificación final que, con la ejecución de su condena a muerte, da Sócrates a su actividad mayéutica. Y en Las vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio abundan ejemplos como el de Zenón, la misma escena, el tirano tratando de hacerse con el ánimo del filósofo mediante la tortura y el filósofo respondiéndole desde el desprecio y la distancia.
Ésta fue la respuesta de los filósofos a toda forma de tiranía, a cualquiera de las administraciones del miedo. Y gracias a ellos pudo existir eso que llamamos espíritu. Epicuro o Séneca nos han brindado las formulaciones más conocidas de esa melete thanatou (meditación sobre la muerte, praemeditatio malorum para los latinos) que es el atletismo sostenido sobre el que se levanta su fortaleza, su ánimo. Y en el primer paso a dar casi todos los sabios coinciden: debe distinguirse entre las cosas que dependen de uno y las que no, uno debe ocuparse de las primeras y desocuparse de las segundas. No depende de nosotros el momento en que llegará la muerte, la actitud con la que la encararemos sí.
Muchos siglos más tarde, también Descartes, en su Discurso del método, parece todavía sostener una cierta memoria de esa vieja respuesta del filósofo ante las tiranías. "Mi tercera máxima fue – escribe – tratar siempre de vencerme a mí mismo más bien que a la fortuna y a cambiar mis deseos antes que el orden del mundo, habituándome a creer que no hay nada que esté enteramente a nuestro albedrío, fuera de nuestros pensamientos…". Pero allí ya es la razón y no el espíritu quien habla.
III.
En el primero de sus grandes textos, conocido generalmente como Historia de la locura, pero cuyo título original era Locura y sinrazón. Historia de la locura en la época clásica (1961), Michel Foucault se empeña en llevar a cabo la historia moderna de la partición que separa razón de sinrazón, locura y enfermedad mental, como es sabido. Pero lo que hace es algo más que un mero ejercicio de historiografía, porque el efecto moral, la problematización que obliga a llevar a cabo al lector atañe no tanto al pasado cuanto al propio presente, y es demoledora. Lo que se nos cuenta sobre la locura no hace sino decir la historia del reverso oscuro de la racionalidad moderna y contemporánea, esa misma desde la que hoy pensamos – y alumbrada por esa luz negra, la historia resulta enormemente esclarecedora.
La historia podría comenzar como una buena parábola, desplegando su "érase una vez…" a partir del edicto de fundación del Hospital General de París (27 de abril de 1656), éste sería el acontecimiento institucional que inicia el movimiento: "Queda prohibido a todas las personas de todo sexo y edad, calidad o nacimiento, sea cual fuere su estado en el que se encuentren, válidos o inválidos, enfermos o convalecientes, curables o incurables, mendigar en la ciudad y barrios de París". Por aquel entonces hay más de 40.000 mendigos vagando por París, capital que cuenta con 425.000 habitantes, cerca de un diez por ciento pues. El objetivo inmediato, explícito, es la represión de la ociosidad y por ello el edicto amenaza por igual a todo aquel que no pueda justificar sus medios de vida: se trata de un primer paso hacia la imposición moderna de la laboriosidad forzosa, un paso policial. Y en este desplazamiento, incluso la Iglesia misma cambia de registro: rápidamente procede a una desacralización de la pobreza y deja de hablar de los pobrecitos de Dios, que se alimentan por obra de su bondad, como los pajarillos del cielo (Mt 6, 26), para pasar a enarbolar amenazas como las contenidas en la parábola de los talentos (Mt 25, 14): "A todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará…".
La vasta red de leproserías con la que cuenta Francia, vacantes casi desde el final de las Cruzadas, va a ser el soporte institucional que permitirá el encierro indiscriminado de todo aquel que no pueda justificar medios de vida, dando como resultado una amalgama humana absolutamente heterogénea: el pícaro, el tullido, el libertino, el cazador furtivo, el vagabundo, el mendigo, el maleante, el tonto del pueblo – todos van a acabar coincidiendo en los nuevos espacios de encierro. Una vez allí, la gran ley que como una cantinela modula cada rincón de ese espacio es clara: Si no trabajas, no obtendrás la libertad… Y será ésta la primera gran discriminación que permitirá comenzar a identificar a la locura como tal, en un sentido moderno. Porque el libertino, el maleante, el pícaro rápidamente comprenden, poco a poco todos van comprendiendo cuál es el único modo de salir de allí. ¿Arbeit macht frei? En todo caso, poco a poco, todos van cediendo ante el miedo a lo que ocurrirá si no obedecen, un encierro interminable – el imperativo condicionado, el silogismo elemental de todo poder, poco a poco va imponiendo su ley. Y sin embargo, he ahí que queda un resto, quedan unos cuantos que no entienden, que no se avienen, que no pueden, no quieren o no saben entrar en razón. Ellos van a ser la cantera sobre la que comenzarán a perfilarse las figuras de la forma moderna de la locura, destinada muy pronto a ser enteramente medicalizada como enfermedad mental.
Convertida así en parábola, el punto de partida de la historia encubierta de la razón que Foucault nos cuenta podría muy bien ser éste. Y en caso de ser así, habría que ponderar con cuidado aquella nerviosa afirmación suya de 1977, "la torture, c'est la raison" – por si acaso fuera algo más que la boutade gauchiste que aparenta ser.
Según la etimología más probable, la palabra "trabajo" provendría del latín, tripalium, literalmente "tres palos", un instrumento de tortura que al parecer se utilizaba con los esclavos.
IV.
Se recordará que cuando W. Benjamin quiso caracterizar lo específico del fascismo, en tanto que forma eminente de tiranía durante buena parte del siglo XX, subrayó dos rasgos distintivos: en primer lugar, la estetización de lo político; y luego, la guerra. De entonces a acá, se nos ha tratado de meter miedo de modos muy variados, desde la amenaza nuclear o el sida hasta la gripe A y la crisis económica, pasando por el advenimiento del milenio, el terrorismo o el cambio climático. Aunque probablemente hoy los viejos jinetes del Apocalipsis siguen siendo los que siempre fueron: la enfermedad, la guerra, el hambre y la muerte. Si en el mundo que nos dibuja G. Orwell la institución encargada de la falsificación y la propaganda se llamaba Ministerio de la Verdad, no resulta difícil conjeturar cuál será el nombre de las instancias que apacientan hoy estos miedos. Su eficacia, en el seno de una estetización generalizada de lo público, está más que probada: son capaces tanto de llevarnos a creer que nos atacan los marcianos como de hacernos olvidar que, en el fondo, Mickey Mouse no es más que una rata.
MIGUEL MOREY (barcelonés, 1950), catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona, traductor de G. Colli, G. Deleuze y M. Foucault, ensayista, autor de Lectura de Foucault (1983), Camino de Santiago (1987), El orden de los acontecimientos (1988), Deseo de ser piel roja (1994, xxii Premio Anagrama de ensayo), entre otros. Última publicación, Robert Wilson (2003), en colaboración con Carmen Pardo.
lunes, 15 de noviembre de 2010
A pesar de todo, amanece un poema
A pesar de todo, amanece un poema.
Sin imaginar siquiera su lugar,
Causa y caudal que origina.
Y de aquel origen que cobra su estima,
Su valor, mudará su nombre, dejará de ser
Aparente reflejo conocido del enigma.
Para volver a ser,
O no ser nunca más la fuente de su poesía.
La leve oportunidad para reconocer su nombre y constatar
Que de su rostro inmediato,
Ahora nada queda,
Se ha transformado,
Ya no es piedra, sino alfabeto que comparte el viento y el agua, ya no es un beso, sino pétalos vivos rendidos en su ofrenda.
Es la hora de allanar el vacío, más no el silencio,
Porque el silencio, el último y el primero
Corresponden al lugar de la poesía.
Desprendiéndose de sus alas cuando se eleva, al igual que un ángel cuando nos visita y llega
Para rozarnos en el instante terminal o lleno de gracia, en el eco de nuestra muerte o la fugaz claridad.
Cuando nace un poema.
Aún sin haber pretendido su búsqueda,
Ahí está, tangible al verbo, y más allá de
la imagen de la palabra y la voz
y de quien pregona solitario su escritura,
del sonido que anima su presencia
bajo el mismo canto ligero en donde todo vibra por ser
y ser en sí misma la existencia.
Viene de lejos e irá más allá de nuestra breve entrega a la expectativa.
Se descubre,
Y discurre, cómo es la sonrisa de Dios,
De los hombres,
Del universo y sus cosas.
De todo cuanto ocurre se despide y alejará,
Sin reconocer la raíz del tiempo
Porque no hay tal,
Para mitigar su honda luminosidad.
Sergio vicario
Poema
Es el eco doliente de mi pensamiento
Que navega como Colón a conquistar
América y se desliza hasta mi oreja.
Lo he leído en otros ojos, lo supe, lo olvidé,
Pero aseguro que en mis alforjas, en mi vino
Y en mi pelea, en mi alimento, existió el amor
En otro tiempo.
Lo lamento, pero el polo norte nunca se ha perdido.
Debe durar la tabla de la imaginería, donde uno compite
Con el doble de uno, el que no existe, el que fue borrado
Por los astros o por unos años del carajo.
Lo cierto, hermano disperso de la física, es que la casa
Duerme o respira sin existir propiamente y a ese silencio en poesía
Se le llama pluralidad de respuestas o la cosa que ahorca con su propia historia, la vieja metafísica barata que el poeta nombra
Y le llama cualquier cosa.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Conclusión
Abre tu playera para que te entre mi soledad
Y de paso un par de caguamas,
Tres libros de Antonio Lobo Antunes
Y así sí vivimos juntos,
De volada,
Y ya.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Playas, cortinas, ventanas...
La última vez, quizás, quizás, quizás….
Tamborazos para despertar,
Al día siguiente, el océano distante embravecido.
La locuacidad es mi punto climático,
Llevando el Yoga para cantar, besar, amortiguar
Esas garras que no existen pero
con qué desgraciada fuerza te sostienen a la vida.
Si todo punto climático habrá detectado
Otros dos puntos vislumbrando el rayo verde del mar…
Lo digo en serio eh?
¿A poco no sabías que a veces,
ciertas veces se puede ver un rayo verde en el horizonte
del mar hacia lo lejos?
A ver, pásame una chela,
Te digo, hoooo…. No me crees ya vez cómo eres?
Y lo que te ayuda a cantar es tú otra tú y mi otro yo,
Porque sino, ¿Cómo carajos llegamos al silencio?
jueves, 4 de noviembre de 2010
No falte nadie a la CASA DEL POETA!!
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