domingo, 17 de julio de 2011

Mi primera Novela (fragmento) 2

"En la cantina me di cuenta porqué habíamos visto las calles tan desiertas: Tal vez los pistoleros del pueblo habían salido a vacacionar y habían delegado las responsabilidades a los borrachos, que la verdad cumplían al pie de la letra con el mandato abarrotando el lugar con sus pláticas, gritos, demostraciones, y demás parafernalia pueblerina.



Pedimos cervezas y nos sentamos en una mesa junto a una rockola, al principio se sintío nerviosa de ser la única mujer enmedio de puros borrachos sudorosos y yo le recordé que en gran parte eso era andar de aventura y que la vida sin riesgo no vale la pena ser vivida y que a eso habíamos venido y que por cierto, ella traía los cigarros. Detrás del cantinero y la pequeña barra había en el centro de la pared ocupando el lugar de mamá Guadalupe un poster gigante de colección de Julio César Chavez apañando a dos nenas en bikini y bebiendo coronas, hicimos algunos comentarios irónicos sobre el tema y le mostré mi verde envidia, tomamos de las cervezas cruzándonoslas por los brazos y un borracho de pantalón negro y cara ceniza nos abordó para pedirle a Guerda que si quería bailar un ‘pieza’, insistió educadamente a pesar de la negativa y después se fue mostrándonos las palmas de las manos: “está bien, está bien, ya no interrumpo a los enamorados, adiós.” Le dije que no se hubiera negado a bailar con Antonio Rodríguez para que yo les tomara la fotito del recuerdo, ella bajó la mirada, tomó un limón de la mesa y fingió exprimírmelo sobre la cara. Así era Guerda, siempre tonteando y distraída parpadeando dos veces, aunque también luego yo no le veía ni el polvo y se me escabullía. Hice un rápido viaje al servicio de baño atravesando un patio lleno de gallinas y en la pared leí unas palabras: “Aquí nos cogimos a Alfredo el chilango, agosto 93.” Ja, después de los patios de gallinas siempre se encuentra uno con testimonios como estos; bueno, ¿yo que quieren que haga? Mejor vayan al departamento de paquetería: “Canal 5 al servicio de la comunidad, se solicita su ayuda para localizar a las siguientes personas...” Yo quise poner mi graffiti también: “Nunca podrás caminar a través de los espejos ni nadar por las ventanas.” Una frase de Morrison, pero el pedazo de ladrillo se deshizo y solo llegué a “Nunca podrás.” Me le quedé viendo mientras me abrochaba el cierre y me reí, la frase inacabada finalmente acabó por gustarme, porque me sonaba macabra. “Nunca podrás.” Porque también suena retadora, las cervezas me habían pegado y me sentí borracho, así que me reí de nuevo: ¡Ja, ja, ja! Regresé a nuestra mesa pensando que el ‘Nunca podrás’ no se puede aplicar en mi persona y Guerda buscaba una canción en la rockola, programó una de José Alfredo Jimenez y cuando se sentó no dudó valientemente para cantármela, se sabía toda la letra y a mí empezó a darme vergüenza, volteaba a verla a ella y volteaba a ver a la rockola; era un ruido ensordecedor y chillante, la demás gente también lo cantaba, pedimos otra ronda y la carita de Guerda comenzó a ponerse colorada, sus párpados sucumbían, el pelo se le desordenaba, yo tenía que pararme del asiento para besarla, de repente le dije: “oye mujer, ya dejémonos de pendejadas.” (una frase muy directa para el tono en que hasta ese momento nos habíamos tratado, y la impacté con eso, según dijo después de unos días: “David, me asombraste, nunca creí que...”). Etcétera, luego alguien programaba otra canción ranchera, luego otra ronda, luego dos cervezas; era una vida agradable la nuestra y yo empezaba a acostumbrarme a la idea de que nos quedáramos ahí hasta el fin del mundo o hasta que terminara el sexenio, que como ahora todos sabemos, no eran ideas precisamente encontradas. Guerda echó un soplidito por sus labios resecos y divinos y estiró las manos sobre la mesa como si quisiera guardársela debajo de la playera, tuve que darle un golpe con el pie. “oye, aliviánate, que va a decir la gente, que nunca te saco a pasear o qué.” Y ya se estaba emborrachando delante de mis ojos atónitos, no había ido a dar su clase de danza por estar conmigo, estaba sola, sola en Dolores Hidalgo con una mochila casi rota y con un poeta que lo único que quería era escabechársela, abría la boca para decir algo pero no decía nada, bajaba la cabeza, (¿Qué voy a hacer con una mujer borracha a estas horas?), su voz sonó como a doscientos kilómetros: “Oye... tú me quieres...?” Y Julio César Chavez me sonreía... “Oye, ja, ¿qué quieres decir con eso? Claro que te quiero pero...” “Tu me quieres...oye, tu no eres como el Pantera, yo no sé como le hacen para ser amigos.” (a, ajá, ahora yo soy quien sabe qué, ¡me estaba comparando! ¡Me había estado comparando todo este rato!). Me había comparado con ese pedazo de mosca y por tanto me sentí encabronado, celoso, di una rápida ojeada a los últimos acontecimientos para examinarlos con ojo clínico, no sabía si ellos se habían visto durante toda la semana o solo el día que llegaron a mi casa, pero obviamente con el no había tenido una experiencia como esta, y esto era lo que más quería ella, vivencias, vivencias, acumular una tras otra vivencia para volverse inalcanzable, ja, (y ¿porqué me río?), por tanto me sentí seguro del todo otra vez y le dije una crueldad: “acábate la chela no? y vámonos.” Y no solo terminó con la suya sino se empinó la mitad de la mía y cuando salimos a la calle casi se va de cuernos sobre una señora que vendía collarsitos exóticos: “eres un gacho, ayúdame.” Dijo mientras yo iba a mitad de la calle y ella se fue por la banqueta.


“Debería ser Emilia la que estuviera aquí maestro.” Pensé después de meditarlo mucho, y en ese momento dos sujetos de pinta brava le chiflaron y me puse en guardia inmediatamente sin friquearme, el laberinto de calles y la lejanía mexicana se ceñía sobre nosotros desde todas direcciones, las sombras de las casas crecían, una mujer soltó unas monedas que al caer hicieron un eco tan escandaloso como si hubiera tirado al suelo toda la lana de ‘pégale al gordo’, era la combinación perfecta: ella borracha y yo sin moneda. De repente tuve la visión espantosa de que todo esto podría terminar en una horrible pesadilla, (violación, asesinato, despellejamiento), ideas que me pasaron zumbando la cabeza como luces de carretera en la noche, uy, que me achuté, y me asusté en serio, regresamos a la misma banca frente a los libros usados y la población de la calle aumentaba, los focos de la plaza se prendieron, una maraña de nervios se enredó en mi cabeza: “¿Cuánto dinero traes eh?” “una madre...” (¡Hip!) “¿Qué hacemos?” “Pus tú guapa, no puedes ni caminar, qué hacemos?” Me sentí como un imbécil al preguntar eso he inmediatamente la levanté diciéndole: “Pus vamos a meternos a ese hotel a ver qué vemos.” Era el hotel Posada Cocomacan, que estaba al lado derecho de la catedral y se veía de aspecto muy caro, del tipo de hoteles con arreglos a la mexicana para atraer a los gabachos, ¡y el mexican quite curious! Yo no tenía la mínima esperanza de rentar un cuarto pero por lo menos esperaría a que la borrachera se le bajara, algo bueno pasaría como siempre pasa. Ya enfrente de la puerta dudamos como inditos tehuanos, entonces la abrasé, la rodeé con mi brazo derecho sobre su Levis vieja, (¿Porqué carajos no?): Estábamos lejos de casa y yo pensando que la única causa por la que vale la pena no suicidarse es el desmadre, hacer lo que te da la gana, así que me llené de valor y ella se sonó la nariz haciendo un escándalo, entramos al hotel por su gran puerta de madera con la gloria del ejército Trigarante; cruzamos un pasillo lleno de dudas y de ecos misteriosos como el bosque de árboles con caras de Dorotea, un mostrador al lado derecho, un restaurante al otro, un jardín central lleno de árboles enfrente de nosotros. Dije “buenas tardes” a la señorita con una sonrisa de millonario y ya estábamos adentro de esa atmósfera lejana, “uooooauuu.” empezamos a captarlo todo, miré de reojo pero la mujer ya estaba ocupada en otros asuntos tecleando una computadora; lo que se me hizo raro pero seguimos adentrándonos, al lado del jardín por donde entraban ya las pocas hebras de luz nos topamos con unas escaleras; “órale no, vamos a ver qué honda.” Y la excitación aumentaba y nos sentíamos de peluche y de tripas corazón y de hecho primero nos dividimos y yo me fui por abajo, un mesero pasó por ahí y me saludó, lo que me dio a entender que nadie nos vería como raros especímenes y también lo saludé, “ándale córrele” no le dije, pero estuve a punto, porque yo que he sido mesero sé lo que más les repatea. Anduve por ahí hablando solo y regresé a las escaleras donde ella estaba tratando inútilmente de arreglar su mochila, se veía guapa toda desgreñada como una vagabunda, me dijo que le dolía la cabeza y le pasé la mano por el pelo: “Güey, i can’t belive you, estás bien guapa... ...pus no sé que hacer, espérate tantito, es por las cervezas, ahorita se te pasa.” “...mmme estás dessspeinaaando...” “te voy a despeinar, pero metafísicamente.” Pensando para mis adentros: “qué descarada.” “Ay sí, -me dijo-,juar, juar, juar.” “Ya verás, ya verás...” Subimos las escaleras y no había nadie, n-a-d-i-e, “cáaaamara” “a ver películas.” Avanzamos a pasos lentos como francotiradores y cruzamos como sombras por todo el pasillo, nos detuvimos en la esquina donde la puerta del cuarto 28 estaba entreabierta y “a ver aguanta, échame aguas.” Le dije mientras echaba una ojeada en la habitación y como no había nadie nos metimos de inmediato como si estuviéramos a punto de arrancar en una camioneta robada.

En la habitación reinaba obscuridad total y olor a sábanas limpias, aguzamos nuestros sentidos y los pocos ruidos que hacíamos los empezamos a oír como si salieran de las bocinas de un estadio en un concierto de Metallica, como si desbaratáramos hojas secas a cada paso que dábamos, y eso que pisábamos con mucho cuidado para que la vieja del mostrador no nos oyera, porque estábamos exactamente arriba de ella y su computadora, aunque de hecho estábamos mucho más arriba de todo el hotel, estábamos en nuestro propio hotel. Un hotel descarado y poético podríamos decir. Algo que ya traíamos, algo que ya estaba en sus ojos y yo se lo leía en voz alta porque no podía hacer otra cosa, porque a los recuerdos hay que meterles palabras, porque cuando me acogía en sus brazos sin que se lo pidiera y sentirlos tan amables y tan cálidos en mi cuello era como regresar de nuevo a la senda del mundo, era vencer, instantáneamente, al olvido, a la muerte, a las paredes grises que escurren explicaciones vanas.


La poca visibilidad nos hizo tropezar con los muebles y una jarra de agua se tambaleó sobre una mesa, estuvo a punto de caer pero no cayó de puro churro, respiramos y nos reímos como duendecillos traviesos y dejamos nuestras mochilas en una de las camas. ‘Prende-la-luz’, le dije entre murmullos asomándome por la ventana y pensando mil cosas; en la calle la noche ya era más que evidente y clara, la gente transitaba alegremente por su pueblo natal y se notaba un claro ambiente de fiesta pueblerino. Mi respiración quedó impregnada en el vidrio; afuera también teníamos un balconcito de poca madre.


Del otro lado de las cortinas la habitación se llenaba de bosque, se llenaba de la textura de nuestras emociones. Guerda no prendió la luz como yo descuidadamente le dije, su borrachera empezaba a disiparse y ya pensaba con más claridad, me dijo que así era mejor para ahorita, aunque yo le reclamé que me hiciera caso y le hice que me diera su explicación solo para ver si estaba segura de lo que decía, haciéndome el enojado y riéndome al mismo tiempo cuando escuchaba sus tiernos y francos razonamientos. Me acerqué a la puerta para ver si escuchaba pasos o si alguien nos había seguido pero nada, el avión de la paranoia se me fue cuando vi que todo estaba tranquilo.


“Vamos ganando muñeca... -murmuré-, hay que celebrar.” Quisimos acercarnos pero como todavía no nos acostumbrábamos a la falta de luz me dio un manotazo que me cayó de lleno en la cara, “ay, órale hija, tienes la mano pesada como los albañiles.” Luego nos abrazamos y nos besamos y le dije: “Lo que tú no sabías... (le di un beso)...es que yo tenía esto planeado desde el principio...(otro beso)...viajecito a Dolores Hidalgo con todos los gastos pagados, acá, ja, ja, ja...yea, vamos ganando baby...,When Love Comes To Town.”


Se acostó sobre la cama sin hacer ruido y yo me asomé otra vez por la ventana para vigilar, una excitación vibrante me sacudía, sentí mi ropa puesta, sentí las africanas puestas y pensé en mis amigos, pensé en sus luchas y sus soledades, sus pendejadas también, en la calle un carrito avanzaba como un pato y por un alta voz anunciaba que en famoso tugurio habría una fiesta sensacional a las diez de la noche; “¡Mis amigoooos de Doloreees!” Guerda me preguntó: “¿Qué hay afuera?” “Un planeta re feo.” Era por fin nuestra primera nochecita juntos.


Me acosté junto a ella, me acarició los brazos con sus manos de niña y nos quedamos un rato como zombies mirando el techo obscuro de barras de madera del que colgaba un candelabro, sin hablar para nada pero con las mechas bien encendidas. De repente nos sacudió de nuevo el: “¡mis amigooos de Doloreees!” Lo más desesperante era que no podíamos hablar en voz alta; cada que escuchábamos pasos y voces en el pasillo nos callábamos pero no pasaba nada; eran turistas, camareras trabajando, yo todavía no creía que habíamos burlado el sistema de seguridad y los radares antigorrones pero así era. Se me ocurrió una cosa y suavemente la empujé para pasar encima de ella y tomar el teléfono de la cómoda, hice jirar el disco como si llamara a la recepción para quejarme del roomservice, porque la verdad era pésimo, ja, ja, todavía no nos traían de cenar.



“Bueno, como los del roomservice na’ más se hacen mosca parece que tendremos que sobrevivir a base de pura agua, como Gandhi.” Me paré a la mesa y serví los dos vasos, los dejé sobre la cómoda y prendí una vela. Se zampó toda el agua de un solo trago por su crudita y me pidió más, quité una funda de la almohada y me la coloqué en el antebrazo, fui por la jarra y le serví de nuevo. “¿Desea algo más señorita?” “mmm...pues no sé, ¿qué más tienen?” “mm, oh...tenemos un servicio especial...es solo para señoritas como usted.” (todo esto dicho en voz muy baja y tierna). Dejó el vaso y estiró los brazos hacia mí diciendo solamente: “ven.” Y yo ya era el hombre más feliz del mundo o por lo menos me sentía dentro de esa secta de imbéciles, a-ha, pero a mi manera... ‘in my way...’ como diría Harry el sucio. Me quité las dos playeras y me subí a la cama, comencé a besarla y le descubrí el ombligo, se lo besé alrededor pensando: “oh diablos, la carne, la carne siempre asombra (me expliqué a mí mismo el significado de la carne, esa estupidez filosófica de la dicotomía entre alma y cuerpo, espíritu y materia, blanco y negro, Pepsi y Coca-cola y demás anatemas),no me la voy a acabar.” Subí otra vez hasta su rostro, a través de la cortina la luz de la plaza entraba suavemente iluminándole la cara, sus ojos grandes de mujer catalana me observaban con una expresión burlona y ambigua, Guerda se estaba transformando en un felino y yo pensé: “aquí me quedo maestro, de aquí soy.” Hicimos el amor una vez bajo el candelabro, y luego otra vez, y otra, y ya nada más porque así era suficiente.


Algo más tarde, a tooodos nuestros amigooos de Doloreees sonó por última vez, y en las bocinas de la pared comenzó a sonar una musiquita ambiental a lo Raif Connif que a Guerda no le pareció porque estaba fumando recargada en mi hombro y dijo volteando hacia la puerta como si hablara con otra persona: “Oye, que poca, nos tratan re mal no es justo, pongan a Dead Can Dance.”

Mi primera Novela (fragmento)

Entonces  salimos a la  noche de la calle, bajando hacia el centro  por  calles llenas de tráfico y escaparates. Con las manos en las bolsas del pantalón y  un ojo cerrado, yo iba unos pasos adelante escuchando melancólicamente que Guerda iba muy feliz con ese bastardo, contándole algunas  experiencias de la sierra con mucho entusiasmo: "ahí en la sierra güey, en la noche no se ve ni un pelo... obscuridad total no? y después que  comimos el peyote uta ca..ón, como que..., como que entendí toda mi vida..."  (a poco tú puedes entender algo retardada? me atacaban los celos) "...la niñez, la infancia etcétera, como si pasara todo delante de mí con mucha fuerza no?  ...como un tren de fuego, acá, y después puuuuta, que me llega el miedo..."  "Qué debraye."  (Gerardo),  Guerda se paró enmedio de la calle para decir: "Y luego que sale un coyote...: auur, auur, y yo friqueadísima."  "¿A sí?" Caminando ya cuando dijo lo siguiente:  "Gritándo: ¡Emilia!  ¡Emilia!  Y la güey quien sabe donde estaba, y yo: en la madre...  me arrastré en el suelo, me paré, y ¡Emilia! ¡Emilia! Y de repente que siento una mano en la espalda y ¡ay güey! era ella."   "Qué loco maextra." (Gerardo animándose),  "Y que me dice ¿dónde estabas?  Y yo: pus aquí, ¡aquí güey! Y nos atacamos de risa, eso estuvo loquísimo."

lunes, 11 de julio de 2011

La Educación y la Narco-Guerra...

Mundanas y mundanos: Muy al tono que debemos volver, por la muerte del maestro Adolfo Sánchez Vázquez, les dejo éste pequeño ensayo, yo sí estoy convencido de que no es con rifles ni aqmetralladoras como se resuelve el consumo de la droga, échenle un ojo...
* * *
En el México contemporáneo, no es necesario ser demasiado avezado para darse cuenta de lo que ocurre día con día en nuestro país: 40,000 muertos en números redondos, relacionados con la narco-guerra que la Presidencia de la República y la figura de Calderón, han impuesto a la sociedad mexicana en éste sexenio a punto de concluir. Nosotros no vamos (como se hace a diario en los medios impresos o electrónicos) a discutir si acaso la perspectiva de Calderón sea efectiva o negativa; en todo caso, nos parece que la narco-guerra es una improvisación más del gobierno, tal cual en México se improvisan las políticas públicas desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, el último gran Presidente que tuvo México. A nuestro parecer, es decir, desde nuestra perspectiva filosófica, el fenómeno del narcotráfico no se resuelve con mil o un millón de balas o tanquetas más, sino muy por el contrario, creemos que la cuestión principal para resolver el problema del consumo de drogas (que es muy distinto a la narco-guerra), se puede y se debe resolver desde el centro mismo de la cuestión, y ese centro es la educación.


Sabemos bien, que la oferta educativa en México no alcanza en rigor para todos, pero sabemos también, que si el gobierno ladeara un poco el punto de vista, descubriría que efectivamente hay un gran consumo de drogas ilegales (principalmente mariguana y cocaína, consumidas en combinación con cerveza, licor y tabaco), pero que ese gran consumo es sólo en apariencia “gran consumo”, pues todo mundo sabe que las grandes cantidades de droga pasan por México y se van a Estados Unidos de muchas formas, pongamos por caso, los narco túneles encontrados recientemente en la frontera cerca de Tijuana.

Es por este tipo de cuestiones que nos parece coyuntural la narco-guerra: siendo honestos, en México desde hace ya mucho tiempo se consumen drogas de la forma que he mencionado, pero una cosa es consumo y otra muy diferente es decir que: “nuestra juventud está perdida en el infierno de las drogas”. Ser consumidor no es igual a estar a un pie del abismo de la adicción y… ¿desde qué instancia se puede proteger a la juventud del abismo que puede acarrear el consumo? Pues no hay nada mejor que la educación. Es aquí donde entra nuestra amada filosofía para hacer y jugar el papel que le corresponde.

La educación, desde la Preprimaria hasta los altos vuelos de las Maestrías o los Doctorados están pensados (¿cómo no?) desde los puntos de vista de las corrientes de pensamientos filosóficos de las diversas escuelas pedagógicas y a forma de vuela pluma los vamos a analizar, dadas las características de éste trabajo.

Lo que ocurre o de lo que se trata de evitar es el consumo, el acto en que un diller (traficante al menudeo) les ofrece drogas a un grupo de estudiantes, en una fiesta, por ejemplo. Pero éstos estudiantes hipotéticos, han pasado de lunes a viernes ejercitando sus capacidades intelectivas en la escuela (digamos, secundaria, bachillerato o universidad) y ellos tienen (claro, si la educación ha sido de calidad, con maestros preparados, etcétera, etc), la capacidad, el juicio y el criterio para discernir si ese acto es positivo o negativo, es decir si aceptan la droga o si dejan al diller que simplemente se vaya. Veamos un buen argumento de la filosofía de la educación de John Dewey, interpretado por el filósofo contemporáneo Fernando Savater, uno de los mayores filósofos del mundo actual en su libro La Aventura de Pensar (p.p. 263-264):

“Dewey tuvo una gran influencia en el desarrollo del progresismo pedagógico, que propone una transformación total del sistema escolar, haciendo que éste gire alrededor del estudiante y no al revés. Según esta perspectiva, la escuela debe convertirse en el ámbito en el cual el niño aprende los elementos esenciales para su futuro buen desempeño como adulto. Contra la concepción tradicional que veía el aprendizaje como la imposición de una serie de contenidos al alumno —que vendría a cumplir un papel puramente pasivo, como mero receptor— por parte del profesor, el progresismo pedagógico subraya la actividad y el juego experimental del alumno —verdadero artesano de su propio conocimiento— como determinantes en todo aprendizaje. Dewey fue el pedagogo más original, renombrado e influyente de los Estados Unidos, y uno de los educadores más perspicaces y geniales de la época contemporánea, influyendo en el curso de, por lo menos, tres generaciones”.

“El pensamiento —que según Dewey es un producto de la evolución biológica— y la conducta humana se desarrollan siempre en vinculación con un ambiente físico. Pero, por otra parte, el pensamiento y la conducta humana no se reducen a ser un simple producto de un enorme mecanismo, sino que constituyen un hecho comunicativo y social, con una matriz cultural —no sólo biológica—, con la función específica de modificar la estructura y realizar el significado de una situación de experiencia. Lo que propone Dewey entonces es tratar siempre de ubicar y pensar la conducta humana, a partir de una doble matriz: una biológica, donde el pensamiento es producto de la evolución biológica, y otra cultural, porque el pensamiento siempre va a ser un hecho también comunicativo y social”.

“La experiencia nos revela que la aventura del ser humano en el mundo es dramática, basada en la incertidumbre. No sabemos a qué atenernos y ése es un problema grave porque estamos acechados por necesidades. Entonces el conocer no es un mero saber que contempla desinteresadamente el mundo, sino que se propone sacarnos de la incertidumbre. El conocimiento siempre busca dominio y seguridad. El conocimiento no es para nosotros un mero saber desinteresado, sino que es una herramienta de dominio y seguridad que pretendemos aplicar sobre nosotros mismos y la realidad. Al menos, eso pensamos. Por lo tanto, la validez del conocimiento no se refrenda simplemente con la verdad abstracta, sino con la práctica humana, con la que, para salir adelante, necesitamos romper nuestra incertidumbre para saber a qué atenernos. Esto es la fuente, la orientación y la práctica válida del conocimiento. A ésta forma de plantear las cosas se le ha llamado pragmatismo. El que acuñó el término de manera más explícita es William James quien escribió un libro titulado precisamente Pragmatismo. James asegura que ha sido en los primeros textos de Dewey en los que él se reconoce para desarrollar la idea del pragmatismo. Efectivamente, el inspirador verdadero del pragmatismo es Dewey, quien desecha la idea de un pensar por pensar. El pensamiento es una forma de obtener los resultados que necesitamos, un dominio sobre la incertidumbre que nos es urgente. Para eso sirven la filosofía, la comunicación y el esfuerzo del conocimiento.”

[Fin de cita] Si esto se lograra con la educación, quizá ya estuviéramos pidiendo demasiado, pero lo cierto, desde éste punto de vista filosófico, es que el educando es el primer sujeto responsable de su construcción como persona y es de suponerse que cualquier persona, con las herramientas intelectuales adecuadas, por ejemplo, nuestros hipotéticos estudiantes, dejarían ir la oportunidad de consumir drogas ilegales.

Pero ocurre que el problema es todavía mayor: la narco-guerra es una estupidez que todo lo mancilla, ya que podemos afirmar, que en éstas nuevas generaciones, por utilizar la metáfora, digamos, en el momento que nuestros jóvenes están saliendo "a la luz" para ver con sus propios ojos el mundo, sólo ven que arriba de ellos, los adultos comentan pros y contras de la narco-guerra, lo cual les genera —con toda razón— un panorama desolador y triste, se puede hablar de que la generación de la narco-guerra, es una generación “perdida” como lo fue la generación después de la Segunda Guerra Mundial. Además, en su discurso, la Presidencia se engaña y nos engaña: por un lado dice querer “fortalecer la educación” y por otro lado quiere eliminar las asignaturas de la filosofía, como se lee en el periódico La Jornada del lunes 28 de febrero de 2011 en una nota de la reportera Karina Avilés titulada: “LA SEP “DECRETÓ LA MUERTE DE LA FILOSOFÍA”. Gabriel Vargas, filósofo entrevistado al respecto dice: “(el gobierno) se contradicen, “Dicen que son humanistas y eliminan las humanidades; dicen que son democráticos y hacen una reforma autoritaria; dicen que están en contra del narcotráfico y no hacen un esfuerzo por ofrecer a los estudiantes fuerzas morales a través de la educación.”

El ser humano en general, —igual que cualquier alumno— es una combinación poli factorial de elementos históricos, culturales, de condicionamientos de clase, religiosos, familiares y por supuesto, educativos. Pero ocurre que en el ámbito de acceder al consumo de drogas o no acceder, el educando o joven está él solo y su decisión y su decisión resulta que tiene qué ver más que con cualquier otro factor, con la educación, ¿por qué? Porque elegir un acto u otro es un asunto de libertad, y precisamente de encauzar bien la libertad debe de tratarse la educación. La educación debe fortalecer y saber guiar la libertad. Los actos de la libertad corresponden al libre albedrío personal, pero no es lo mismo una libertad vuelta “libertinaje” que una libertad que busca fortalecerse con juicio y capacidad de discernir entre actos positivos y actos negativos.

Seamos sensatos: la narco-guerra no es un elemento que inhiba el consumo, la narco-guerra es sólo otra improvisación política, basada “realmente” en oscuros intereses inconfesables. No nos hagamos brutos… La educación es el bastión o la trinchera verdadera para combatir el consumo, y de eso dependerán las próximas generaciones que sólo se les contamina con el amarillismo de la sangre y las balas…

viernes, 8 de julio de 2011

¿STEFAN GANDLER MAÑANA EN LA JORNADA?

ESTAMOS DE LUTO HOY TODOS
LOS FILÓSOFOS Y LOS PENSADORES
POR LA SENSIBLE PÉRDIDA HOY
VIERNES 8 DE JULIO DE ADOLFO
SÁNCHEZ VÁZQUEZ: HAY QUE
RETOMAR SU URGENTE LECTURA
Y SU PENSAMIENTO CRÍTICO.

Para los y las mundanas de Zacatecas interesados en Cine...


SALVADOR PLANCARTE es muy bueno para éstos tópicos, ha estudiado y dado clase en Hot Waters, estudió en el D.F. y Berlín también... es toda una recomendación... sólo píquenle con un clic a la imagen para ver la letra pequeña...

lunes, 4 de julio de 2011

EL ESCÁNDALO DEL PLACER...

"Asumir la quietud y saborearla es la última lección de la razón práctica, su ápice. La actividad del hombre, su esfuerzo ingenioso, su heroísmo, su solidaridad, su arte, no llevan a nada que trascienda esa experiencia afirmativa del asentamiento en la vida/mundo que denominamos PLACER. Todo lo que prácticamente tiene sentido para los hombres lo tiene en cuanto conduce, posibilita o promete algún placer humano. No hay destino más alto: no hay altar superior al que el placer humano deba ser inmolado. El resto es superstición. El hombre no ha sido hecho para nada sino para sí mismo; y en cuanto trasciende la biología y alcanza lo simbólico, ha sido hecho por sí mismo. Sentir y afirmar la experiencia de vivir son su meta permanente, única. Lo que hay al final de cada uno de sus más altos logros es un recogimiento que se contenta en sí mismo y que no quisiera concluir... pero concluye. Ese placer cada hombre lo ha de experimentar por sí mismo, de forma individual y antigregaria. Ahí está el escándalo, siempre inspirado por la superstición clerical que nos quiere perpetuamente congregados en espera de un objetivo mayor y futuro. En este sentido el placer es nihilista porque subvierte cualquiera de los grqandes Ideales venerables que lo trascienden o los Principios que lo minimizan, pero es un nihilismo que reconcilia al hombre consigo mismo y que convierte tal reconciliación hedónica en fuente de valores. El placer es anticolectivista, porque sostiene -sin necesidad de decirlo- que el destino de la intervención social del hombre no es sacrificar al individuo para perfeccionar lo colectivo, sino perfeccionar lo colectivo para dar nuevas oportunidades de gozar al individuo."

* * *

"El amor trasciende su objeto, lo busca allí donde aún no está, lo requiere allá donde ya no está; la idealización del objeto amado que el amor impone proyecta a éste hacia lo inalcanzable incluso en la posesión misma: por eso el amor merece tanto la pena, pero también por eso causa tantas penas."

FERNANDO SAVATER

domingo, 3 de julio de 2011

Orgullos del Mexicano, 2011

Consulta Mitofsky
ENCUESTA NACIONAL EN VIVIENDAS


La música ranchera es considerada por los mexicanos como la que podemos presumir, muy por encima de la Folklórica, la banda, la norteña, la balada o la salsa.En la comida a presumir destaca el mole, dos veces más que el pozole y tres veces más que las enchiladas. Ahora los tacos y los tamales son superados por los “antojitos”. El mole es mas orgullo en la parte centro y sur del país, mientras que el pozole en el bajío.Irrumpe “el Chicharito Hernández en primer lugar y “el Canelo” Álvarez en quinto lugar, por lo que se pueden considerar las nuevas estrellas deportivas a nivel popular, destacando la ausencia de Adrián González el deportista mexicano mejor pagado de toda la historia y líder de bateo actualmente en las grandes ligas.Vicente Fernández es el cantante que genera más orgullo a los mexicanos.Las ciudades mexicanas que más se presumirían en caso de tener que hacerlo son Guadalajara, Ciudad de México, Veracruz, Acapulco, Monterrey, Morelia, Cancún, Oaxaca, Mérida, Guanajuato y Puebla.Sí de beber se trata, el tequila es por mucho el orgullo mexicano, seguido de la cerveza, el mezcal y el pulque.Benito Juárez, es hoy el personaje histórico que provoca más orgullo, seguido de Miguel Hidalgo, Pancho Villa y Emiliano Zapata, todo muy similar a 2005.

sábado, 2 de julio de 2011

Decálogo del perfecto escritor joven
Febrero 2002 por Marcos García Caballero



1
No te voy a decir que leas, no te voy a decir que tienes que leer y devorar y digerir miles de libros de poesía, novela, cuento, ensayo, teatro, filosofía, güiones de cine y de radio y periódicos, no te lo voy a decir porque eso ya lo sabes; empecemos por lo importante: ¿Cuál es tu posición social? ¿Eres un jóven de clase media que se hartó de la televisión? ¿Eres un mesero que por las noches estudia el bachillerato o la Universidad abierta? ¿Trabajas por gusto o por necesidad? ¿Eres mecánico o auxiliar administrativo en un despacho de abogados o en una oficina del gobierno mexicano? ¿Trabajas en los medios de comunicación? ¿Eres pobre jodidísimo, pobre a secas o un pobre que puede ir al teatro, viajar a Cancún una vez al año o a España, Estados Unidos o Guatemala? Lo primero que tienes que hacer es dejar la clase social de pobre que seas: si eres ultra pobre tienes que volverte, como mínimo, clase media y ahí quedarte, si eres clase media acomodada tienes que volverte pobre y olvidarte del coche de mami o de papi y buscarte el peor trabajo que puedas... por un tiempo, ya después volverás a una clase social acomodada. Acuérdate siempre lo que decía el gran maestro-erudito-poeta Ezra Pound: “Sólo los de a tiro idiotas no entienden que los pocos bienes de la sociedad NO son para todos sino para aquellos que saben PORQUÉ sólo pueden ser gozados por unos pocos” Éste primer punto te llevará vivirlo en carne propia cerca de 10 años. No te claves en la miseria ni el sufrimiento, pero tampoco en la banal idiotez oligofrénica de la mayoría de la gente, como decía Thoreau: “hay que vivir en una desesperación tranquila”.

2
¿Tienes vicios? ¿Las mujeres, el juego, la droga, el alcohol u otra cosa aún más excéntrica? Te felicito. De eso se aprende todo lo que en la vida vale. Pero te tengo malas noticias: Tienes que dejarlo. Es más importante escribir. Muy importante: nunca vayas a talleres ni escuelas de escritores, la mirada propia necesita reflexión. Pero gánate la confianza de los iniciados, ¿Cómo lo vas a hacer? Bucea en tus pasiones y ahí encontrarás la respuesta. Pero ojo: nunca confundas la pasión con el vicio, eso puede ser mortal.

 

3
Ya sé que las familias son engorrosas, farragosas y fastidiosas que obligan a cosas que no quisieras... pero, tienes qué pensar: “¿Cómo me llevo con mi familia?” No te apresures: si piensas “Bien”, tienes entonces que llevarte mal y despedazarlos con tu desprecio y tu arrogante soberbia; si piensas que te llevas “mal”, entonces es tiempo de ganártelos, dales tu presencia, tu apoyo y tu amor, es decir dales regalos, hazlos reír y gánate su confianza, recuerda que nada es gratis. Si piensas que NO debes llevarte mal con tu familia si te llevas “Bien”, entonces nunca serás escritor. Como decía en una novela Fernando Savater: “el que tiene miedo a la nada, lo necesita todo”. Y tú sólo necesitas papel y pluma o en su defecto computadora con impresora.


4
¿Qué tal andas de viajes? ¿Viajas mucho? ¿Viajas poco? Si viajas mucho ya párale: hay que escribir. Si viajas poco... ¡entonces qué chingados haces aquí?! Acuérdate que todos tienen que saber lo que es un “pata de perro” como alguna vez dijo en un concierto Rocco, el cantante de La Maldita Vecindad y los hijos del 5 Patio. Órale.... a moverse, a morirse de hambre en la aventura o a vivir la opulencia del viaje, lo que sea, pero ¡Hazlo ya! Recuerda siempre que los primeros filósofos de la Grecia clásica eran en gran medida exploradores y que Borges, con mucha agudeza y espíritu tolerante dijo: “El nacionalismo es una enfermedad que se quita viajando”.


5
Nunca quieras conocer a un güionista, periodista o escritor consagrado que da la casualidad que admiras y del cual no tienes formas de acercarte: los ídolos tienen que estar lejos, conocerlos en persona es mortal y puedes dudar de tu oficio, que es lo más peligroso que te puede pasar. Recuerda lo dicho en el punto dos.


6
En lo referente a las relaciones amorosas hay que decir más. Si eres hombre, entonces tienes que ser un perro o un galán o un dandy con las mujeres, pero amarlas a TODAS. Si eres mujer, tienes que usar los poderes que la madre tierra te obsequió en tu cuerpo y en la inteligencia. Debes ser LEAL, si quieres ser fiel debes decidirlo tú y ser LEAL a esa decisión, pero tampoco te enamores de un hombre sólo porque te escribió un “bonito” poema. Si quieres ser escritor y eres gay o lesbiana, entonces tienes A FUERZA que participar en marchas, foros y lugares de discusión donde se promueva la tolerancia a tu preferencia sexual.


7

La cuestión religiosa es importante de atender. Si crees que la religión es “demasiado” importante de atender, entonces métete en una cantina con tus amigas y amigos y emborráchate, por supuesto, para que lo vuelvas a pensar en la resaca; si crees que no es importante o no “muy importante” entonces mira a tu alrededor: las iglesias, los monasterios, el crucifijo que seguramente está en tu casa o piensa en la cultura musulmana, japonesa, maya, la de los pieles rojas o el budismo; date tiempo para pensar QUÉ ES LO QUE ESTÁ EN JUEGO con la religión.

8
Éste punto es la relación entre géneros literarios: si quieres ser güionista no desprecies a los poetas... ¡No los minimices! Y también a la inversa: si quieres ser cuentista no te burles de los dramaturgos. Recuerda que por más odios que haya entre escritores como dijo Karl Kraus, en el fondo todos somos CÓMPLICES, o por lo menos trata de que así sea.
9
Éste punto es el referente a la política. ¡Tienes que participar en política! Como sea, existen mil formas, a favor o en contra o yo que sé pero hazlo, o prepárate para hacerlo algún día. Repaso éste decálogo y siento que hay muchas, muchísimas cosas importantes que no he mencionado (el humor, la ironía y el relajo, la técnica, las preceptivas, el estilo y su debate, la crítica, las modas literarias, etc, etc,), pero algunas de esas las puedes encontrar en mis cuentos, novelas, ensayos, güiones de cine y poemas. (Lo digo sin vanidad). Muy importante: entérate de qué es lo que está escribiendo tu generación, tu PROPIA generación. Y hasta aquí llego, no hay punto número 10, porque está esperando este decálogo que tú lo pongas. Adelante, adelante, lee a Fausto, escucha a Verdi a Mozart, observa a Kurosawa, adelante, siempre adelante... no hay final para la tarea del hombre en el universo, por mucho o poco que sea lo conquistado, tú sigue adelante.


Escrito hace nueve años, éste "Decálogo del perfecto escritor joven" me sigue resultando válido, pero que se aclare que es para el "escritor joven", los que ya no lo son, que se busquen otro decálogo.

viernes, 1 de julio de 2011

En la Próxima Dos Filos

En la próxima Dos Filos (parece que es la 114) va aparecer un ensayo mío sobre la novela de Saúl Ibargoyen "El Torturador", no es una novela cualquiera y convencional, si en literatura les gustan las emociones fuertes, les sugiero que se la compren. "El Torturador" apenas se presentó en Noviembre en La Casa del Poeta, pero yo apuesto que falta ver su impacto en las literaturas mexicanas....

domingo, 26 de junio de 2011

Noticias del espíritu y avisos del alma... ¿no les suena?

“El héroe, en todas las tradiciones, es ante todo fuerte, y ser fuerte significa algo asombrosamente parecido en la mayoría de las culturas: ser fuerte es ser intrépido y generoso. No temer la destrucción física por encima de todas las cosas, no retroceder ante lo que puede y debe ser hecho, no someterse a lo que le es extraño e injustamente hostil, no querer ensalzarse con la humillación del otro, renunciar a todo el botín de la victoria con triunfal alegría, conceder la paridad de la nobleza a quien ya no la espera, a quien aún no la merece. La fuerza del héroe es el cumplimiento de lo que nos prometemos con la virtud.”
Fernando Savater

“No puede el héroe pensar que la vida auténtica esté en parte alguna fuera de en él mismo y por tanto no siente la comezón de castigar ni de atisbar ni de reprimir. Incluso cuando luche contra lo que fuera de él o en él encarne lo que considera bajo un aspecto determinado el Mal, lo hará sabiendo que nadie es realmente culpable del Mal, pero en cambio jubilosamente consciente de que gracias al Mal puede haber héroes.”
Fernando Savater



“Imposible, es decir: impensable. Fallan las categorías, la razón sigue su carril inexorable y se separa de la evidencia. No se puede pensar el movimiento, ni el heroísmo: lo que se piensa es inmutable y necesario, no móvil y libre. Pero ahí está el movimiento y ahí están los héroes: Diógenes pasea y larga de vez en cuando un puntapié a una piedra; Aquiles, no contento con alcanzar a la tortuga, conquista Troya. ¿Cómo puede ser? No puede ser, pero es.”
Fernando Savater

viernes, 24 de junio de 2011

Le parecemos bajas colaterales, Señor?


Lo que ha hecho Javier Sicilia es extraordinario...

sábado, 18 de junio de 2011

WATER FOR ELEPHANTS

Vengo hoy sábado de una comida "Pantagruélica" (eso sí, no me vayan a pedir recetas de cocina por favor! he he he, dejémoslo en recetas para buenas bebidas, por cierto: el otro día vendí un ecualizador de 30 bandas por canal que tenía a un Barman y chavo que pone la música en un antro que está chingón, pero que tiene un nombre horrible: "El club de Toby" Hablé con el dueño y le dije: "no mame, así no va a venir la gente, póngale de perdida el club de max" Y se quedó pensativo, y al barman tuve qué explicarle cómo se conectan los cables, ya hasta le quería cobrar de más) y después me fuí a ver en los CINEMEX de Hot Waters "AGUA PARA ELEFANTES" Una historia supuesta de un circo en Estados Unidos en la época de la depresión. No soy crítico de cine, ese oficio lo tenemos todos, pero las piernas y las tetas de Ressee Whiterspoon valen la pena para que aguanten toda la película. Salut mundano(a)s, pasen la noche junto al galán o la galana, que mañana es día del bueno.

viernes, 10 de junio de 2011

LA NUEVA DOS FILOS No. 113

Chéquense las palabras de Sergio Mondragón y Jaime Augusto Shelley por recibir el Premio Internacional de Poesía Zacatecas 2010, además lo de Claudia Santa-Ana (muy buena poeta Aquicalidense, ya lo he dicho aquí), además los poemas de Luis Gorge Boone, se ve que el libro entero de Los Animales Invisibles ha de estar muy bueno. Ya nos gustaría ver ern la sección de radiografías musicales -que son el inolvidable sello de las portadas de DOS FILOS, algo sobre King Krimson ó Dire Straits mejor, o si no es mucho pedir, algo sobre la obra de un gran Genio: Ian Anderson, creador de Jethro Tull... salut mundanas y mundanos... hasta otra.

miércoles, 8 de junio de 2011

Woody Allen Sobre BERGMAN

La Jornada Semanal, domingo 22 de junio del 2003 núm. 433


Woody Allen

 
Vida de un genio

¡La voz del genio! "Día tras día me llevaban o me arrastraban, gritando de angustia, al colegio. Vomitaba encima de cualquier cosa, desfallecía y perdía el sentido del equilibrio." Sobre su madre: "Intenté abrazarla y besarla, pero me apartó con una bofetada." Sobre su padre: "Las palizas brutales eran su argumento favorito." "Me pegó, y yo le devolví el golpe. Se tambaleó, y acabó sentado en el suelo." "Llevaron a mi padre al hospital, para operarle de un tumor maligno en el esófago. Mi madre quería que yo fuese a visitarle. Le contesté que no tenía tiempo ni ganas." Sobre su hermano: "Mi hermano tenía escarlatina... (naturalmente, yo esperaba que se muriera. La enfermedad era peligrosa en aquellos días)." "Cuando mi hermano abrió la puerta, le golpeé con la garrafa en la cabeza. La garrafa se hizo añicos y mi hermano se desplomó mientras la sangre manaba de la herida. Alrededor de un mes más tarde, me agredió sin previo aviso, y me saltó dos dientes. Respondí pegándole fuego a la cama mientras dormía." Sobre su hermana: "Mi hermano mayor y yo, normalmente enemigos mortales, hacíamos las paces y tramábamos planes para asesinar a ese diablillo repulsivo." Sobre él mismo: "Una o dos veces en mi vida he acariciado la idea de suicidarme."

Un entorno religioso: "La mayor parte de nuestra educación se basaba en conceptos tales como el pecado, la confesión, el castigo, el perdón y la gracia. Este hecho bien pudo contribuir a nuestra sorprendente aceptación del nazismo." Y finalmente, una evaluación de la vida: "Se nace sin objeto, se vive sin sentido... Y al morir, no queda nada."

Con esos antecedentes uno tiene que ser un genio. O eso, o hacer muecas en una celda cerrada a cal y canto y con paredes almohadillas con cargo al Estado. No me inspiraban motivos precisamente nobles cuando vi mi primera película de Ingmar Bergman. Los hechos fueron así: yo era un adolescente que vivía en Brooklyn, y corrió la voz de que iban a dar en un cine del barrio una película sueca, donde una muchacha se bañaba completamente desnuda. Raras veces he pasado la noche en la calle para ser el primero en la cola de una película, pero cuando Un verano con Mónica se estrenó en el cine Jewel, en Flatbush, un chico pelirrojo con gafas de negra montura fue visto atropellando a ciudadanos respetables en su afán por conseguir la butaca más selecta y discreta.

Yo no sabía quién era el director de la película, ni me importaba, ni tenía sensibilidad entonces para apreciar su fuerza: la ironía, las tensiones, el estilo expresionista alemán con su poética fotografía en blanco y negro y los toques eróticos sadomasoquistas. Yo salí pensando únicamente en el momento en que Harriet Andersson se quita la ropa, y aunque era mi primer contacto con un director que acabaría considerando con fervor como el mejor de todos, no lo comprendí entonces. Hasta que unos pocos años más tarde, en busca de algo más estimulante que una tarde de minigolf, la chica con que me había citado y yo fuimos paseando para ver una película titulada Noche de circo. Yo era un poco mayor y empezaba a sentir un más amplio interés por el cine, y la experiencia fue decididamente más profunda esta vez. El sentido alemán seguía siendo su influencia principal y había una paliza tremenda, sádica en el clímax; aunque el argumento no estaba del todo centrado, la película había sido dirigida con tan inmenso talento, que estuve en vilo en mi butaca hora y media, con los ojos como platos. Realmente, la secuencia en la que Frost, el payaso, va a buscar a su casquivana esposa, que chapotea desnuda en el agua para divertir a unos cuantos soldados, era tan magistral en su planificación, ritmo de montaje e inspirada evocación de la humillación y el dolor, que había que retroceder hasta Eisenstein para hallar una fuerza cinematográfica comparable. Esta vez, desde luego, anoté el nombre del director, que era sueco y que, como me pasaba siempre entonces, archivé y olvidé.

Hasta fines de los cincuenta, cuando llevé a la que era mi mujer entonces a ver una película muy comentada y con el título no muy prometedor de Wild Strawberries (Fresas silvestres) no comenzó lo que se convertiría en una adicción de por vida a las películas de Ingmar Bergman. Todavía me acuerdo que la vi con la boca seca y el corazón latiendo con fuerza desde la primera y misteriosa secuencia inicial del sueño hasta el sereno primer plano final. ¿Quién podría olvidar tales imágenes? El reloj sin agujas. El carruaje tirado por un caballo que se atasca. El sol cegador y el rostro del viejo arrastrado al ataúd por su propio cadáver. Evidentemente, había ahí un maestro con un estilo inspirado y personal; un artista de profunda inquietud e intelecto, cuyas películas se revelarían a la altura de la gran literatura europea. Poco después vi El mago, una audaz dramatización en blanco y negro de ciertas ideas de Kierkegaard presentadas como un cuento de ocultismo, potenciadas por una cámara hipnótica, original, cuyo estilo hallaría su crescendo años más tarde en la onírica Gritos y susurros. La referencia a Kierkegaard no acarrea que la película sea árida o didáctica en exceso. Tengan la plena seguridad, por favor, de que El mago, como la mayoría de las películas de Bergman, posee un brillante sentido del espectáculo.

Porque, además de todo eso –y quizá lo más importante– Bergman sabe entretener, es un gran narrador de historias que jamás pierde de vista un hecho: sean cuales fueren las ideas que desea comunicar, las películas tienen que emocionar al público. Su teatralidad es realmente inspirada, e imaginativo su empleo de la iluminación gótica, pasada de moda, y las elegantes composiciones. El exagerado surrealismo de sueño y símbolos, el montaje inicial de Persona, la cena de La hora del lobo, y en La pasión de Ana, el descaro de parar a intervalos el absorbente relato, para que los actores expliquen al público lo que intentan expresar, constituyen momentos de gran espectáculo.

El séptimo sello fue siempre mi película favorita, y me acuerdo de cuando la vi, con no mucho público, en el viejo cine New Yorker. ¿Quién podría imaginar que un tema semejante pudiese proporcionar una tan agradable experiencia? Si tuviese que explicar el argumento, para convencer a un amigo de que la viese conmigo, ¿qué podría yo decir? "Bueno, transcurre en una Suecia medieval azotada por la peste y explora los límites de la fe y de la razón a partir de conceptos filosóficos daneses y hasta cierto punto alemanes." Eso no guarda gran relación con lo que se entiende por pasar un rato divertido, pero está todo contado con imaginación, suspenso y olfato tan pasmosos, que uno se queda clavado como un niño oyendo un desgarrador cuento de hadas. La negra silueta de la Muerte aparece de pronto en una playa, y el Caballero de la Razón la desafía a una partida de ajedrez, intentando ganar tiempo y descubrir algún sentido en la vida. La fábula arranca y se despliega con siniestra inevitabilidad. ¡Y las imágenes, una vez más, quitan el aliento! Los flagelantes, la quema de la bruja (digna de Carl Dreyer), y el final, con la Muerte que conduce el baile de los condenados al infierno, en uno de los planos más memorables de todos los tiempos.

Bergman es prolífico, y las películas que siguieron a sus primeras obras han sido ricas y variadas, según sus obsesiones se desplazaron del silencio de Dios a las torturadas relaciones de almas llenas de angustia que tratan de comprender sus sentimientos. (En realidad, las películas descritas no son exactamente sus primeras, sino obras medias, porque había dirigido algunas películas, desconocidas hasta que su estilo y reputación fueron generalmente reconocidos. Estas primeras películas son muy buenas, pero sorprendentemente convencionales, sabiendo adónde irían a parar.) En los cincuenta había asimilado sus influencias, al tiempo que su genio se afirmaba. Los alemanes todavía le impresionaban. Yo veo a Fritz Lang en su obra, y a Carl Dreyer, el danés. Y también a Chéjov, Strindberg y Kafka. Yo divido sus películas entre las que son sencillamente soberbias (Detrás de un vidrio oscuro, Luz de invierno, El silencio, La fuente de la doncella, La pasión de Ana, por citar algunas) y las obras maestras verdaderamente notables (Persona, Gritos y susurros y Escenas de la vida conyugal), junto con otras que había visto antes. Hay también películas atípicas como Vergüenza y Fanny y Alexander, que proporcionan sus propios placeres particulares, e incluso algún traspié ocasional como El huevo de la serpiente o Cara a cara.

Pero hasta en los experimentos menos afortunados de Bergman hay instantes memorables. Ejemplos: el sonido de una sierra fuera de la ventana durante una escena íntima entre los amantes adúlteros en El toque, y el momento en que Ingrid Bergman enseña a su patética hija cómo debe interpretarse al piano cierto preludio en Sonata de otoño. Sus fracasos son con frecuencia más interesantes que los logros de otros. Y pienso ahora en De la vida de las marionetas y Después del ensayo.

Una digresión sobre el estilo. El ámbito predominante en las películas acostumbraba a ser el mundo físico, externo. Sin duda, así ha sido durante años. Ahí están las películas cómicas y los westerns, y las películas de guerra, y las de persecución, y las películas de gángsters, y las películas musicales, para atestiguarlo. Pero, al afirmarse la revolución freudiana, sin embargo, el ámbito más fascinante del cine derivó hacia lo interior, y las películas se encontraron con un problema. La psique no es visible. ¿Y qué hay que hacer cuando las batallas más interesantes se libran en el corazón y en la mente? Bergman desarrolló un estilo para abordar el interior del hombre, y es el único director que ha explorado los campos de batalla del alma hasta el último confín. Impunemente, ha escrutado con su cámara los rostros hasta perder la conciencia del tiempo, mientras sus actores y actrices lidiaban con su propia angustia. Y veías grandes interpretaciones en tremendos primeros planos que duraban mucho más tiempo del que los libros de texto consideran conveniente para el arte del cine. Los rostros lo son todo para Bergman. Primeros planos. Más primeros planos. Extremados primeros planos. Creó sueños y fantasías, para combinarlos con tanta delicadeza con la realidad, que gradualmente un cierto sentido de la interioridad humana salió a la superficie. Y empleó enormes silencios con increíble eficacia. El territorio de las películas de Bergman es diferente del de sus contemporáneos. Hace juego con las playas desoladas de la isla rocosa donde habita. Ha encontrado un medio para mostrar el paisaje del alma. (Ha dicho que ve el alma como una membrana, una membrana roja, y así la mostró en Gritos y susurros.) Al rechazar la norma de acción convencional establecida en el cine, ha permitido que en el interior de los personajes bramen guerras tan agudamente visuales como los movimientos de un ejército. Vean Persona.

Por si esto fuera poco, damas y caballeros, Bergman es un director barato. Es rápido, sus películas cuestan poco, y su minúscula banda de colaboradores es capaz de completar una verdadera obra de arte en la mitad del tiempo y por una décima parte del dinero que muchos dilapidarían en un suntuoso desperdicio de celuloide. Y, además, escribe los guiones él solito. ¿Qué más se puede pedir? Significado, profundidad, estilo, imágenes, belleza visual, tensión, instinto narrativo, rapidez, economía, fecundidad, innovación, una dirección de actores sin par. A todo eso me refiero cuando digo que es el mejor. Tal vez otros directores le superan en áreas aisladas, pero nadie es un artista tan competo como él.

De acuerdo, volvamos a Linterna mágica, su libro. Habla mucho de problemas del estómago. Pero es interesante. Es informal, anecdótico. No es cronológico, como se supone que debería ser la historia de la vida de uno. No se monta una saga acerca de cómo empezó y, poco a poco, dominó el teatro y el cine de Suecia. La narración da saltos, hacia delante y hacia atrás, aparentemente a capricho de la inspiración del autor. Contiene extrañas anécdotas y sentimientos tristes. Una extraña anécdota: de niño se quedó encerrado en un depósito de cadáveres, donde le fascinó el cuerpo desnudo de una muchacha. Un sentimiento triste: "Mi mujer y yo vivimos muy próximos. Uno de los dos piensa, y el otro responde, o al revés. No sé cómo definir nuestra afinidad. Pero un problema es insoluble. Algún día un golpe caerá para separarnos. Y ningún dios afable nos convertirá en árboles que den sombra a la granja." Omite cosas que uno creía que iba a considerar. Sus películas, por ejemplo. Bueno, tal vez no las omita exactamente, pero dice mucho menos de lo que cabía esperar, considerando que ha hecho más de cuarenta. Tampoco se habla mucho de sus esposas en este libro. Las ha tenido en abundancia. (Y montones de hijos también, aunque apenas se les mencione.) Entre ellas está Liv Ullmann, que vivió años a su lado, fue la madre de unos de sus hijos, y una gran estrella en sus películas. Tampoco se dice mucho sobre los actores y las actrices de sus películas.

¿Y qué hay entonces? Pues hay muchas revelaciones apasionantes, pero sobre su infancia en la mayor parte. Y sobre su trabajo en el teatro. Detalle interesante, dibuja cada escena antes de ensayarla. Y hay un relato emocionante de cómo dirigía a Anders Ek, un actor en varias de sus películas, enfermo de leucemia y que utilizaba su miedo a la muerte próxima para interpretar un personaje de Strindberg. Bergman adora el teatro. Es su verdadera familia. De hecho, la cálida, entrañable familia de Fanny y Alexander nunca existió en la realidad, es un símbolo del teatro. (Eso no está en el libro. Pero lo sé.) Bergman habla también de sus enfermedades: "He padecido varias dolencias indefinibles, y no puedo decir a ciencia cierta si deseaba sobrevivir o no." Y sobre sus funciones corporales: "En todos los teatros donde he trabajado un cierto tiempo, he tenido siempre mi propio retrete."

Su crisis mayor también está aquí, el escándalo de los impuestos. Uno se queda hipnotizado leyendo su recuento. En 1976, Bergman fue groseramente sacado de un ensayo y llevado a la jefatura de policía para declarar sobre el dinero que debía al gobierno, porque su declaración era incorrecta. Eso es algo que puede pasar cuando uno recurre a un gestor, presume que él lo llevará todo estupenda y abiertamente, y descubre luego que, confiadamente, ha firmado papeles sin entenderlos, o siquiera leerlos. La cuestión está en que Bergman era inocente de la acusación de fraude premeditado, pero la hacienda sueca no evitó que las autoridades le trataran de forma desabrida y cerril. El resultado fue una depresión nerviosa, una hospitalización, y un exilio autoimpuesto en Alemania, entre sentimientos de rabia y profunda humillación.

En fin, la imagen que uno saca es la de una personalidad altamente emotiva, no fácilmente adaptable a la vida en este mundo frío y cruel, pero muy profesional y productiva, y desde luego un genio del arte dramático. A juzgar por la traducción, Bergman escribe muy bien y, con frecuencia, sus descripciones prenden y emocionan. Yo devoré cada página, pero no se me puede hacer demasiado caso, porque siento el mayor interés hacia este artista particular. Se me hace difícil creer que ha cumplido ya los setenta años. En su libro recuerda que, cuando tenía diez años, le regalaron una linterna mágica, que proyectaba sombras en la pared. Eso despertó en él una pasión amorosa por el cine, conmovedora en la intensidad de su sentimiento. Ahora que su fama es mundial y ya no hace más películas, escribe lo siguiente: "La butaca es cómoda, la habitación acogedora, se hace la oscuridad y las primeras imágenes tiemblan en la pantalla blanca. Todo está en calma, el proyector susurra débilmente en la insonorizada sala de proyección. Las sombras se mueven, vuelven sus rostros hacia mí, quieren que preste atención a sus destinos. Han pasado sesenta años, pero la emoción sigue siendo la misma."

martes, 7 de junio de 2011

QUÉ HORAS SON? HEY MANO DAME TU HORA?

Sí señor, cómo no, es más, es la hora que usted quiera....

sábado, 4 de junio de 2011

ESCÁNDALO POR IMBÉCILES CHARLATANES, EL AÑO PASADO CREEN O NO CREEN?

Escándalo alrededor del FONCA,


MARCOS GARCÍA CABALLERO.

CAARTA DIRIGIDA A SAÚL IBARGOYEN:



El día 10 de diciembre de 2010 apareció en el periódico La Jornada y en otros periódicos, los nombres de los ganadores del Sistema FONCA de CONACULTA.

Esto es un hecho.

Para empezar a explicar éste caso es intrincado y complejo lo que yo deseo plasmarte y manifestarte Saúl. Es mi verdad única como persona en activo filósofo en calidad de aspirante de la UNIVERSIDAD VIRTUAL DE CHIUHUAHUA, que depende de la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE CHIHUAHUA, ex maestro IBARGOYEN; y recién egresado de dos cursos: Primero: EL ENSAYO LITERARIO, coordinado por el maestro Ricardo Pérez Ávila en el CENTRO CIELA FRAGUAS de Aguascalientes con CONSTANCIA. Segundo: CURSO DE GUIÓN CINEMATOGRÁFICO por parte de la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE AGUASCALIENTES, egresado con CONSTANCIA. Además deseo expresarte, querido ex Maestro que soy practicante de YOGA. Mi situación como residente en la ciudad de Aguascalientes a tenido muchos aspectos, resido en el estado desde 2006. He estudiado, he sido Becario estatal del ICA (Instituto Cultural de Aguascalientes) como creador literario con trayectoria y trabajador como Maestro en distintos sitios como el Programa PRO-ARTE y soy ya, a estas alturas, un escritor con trayectoria reconocido, hasta tanto que, gracias a internet no se puede saber cuántos y de cuántos Países me han leído ó, de dónde son muchos de mis lectores.

Soy practicante de Yoga. El Yoga es un deporte que combina aspectos espirituales de la persona y aspectos físicos, no soy creyente de la religión católica en ningún grado. Pero pienso, asimismo, que ignorar la influencia del catolicismo en nuestro país sería estúpido he irresponsable. La mente en estados normales sin altos rendimientos de concentración atrae lo que repele y lo que agradece, ya sean personas, objetos o ideas, esto es un hecho comprobado. No es de mi interés polemizar al respecto, pero te aseguro Saúl, que esto se muestra muy claramente al momento de practicar YOGA, como quien dice, en el momento de ejecutar la YOGA combate dentro y fuera de la persona el EROS Y EL TÁNATOS y, al final, uno encuentra un estado de PAZ INTERNA. Soy una persona trabajada y leída Saúl, cuento con amplios reconocimientos como escritor y, tengo el Premio Salvador Gallardo Dávalos por mi primer texto largo novela, EDAD EN EL ALBA, además antes saqué y presenté en el corazón del Zócalo de la ciudad de México mi primer libro de Poesía titulado INFINITOS DISPERSOS que tú prologaste, según recuerdo en el año 2001.

Saúl, escucha esto: Si una persona cuyo destino y posición social me provoca y me amenaza con patanerías prepotentes y desconozco dónde está, ¿lo podría encarar? Creo que lo puedo encarar de frente, pero si mediante el YOGA esa persona se me revela como una entidad mental que busca someterme, estoy perfectamente seguro que es su mala conciencia la que actúa, yo lo evado y sigo en mi ejercicio, pero si en mi vida diaria esa persona adquiere una entidad ó una sombría presencia, puedo afirmar que desea hacerme daño, yo te lo confieso Saúl: YO NO DESEO HACERLE DAÑO A NADIE, pero sé muy bien de dos personas que buscan perturbarme de una manera más allá de parámetros normales de actitud y conducta. Una de esas personas es, desgraciadamente, un escritor, Heriberto Yépez y el otro es un tal vecino mío que presumiblemente se llama Juan, la verdad: su nombre y su vida no me interesa, pero él me ha demostrado, mediante actos grotescos y no lo niega en su actitud, que es una especie de supuesto DIOS personal para mí que día a día me hostiga y que, cuando llega la hora seria de la sensatez, se revela como un verdugo y ¡¡¡él lo asume y así lo ha hecho desde hace años!!!

Ésta persona, Saúl, se quiso enterar si yo tenía, en primer lugar, enemigos, como no los encontró, pero el escritor Heriberto Yépez juega fanfarronamente a que somos de verdad enemigos, te lo digo así Saúl: un tiempo le seguí el juego, pero en momentos fuertes en los que uno se juega su cordura y su salud mental, yo dije: esto ya no. Y no solamente esto ya no, sino que decidí dejar de leer cualquier artículo que él publicara o sus libros, de los cuales tengo 3, o cualquier publicación electrónica suya. Creo que eso de los enemigos literarios con esto, es más REAL que la PROPIA COMPETENCIA entre los escritores, bueno.

Te COMENTO y voy al meollo de ésta carta dirigida a ti SAÚL: estaba yo esperando el fallo de la convocatoria del FONCA para la que salieron sus resultados hace poco. Yo creo que tú entenderías que estaba al pendiente de dichos resultados, pero la cosa Saúl, es que yo, además de estar en esos 2 CURSOS, estaba haciendo un curso propedéutico para entrar a la FILOSOFÍA EN LÍNEA.

Éstas personas Saúl, para decirlo rápido, me coaccionaron, me arrinconaron, me dispararon como disparan los que no tienen balas, me forzaron a que yo, mediante sus golpes bajos… ¡Qué padre es dar un golpe bajo!! ¿Es lo más fácil verdad?!! Pero qué difícil conseguir dos constancias de estudio literario y, al mismo tiempo, hacer un curso propedéutico para hacer FILOSOFÍA VIRTUAL VERDAD??? Eso es algo que saben bien éstas personas y por eso, unos días antes de que se diera el fallo del jurado del FONCA, donde yo competía con mi trabajo, éstas dos personas me acorralaron con tal saña en mi propiedad que me coaccionaron a que, número uno: se convirtieran en el asunto más importante de mis momentos esos días y descargaron su furia con la forma que ellos ya sabían que podían acorralarme en mis cosas, mis bienes y mi hogar para que esas personas lograran que yo creyera de antemano que el reconocimiento lo tenía asegurado pero, ese mismo día, en la noche, cuando se dieron los resultados, regresando de mi último curso con la Constancia, me quedé meditando en un café céntrico sobre esos actos y esos procederes mentales, (Yépez es filósofo Saúl) que parece que en pura apariencia no existen, pero negar esto es como negar los fundamentos del catolicismo, no en tamaño, pero sí en igual grado, te diría Saúl, yo creo que uno busca su bienestar en el YOGA y lo mejor para su comunidad con su estudio esa noche en el café, sus trucos no funcionaron y al no funcionar, cerca del lugar donde está la iglesia de San Antonio y su sacristía, se evidenció que buscaban asegurarse de que yo fuera descalificado como candidato a la BECA DEL FONCA 2010-2013.



Tú sabrás que comentario te merece esto SAÚL, estoy convencido de que hubo fraude parta mí en ese dictamen.



12 de diciembre de 2010.



MARCOS GARCÍA CABALLERO.

Mi amistad Saúl IBARGOYEN y todo mi respeto MAESTRO DE MAESTROS.

A VER.. QUIERO VER EL NOMBRE DEL QUE LE DIGA TRAIDOR A ÉSTE CUENTO, HA MEN? QUIERO VER... YO SÍ LO QUIERO VER: AHÍ TE VA: "LOS PRESOS"

L O S  P R E S O S.
Por Marcos García Caballero

A Joaquín Castro.
Para estar boca arriba en el camastro de la celda, Martín giró la espalda y tomó su plato del suelo. Había dormido durante todo el medio día y la tarde a pierna suelta, soñando que manejaba su Ford por la recta de una carretera junto a su guapa ex mujer, y que habían especulado con interés y todavía con gran pasión entre los dos, sobre cuál sería la causa de que las montañas a lo lejos tomaran un pigmento azuloso o francamente gris, incluso un poco más gris que el patio de la cárcel que, solamente por algo ambiguo que podríamos llamar “suerte”, hoy no había tenido el infortunio ni la rutina odiosa de contemplar.

El día anterior, del que ahora sólo se asomaba el cansancio aún a pesar del sueño, había trabajado sus ocho horas obligatorias en los talleres del presidio haciendo tornillos y sus compañeros, la mayoría desconocidos de los que no le importaba ni sus nombres ni sus motivos de reclusión, al saber la noticia, se habían despedido de él mostrándole una solidaridad sobre la que no deseaba cuestionarse si era efectivamente sincera o sólo un modo de mostrarla solemnemente en ocasiones como ésta; tal vez él hubiera actuado de la misma manera y no le habría importado nada, de hecho la noticia lo había hecho verse a sí mismo como si fuera otra persona, con una suerte menos irrevocable, menos inmediata, cuestión muy difícil de imaginar en otras circunstancias, pero que era el comienzo de lo que no había asimilado totalmente, pues verse como otro, soñar que otro es el que correrá con esa suerte, es lo que indudablemente al principio, elabora en soledad el condenado a la silla eléctrica.

Si no hubiera sido por el hambre, no se hubiera despertado del camastro y habría dejado pasar el tiempo hasta que se apagara la luz de las celdas y vinieran a buscarlo, pero recapacitó y se dijo que comer un plato de frijoles alumbrado por luz eléctrica era mejor a aceptar llanamente la muerte y seguir durmiendo tan tranquilo como si nada fuera a ocurrirle. Se sentó sobre el catre, notando inmediatamente el cambio de temperatura de su cuerpo y recordó la dulzura de su madre, a la que imaginó bajo la luz que se estampaba sobre la pared que lo dividía de la celda contigua. La imagen estaba ahí y se esforzó por no olvidarla, aunque por momentos se convertía en la del sueño, la de su ex esposa mirando a lo lejos las montañas azules y hablándole con el tono que suelen hablar los recuerdos felices de hace muchos años, en caso de que los haya.

Al escuchar el sonido de la cuchara raspando el plato, Saúl entendió que su vecino de celda había despertado y, a pesar de que el tema había sido motivo de muchas pláticas anteriores, sintió deseos de hablar con su amigo por última vez y, mediante un susurro que en realidad deseaba gritar, preguntó con vergüenza:

—¿Martín?

Aquél seguía comiendo y contemplando la imagen de su madre y su ex esposa subida en el Ford alejándose por la carretera, hasta que en sus muelas empapadas de caldo frío descubrió con dolor una piedra insignificante. Con una sonrisa miró al vacío y dijo:

—¿Qué quieres?

A Saúl se le iluminó el rostro al escuchar las palabras de Martín. Se arrastró por el piso hasta la pared que separaba las celdas y pegó su cara en los barrotes. Abrió la boca pero se dio cuenta que francamente, no tenía nada que decir y trató de disculparse diciendo después de aquél silencio:

—Martín, oye, mira amigo, lo siento, de verdad...

Martín oyó ese farfullar de palabras de poco peso mirando su plato de frijoles y con cierto hartazgo, sólo atinó a decir:

—A ver, ¿qué cosa?

—Bueno, ya sabes, este... sólo quería decirte... ¡sólo quería decirte lo que ya sabes! No sé qué decir a parte de todo lo que ya hemos hablado.

Saúl sacó la mano por entre los barrotes y dijo en ese mismo balbuceante tono:

—Dame la mano, amigo.

Martín vio la mano, se bajó de la cama y se acercó a gatas a la pared que los dividía donde podía tomar la mano temblorosa que se le ofrecía, estuvo a punto de soltar el plato de frijoles pero dijo:

—Mira, ¡qué bueno que me das la mano! ¡En este momento necesito una mano, alguien a quien darle algo como recuerdo de mi vida, algo que haga que nadie en este pinche mundo me olvide! Déjame darte este regalo...

Del otro lado de la celda, Saúl puso cara de extrañamiento, se le arrugó la piel en medio de las cejas, dobló las piernas cruzándolas una sobre la otra y tomó el regalo que le daba Martín. Regresó su mano y adentro de su celda abrió el puño, donde descubrió la piedra que Martín había encontrado en el plato de frijoles. Escuchó que éste soltaba una risita y dijo:

—Pinche Martín...

—Bueno —aseguró Martín—, es la hora de la verdad ¿no?

Del otro lado de la pared no se escuchó voz alguna y Martín de pronto se sumió en la tristeza, porque de verdad era triste el silencio antes de la muerte, era como un estúpido presagio que no trae ya nada más que la pesadez y el fracaso de la ilusión humana. Se puso el plato de frijoles entre las piernas y dijo:

—Saúl, hermano del alma, mi único amigo desde mi llegada a este asqueroso lugar, antes de que vengan por mí y me veas partir tenemos que rematar... (se arrepintió de esta palabra y dijo riendo): bueno, olvídalo, tenemos que jugar la última partida, la partida definitiva... y si quieres mientras tanto platicamos de lo que quieras.

Saúl sabía perfectamente a lo que se refería Martín y se emocionó mientras corría por su descuidado lápiz con el que algunas veces se entretenía haciendo dibujos. Puso la punta sobre el suelo y dijo con orgullo:

—Mira Martín, no tengo que decírtelo, escoge tú.

Del otro lado de la celda, Martín dijo con la boca llena de frijoles:

—Pues por esta vez creo que me tocan las negras ¿no? —Y se echó a reír de nuevo.

Saúl garabateó con su lápiz en el piso un bosquejo de tablero y dijo entusiasmado:

—Me parece buena idea: Peón cuatro Dama.

—Bueno... pues Caballo tres Alfil Rey— contestó Martín, dejando el plato a un lado y se golpeó con la cuchara en la cabeza recordando aquella imagen de su tierna madre y la de su ex esposa.

Saúl dibujó en su tablero el próximo movimiento suyo y dijo:

—Alfil Dama cuatro Rey.

—Tu acostumbrada salida ¿eh? —dijo Martín, golpeándose de nuevo la cabeza al recordar el viento fresco y tonificante de la carretera soñada—, Peón cuatro Dama.

—Peón tres Alfil Dama —contestó Saúl.

—Peón tres Rey.

—Caballo tres Torre Dama.

—Pues ante tan suculenta oferta me lo como: Alfil por Caballo.

Saúl trataba de dibujar lo más rápido posible para que Martín no se diera cuenta que hacía trampa y dijo al fin:

—Peón por Alfil.

—Esto se pone interesante —dijo Martín—, enroque corto.

—Peón tres Rey —contestó Saúl inmediatamente.

—Dama dos Rey— dijo Martín chupando la cuchara de nuevo.

—¿Qué traes contra mi pobre Peón? —dijo Saúl con un chillido para que Martín no escuchara las rayaduras de su lápiz en el piso—, Dama tres Dama.

—Así es el Ajedrez —dijo Martín cerrando los ojos para concentrarse—, Caballo cuatro Torre Rey.

—Caballo tres Alfil Rey.

—Pues Caballo por Alfil.

—Peón por Caballo —dijo Saúl perdiéndose cada vez más, hasta que preguntó donde había dejado su Dama.

—Tu Dama no sé donde esté, pero te aseguro que muy lejos de aquí... y la que estás buscando está todavía más lejos: en el fondo de tu pinche imaginación —dijo Martín antes de recordarle que estaba en la tercera casilla de su propia columna y agregando:

—Dama por Peón.

—Caballo cinco Caballo Rey —dijo Saúl, imaginando que era una gran jugada.

—Peón tres Caballo Rey —Escuchó Saúl del otro lado de la pared, observando en el suelo cómo su gran ataque se iba desmoronando.

—Alfil dos Rey —dijo.

—Peón tres Caballo Dama —volvió a escuchar.

—Alfil cinco Torre Rey —dijo con desesperación y escuchó de nuevo la cuchara raspando el plato y la voz de Martín que decía:

—Dama siete Caballo Dama.

—Enroque corto —dijo Saúl conteniendo las ganas de gritar al garabatear su jugada, camuflando el ruido del lápiz con un chiflido.

De inmediato escuchó la voz exaltada de Martín que decía: —¡No huyas maldito cobarde! ¡Alfil tres Torre Dama! Y la consecuente risita que con el silencio de Saúl, Martín disfrutó aún más.

Humillado, Saúl dijo: —Torre Rey uno Caballo Dama.

Del otro lado de la celda, Martín tomó de nuevo el plato de frijoles para inspirarse en la próxima jugada, ya que, por lo menos, él pensaba que era la jugada que valía la partida. Dejó pasar un rato, volvió a comer y entre sus quijadas descubrió otra piedra en los frijoles, entonces maldijo en silencio a los cocineros de la prisión y aventó la piedra a la pared donde veía aparecer y desaparecer a las únicas mujeres de su vida, que nosotros sabemos ya bien quienes son. Las protestas de Saúl no se hicieron esperar, pero Martín respondió que era una jugada importante y que lo dejara meditar.

—A propósito —dijo— ¿Cómo van tus dibujos? Hace tiempo que no me cuentas nada sobre ellos.

Del otro lado, la voz de Saúl reclamó que volvieran al juego.

—Tú lo has dicho —dijo Martín observando ahora hacia la luz eléctrica del techo— Alfil por Dama.

—Torre por Dama—, escuchó que decía la voz de Saúl.

—Peón por Alfil —dijo Martín rápidamente.

—Torre uno Dama —Dijo Saúl.

—Alfil cuatro Alfil Rey.

—Peón tres Alfil Rey.

—Rey dos Caballo.

—Caballo tres Torre Rey.

—Rey tres Alfil.

—Caballo cinco Caballo Rey —dijo la voz de Saúl cada vez más angustiada.

—Pues Peón tres Torre Rey, gracias a tu insistencia —dijo Martín con serenidad.

—Pues ya qué —dijo Saúl—, Caballo tres Torre Rey.

—Ya ves como soy —dijo Martín—, me lo como: Alfil por Caballo. Supongo que irás a Peón por Alfil ¿no es así?

—Pues yo creo sí —dijo Saúl con desánimo.

—Entonces para agilizar las cosas ahí te va: Rey cuatro Alfil.

Saúl se equivocó y quiso hacer una jugada con la Dama que ya no tenía. Martín le contestó que le hacía una sugerencia: Rey uno Torre para evitar el jaque. Saúl estaba tan perdido a esas alturas que no le quedó más remedio que aceptar, ya que el peón era insalvable.

—Pues Rey por Peón —dijo Martín metiéndose un frijol seco a la boca imaginando que no era un simple frijol sino otra cosa, un manjar más apetitoso como una fruta, una uva tal vez... ¡pero él cómo lo podía imaginar! Estaba condenado a muerte y esas cosas no se piensan en la víspera, tenía la oportunidad de imaginar una rica y suculenta uva jugosa morada, imaginar que la apachurraba y veía salir el jugo; tenía esas y muchas otras opciones, pero mientras le caía por la garganta el frijol previamente masticado, siguió pensando que era un frijol seco y nada más.

Del otro lado de la celda, Saúl hacía enormes esfuerzos por no perder el hilo de la partida, aunque sabía que a estas alturas iba perdiendo posición. Le quedaba un dejo de malicia lo suficientemente fuerte para vencer a su amigo aún en el día que iba a ser ejecutado. En el fondo no quería, por supuesto, la muerte de su amigo, pero sabía que el hecho daría mucho de qué hablar en el patio con los demás presos y eso, en verdad, era demasiado importante en esas circunstancias.

—Torre tres Dama —dijo—, pensando en proteger al Peón que iba detrás del otro recién perdido.

—Torre uno Caballo Rey —contestó Martín.

—Torre cuatro Caballo Dama.

—Caballo dos Dama.

—Peón cuatro Alfil Dama.

—Me extraña que siendo araña te subas por el elevador —dijo Martín—, Peón cuatro Torre Dama.

Tratando de abrirse paso, Saúl contestó: —Torre cinco Caballo Dama.

—Sabes —dijo Martín— por eso es que me gusta la frase: ¡No pasarán! ¡Ni ahora ni nunca esas pinches torres! Pero ahí te va otro regalito para que te rompas la cabeza: Peón tres Alfil Dama.

Con las manos en la frente primero, y luego tapándose la boca, Saúl exclamó:

—No me queda de otra mas que Torre dos Caballo Dama.

—Ya vas comprendiendo compadre —dijo Martín contando los frijoles que le quedaban en el plato: eran veinte aproximadamente y dijo en el mismo tono: —Peón por Peón.

—Torre tres Alfil Dama —exclamó Saúl sintiendo de nuevo la angustia.

—Eso entonces: Peón cuatro Caballo Dama y... ¡ahí te voy! —gritó Martín.

—Torre dos Caballo Rey —dijo Saúl cerrando un ojo. Ya sabía cual era la respuesta antes de hacer la jugada y ahora su angustia fue un poco convirtiéndose en furia cuando escuchó:

—Pues me la como: Torre por Torre y tu vas a Rey por Torre por fuerza, así que ahí voy de nuevo:

—Peón cuatro Rey.

No le quedaba mas que el humillante Peón por Peón y eso hizo.

Martín continuó bajando el número de frijoles del plato y Saúl escuchaba el maldito ruido de la cuchara cada vez con más odio y empezó a cuestionarse si en verdad le importaba o no la muerte de su amigo, que más pronto que nada dijo:

—Pues me lo como: Caballo por Peón.

—Rey dos Alfil.

—Torre uno Rey.

—¿Ya qué hago maldita sea! —chilló Saúl—, Peón tres Torre Rey.

—Tienes muchas cosas que hacer, sólo piensa amigo —dijo Martín pegándose de nuevo con la cuchara en la cabeza y riendo—, no creas que todo está perdido, déjame ayudarte: Caballo seis Dama y jaque.

—Rey dos Caballo —dijo Saúl sintiendo la derrota.

—Torre siete Rey y jaque, —balbuceó Martín y probó una cucharada más de frijoles aunque, por supuesto, no le supieron precisamente a gloria.

Del otro lado, Saúl no quería admitir la derrota y no pensaba rendirse con facilidad. Mientras pensaba con su lápiz cuál sería la mejor jugada para escaparse de aquella emboscada, comenzaron a sonar varias pisadas aproximándose sobre el corredor de la cárcel y al escucharlas, Martín apresuró las cucharadas de frijoles fríos y se quedó con ganas de comer más, de aferrarse a la vida por el alimento, tal vez sin imaginar, o mejor dicho, sin poder imaginar que esa sería la última comida que habría de tocarle. Con algo de histeria y desesperación que pensó que jamás le afloraría desde que supo la noticia, le gritó a Saúl:

—Apúrate mi hermano, que ya me voy, me voy...

A esas alturas, Saúl ya estaba pensando lo bien que se lo pasarían mañana a la hora de salir al patio él y los demás presos al comentar la muerte de Martín y por eso dejó que se acercaran más aquellas pisadas, pero luego volvió a pensar en su amigo y le dio rabia, rabia por su muerte y rabia por su derrota en éste que era el único deporte que esporádicamente compartían. Abatido, nervioso, dijo casi al azar:

—Rey uno Alfil.

—¡Rey por Peón! —gritó histéricamente Martín sintiendo que le abrían el telón de la muerte y que, aunque estaba perdiendo la calma evidentemente, no quería dejar escapar la visión que tenía del tablero y la imagen de las dos mujeres de su vida, que ahora las imaginaba juntas manejando su Ford y despidiéndose de él por la recta de la carretera. Aunque era el momento ideal para pensar en qué había hecho durante toda su vida, reflexionar o recordar un momento alegre y feliz, como las discusiones sobre por qué las montañas eran azules a lo lejos junto a su ex esposa, le dio rabia sentir que las dos se fueran en su viejo Ford y lo dejaran varado en medio de la nada. Pensando en todo esto volvió a decir:

—Saúl, Saúl, te lo ruego, tira por favor... ¡por favor...!

Cuando Saúl dijo su tirada, que era una jugada imposible (Peón cuatro Torre Rey porque ya estaba otro Peón en esa posición), los tres oficiales y un cura estaban ya frente a la celda de Martín y Saúl comenzó a llorar. Lloraba porque se sentía confundido, porque había perdido, en efecto, y porque iba a despedirse de su amigo de esta forma tan amarga, y también lloró porque el día de mañana, cuando la celda de al lado estuviera vacía después de llegar al patio, lo único que le quedaría en realidad sería un mal sabor de boca, un mal sabor en la boca, precisamente, como cuando se muerde una piedra en medio de un plato de frijoles y esa piedra era, lo único que su mejor amigo había querido regalarle.

Los oficiales sacaron a Martín de la celda y lo esposaron, el cura le susurró un par de palabras al oído y antes de que se lo llevaran a la silla eléctrica, Martín pidió que le dejaran ver el rostro de su amigo. Se paró encorvado frente a los barrotes de la celda de Saúl, lo vio llorando y le dijo:

—Bueno, camarada, aquí termina esta triste historia: Torre ocho Rey y jaque mate —dijo ensombrecido, casi abatido por su propio orgullo que poco a poco lo iba abandonando.

Saúl lo miró unos segundos y después bajó la cabeza, en un gesto de sumisión y superioridad a la vez, casi metiéndola entre sus piernas cruzadas sobre el piso. Rompió el lápiz a la mitad y después tomó la piedrita que Martín acababa de regalarle y se la mostró:

—Por fin...—dijo—, por fin has hecho una metáfora en tu vida, esta piedrita lo atestigua...

Martín sonrió amargamente diciendo con las manos esposadas tras la espalda y encogiéndose de hombros:

—Pues sí, tal vez tengas razón, por cierto, ¿no sabes por qué a la distancia las montañas se ven azules?

—Es sólo una ilusión óptica, estúpido —dijo Saúl bebiéndose sus lágrimas.

—Creí que era otra cosa —dijo Martín con calculada inocencia y mirando hacia el pasillo por donde ya salían algunas manos que empezaban a aplaudir en señal de solidaridad.

—Tal vez querías hacer una metáfora —dijo Saúl.

—Quizá tienes razón pero bueno, tú eres la única persona que he matado y que sigue con vida con esto del ajedrez mental ¿a poco no? Mi madre y mi ex esposa no corrieron con la misma suerte —dijo Martín mientras se lo llevaban los oficiales por el pasillo y las palmadas de las otras celdas comenzaban a sonar cada vez más fuerte.

miércoles, 1 de junio de 2011

22 años ya!


Hace 22 años ya desde que salió a la venta esta OBRA... ¡Carajo cuántas cosas no han pasado ya! Pero la desintegración permanece... ¿o no mundanas?

viernes, 27 de mayo de 2011

COFRADÍA ÍNTIMA

Marcos García Caballero 2005 A

Estaba orgulloso de ser el primer hombre al que se le ha practicado un trasplante de sombra. Ayer terminaron los doctores la operación. Desde el principio me dijeron que dolería un poco, pero que era imposible aplicarme anestesia, así que con ánimo estoico soporté la intervención. Me explicaron que mi sombra había enflacado y que con el tiempo se disiparía... y que por tal razón me colocaron la sombra de un gordo.

Pero, ¿que fue de aquél gordo al que le fue extraída su sombra? Dije inmediatamente desde mi cama de recuperación. Murió, dijo el doctor, así que por esta vez decidimos arriesgarnos. Esperamos que dada su fisonomía no tendrá repercusiones ni efectos secundarios, concluyó.

—¿Efectos secundarios, doc? —repuse un poco alarmado.

—No se preocupe —Dijo el doctor colocando una lámpara portátil apuntando hacia mi brazo—: levántelo.

Tal como dijo el doctor, levanté mi brazo y en la pared del cuarto de recuperaciones se proyectó sobre el tapiz una sombra nueva y completamente diferente a la mía, es decir, a mi ex. Se proyectaba un brazo tan gordo que me daba la impresión de que parecían resbalar las capas de su carne desde los dedos hasta el hombro. Con curiosidad giré de nuevo la cabeza hacia mi brazo para ver si era el mismo, y era el mismo, mi mismo brazo de siempre, sólo un poco pálido por la falta de sol y la luz inhumana, triste y eléctrica de mi cuarto de recuperación.
B


Hoy salí del hospital. Mi esposa vino a recogerme y cuando desde lejos la miré, entre la puerta de pacientes y visitantes, estaba atendiendo los protocolos convenientes y arreglando el papeleo que tenía que firmar para mi salida. Yo estaba mirando la televisión de la sala de estar del hospital y ella, al verme, abrió dicha puerta y corrió con gusto a saludarme; igual de feliz de verla me levanté de la silla y quise abrazarla, pero en su rostro vi un gesto de desagrado que no entendí, pero al mirar tras de mí lo comprendí todo: mi sombra era inmensa, tanto que ocupaba la mitad de la sala de estar y los demás pacientes en recuperación me dijeron que no estorbara y que los dejara ver en la televisión las carreras de autos. Mi esposa sonrió nerviosa y yo también. Supongo que son irregularidades que con el tiempo se aplacarán, dije, encogido de hombros, aunque mi sombra no pareció encogerse. Te ves más gordo, me dijo mi esposa. No, le respondí, acuérdate cómo me veías flaco antes de entrar al hospital, es por mi sombra nueva. Traté de calmarla: ¡Sombra nueva, pues entonces vida nueva! Y tras éstas palabras salimos por las escaleras del hospital y los doctores se despidieron solemnemente de mí, agregando que si tenía algún problema no dudara en llamarlos. No, no habrá ningún problema, sólo tengo que acostumbrarme, eso es todo. Así que subí al coche y dejé que mi esposa manejara hasta nuestra casa mientras me hacía preguntas sobre la operación.

C


Escribo estas líneas a la luz de una vela. Nunca había visto una vela que no proyectara sombra alguna en la noche. Mi esposa se negó a hacer el amor conmigo cuando entramos al cuarto y casi no fue necesario el conciliador "apaga la luz", después de una serie de caricias, pues mi sombra era tan inmensa que formaba un manto de oscuridad tal que mi esposa se espantó tanto que comenzó a discutir conmigo y a reclamarme que no fue una buena idea mi trasplante de sombra. Entendí que, como de costumbre, la discusión la ganaría ella. "Los doctores dijeron que con el tiempo mi anterior sombra se disiparía", le aullé mientras cerraba la puerta para dormirse en el sofá de la sala. Le he marcado al beep del doctor que me operó y me ha llamado diciendo que lo que experimento es algo parecido a la agorafobia pero al revés o, mejor dicho, ha concluido el doctor, ya duérmase y verá como mañana todo funciona con perfecta normalidad. "La sombra terminará por adaptarse al tamaño de su cuerpo", concluyó.

D

Han transcurrido dos semanas enteras desde que me hicieron la operación y me han ocurrido una serie de desgracias que se han sumado a las naturales de la condición humana: en mi trabajo en el taller de diseño gráfico fui despedido por traer esta horrible mancha impregnada al cuerpo (ahora no encuentro otra forma de llamarla), porque la luz es de vital importancia para nuestro trabajo y yo no he podido ni siquiera dibujar una caricatura a lápiz bajo una lámpara. (Ahora escribo casi a ciegas pues la vela se ve cada vez menos). He regresado desesperado al hospital y el policía de la entrada me ha negado el acceso por haberme confundido con un vagabundo. Solo espero el tiempo. Será o no será. Espero que algún día pueda salir con vida de esta situación. Ya no pienso en mi sombra, más bien me digo a mi mismo mi nombre para reconocerme en medio de ésta oscuridad.

Cuento incluído en el libro Iconoclastas y otros cuates, 2010, recientemente presentado en la PREPARATORIA 2 de Zacatecas el 20 de mayo de 2011 ante 150 jóvenes.

jueves, 26 de mayo de 2011

No me alcanza el tiempo

Mundanas y mundanos posmodernos: la verdad casi ya no me alcanza el tiempo para publicar acá, donde sí lo hago es en el colectivo Hápax Poético (que tiene liga a éste sitio) y ahí trata o se pretende ser un sitio literario exclusivamente y sin nada de Gargantúas ni nada. De ése sitio soy el director y publico cosas mías y de varios amigos y amigas y colegas, digamos que ahí, por ejemplo, publiqué el discurso que dió en Estocolmo HAROLD PINTER en 2005, varios ensayos de largo aliento, fragmentos, algo sobre Kafka, etc.
Ahí sí le estoy apostando más que a una página personal. Todos los días tengo ideas que me digo: "ésto está interesante, lo voy a desarrollar, " pero luego me gana la desidia y además he encontrado cosas más interesantes qué hacer... entonces, publicaré menos pero al Hápax Poético échenle un ojo....
Salut mundanas y mundanos...

sábado, 7 de mayo de 2011

Me cambié de casa el lunes pasado. Ahora vivo solapa de un depa. Quiero avisarles, por que sí quiero avisarles, a todos los mundanos y mundanas, que voy a bajar la frecuencia de publicar tan seguido. Tengo tres libros en espera de dictaminacíon y tengo que preparar una conferencia pa un bachillerato del edo de Zacatecas en dos semanas. La verdad mundanos, ya quiero divertirme. (Además voy a solicitar una beca pa OOOtro libro). No me pidan más de lo que les doy, ustedes saben que doy mucho, para el próximo fin de semana mundanos y mundanas vendrán y habrá fiesta. Pero ya saben que seguiremos informando...

viernes, 6 de mayo de 2011

LA ENFERMEDAD DE LA NOVELA

Nuria Amat


Tomado de El País.


El desprestigio que, desde el punto de vista de calidad literaria, sufre la novela tiene su origen, en parte, en las leyes devoradoras del mercado y en la banalidad que impregna la cultura de la sociedad moderna. Estas causas han hecho que se considere la novela como el más frívolo de los géneros literarios y que los novelistas seamos vistos y utilizados como marionetas mediáticas. Símbolos o marcas de una realidad social cada vez más ruidosa e impostada, dispuesta a servirse de la novela como trampolín publicitario de sus productos de mercado.

Años atrás hubo un momento en el que pareció que la novela de calidad podía ser tan mayoritariamente aceptada como lo era la novela de pasatiempo. Convivían, por así decir, dos clases de narrativa: la novela, a secas, y la otra, novela rosa, negra, folletinesca o de misterio. Si entonces se llegó a creer que la buena literatura podría tener una gran difusión, la realidad, salvo en contadas y escasas excepciones, no deja de decirnos día a día lo contrario. El mercado y los sistemas mediáticos, lejos de estar interesados en cuidar una literatura de calidad, se dedican a imponer y diseñar marcas de una novela única actuando como trituradores de novelas y novelistas. Animado por ganancias espléndidas y tentadoras, el escritor corre el peligro de escribir novelas de temáticas tan ajenas a su imaginario real que a la postre resulten falsas y tramposas. Los grandes temas (sexo, drogas, mujer, amor y violencia) se convierten en repetidos tópicos de los que a menudo echan mano ciertos narradores. Las novelas pastiche están a la orden del día. También aquellas que intentan parecer cultas y eruditas con tan sólo apoderarse de clásicos clichés y sonados argumentos narrativos. El síndrome Umberto Eco apuntó bien en su filón escritural y nos ha dado una saturación de novelas que integran elementos de la vida real (histórica, emocional o libresca) mezclados con la ficción (prosaica o policiaca). El éxito que, por encima de otros géneros literarios, sigue teniendo la novela y el dinero que todavía mueve este mercado impulsa a escritores y otros profesionales, ajenos en principio a la literatura de ficción, a escribir novelas con el único propósito de conseguir un público más amplio de lectores. Casi da vergüenza llamarse escritor cuando reporteros, futbolistas, actores, políticos y demás famosos se ven travestidos de la noche a la mañana en autores de libros. Para preservar la literatura de la contaminación ambiental, muchos autores optan por diversas formas de resistencia: la ironía, el silencio, la polémica o el exilio. De otra parte, el hecho de que cada vez existan más escritores que sean articulistas, profesores, catedráticos, críticos, etcétera, va transformando la narrativa en una literatura fronteriza bien hallada, al fin, en nuestro país, pero no siempre legítima y novedosa. La novela es en sí misma un género híbrido. Una forma mixta de escritura que como tal se presta a ser manipulada por intereses ajenos al medio literario. Todo lo cual no impide reconocer como hecho meritorio que nunca como ahora se den en el mundo tantos e importantes novelistas.

La literatura a la que me refiero está sujeta a un compromiso inevitable con el arte, con independencia de que sea o no una mercancía. Está escrita desde unos parámetros personales y estéticos nunca comerciales. Pero hoy en día hablar de estilo es ocioso. Citar a Proust o a George Eliot resulta prehistórico. De ahí la tendencia a colgar etiquetas a la novela con la finalidad soterrada de añadirle un valor estético del que a veces carece. Se habla de novelas líricas, realistas, poemáticas, metaliterarias, veinteañeras, históricas, autobiográficas y científicas. Cuando es sabido que toda novela buena no necesita adjetivos que la encasillen en un subgénero sacado a trasmano. El autor que se sabe responsable del compromiso con la verdad de su proyecto narrativo huye de definiciones y trata de mantenerse en su coto vedado de creación literaria. Este estado de caos y confusión, cuyas primeras manifestaciones se dieron hace ya algunos años, fue lo que impulsó a que una escritora de la talla de Marguerite Yourcernar dijese: '¿Acaso se escriben novelas? Yo no tengo la impresión de haberlas escrito'. Y ante la pregunta que le plantea su biógrafa: '¿Está usted dispuesta a acabar con lo novelesco?', la escritora responde: 'Yo no establezco diferencia entre novela y poesía'.

Algunos narradores ejemplares, ante la posibilidad de ser fichados comercialmente en cualquier tendencia narrativa, mantienen firme su identidad literaria, bien escribiendo contra el estilo o bien tratando de fundar uno propio, ya que todas las novelas escritas o por escribir no son más que variaciones de un puñado de arquetipos literarios. Lo que cuenta en definitiva es el acto de escritura a partir del cual cada novelista logra presentar su particular desacuerdo con el mundo. También ocurre que la adquisición de una fórmula o corriente narrativa impulsa a que ciertos narradores ataquen a aquellos que nadan en mares distintos a los suyos. Así, cada autor se convierte en enemigo de su contrario. Los hombres, de las mujeres. Los editores, de los autores. Los astutos, de los sabios. La continua muerte y resurrección que vive la novela permite y propicia esta clase de crímenes de pacotilla que las leyes devoradoras del mercado estimulan y sacralizan al punto de que las diatribas de los más feroces pueden convertirse en armas arrojadizas capaces de terminar con la energía de los escritores más valorados. El baile de máscaras que llega a ser el comercio de la literatura alienta a que algunos literatos se pronuncien en manifiestos individuales o colectivos en contra de la narrativa de ficción esgrimiendo como bandera de su causa el hecho de que contar una historia sea algo ya caduco, pues héroes, tramas, personajes y heroínas pertenecen al archivo histórico de la literatura. Sus argumentos van más allá cuando proponen que toda actividad en la escritura debería cesar, salvo, por supuesto, la que ejercen los propios detractores de la novela, defensores, por demás, de otro género literario con el que se sienten más afines. Hoy en día, esta actitud catastrofista, de tanto ser repetida, ha dejado ya de tomarse en serio. Sobre todo cuando aquellos encargados de dar sepultura a la novela son los primeros en ponerse a escribir otra nueva a las pocas horas de haberla sentenciado. La derrota y amenaza de silencio total y absoluto con la que algunos novelistas acompañamos la publicación de un libro nuevo obedece casi siempre a una crisis personal y creadora del escritor temeroso ante el circo promocional que se le viene encima y pone en evidencia una vez más que la llamada crisis de la novela es, en muchos casos, consecuencia de la crisis del cansado y desconcertado novelista. La literatura no está enferma. Todo lo más, sacudida y despreciada por un mercado devorador y carente de escrúpulos. Y cuando un escritor anuncia la muerte o agonía de la novela, cabe la posibilidad de que sea este escritor el que esté sufriendo un colapso en su fuerza creativa.

La novela reclama a sus autores nuevas formas de narrar. Y no resulta fácil encontrarlas. Al contrario de la uniformidad, simpleza y obediencia al canon publicitario que le exige el mercado del libro, el auténtico novelista trata de defender una actitud de firme independencia. Narrar es viajar de prestado. El novelista, como no tiene más remedio que resignarse a ser objeto de intercambio, lucha por mantenerse a flote en el mar de una literatura en la que cada Ulises navega en un viaje sin retorno. El poeta, a diferencia del novelista, conoce muy bien el reto que le exige la literatura. Desde el primer momento es un náufrago. Jamás se le ocurriría decir que la literatura ha muerto, porque sabe demasiado bien que este enunciado reflejaría su falta de inspiración. La voz del poeta es muda porque deja hablar a la verdad poética. Algo de este proceder de la vida de poeta deberíamos tomar de prestado novelistas y narradores con voluntad estética. El vicio solitario de la lectura es prueba significativa de que en el texto ocurre algo. Las novelas del siglo XIX eran muy descriptivas y tenían muchas páginas porque sus autores pertenecían a una cultura más paciente y ociosa que la nuestra. Ahora el cine ha venido a ocupar el lugar de la novela decimonónica. Pero cada novela propone su particular y original visión del mundo gracias a una pluralidad e intensidad de lenguajes que siempre han nutrido la literatura. Es en este sentido como puede seguir siendo una obra de arte.